Si el rosal aparece cubierto de un polvo blanco en los brotes tiernos, los capullos y las hojas jóvenes, casi con toda seguridad no es mildiu: es oídio, causado por el hongo Podosphaera pannosa. Es la confusión más extendida en jardinería, y arrastra un problema práctico, porque los dos hongos se favorecen con condiciones distintas y no responden igual a los mismos remedios.
El mildiu de verdad del rosal es el mildiu velloso, provocado por Peronospora sparsa, y no da polvo blanco por encima: da manchas angulosas de color púrpura o pardo rojizo en el haz, con una pelusa grisácea muy fina en el envés, y provoca una caída de hojas rapidísima. Es mucho menos frecuente en jardín, pero bastante más destructivo cuando aparece.
Cómo distinguirlos
| Oídio | Mildiu velloso | |
|---|---|---|
| Aspecto | Polvo blanco harinoso sobre el haz, los brotes y los capullos | Manchas angulosas púrpuras o pardas en el haz, pelusa gris tenue en el envés |
| Dónde empieza | Hojas jóvenes y puntas de los brotes | Hojas jóvenes, y avanza hacia abajo |
| Efecto | Hojas rizadas y deformadas, capullos que no abren | Defoliación rápida, a veces de la planta entera en días |
| Condiciones | Días cálidos y noches húmedas, sin necesidad de agua sobre la hoja | Temperaturas frescas, humedad muy alta y agua líquida sobre la hoja |
| Cuándo | Mayo y junio, y de nuevo en septiembre | Primaveras y otoños lluviosos, zonas húmedas y invernaderos |
Hay un detalle que ayuda mucho en campo: el oídio se puede frotar y desaparece del haz de la hoja, porque el micelio está en la superficie. La mancha de mildiu velloso no se quita frotando, porque el hongo está dentro del tejido.
Por qué aparecen
El oídio es el hongo típico del rosal en el clima mediterráneo. Necesita días templados y noches con humedad alta, y a diferencia de casi todos los demás hongos, no necesita que la hoja esté mojada para germinar; le basta con el rocío ambiental. Por eso ataca también en jardines con riego por goteo y en veranos secos, y por eso los tratamientos basados en mantener la hoja seca no bastan contra él. Pasa el invierno en las yemas y en los restos de la planta.
El mildiu velloso necesita lo contrario: temperaturas frescas, humedad relativa muy alta durante horas y agua líquida sobre la hoja. Es un problema serio en producción bajo plástico y en primaveras y otoños lluviosos, sobre todo en la cornisa cantábrica y en jardines cerrados y sombríos. Cuando ataca, la defoliación puede ser total en una semana.
En ambos casos hay factores del jardín que los disparan: plantación demasiado apretada, arbustos sin aclarar con el centro cerrado, riego por aspersión al atardecer, sombra excesiva y abono nitrogenado en exceso, que produce brotes tiernos y blandos.
Prevención, que es donde se gana
El marco de referencia en España, el Real Decreto 1311/2012 sobre uso sostenible de los productos fitosanitarios, coloca la gestión integrada de plagas como principio: la prevención y los medios físicos y biológicos van antes que el tratamiento químico. En el caso de estos hongos, además, es que funciona mejor.
- Elegir la variedad. La sensibilidad al oídio varía enormemente entre cultivares. Es la decisión que más trabajo ahorra durante los siguientes veinte años y la que menos se tiene en cuenta al comprar.
- Airear. Marco de plantación holgado, entre 60 y 80 centímetros en híbridos de té y floribundas, y poda de invierno que deje el centro del arbusto abierto en forma de vaso. Un rosal por el que corre el aire se seca antes y enferma menos.
- Regar al pie y por la mañana. Nunca por aspersión al atardecer. Una hoja que pasa la noche mojada es una invitación al mildiu velloso y a la mancha negra.
