El pulgón aparece en los rosales cada primavera, en los brotes tiernos y en los capullos, y casi nunca mata a la planta. Lo que hace es debilitarla, deformar las hojas nuevas, dejar las flores más pequeñas y cubrirlo todo de melaza pegajosa, sobre la que después se instala el hongo de la negrilla. La diferencia entre un problema menor y una temporada estropeada está en cuándo lo detectas.

Y hay algo que conviene asumir de entrada: no se trata de eliminarlo del jardín, porque eso no ocurre. Se trata de mantenerlo por debajo del nivel en que hace daño, y para eso lo más eficaz no es el producto que compres, sino la vigilancia semanal en primavera y los depredadores que ya viven en tu jardín, si no los has eliminado a base de tratamientos.

pulgón en los rosales

Qué es y cómo funciona

Los pulgones son insectos chupadores de la familia Aphididae. El que más se ve en los rosales españoles es Macrosiphum rosae, el pulgón del rosal, de cuerpo relativamente grande, alargado, verde o rosado según el individuo, con sifones largos y oscuros en la parte trasera del abdomen.

Clava su estilete en los tejidos tiernos y bebe savia elaborada, que es muy rica en azúcares y pobre en proteínas. Para conseguir el nitrógeno que necesita tiene que procesar mucho volumen, y el exceso de azúcar lo expulsa como melaza. Eso explica de golpe dos cosas: por qué prefiere siempre los brotes más tiernos, donde la savia es más nutritiva, y por qué lo deja todo pegajoso.

Su multiplicación explica que una colonia aparezca de un día para otro. En primavera y verano las hembras se reproducen sin machos y paren ninfas ya formadas, sin fase de huevo. En otoño llega una generación sexual que pone los huevos de invernada, y esos huevos pasan el invierno en las ramas del propio rosal. Por eso el rosal que tuvo pulgón un año lo suele tener el siguiente: no vienen de fuera, ya estaban ahí.

Macrosiphum rosae, además, cambia de planta a lo largo del año. El rosal es su hospedador principal en primavera y otoño; a mediados de verano las formas aladas se van a otras plantas herbáceas y vuelven después. De ahí que muchos rosales tengan un pico de pulgón en abril y mayo, una tregua en pleno verano, y otro repunte en otoño.

Detectarlo a tiempo

La revisión es semanal y en primavera, que es cuando se decide todo. Mira los brotes nuevos y el envés de las hojas jóvenes, que es donde se esconden antes de que la colonia sea visible desde lejos.

pulgones en una rosa roja Pulgones en una rosa roja

Hay dos señales indirectas que se ven antes que el propio insecto. Una son las hormigas subiendo por el tronco: si empiezas a ver un trasiego inusual, hay pulgón arriba. La otra es el brillo pegajoso de la melaza sobre las hojas inferiores, o sobre el suelo y los muebles si el rosal está sobre una terraza.

detectar una plaga de pulgón a tiempo

La relación con las hormigas

Las hormigas se alimentan de la melaza, y a cambio protegen activamente a los pulgones: espantan a mariquitas y sírfidos, se llevan a los pulgones parasitados y los trasladan a brotes nuevos. Un rosal con hormigas es un rosal donde los depredadores naturales trabajan a medio gas.

Cortar ese tráfico ayuda más de lo que parece. Una banda de cola entomológica alrededor del tronco, sobre una tira que proteja la corteza, impide que suban. Ojo con las ramas que tocan el suelo o un muro: las hormigas las usan de puente y el cinturón deja de servir.

Las consecuencias reales

Melaza y negrilla. Sobre la melaza crece un hongo saprófito, la negrilla o fumagina, que forma una capa negra en el haz de las hojas. No penetra en el tejido, pero tapa la superficie y reduce la fotosíntesis, y la hoja acaba amarilleando y cayendo. La negrilla no se combate directamente: desaparece cuando se corta el suministro de melaza, es decir, cuando se controla el pulgón. Las hojas manchadas se pueden lavar con agua.

hongo negrilla después de un ataque de pulgón

Deformación y pérdida de vigor. Las hojas atacadas mientras crecían quedan abarquilladas para siempre; ya no se recuperan aunque elimines la plaga. Los capullos muy colonizados abren tarde y dan flores más pequeñas.

Virus. Los pulgones son vectores de virus en muchos cultivos, pero en los rosales las viroses más frecuentes se transmiten sobre todo por injerto y por material de propagación infectado, no por picadura de pulgón.

Cómo se controla, en orden

El marco es el Real Decreto 1311/2012, sobre uso sostenible de productos fitosanitarios, que establece la gestión integrada de plagas: prevención primero, medios físicos y biológicos después, y tratamiento químico solo cuando lo anterior no basta. Este es el orden aplicado al pulgón del rosal.

Prevención

Lo que más influye es el abonado. Un exceso de nitrógeno produce brotes largos, blandos y jugosos, que es exactamente lo que el pulgón busca. Un rosal sobrealimentado con abonos nitrogenados atrae más pulgón que su vecino bien nutrido. Usa materia orgánica bien hecha y abonos equilibrados, con potasio suficiente, en las cantidades que indique el envase.

