Un rosal bien plantado dura décadas y uno mal plantado se arrastra desde el primer año. La diferencia se decide en tres cosas: la época, el sitio y el hoyo. Todo lo demás (poda, abonado, riego) es mantenimiento, y corrige mucho menos de lo que parece.

La época depende del formato de compra. Los rosales a raíz desnuda se plantan en pleno reposo, de noviembre a marzo según la zona, que es cuando se venden. Los rosales en maceta o contenedor se pueden plantar casi todo el año, aunque en España conviene evitar el verano y, en el interior, las semanas de heladas fuertes. En la práctica, otoño para el litoral y el sur, final del invierno para la meseta y el norte.

Cómo plantar una rosa

Raíz desnuda o maceta

El rosal a raíz desnuda se cultiva en campo, se arranca en reposo y se vende sin tierra. Es más barato, permite elegir entre muchas más variedades y arraiga mejor que el de maceta, porque la raíz se desarrolla directamente en el suelo del jardín en lugar de quedarse dando vueltas dentro del cepellón. Su inconveniente es que solo está disponible unos meses y que hay que plantarlo enseguida.

El de maceta permite comprar en flor y ver lo que uno se lleva. Da menos sorpresas de color y ninguna de forma, pero suele ser material más limitado en variedad y algo más caro. Si se planta en primavera avanzada, exigirá riego atento todo el primer verano.

Al elegir la planta, en cualquiera de los dos formatos, interesa que tenga tres o más ramas gruesas partiendo del injerto, corteza lisa y sin arrugas, y ninguna mancha ni brote blanquecino de haber estado guardada en oscuridad. En raíz desnuda, además, raíces abundantes y flexibles, no secas ni rotas.

Dónde plantarlo

El rosal necesita al menos seis horas de sol directo. Con menos, crece, pero florece poco y enferma más. Con esa base, hay matices según la zona:

  • En el interior peninsular, Extremadura y el valle del Guadalquivir, lo ideal es sol de mañana y algo de sombra en las horas centrales del verano. La flor dura más y el color aguanta mejor.
  • En zonas frías y ventosas, junto a un muro orientado al sur o al este, que protege sin quitar luz.
  • Separado del césped. Las raíces del césped son muy competitivas y ahogan a un rosal joven. Si va en pradera, hay que dejarle un alcorque limpio de al menos 60 centímetros de diámetro y mantenerlo así.
  • Lejos de árboles y arbustos grandes, que le quitan agua, nutrientes y luz.
  • Con aire alrededor. La mancha negra y el oídio viven de la humedad estancada, y un rosal apretado contra una pared sin ventilación es un caso perdido. Para los trepadores contra muro, dejar unos 10 o 15 centímetros de separación entre la planta y la pared y usar un enrejado despegado.

Un punto que casi nunca se menciona: no conviene plantar un rosal donde acaba de haber otro rosal. Es lo que se conoce como enfermedad del replante, y la planta nueva se queda parada aunque el suelo parezca bueno. Si no hay más remedio, se sustituye la tierra de un volumen amplio, no solo la del hoyo.

El hoyo y la tierra

Cavar el hoyo para plantar un rosal Foto: David Austin Roses

El hoyo debe ser ancho antes que hondo: como orientación, 40 o 50 centímetros de diámetro y otro tanto de profundidad. Las raíces del rosal se extienden en horizontal los primeros años y solo después profundizan, así que ensanchar sirve más que cavar hacia abajo.

La tierra extraída se mejora mezclándola con compost o estiércol bien hecho, aproximadamente una parte por cada dos o tres de tierra. Si el suelo es muy arcilloso y se compacta, se añade además material que dé estructura. Si es muy arenoso y no retiene nada, la materia orgánica es todavía más necesaria. Lo que no funciona es rellenar el hoyo entero con sustrato comprado y dejar alrededor tierra dura: se forma una maceta enterrada y la raíz no sale de ahí.

Un sustrato específico para rosales, como el Compo Sana para rosales, viene ya con abono de arranque para las primeras semanas y va bien mezclado con la tierra del sitio, en la proporción que indique el envase, no sustituyéndola. En un jardín con suelo decente, compost propio y estiércol maduro hacen el mismo papel.

El estiércol fresco no se pone nunca en contacto con las raíces: quema. Solo estiércol compostado o bien maduro.

Plantar paso a paso

Rosales a raíz desnuda en agua Rosales a raíz desnuda en agua. Foto: David Austin Roses
  1. Hidratar. El rosal a raíz desnuda se mete en un cubo de agua durante varias horas, incluso toda la noche anterior. Ha podido pasar semanas fuera de la tierra. Los de maceta se riegan a fondo antes de sacarlos del contenedor.
  2. Repasar la raíz. Se cortan con tijera limpia las puntas rotas o secas. En los de maceta, si el cepellón sale con raíces enrolladas en espiral, se afloja la parte exterior con los dedos; si no, no volverán a salir hacia fuera.
  3. Colocar a la altura correcta. Es el punto crítico. El punto de injerto, ese engrosamiento del que salen las ramas, debe quedar a ras de suelo o ligeramente por debajo. En zonas de invierno duro, dos o tres centímetros enterrado lo protege del frío. En zonas cálidas y húmedas, a ras. Enterrarlo mucho favorece que el rosal eche raíz propia por encima del injerto y que rebrote el patrón por debajo.
  4. Extender las raíces en el hoyo, sin doblarlas hacia arriba, con un montoncito de tierra en el centro sobre el que apoyarlas si hace falta.
  5. Rellenar en tandas, apretando con la mano (no pisando fuerte) para que no queden bolsas de aire.
  6. Regar abundante nada más plantar, aunque llueva. Ese primer riego asienta la tierra alrededor de las raíces y es tan importante como el resto.
  7. Acolchar con corteza, restos de poda triturados o paja, dejando libre el cuello de la planta. Ahorra agua, mantiene la temperatura del suelo y frena las hierbas.

