Un rosal, un manzano, un almendro, una fresa y una zarzamora son la misma cosa vista desde cinco ángulos. Todos pertenecen a Rosaceae, una familia de unos 90 géneros y entre 2.500 y 4.800 especies que empezó con una flor sencilla de cinco pétalos y muchos estambres, y que a partir de ahí inventó por separado la manzana, la cereza, la fresa, la mora y el escaramujo. Buena parte de la fruta de hueso y de pepita que se come en España sale de esta única familia.

Lo que sigue es la familia como familia: qué las une, cómo se reconoce una rosácea en el campo, por qué la manzana y el escaramujo son estructuralmente idénticos y qué consecuencias prácticas tiene ese parentesco en un jardín, desde las enfermedades que se contagian entre primos hasta la razón por la que un cerezo solo no da cerezas. Para el cultivo del rosal el sitio tiene material específico: poda, plantación, abonado y clasificación de las rosas.

Flor de rosal silvestre con cinco pétalos y numerosos estambres

Los dos rasgos que delatan a una rosácea sin necesidad de flor

Con flor es fácil: cinco sépalos, cinco pétalos libres, y estambres numerosos dispuestos en varios ciclos, casi siempre en múltiplos de cinco (diez, veinte, cuarenta). Pero la flor dura semanas y el árbol está ahí todo el año, así que interesan los caracteres vegetativos.

Las estípulas. En la base del pecíolo de cada hoja, allí donde se une al tallo, hay dos apéndices laminares, a veces diminutos, a veces grandes y recortados. Casi todas las rosáceas los tienen, y en el rosal son especialmente visibles: esas dos alitas soldadas al pecíolo que muchos toman por parte de la hoja son las estípulas. Su presencia, con hojas alternas y borde aserrado, deja fuera a la mayoría de las familias con las que podría confundirse.

El hipanto. Es el carácter fuerte. En una rosácea, el receptáculo floral no es un punto plano sino una copa o un tubo que envuelve (o rodea, o sostiene) a los carpelos. En una flor de rosal esa copa es visible como el ensanchamiento verde bajo los pétalos. En una flor de manzano es el bulto redondeado que ya se adivina debajo. De la profundidad de esa copa y de lo que le ocurre después dependen todos los tipos de fruto de la familia.

Una misma flor, cinco frutos completamente distintos

Tipo de frutoQué se comeEjemplos
PomoEl hipanto engrosado; el fruto verdadero es el corazón con las pepitasManzana, pera, membrillo, níspero, serba
DrupaLa pared del ovario; el hueso es el endocarpo lignificadoCereza, ciruela, melocotón, albaricoque
Drupa de semilla comestibleNada del fruto: se come la semilla de dentro del huesoAlmendra
Poliaquenio carnosoEl receptáculo hinchado; los frutos son las pepitas de fueraFresa, fresón
PolidrupaUn racimo compacto de drupas diminutas, cada grano unaMora, zarzamora, frambuesa
CinorrodónEl hipanto carnoso; dentro, aquenios rodeados de pelosEscaramujo del rosal

Merece la pena detenerse en dos casos porque contradicen lo que dice el sentido común.

La fresa no es una baya. Lo carnoso y rojo es el receptáculo de la flor, engordado hasta hacerse comestible; los frutos auténticos son esos granitos amarillos de la superficie, aquenios de una semilla cada uno. Botánicamente, comerse una fresa es comerse el soporte y tirar la fruta.

La almendra no es un fruto seco en sentido botánico. Prunus dulcis produce una drupa exactamente igual que la del melocotón, con su piel, su capa carnosa (verde, delgada y correosa) y su hueso. Lo que se abre en la almendra es el hueso, y lo que se come es la semilla que hay dentro. Si se recoge una almendra del árbol en junio y se corta, es una versión reseca de un melocotón.

El escaramujo y la manzana son la misma estructura

Esta es la idea que ordena la familia entera. En el rosal, el hipanto es una urna estrecha que encierra por completo a los carpelos; al madurar se vuelve carnoso y rojo, y dentro quedan los aquenios envueltos en pelos rígidos. Eso es el escaramujo, el tapaculos de las zarzas de monte.

En el manzano, el hipanto es una copa ancha soldada al ovario; al madurar se vuelve carnoso y lo que queda encerrado dentro son los cinco carpelos cartilaginosos, con dos pepitas cada uno. Eso es el corazón de la manzana.