- Retirar la hoja caída. El inóculo pasa el invierno en los restos vegetales del suelo. Recogerlos en otoño y no dejarlos bajo el arbusto corta buena parte del ciclo.
- Moderar el nitrógeno. Un abonado equilibrado, con aportes de materia orgánica bien hecha, da madera más dura y hoja menos susceptible que un abono rico en nitrógeno.
- Sol. Los rosales situados en rincones sombríos y sin ventilación enferman siempre, hagan lo que hagan.
Qué hacer cuando ya ha aparecido
Lo primero es retirar el material afectado: brotes con oídio, capullos deformados, hojas con manchas. Se cortan y se sacan del jardín. No van al compost doméstico, que rara vez alcanza la temperatura necesaria para inactivar las esporas, y desde luego no se dejan tirados bajo la planta.
Las tijeras conviene limpiarlas al pasar de una planta a otra, sobre todo si se está podando en plena infección.
Y hay que revisar el riego y la disposición del arriate, porque si las condiciones que provocaron el ataque siguen ahí, el hongo vuelve en cuanto se den de nuevo, tratamiento incluido.
Tratamientos, y sus reglas
En un jardín particular solo pueden emplearse productos autorizados para jardinería exterior doméstica, inscritos en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. La dosis, el número de aplicaciones y el plazo de seguridad son los que figuran en la etiqueta del envase: es la única información legalmente válida. El uso profesional, con otros productos y formatos, exige carné de aplicador.
El azufre es el tratamiento clásico contra el oídio, y sigue siendo eficaz. Tiene una limitación que conviene conocer: con calor fuerte resulta fitotóxico y quema la hoja, así que no se aplica en las horas centrales de un día caluroso, que en gran parte de España descarta buena parte del verano.
El cobre actúa de forma preventiva impidiendo la germinación de las esporas, y es el recurso habitual frente a mildius y otras enfermedades foliares, también en agricultura ecológica. Dos matices: es preventivo, no curativo, así que sobre una infección declarada hace poco; y el cobre se acumula en el suelo, motivo por el que su uso está sujeto a limitaciones en la Unión Europea. Se venden fungicidas polivalentes a base de cobre para jardinería, útiles sobre todo en tratamientos de fin de invierno y como refuerzo preventivo en épocas de riesgo.
Existe además una categoría de productos basados en sustancias básicas, reconocidas en el marco del Reglamento (CE) 1107/2009, con perfil de bajo riesgo. Entre ellos, los extractos de cola de caballo listos para usar se emplean como fortificante y preventivo frente a hongos foliares. Su lugar es la prevención repetida en épocas de riesgo, no el rescate de una planta ya cubierta de hongo, y conviene no esperar de ellos más de lo que dan.
Sobre los remedios caseros que se citan a menudo, como las infusiones de manzanilla o de saúco, no hay base sólida que sostenga su eficacia frente a estos hongos, y el purín de ortiga es un buen fortificante pero no un fungicida.
Por último, una regla que no depende del producto elegido: no se trata con el rosal en floración ni en horas de vuelo de las abejas. Si hay que hacerlo con la planta florecida, se aplica al anochecer.
En resumen
El polvo blanco del rosal es oídio, no mildiu, y se favorece con días cálidos y noches húmedas sin necesidad de que llueva. El mildiu velloso, causado por Peronospora sparsa, da manchas angulosas púrpuras con pelusa gris en el envés y defolia la planta en pocos días, y necesita frío y humedad muy alta.
Contra los dos, lo que más resultado da es de cultivo: variedad resistente, marco de plantación holgado, poda que abra el centro del arbusto, riego al pie y por la mañana, retirada de las hojas caídas y nitrógeno moderado. Si hace falta tratar, azufre contra el oídio fuera de las horas de calor y cobre como preventivo, siempre con producto autorizado para jardinería exterior doméstica, con la dosis de la etiqueta y nunca en floración ni en horas de vuelo de los polinizadores.