A mediados de los años cincuenta, David Austin se propuso algo que entonces sonaba a retroceso: recuperar la flor y el olor de las rosas antiguas sin renunciar a que el rosal floreciera todo el verano. El catálogo de la época estaba dominado por el híbrido de té, con capullo de punta alta, colores nuevos, refloración fiable y muy poco perfume. Las rosas antiguas tenían lo contrario: flor en copa y en roseta, aroma denso y una sola floración en junio. Austin decidió cruzar unas con otras, y ese cruce es toda la clave del grupo que hoy se llama rosas inglesas.
El cruce
Austin era agricultor en Albrighton, en Shropshire, y trabajaba en la obtención por afición antes de convertirla en su oficio. Su primer resultado publicado fue 'Constance Spry', en 1961, hija de la gálica 'Belle Isis' y de la floribunda 'Dainty Maid'. La flor era exactamente lo que buscaba: enorme, en copa profunda, rosa puro y con un perfume nuevo, a mirra. El problema es que la planta florecía una sola vez y crecía como un trepador de cuatro metros. Había heredado la flor de la madre antigua y también su hábito.
El paso decisivo llegó al retrocruzar esa descendencia con rosas modernas reflorescentes, floribundas e híbridos de té, para introducir el gen de la refloración manteniendo la forma de flor y el aroma. En 1969 presentó las primeras rosas inglesas reflorescentes, 'Wife of Bath' y 'Canterbury', y a partir de ahí el grupo creció hasta las más de doscientas variedades que ha lanzado la casa.
Lo que se obtiene es una combinación que antes no existía: flor de rosa antigua sobre planta moderna. Muchos pétalos, entre cuarenta y más de cien, dispuestos en copa, en roseta o en roseta cuarteada, con el centro dividido en secciones; colores que la rosa antigua no tenía, como el amarillo profundo de 'Graham Thomas' o el albaricoque de 'Lady of Shalott'; y oleadas de floración desde mayo hasta las heladas.
Conviene aclarar que "rosa inglesa" no es una categoría botánica ni un grupo de clasificación reconocido: es la denominación de la casa David Austin Roses para su propia línea de arbustivas. Otros obtentores han seguido caminos parecidos —Guillot en Francia con las Generosa, Tantau y Kordes con sus arbustivas de flor nostálgica— y el resultado se le parece mucho.
Los aromas
La casa clasifica el perfume de sus variedades en cinco grandes tipos, y esa clasificación es útil porque las diferencias son reales y perceptibles.
Rosa antigua. El olor clásico y denso de las damascenas y gálicas, dominado por geraniol, citronelol y alcohol feniletílico. Es el de 'Gertrude Jekyll', que además es de los más intensos que existen, y el de 'Munstead Wood'.
Té. Más ligero, fresco, con un fondo entre hoja de té seca y hierba. Viene de la línea de las rosas té chinas. 'The Generous Gardener' o 'Lady Emma Hamilton' lo tienen, esta última con una capa afrutada encima.
Mirra. El más particular y el más discutido: anisado, dulce, casi de regaliz, debido a compuestos como el anetol. Entró en el grupo con 'Constance Spry' y de ahí pasó a 'Scepter'd Isle' o 'Ambridge Rose'. Hay quien lo encuentra extraordinario y quien no lo soporta.
Afrutado. Notas de manzana, frambuesa, pera o cítrico sobre una base de rosa. 'Jude the Obscure' huele a vino blanco afrutado, 'Golden Celebration' a limón y vino.
Almizcle. Procede de la ascendencia de rosas almizcleñas, se emite sobre todo desde los estambres y viaja por el aire: se huele a distancia y no acercándose a la flor.
El perfume varía además con el momento. Es máximo a media mañana de un día templado y húmedo, se desploma con calor seco y aumenta durante los primeros días de vida de la flor. La misma variedad puede parecer inodora un mediodía de agosto en Córdoba y muy aromática una mañana de mayo.
El tamaño real de la planta
Aquí es donde más se equivoca quien las planta por primera vez. Las medidas de los catálogos están tomadas en Inglaterra, con veranos frescos y temporada corta. En España, con más luz, más calor y una temporada de crecimiento mucho más larga, la misma variedad alcanza con frecuencia el doble de altura de la que anuncia la ficha.
