El color de una rosa dice dos cosas distintas. Una es cultural: el código de significados que se ha ido asentando durante siglos y que sigue funcionando cuando alguien recibe un ramo. La otra es botánica: qué colores puede producir realmente un rosal y cuáles no existen y llegan al escaparate por otro camino.
Las dos importan, y la segunda mucho más de lo que parece, porque hay colores de rosa que se venden como variedades de catálogo y no lo son. Antes de encargar unas rosas azules o unas rosas negras conviene saber exactamente qué te van a entregar.
Rosas rojas
El rojo es amor, pasión y deseo, y es de los pocos significados que se mantienen casi sin variación de una cultura a otra. Es el color de San Valentín y el de Sant Jordi, y no admite lectura ambigua: quien regala una docena de rosas rojas está diciendo una cosa concreta.
Botánicamente es el color más antiguo y más estable del rosal, y viene de las antocianinas, en particular de la cianidina. Dentro del rojo hay recorrido: del escarlata luminoso al granate profundo, y ese matiz cambia con la temperatura y con la variedad.
Rosas blancas
Pureza, respeto, comienzo. Es el color del ramo de novia y también el del duelo, dos contextos opuestos que comparten la misma idea de algo intacto. También se envían a quien está convaleciente, con el sentido de buenos deseos.
El blanco de una rosa no es un pigmento, es la ausencia de él: los pétalos carecen de antocianinas y de carotenoides. Por eso una rosa blanca es el lienzo que usan los floristas para teñir, y de ahí salen buena parte de los colores imposibles.
Rosas rosas
Gratitud, afecto, ternura, admiración sin doble intención. Es el color más seguro cuando la relación no es de pareja y no quieres que se malinterprete el gesto: sirve para una madre, para una amiga o para dar las gracias.
Es también el color original del género. Las rosas silvestres de Europa y Asia son en su mayoría rosadas o blancas, y todo lo demás llegó después.
Rosas amarillas
Amistad, alegría, optimismo. En España conviene tener en cuenta la superstición asociada al color amarillo, que en algunos ambientes sigue viva, y la lectura minoritaria que lo asocia a los celos. Fuera de eso, es un color de celebración.
Tiene además una historia interesante. Los rosales europeos no daban amarillo estable, y el color entró en el catálogo moderno a comienzos del siglo XX gracias al trabajo del obtentor francés Joseph Pernet-Ducher, que introdujo la sangre de Rosa foetida persiana en los rosales de jardín. Con el amarillo llegó también una herencia menos afortunada: la sensibilidad a la mancha negra que arrastran muchas variedades amarillas todavía hoy.
Rosas naranjas
Entusiasmo, energía, reconocimiento. Funciona muy bien para celebrar un logro o dar las gracias por algo concreto, y en pareja se lee como apoyo y admiración más que como declaración.
Son colores relativamente recientes y proceden de la misma línea que trajo el amarillo. 'Super Star', de un bermellón luminoso que en su día resultó llamativo hasta lo escandaloso, es la variedad que popularizó este registro.
Rosas moradas y malvas
Fascinación, encanto, algo de misterio. Es el color de quien quiere decir que la otra persona le resulta distinta a las demás.
Y este sí existe de verdad. Los malvas, lilas y violáceos son colores reales del rosal, presentes ya en rosas antiguas como 'Reine des Violettes' y en modernas como 'Rhapsody in Blue'. Lo que ocurre es que se comercializan a menudo bajo la etiqueta de azules, y ahí empieza el equívoco.
Rosas azules: no existen
Conviene decirlo sin rodeos: el rosal no puede producir una rosa azul. Le falta la ruta metabólica que fabrica la delfinidina, el pigmento responsable del azul en flores como el pensamiento o la petunia. Ningún cruce entre rosales puede crear lo que no está en el género.