Una poda que abra el centro del arbusto también ayuda, porque un rosal ventilado y con luz mantiene el follaje más sano en general.

Medios físicos

Un chorro de manguera dirigido a los brotes tira la colonia al suelo, y los pulgones caídos rara vez consiguen volver a subir. Es rápido, gratis y en una infestación incipiente suele bastar. Hazlo por la mañana, para que el follaje seque durante el día y no favorezcas hongos.

Pinzar y tirar los brotes más colonizados es todavía más directo, y en un rosal con dos o tres puntas cubiertas resuelve el problema.

Fauna auxiliar

Aquí está el control de fondo. Las larvas de mariquita son más voraces que los adultos y conviene reconocerlas, porque son alargadas, oscuras con manchas anaranjadas, y mucha gente las mata pensando que son plaga. Las larvas de sírfido son pequeñas babosillas translúcidas que se ven entre los pulgones, y las crisopas hacen lo propio.

Hay además avispas parasitoides que ponen su huevo dentro del pulgón. El resultado son las momias: pulgones hinchados, rígidos y de color bronce o dorado, pegados a la hoja. Si ves momias, el control biológico ya está funcionando y lo peor que puedes hacer es tratar, porque acabarías con el parasitoide y no con la plaga.

Para tener esa fauna hace falta que tenga dónde vivir. Plantas con floración de umbela (hinojo, eneldo, cilantro, zanahoria en flor) y matas de flor pequeña alrededor del rosal alimentan a los adultos de sírfidos y parasitoides. Eso sí funciona. Lo que no está respaldado es la idea de que plantar lavanda junto a los rosales los proteja del pulgón: la lavanda es una compañera excelente por otros motivos, pero no lo repele.

Jabón potásico y aceites

El agua jabonosa contra el pulgón funciona de verdad, y es uno de los pocos remedios caseros que se sostiene. Actúa por contacto, deshaciendo la capa cerosa del insecto, así que hay que mojar bien el envés y los brotes: lo que no se moja, no se ve afectado. No tiene efecto residual, de modo que suele hacer falta repetir.

Se aplica a primera hora o al atardecer, nunca con sol directo sobre las hojas, porque puede quemarlas. Si usas un producto comercial de jabón potásico, la dilución y las repeticiones son las de la etiqueta. Si lo preparas en casa con jabón neutro, hazlo muy diluido y prueba antes en unas pocas hojas: algunos detergentes de cocina llevan aditivos que dañan el follaje.

Los aceites de invierno, aplicados sobre el rosal sin hojas justo después de la poda, actúan por asfixia sobre los huevos de invernada. Es el momento en que la mayoría de los pulgones del año siguiente están al alcance en un solo tratamiento. Como en el caso anterior, la dosis y el número de aplicaciones son los del envase.

eliminar los huevos del pulgón

Si hay que tratar

Se llega aquí pocas veces en un jardín doméstico. Cuando toca, hay cuatro cosas que no dependen del producto:

  • La dosis, el intervalo y el número de aplicaciones son los de la etiqueta. No hay otra dosis correcta.
  • Los productos autorizados hoy se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. Buena parte de las materias activas que recomendaban los artículos de jardinería de hace diez o quince años están retiradas en la Unión Europea.
  • En uso doméstico solo pueden emplearse productos autorizados para jardinería exterior doméstica; el uso profesional exige carné de aplicador.
  • No se trata en floración ni en horas de vuelo de los polinizadores. Un rosal en flor está lleno de abejas y sírfidos, y los sírfidos son justamente los que se están comiendo el pulgón.

Lo que no funciona

  • El purín de ortiga como insecticida. Es un buen aporte de materia orgánica y de nitrógeno, y ahí tiene sentido, pero su eficacia contra el pulgón no está demostrada. Y hay una ironía: como aporta nitrógeno, un uso generoso puede acabar favoreciendo al pulgón en lugar de frenarlo.
  • Las decocciones de ajo y cebolla. Circulan por todas partes como repelentes y su efecto sobre una colonia establecida es, en el mejor de los casos, marginal.
  • Los aparatos de ultrasonidos. No tienen respaldo experimental frente a insectos.
  • Matar hormigas con insecticida general. Interrumpir su acceso al rosal con una barrera es más eficaz y no afecta al resto del jardín.

En resumen

El pulgón del rosal, sobre todo Macrosiphum rosae, aparece en los brotes tiernos en primavera, se multiplica sin machos y pasa el invierno en forma de huevo sobre el propio arbusto. Su daño principal no es la picadura sino la melaza, que ensucia el follaje y da pie a la negrilla.

El control que funciona es la revisión semanal en primavera, el chorro de agua o el pinzado de los brotes ocupados, cortar el acceso de las hormigas, y sobre todo cuidar la fauna auxiliar: mariquitas, sírfidos, crisopas y avispas parasitoides. El jabón potásico es un apoyo útil de contacto y los aceites de invierno atacan los huevos tras la poda. Si hay que tratar con un fitosanitario, la dosis es la de la etiqueta, el producto se comprueba en el Registro y nunca se trata con el rosal en flor.


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