Es decir: al morder una manzana se está mordiendo el mismo tejido que forma la pulpa de un escaramujo, y lo que se tira en ambos casos es el fruto verdadero. La diferencia entre uno y otro es de proporciones y de grosor de pared, no de naturaleza. De ahí que el escaramujo del rosal silvestre, con su carga de vitamina C, se haya usado siempre como fruta de recolección, y de ahí también que la siembra del escaramujo siga las mismas reglas que la de una pepita de manzana: necesita frío para romper la latencia.

Las tres subfamilias, y una que fija nitrógeno

La clasificación moderna, basada en secuenciación, reduce Rosaceae a tres subfamilias:

Rosoideae. Número cromosómico básico x=7. Frutos secos o agregados: aquenios y drupéolas. Aquí están Rosa, Rubus (zarzamoras y frambuesas), Fragaria, Potentilla, Geum, Alchemilla, Sanguisorba, Filipendula y Agrimonia. Predominan las herbáceas y los arbustos sarmentosos.

Amygdaloideae. Es la subfamilia grande y la que da la fruta. Reúne lo que antes se separaba en tres: los Prunus de hueso, los pomos (Malus, Pyrus, Cydonia, Eriobotrya, Sorbus, Crataegus, Cotoneaster, Pyracantha, Amelanchier, Photinia) y las espireas ornamentales. Los géneros de pomo comparten un número cromosómico de x=17 que procede de una duplicación completa del genoma ocurrida hace unos cincuenta millones de años; ese accidente antiguo está en el origen del propio pomo como tipo de fruto.

Dryadoideae. Cuatro géneros norteamericanos y árticos, entre ellos Dryas, y una rareza que no tiene ningún otro miembro de la familia: fijan nitrógeno atmosférico en nódulos radicales asociados con la bacteria Frankia, igual que hacen los alisos. En un grupo emparentado con las leguminosas solo de lejos, esa capacidad apareció por su cuenta.

Por qué un cerezo solo no da cerezas

Muchas rosáceas leñosas practican la autoincompatibilidad gametofítica, un mecanismo bioquímico que impide que el polen de una planta fecunde a esa misma planta o a otra genéticamente idéntica. El estilo produce unas proteínas llamadas S-RNasas que degradan el ARN del tubo polínico cuando este lleva el mismo alelo S que la madre. El tubo se detiene a mitad de camino y no hay fecundación.

Las consecuencias en el huerto son muy concretas:

  • Un manzano solo, o un grupo de manzanos todos de la misma variedad (que son clones, porque se propagan por injerto), florece espléndidamente y no cuaja fruta. Hace falta una segunda variedad compatible que florezca a la vez.
  • Lo mismo vale para casi todos los perales, para el almendro tradicional y para muchas variedades de cerezo. Existen variedades autofértiles seleccionadas (almendros como Guara o Lauranne, cerezos del grupo Stella), y por eso se recomiendan para plantaciones pequeñas.
  • El melocotonero, el albaricoquero y la mayoría de ciruelos europeos sí son autofértiles, y de ahí que den fruta en solitario.

El rosal, en cambio, no plantea este problema porque en el jardín se multiplica por esqueje e injerto y no se busca su fruto. Pero el mismo sistema está detrás de la dificultad de obtener semilla viable de rosales al azar.

El azúcar que no usa ninguna otra familia

Prácticamente todas las plantas transportan los azúcares de la hoja al resto del cuerpo en forma de sacarosa. Las rosáceas de la subfamilia Amygdaloideae (manzanos, perales, cerezos, melocotoneros) usan además, y de forma mayoritaria, sorbitol, un polialcohol.

Esto no es un detalle de laboratorio. El sorbitol es lo que da a la pera y a la ciruela su efecto laxante suave y bien conocido, porque se absorbe mal en el intestino humano. También explica la tolerancia de estos árboles al frío: los polialcoholes actúan como crioprotectores en los tejidos. Y explica que la fructosa y el sorbitol de estas frutas sean el motivo de que se toleren mal en algunas intolerancias digestivas.

Cianuro en las semillas: qué hay de cierto

Las semillas y las hojas de los Prunus, y en menor medida las pepitas de manzana y pera, contienen glucósidos cianogénicos: amigdalina y prunasina. Por sí mismos son inertes, pero al triturar el tejido se liberan enzimas que los descomponen y producen cianuro de hidrógeno.

En la práctica cotidiana no hay riesgo: tragarse entera una pepita de manzana no libera nada, porque la cubierta pasa intacta por el tubo digestivo. El caso que sí importa es el de la almendra amarga. Los almendros silvestres y los pies francos no seleccionados producen semillas con una concentración de amigdalina cien veces superior a la de la almendra dulce comercial, y su ingestión ha causado intoxicaciones graves y muertes, sobre todo en niños, para quienes bastan unas pocas unidades. Se identifican por el sabor intensamente amargo, que aparece al primer bocado.