Lo que se vende como rosa azul es, en la inmensa mayoría de los casos, una rosa blanca teñida, ya sea por absorción del colorante a través del tallo o por pulverización sobre los pétalos. Es una técnica de floristería legítima y el resultado puede ser precioso, pero no es una variedad y no se puede cultivar.
La única excepción con azul de origen genético es 'Applause', desarrollada mediante ingeniería genética introduciendo en el rosal un gen procedente del pensamiento para que sintetice delfinidina. Y aun así, el resultado no es azul: es un lila pálido. Las variedades que llevan azul en el nombre, como 'Blue Moon' o 'Rhapsody in Blue', son malvas y lilas.
Si el significado es lo que te interesa, la rosa azul se asocia a lo inalcanzable, a lo extraordinario y a la confianza. Tiene sentido: simboliza justamente lo que no existe.
Rosas negras: tampoco
No hay pigmento negro en el rosal. Lo que se llama rosa negra es un rojo muy oscuro, casi granate, con una acumulación de antocianinas tan alta que en sombra o en fotografía parece negro. El efecto es máximo en el capullo cerrado y se pierde a medida que la flor se abre.
El caso más citado es el de las rosas de Halfeti, en Turquía, donde la combinación de calor seco, un suelo concreto y el agua de la zona da flores excepcionalmente oscuras en un momento determinado de la temporada. La misma planta cultivada en otro sitio no da el mismo tono. Entre las variedades comerciales, 'Black Baccara' y 'Black Magic' son de las más oscuras que se encuentran, y siguen siendo rojos.
Como regalo tiene lectura doble. Se asocia a la elegancia y a lo singular, pero también al luto y al final de algo, así que conviene saber a quién se le regala.
Rosas verdes: estas sí
La rosa verde existe y no es un truco de floristería. Se trata de Rosa chinensis 'Viridiflora', una rareza cultivada desde el siglo XIX en la que los pétalos son en realidad sépalos transformados. Por eso la flor es de un verde herbáceo que se broncea con el tiempo, y por eso no tiene aroma ni produce polen: no hay órganos reproductores, es una flor estéril convertida en follaje.
Las que se venden en floristería como rosas verdes de color pastel suelen ser, en cambio, rosas blancas teñidas. El verde se asocia a la renovación, a los comienzos y a la esperanza.
Rosas arcoíris
La rosa arcoíris, con cada pétalo de un color, es una técnica, no una variedad. Se toma una rosa blanca cortada, se divide el tallo longitudinalmente en varias tiras y cada tira se introduce en un recipiente con un tinte distinto. La flor absorbe cada colorante por su haz vascular correspondiente y cada sector de pétalos se tiñe de un color. No se puede plantar, no da semillas de ese color y solo existe mientras dura la flor cortada.
Y la rosa de Jericó, que no es una rosa
Se vende con ese nombre una bola seca que se abre al ponerla en agua, presentada a veces como una rosa milagrosa. No pertenece al género Rosa ni de lejos. Con ese nombre circulan dos plantas distintas: Anastatica hierochuntica, una crucífera del desierto de Oriente Próximo, y Selaginella lepidophylla, que ni siquiera es una planta con flor sino un licopodio americano procedente del norte de México y del suroeste de Estados Unidos. La que se compra habitualmente es esta segunda.
En resumen
El código de colores de las rosas es sencillo y estable: rojo para el amor, blanco para la pureza y el respeto, rosa para el afecto sin doble intención, amarillo para la amistad, naranja para el reconocimiento y morado para la fascinación. Con dos matices locales que conviene tener presentes en España, la superstición del amarillo y la doble lectura del rojo muy oscuro.
Lo que no conviene es comprar un color imposible pensando que es una variedad. El azul no existe en el rosal porque le falta la delfinidina, y lo que se vende teñido; el negro es un rojo muy oscuro; el arcoíris es una técnica de floristería sobre flor cortada. Los únicos colores fuera de lo común que son reales son el malva y el verde de Rosa chinensis 'Viridiflora', que además es una curiosidad botánica por tener pétalos que son sépalos.