Una rosa es un motivo endiablado. Tiene muchísimo detalle en muy poco espacio, colores que el sensor de una cámara reproduce mal en los extremos y una superficie que cambia por completo según de dónde venga la luz. La misma flor fotografiada a las ocho de la mañana y a las dos de la tarde parece de dos variedades distintas.
Esta página reúne por un lado las galerías por color, y por otro lo que hace que una foto de rosas funcione o no: la hora, la luz, el fondo, la distancia y el enfoque. Nada de ello exige una cámara cara. Casi todo lo que sale mal en una foto de rosas sale mal antes de disparar.
Capullo de la rosa Chrysler Imperial, un híbrido de té rojo clásico.
Galerías por color
Cada color de rosa se comporta de forma distinta ante la cámara y en el jardín, y por eso están separadas:
- Fotos de rosas rojas, el color que más se busca y el que más fácilmente se satura y pierde el detalle de los pétalos.
- Fotos de rosas blancas, las que exigen más cuidado con la exposición porque cualquier exceso deja el pétalo en blanco liso, sin textura.
- Fotos de rosas amarillas, las que hay que fotografiar recién abiertas, porque el pigmento se degrada y en pocos días viran a crema.
La hora manda más que la cámara
La luz dura del mediodía es la peor para una rosa: aplasta el relieve de los pétalos, quema los blancos y satura los rojos hasta convertirlos en una mancha sin dibujo. Las dos horas después del amanecer y la última hora antes del anochecer dan una luz baja, cálida y difusa que entra de lado, marca el volumen de la flor y deja ver la textura.
El otro momento útil es el día nublado. Un cielo cubierto funciona como un difusor gigantesco y es la condición ideal para las flores muy claras y para los rojos oscuros, precisamente los dos casos que peor se llevan con el sol directo. Con nubes se pierde el brillo, pero se gana todo el detalle.
Y una tercera opción que se aprovecha poco: la contraluz. Un pétalo de rosa es traslúcido, y con el sol bajo detrás de la flor se enciende por dentro y se ven los nervios. Funciona especialmente bien con rosas de pocos pétalos y con las de tonos claros.
El rocío de las fotos
Casi todas las fotografías de rosas con gotas están hechas de madrugada o con un pulverizador. Las dos vías valen, pero dan resultados distintos. El rocío auténtico se deposita en gotas pequeñas y muy repartidas, y hay que madrugar de verdad, porque se evapora en cuanto el sol da en la flor. El pulverizado da gotas más gruesas y redondas, que fotografían muy bien y se notan un poco artificiales.
Un detalle práctico de jardinero: mojar la flor y las hojas para una sesión de fotos es exactamente lo que se recomienda no hacer en el cuidado del rosal, porque la humedad sobre el follaje favorece a los hongos. Si se hace, mejor por la mañana temprano, para que la planta se seque durante el día, y nunca al atardecer.
Fondo y distancia
El error más común en una foto de rosas no está en la flor, está detrás. Un jardín tiene mangueras, macetas, sillas y el vecino, y todo eso aparece. La solución más rápida es cambiar de sitio el fotógrafo, no la flor: agacharse para que el fondo pase a ser el cielo, o subir para que sea la tierra o el césped, o moverse un metro para que detrás quede una masa de follaje en sombra.
La segunda herramienta es la profundidad de campo. Con el diafragma abierto y la flor separada del fondo, este se convierte en una mancha de color sin información. En un móvil, el equivalente es acercarse mucho al motivo y dejar el fondo lejos, con o sin modo retrato.
Acercarse tiene un límite que conviene conocer: por debajo de cierta distancia ningún objetivo enfoca. Si se quiere el detalle del centro de la flor o de una gota, hace falta un objetivo macro o unos tubos de extensión. Con un móvil, el recorte de una foto bien enfocada suele dar mejor resultado que forzar el enfoque a dos centímetros.
Los colores difíciles
Los rojos saturados son el problema clásico de la fotografía digital de flores. El canal rojo se satura antes que los otros dos, y cuando lo hace desaparece todo el dibujo de los pétalos y queda una silueta plana. Se corrige subexponiendo un poco respecto a lo que marca la cámara y recuperando después, y evitando la luz directa del mediodía.
Los blancos son el caso opuesto: si se expone según la lectura general de la escena, el pétalo se va a blanco puro y pierde la textura. Aquí interesa exponer pensando en las luces, aunque el resto de la imagen quede oscuro, porque un blanco quemado no se recupera y una sombra sí.
Y hay un aviso sobre el color que conviene dar antes de que alguien se ilusione buscando en internet. Muchas de las fotos espectaculares de rosas azules, negras, arcoíris o moradas que circulan no corresponden a ninguna variedad. La rosa azul no existe de forma natural, porque el género carece de la vía que produce delfinidina, el pigmento azul; lo que se vende es una rosa teñida, y la única con azul obtenido en laboratorio, 'Applause', tiene un color lila pálido. Las rosas negras son rojos muy oscuros. La rosa arcoíris es una rosa blanca cortada cuyo tallo se ha dividido y puesto en varios tintes, una técnica de floristería. La que sí existe es la rosa verde, Rosa chinensis 'Viridiflora', cuyos pétalos son en realidad sépalos transformados, y que por eso no huele ni produce polen.
Fotografiar el rosal, no solo la rosa
Las galerías de flores sueltas se parecen todas. Lo que de verdad sirve a quien está pensando en plantar es ver el arbusto entero: qué porte tiene, cuánta flor lleva a la vez, cómo se comporta el follaje en agosto, qué aspecto tiene un macizo de esa variedad a tres metros de distancia.
Para eso van bien la luz difusa, un punto de vista a la altura del pecho y una referencia de escala en el encuadre, aunque sea el borde de un camino. Y sobre todo, fotografiar la misma planta en distintos momentos del año. Un rosal en su segunda oleada de septiembre cuenta mucho más de lo que se puede esperar de él que la foto perfecta de una única flor de mayo.
En resumen
Las buenas fotos de rosas dependen sobre todo de tres decisiones que se toman antes de disparar: la hora, con luz baja de mañana o tarde o con cielo cubierto; el fondo, que se arregla moviéndose uno y no la flor; y la exposición, subexpuesta para los rojos saturados y controlada por las luces para los blancos.
Y una advertencia que ahorra decepciones a la hora de comprar: buena parte de las fotos de rosas azules, negras y arcoíris que circulan corresponden a flores teñidas o retocadas, no a variedades de vivero. La verde sí existe, y no es la que más se busca.