Lo mismo vale para los huesos de albaricoque partidos, vendidos a veces como complemento alimenticio: la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha advertido expresamente sobre ellos. Las hojas de laurel cerezo (Prunus laurocerasus), muy usado como seto en el norte de España, son igualmente cianogénicas y han provocado intoxicaciones en ganado.

Ante una ingestión con síntomas (dolor de cabeza, mareo, dificultad respiratoria), el Instituto Nacional de Toxicología atiende en el 91 562 04 20, las 24 horas. Ninguna de estas semillas debe consumirse por su supuesto valor terapéutico: la llamada vitamina B17 o laetril no es una vitamina, carece de eficacia demostrada frente al cáncer y ha causado envenenamientos documentados.

Las enfermedades se comparten en familia

Este es el motivo por el que conocer la familia sirve para algo en el jardín: los patógenos de las rosáceas suelen atacar a varios géneros a la vez, así que la vecindad importa.

El fuego bacteriano (Erwinia amylovora) afecta exclusivamente a la subfamilia Amygdaloideae, y con especial virulencia a peral, manzano, membrillero, níspero, espino albar, piracanta, photinia y cotoneaster. Es un organismo de cuarentena en España, de declaración obligatoria, y una de las razones por las que se han restringido plantaciones ornamentales de espino y piracanta en zonas frutícolas. Un seto de photinia junto a un peral es una mala idea en zona de riesgo.

El oídio (Podosphaera) salta entre rosal, manzano y fresa. La monilia (Monilinia) momifica frutos de todos los Prunus y pasa al membrillero. El moteado (Venturia) tiene especies muy próximas en manzano, peral y níspero. Y la mancha negra del rosal (Diplocarpon rosae), aunque específica del género Rosa, comparte manejo con las anteriores: recoger y destruir la hoja caída, porque el hongo inverna en ella. Hay artículos dedicados a la mancha negra, el mildiu y la roya del rosal.

El pulgón también se reparte: Macrosiphum rosae hace su ciclo de invierno en el rosal y en primavera migra a otras plantas. Los tratamientos son comunes.

Las rosas silvestres que crecen en España

El género Rosa comprende unas 150 a 200 especies, todas del hemisferio norte, con número básico x=7 y una serie poliploide que llega hasta octoploides. En la península crecen alrededor de veinte, aunque su delimitación es notoriamente difícil porque hibridan entre sí con facilidad.

Las más frecuentes: Rosa canina, el escaramujo por antonomasia, de zarzales y linderos de toda España; Rosa sempervirens, perennifolia y mediterránea; Rosa micrantha y Rosa agrestis, con glándulas olorosas a manzana en el envés; Rosa pouzinii, ibérica y de zonas secas; Rosa pimpinellifolia, de duna y montaña, con fruto negro; y Rosa villosa y Rosa glauca en la cornisa cantábrica y los Pirineos. Todas tienen cinco pétalos y una sola fila de ellos: la flor doble de los rosales de jardín es una anomalía seleccionada por el hombre, en la que los estambres se han transformado en pétalos.

Rosa canina tiene además un papel técnico enorme: es el portainjertos tradicional sobre el que se han injertado durante dos siglos casi todos los rosales comerciales europeos, por su vigor y su resistencia a suelos calizos.

En resumen

Rosaceae reúne al rosal con el manzano, el almendro, la fresa y la zarzamora en torno a una misma flor de cinco pétalos y muchos estambres, y se reconoce en el campo por las estípulas en la base de la hoja y por el hipanto, esa copa del receptáculo que al engordar produce tanto la manzana como el escaramujo. De ahí salen seis tipos de fruto distintos a partir del mismo plano. Sus tres subfamilias separan a las herbáceas de aquenio de los árboles de pomo y hueso, con un pequeño grupo ártico que además fija nitrógeno. En el huerto, dos consecuencias prácticas mandan sobre las demás: la autoincompatibilidad, que obliga a plantar dos variedades de manzano, peral o cerezo para tener fruta, y el hecho de que las enfermedades de la familia se contagien entre géneros, lo que desaconseja mezclar setos de photinia o piracanta con frutales de pepita. Para el rosal en concreto, el sitio tiene su propia sección de calendario del jardinero de rosas y fichas de variedades como la rosa damascena o las rosas inglesas de David Austin.


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