Los bulbos de verano son los que se plantan en verano, entre junio y septiembre, para florecer en otoño y en invierno. Es el grupo menos conocido de los tres y el que resuelve el hueco más difícil del jardín: los meses en que ya no queda nada del verano y todavía falta mucho para la primavera.
Antes de seguir, la aclaración de siempre, porque aquí se equivoca mucha gente al comprar: en jardinería los bulbos se clasifican por la fecha de plantación, no por la de floración. Un bulbo de otoño se planta en otoño y florece en primavera. Uno de primavera se planta en primavera y florece en verano. Y estos se plantan en verano y florecen cuando el jardín se está apagando.
Cuáles son
Son geófitas de floración otoñal, muchas de ellas mediterráneas o sudafricanas, adaptadas a un ciclo en el que la planta despierta con las primeras lluvias del otoño después de un verano seco:
- Cólquico (Colchicum autumnale), llamado también quitameriendas o azafrán silvestre. Se planta en agosto y florece en septiembre y octubre, con flores rosadas o malvas que salen del suelo desnudas, sin una sola hoja. Las hojas llegan después, en invierno o primavera. Es de lo más llamativo que se puede plantar.
- Azafrán (Crocus sativus). Se planta de junio a julio y florece en octubre y noviembre. Es lo que se hace en La Mancha cada temporada, y funciona igual de bien en una jardinera. No confundirlo con los crocus de primavera, que se plantan en otoño.
- Narciso de otoño (Sternbergia lutea). Flores amarillas parecidas a un crocus grande, que aparecen a la vez que las hojas en septiembre y octubre. Es silvestre en buena parte del Mediterráneo español.
- Nerine (Nerine bowdenii). Sudafricana, umbelas rosas sobre tallo desnudo en octubre y noviembre. Quiere el bulbo a ras de suelo y le va muy bien un sitio caluroso al pie de un muro orientado al sur.
- Amarilis (Amaryllis belladonna). Se planta en verano con el bulbo dormido y florece a finales de agosto y en septiembre, también sobre tallo desnudo.
- Ciclamen. Cyclamen hederifolium es el clásico de otoño y se naturaliza estupendamente bajo árboles de hoja caduca; el ciclamen de floristería, Cyclamen persicum, es el que se compra en flor a partir de octubre.
- Arlequina (Sparaxis tricolor). Sudafricana de flores muy vistosas y contrastadas, que se naturaliza bien en clima suave.
- Ranúnculo (Ranunculus asiaticus). Sus garras se plantan a finales de verano o en otoño y florecen a final del invierno y en primavera, así que alargan la temporada por el otro extremo.
Las hemerocallis merecen mención aparte. No son bulbosas, sino vivaces de raíces engrosadas, y se plantan o dividen bien en primavera, bien a finales de verano y principios de otoño, que es cuando enraízan mejor. Cada flor dura un solo día, de ahí el nombre, pero la sucesión mantiene la mata en flor durante semanas.
El detalle que decide el éxito: la floración sin hojas
Varias de estas plantas florecen sobre un tallo completamente desnudo y sacan el follaje después. Es una adaptación al clima mediterráneo, no un fallo, y tiene dos consecuencias prácticas que casi nadie explica.
La primera es de diseño: una flor sola, sin hoja, a ras de suelo, se pierde. Hay que plantarlas en grupo y con algo detrás que las recorte, o entre plantas tapizantes bajas que hagan de fondo. Un cólquico aislado en medio de la tierra desnuda no luce.
La segunda es de calendario: las hojas que salen después son el motor del año siguiente. En el cólquico son anchas y aparecen en invierno; en Sternbergia salen con la flor. En ninguno de los casos se cortan mientras estén verdes, por feas que resulten en marzo.
Cómo y dónde plantarlos
Se plantan en seco, con el bulbo dormido, y hay que darse prisa: algunos, como el cólquico, empiezan a emitir el escapo dentro del saquito de la tienda si tardas. Si te llega uno ya brotado, se planta igual, con cuidado de no romper el brote.
- Profundidad: la regla general de dos o tres veces el diámetro del bulbo sirve para cólquico, azafrán y Sternbergia. Las excepciones importan: la Nerine y la amarilis quieren el cuello del bulbo asomando, y el tubérculo del ciclamen va a ras de suelo o apenas cubierto, porque enterrado no florece.
- Exposición: sol para azafrán, cólquico, Sternbergia, Nerine y amarilis. Sombra de caducifolio para el ciclamen, que es planta de sotobosque.
- Suelo: drenaje, y por encima de todo drenaje en verano. Son plantas que en su hábitat pasan el estío en un suelo seco y caliente. En terreno arcilloso hay que enmendar con arena gruesa y grava, o plantar en caballón o en maceta.
- Composición: en grupos y en número impar, y sin dispersarlos.
Riego y mantenimiento
Al plantar se da un riego para asentar la tierra, y después se espera. Estos bulbos responden a las primeras lluvias de otoño, que son las que disparan la floración. Si septiembre viene seco, un riego moderado imita esa señal y adelanta la flor; regar mucho antes, con el bulbo aún dormido y el suelo caliente, es la vía directa a la podredumbre.
Durante el otoño y el invierno, con el follaje activo, se riega solo cuando no llueve y sin llegar a encharcar. En primavera, cuando las hojas amarillean, se corta el riego del todo, y desde ahí hasta el final del verano no se riega nada. Ese descanso seco es exactamente lo que necesitan y lo que el clima peninsular les da gratis.
De abonado no piden casi nada: un poco de compost maduro en superficie al empezar el otoño es suficiente. Y de mantenimiento, menos aún. Casi todos se naturalizan, forman colonias que se espesan con los años y no hay que levantarlos. Cada cuatro o cinco años se pueden dividir en verano si la mata se ha apretado demasiado.
Dos precauciones importantes
Toxicidad. El cólquico (Colchicum autumnale) es una planta seriamente tóxica: toda ella contiene colchicina, y el bulbo es la parte más concentrada. No es una advertencia menor ni comparable a la de otras bulbosas, así que conviene plantarlo donde no lleguen niños ni animales, manipularlo con guantes y no guardar nunca los bulbos en la cocina, donde podrían confundirse con una cebolla. El tubérculo del ciclamen también es tóxico por ingestión. Ante cualquier ingestión, se acude al médico o al veterinario sin esperar.
Procedencia. Varios géneros de este grupo figuran en el Apéndice II de CITES, entre ellos Cyclamen y Sternbergia, precisamente por la presión de recolección de bulbos silvestres. Eso significa que se compran a proveedores que los propaguen y con la documentación en regla, y que no se arrancan del campo. Un bulbo recogido en el monte no solo es un problema legal: es un ejemplar menos en una población silvestre.
En resumen
Los bulbos de verano se plantan entre junio y septiembre y florecen en otoño e invierno, que es cuando el jardín no tiene otra cosa. Cólquico, azafrán, Sternbergia, Nerine, amarilis, ciclamen y arlequina son los más agradecidos, y todos comparten una exigencia sencilla: suelo que drene y un verano sin riego.
Varios florecen sobre tallo desnudo y sacan las hojas después, así que hay que plantarlos en grupo para que luzcan y no cortar el follaje que sale más tarde. Y dos advertencias que conviene no saltarse: el cólquico es seriamente tóxico, y los géneros incluidos en CITES se compran propagados, nunca recogidos del campo. Puedes ver también los bulbos de otoño y los bulbos de primavera.