En invierno frío, y solo con rosales recién plantados a raíz desnuda, se puede hacer un montículo de tierra o mantillo alrededor de la base para proteger las yemas hasta que arranquen. Se retira en primavera.

Distancias de plantación

Plantar apretado es el error que más enfermedades causa. Como orientación:

Tipo de rosalDistancia entre plantas
Miniatura y de patio40 a 50 cm
Híbridos de té y floribundas50 a 80 cm
Arbustivas y rosas inglesas80 cm a 1,2 m
Trepadores y sarmentosos2 a 3 m

Riego los primeros años

El rosal adulto acaba desarrollando un sistema radicular profundo, y por eso se ven rosales abandonados que siguen floreciendo. Pero un rosal recién plantado no tiene nada de eso: depende por completo del agua que se le dé durante las dos primeras temporadas.

La forma correcta es regar despacio y en profundidad, dos o tres veces por semana en verano, y no un poco todos los días. Un riego que solo moja los primeros centímetros hace que la raíz se quede arriba, justo donde el suelo se seca y se calienta. Con acolchado y riego profundo, las raíces bajan.

Se riega al pie, nunca sobre el follaje, y a primera hora de la mañana o al atardecer. En invierno, salvo sequía prolongada, la lluvia basta en la mayor parte de la Península.

Abonado

Al plantar no hace falta más que la materia orgánica del hoyo. A partir del año siguiente, el calendario razonable es sencillo: un aporte de materia orgánica al final del invierno, después de la poda, para acompañar la brotación, y un abono de floración durante la temporada, desde la primera floración hasta finales de verano.

Los abonos específicos para rosales llevan una proporción equilibrada con buena presencia de potasio y magnesio, que es lo que interesa en floración. Un abono granulado para rosales y trepadoras con guano es un formato cómodo: se espolvorea sobre el suelo alrededor de la planta, se entierra ligeramente con el rastrillo y se riega. La dosis y la frecuencia son las del envase.

A partir de septiembre se deja de abonar, para no forzar brotes tiernos que luego se hielen. Y hay que evitar el exceso de nitrógeno: da mucha hoja blanda, poca flor y brotes tiernos que atraen al pulgón.

La primera poda y lo que viene después

La poda de formación se hace al final del invierno siguiente a la plantación. Cada grupo tiene su regla, y aquí es donde se cometen las barbaridades que se ven en muchos jardines:

  • Híbridos de té y floribundas: poda corta, dejando entre tres y cinco ramas fuertes con unas pocas yemas cada una.
  • Arbustivas y rosas inglesas: reducción de un tercio a la mitad de la altura, conservando la estructura.
  • Trepadores: se conservan las ramas principales, guiadas lo más horizontales posible, y se acortan los brotes laterales, que son los que dan flor.
  • Sarmentosos de floración única: se podan justo después de florecer, no en invierno, porque florecen sobre madera del año anterior.

En todos los casos se elimina la madera seca, la dañada y la que se cruza hacia el centro, y se corta en bisel por encima de una yema orientada hacia fuera. El objetivo es que entre luz y aire al centro de la mata.

Plagas y enfermedades, en su sitio

Los problemas habituales son el pulgón en primavera, la araña roja en verano seco y los hongos de hoja: mancha negra, oídio y roya. La mayor parte del trabajo es preventiva y ya está hecha si se ha plantado bien: variedad resistente, sitio soleado y ventilado, distancia suficiente, riego al pie y poda que abra el centro.

Junto a eso, retirar y tirar a la basura (no al compost) la hoja enferma caída, que es donde el hongo pasa el invierno. Contra el pulgón, el agua a presión y el jabón potásico resuelven la mayoría de los casos en jardín particular.

Si se llega a tratar, hay que tener claro el marco: el Real Decreto 1311/2012 establece el uso sostenible de los fitosanitarios y sitúa la prevención y los medios físicos y biológicos antes que el tratamiento químico. En jardinería doméstica solo pueden usarse productos autorizados para jardinería exterior doméstica, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y la dosis, el momento y el intervalo son los que indica la etiqueta del envase, sin excepciones. Nunca se trata durante la floración ni en las horas de vuelo de las abejas.

En resumen

Plantar bien un rosal es elegir el momento según el formato (raíz desnuda en reposo, de noviembre a marzo; maceta casi todo el año menos el verano), buscarle un sitio con seis horas de sol y aire, y cavar un hoyo ancho con la tierra del sitio mejorada con materia orgánica. El punto de injerto queda a ras de suelo, o un poco enterrado en zonas frías.

Después, riego profundo y espaciado durante las dos primeras temporadas, acolchado, abonado al final del invierno y en floración, y poda anual adecuada al grupo. Con eso, y con una variedad elegida por su sanidad además de por su color, el rosal se defiende solo durante muchos años.


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