El amarillo es el color más reciente de la rosa de jardín y el más inestable de todos. Hasta finales del siglo XIX no existía un rosal amarillo refloreciente en Europa: las rosas de jardín iban del blanco al carmín pasando por todos los rosas, y el amarillo solo aparecía en especies asiáticas que florecían una vez al año. Todo lo que hoy se fotografía como rosa amarilla desciende de un cruce concreto, y esa herencia explica tanto su color como sus problemas.
Aquí abajo hay una selección de fotografías de rosas amarillas, y a continuación lo que casi nunca acompaña a esas galerías: de dónde viene el color, por qué se destiñe, qué variedades lo mantienen mejor y cómo se cultiva un rosal amarillo en un jardín español.
Fotos de rosas amarillas
Foto de rosas amarillas, en perfecta combinación con margaritas blancas
Imagen de rosas amarillas con rocío
Foto artística de rosas amarillas con mariposas amarillas
Foto de rosa amarilla y roja
Bodegón con rosas amarillas y naranjas
Foto de rosa amarilla transparente, ideal como fondo de pantalla
Rosas amarillas perladas de gotas de rocío
Foto de rosa amarilla, sobre libro de música
Foto de ramo de rosas amarillas
Foto artística, rosas amarillas sobre guijarros negros
De dónde viene el amarillo de las rosas
El amarillo entró en las rosas modernas por una sola puerta: Rosa foetida, la rosa amarilla silvestre de Asia occidental, cultivada en Europa desde el siglo XVI como curiosidad porque florecía una única vez y no se cruzaba con nada. El horticultor lionés Joseph Pernet-Ducher consiguió a finales del siglo XIX el cruce que nadie había logrado, y de ahí salió 'Soleil d'Or', presentada en 1900. Todo el linaje que vino después se llamó durante décadas rosas pernetianas, y de él descienden los amarillos, los albaricoques y los naranjas de cualquier catálogo actual.
Ese origen tiene una consecuencia que se nota en el jardín. Rosa foetida es especialmente sensible a la mancha negra, y esa sensibilidad viajó con el color. Los rosales amarillos de las primeras generaciones eran notoriamente delicados de follaje, y aunque la selección de los últimos cincuenta años ha corregido mucho, sigue siendo cierto que, dentro de un mismo catálogo, los amarillos suelen necesitar algo más de atención que los rojos o los blancos en clima húmedo.
Por qué el amarillo se destiñe
El color amarillo de un pétalo lo producen carotenoides, los mismos pigmentos de la zanahoria y del pimiento. Son moléculas mucho menos estables que las antocianinas responsables de los rojos y los morados, y se degradan con la luz intensa y el calor. Por eso una rosa amarilla se abre con un tono profundo y a los tres días es crema o casi blanca, sobre todo en el sur peninsular y en pleno julio.
Eso no es un fallo de cultivo ni una variedad mal etiquetada. Es la química del pigmento. Lo único que se puede hacer es elegir bien y colocar bien: hay variedades que sostienen el amarillo mucho mejor que otras, y una situación que reciba el sol de la mañana y quede algo protegida del sol de las tres de la tarde conserva el color varios días más. Las rosas amarillas de las fotografías más intensas están casi siempre recién abiertas y fotografiadas a primera hora.
Variedades amarillas que funcionan aquí
Para un jardín español conviene distinguir por tipo antes que por catálogo. Entre las rosas inglesas, 'Graham Thomas' es el amarillo de referencia, con flor en copa profunda de color mantequilla y aroma de té; se registró como AUSmas y es probablemente la variedad amarilla más plantada de las últimas décadas. 'Golden Celebration' va hacia el amarillo dorado con más cuerpo de flor y más aroma.
Entre los floribundas, 'Arthur Bell' aporta racimos amarillos con aroma franco, con el inconveniente de que palidece rápido; y hay amarillos de floribunda seleccionados precisamente por mantener el tono, que es lo primero que hay que preguntar en el vivero.
Y para muro y pérgola en clima cálido, Rosa banksiae 'Lutea' es un caso aparte: trepadora enorme, prácticamente sin aguijones, cubierta en marzo y abril de miles de florecillas amarillo pálido dobles. Florece una sola vez, no huele apenas y necesita espacio de verdad, pero es la más agradecida de todas en el Levante y en Andalucía, donde apenas pide riego una vez arraigada.
Cuidados de un rosal amarillo
No hay un cultivo específico para el color, pero sí tres puntos donde los amarillos se juegan más que otros:
- Follaje seco. Riego al pie, nunca por aspersión, y a primera hora del día. Dado el origen del linaje, la prevención de la mancha negra empieza aquí y sigue por una poda que deje circular el aire dentro de la mata.
- Hoja caída fuera. El hongo de la mancha negra inverna en las hojas del suelo. Recogerlas y retirarlas del jardín en otoño ahorra la mitad del problema del año siguiente.
- Hierro disponible. En los suelos calizos del este y el sur, la clorosis férrica amarillea las hojas de forma que se confunde con una enfermedad. Se distingue porque el nervio queda verde sobre el limbo amarillo, y se corrige con quelato de hierro y con aportes anuales de materia orgánica.
El resto es el manejo común de cualquier rosal: sol directo abundante, abonado de fondo a la salida del invierno, poda al final del invierno según el grupo y retirada de la flor pasada para encadenar las oleadas.
Qué dicen las rosas amarillas
En el lenguaje de las flores que se codificó en el siglo XIX, la rosa amarilla significaba celos e infidelidad. Esa lectura ha desaparecido casi por completo del uso corriente y hoy en España la rosa amarilla se asocia con la amistad, la alegría y la felicitación, que es lo que espera quien recibe el ramo. Como todos los códigos florales, es una convención cultural y no una regla, y varía de un país a otro.
En resumen
Las rosas amarillas descienden de Rosa foetida a través de los cruces de Pernet-Ducher a finales del siglo XIX, y de esa herencia les vienen tanto el color como una mayor sensibilidad a la mancha negra. Su pigmento son carotenoides, que se degradan con la luz y el calor, así que el desteñido a crema es un comportamiento normal y no un defecto.
Para tener buenas rosas amarillas en un jardín español, lo que decide es elegir una variedad que sostenga el color, plantarla donde reciba el sol de la mañana, regar siempre al pie y mantener limpia la hoja caída. Y para fotografiarlas, la flor recién abierta y la luz de primera hora hacen más que cualquier retoque posterior.