Una rosa descrita como arbusto de 1,2 m puede pasar de los dos metros en Valencia o en Sevilla, y variedades que en Inglaterra son arbustos medianos —'The Generous Gardener', 'Gertrude Jekyll', 'Claire Austin'— se comportan aquí directamente como trepadoras y se conducen mejor sobre un muro o un arco. Al planificar el macizo conviene multiplicar por 1,5 o por 2 la altura del catálogo y dejar espacio en consecuencia.
El porte también es distinto del que se espera. No son plantas verticales de tallo rígido, sino arbustos con ramas arqueadas que se abren hacia fuera. Austin recomendaba plantarlas en grupos de tres pies de la misma variedad, separados unos 45 o 50 cm, para que crezcan juntos y formen una sola mata densa que llene el hueco y sostenga sus propias ramas.
El cabeceo de la flor
Una flor con noventa pétalos pesa, y sobre un tallo delgado y arqueado se inclina hacia abajo. Ese cabeceo es el rasgo que más se le reprocha al grupo, en variedades como 'Gertrude Jekyll' o 'Jude the Obscure', y se acentúa después de la lluvia, cuando la flor absorbe agua.
Hay dos formas de convivir con él. La primera es aceptar que en muchos casos es una ventaja: si el rosal es alto, la flor mirando hacia abajo se ve mejor desde el camino que una flor mirando al cielo. La segunda es plantar las variedades cabeceadoras en alto —en un talud, un muro de contención, un arriate elevado— o conducirlas como trepadoras, de modo que la flor quede a la altura de la vista. Las series más recientes de la casa han corregido bastante el problema con tallos más firmes, y 'Olivia Rose Austin' o 'Boscobel' se sostienen bien.
El otro punto delicado es el pétalo fino. Las variedades muy dobles se emboban con lluvia persistente, con las capas exteriores pegadas por el agua y la flor que no llega a abrir y se pudre; y se queman con sol muy intenso, sobre todo las de tonos albaricoque y amarillo. En clima cálido español, sol de mañana y sombra en las horas centrales de julio y agosto es la mejor colocación, tal como explicamos en el artículo del rosal sevillano.
La poda es de arbusto
El error frecuente es podarlas como un híbrido de té, es decir, a tres yemas y dejando un tocón de treinta centímetros. Una rosa inglesa tratada así responde con un montón de brotes verticales, tarda en florecer y pierde su forma arbustiva.
El criterio correcto es reducir entre un tercio y la mitad del volumen de la planta al final del invierno, en enero o febrero según zona, respetando la estructura. Se retira la madera vieja y agotada desde la base, se eliminan los tallos finos, cruzados o dañados, y se acortan los principales por encima de una yema orientada hacia fuera para mantener el centro despejado.
La cantidad de poda decide el resultado. Una poda ligera, quitando solo un tercio, da un arbusto grande con muchas flores algo más pequeñas. Una poda fuerte, a la mitad o algo menos, da una planta más compacta y flores mayores. Para las variedades que aquí actúan como trepadoras, se atan las cañas principales lo más horizontales posible y se podan solo los ramilletes laterales a dos o tres yemas, que es lo que multiplica la floración.
Durante la temporada, la retirada de flores marchitas por encima de la primera hoja de cinco foliolos mantiene las oleadas. En otoño se deja de cortar en las variedades que dan buenos escaramujos, y se para el abono nitrogenado en agosto.
En resumen
Las rosas inglesas nacen de cruzar rosas antiguas, de flor en copa y perfume denso pero floración única, con modernas reflorescentes de poco aroma, y el resultado reúne la flor y el olor de unas con la refloración de las otras. La casa clasifica sus perfumes en rosa antigua, té, mirra, afrutado y almizcle, y las diferencias se notan. En España crecen bastante más de lo que dicen los catálogos ingleses, tienen porte arbustivo arqueado y algunas variedades cabecean por el peso de la flor, lo que se resuelve plantándolas en alto o conduciéndolas. Y se podan como arbusto, reduciendo un tercio o la mitad, nunca como un híbrido de té.