Bulbos de otoño son los que se plantan en otoño, no los que florecen entonces. La clasificación en jardinería va siempre por fecha de plantación, y esta confusión es el origen de la mitad de los pedidos equivocados: tulipanes, narcisos, jacintos, crocus o muscari se meten en tierra entre septiembre y diciembre, pasan el invierno enterrados y florecen desde finales del invierno hasta bien entrada la primavera.

La razón de que necesiten ese invierno bajo tierra es fisiológica. Estos bulbos vienen de climas con estación fría marcada y llevan dentro un mecanismo que solo se desbloquea tras un número de semanas por debajo de cierta temperatura. Sin frío suficiente, el bulbo brota pero la flor aborta o sale con el tallo tan corto que se queda entre las hojas. Ese detalle condiciona todo el cultivo de bulbos en España, y volveremos sobre él.

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Los bulbos de otoño más habituales

  • Tulipán (Tulipa). El más vendido y el más exigente en frío. Hay unas 150 especies y miles de cultivares agrupados en divisiones según la forma de la flor y la época: tempranos simples y dobles, Triunfo, Darwin, papagayo, flor de lirio, Rembrandt. Los de flor sencilla y los botánicos duran más años en el jardín que los grandes híbridos de flor doble.
  • Narciso (Narcissus). El más fácil y el que mejor se naturaliza en España, en parte porque varias especies del género son silvestres aquí. La clasificación hortícola reconoce trece divisiones, de las trompetas clásicas a los de racimo perfumados tipo tazetta, que son los que mejor van en el sur porque necesitan menos frío.
  • Jacinto (Hyacinthus orientalis). Espiga densa y perfume intenso, en azul, rosa, blanco o amarillo. Exige tanto frío como el tulipán y se agota rápido: la segunda floración suele ser mucho más pobre que la primera.
  • Crocus. Pequeños, tempranísimos y perfectos para naturalizar en el césped. Ojo con una confusión frecuente: el azafrán, Crocus sativus, no es un crocus de otoño en el sentido de este artículo. Se planta en verano, de junio a julio, y florece en octubre y noviembre; es lo que se hace en La Mancha cada año.
  • Muscari o nazareno. Baratos, resistentes y de los que mejor se multiplican solos. Forman manchas azules que se espesan cada año sin que haya que tocarlas.
  • Galanto o campanilla de invierno (Galanthus). Florece con el suelo aún frío, a veces con nieve. Prefiere suelo húmedo y sombra de caducifolio. Conviene saber que todo el género Galanthus figura en el Apéndice II de CITES, precisamente por la presión de recolección en el medio natural: el bulbo se compra a proveedores que lo propaguen, nunca se recoge del campo.
  • Iris bulbosos. Aquí hay otra confusión clásica: el lirio común de jardín, Iris germanica, crece de un rizoma superficial y no es un bulbo de otoño. Los que sí lo son son los iris holandeses (Iris × hollandica) y los diminutos Iris reticulata.
  • Allium ornamental. Los últimos en florecer del grupo, ya al final de la primavera, y de los que mejor encajan con el verano seco peninsular.
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El frío: el problema real en España

En la meseta, en el norte y en zonas de montaña, el invierno da de sobra el frío que estos bulbos necesitan y no hay que hacer nada especial. El problema aparece en el litoral mediterráneo, el valle del Guadalquivir, el sur en general y Canarias, donde muchos inviernos no bajan lo suficiente durante las semanas necesarias. El resultado es conocido: tulipanes que salen con la flor a ras de hoja o que ni siquiera abren.

La solución que usan los profesionales y que funciona en casa es la prevernalización: meter los bulbos en la nevera, en una bolsa de papel o de malla, entre seis y ocho semanas antes de plantarlos, y plantarlos en diciembre en cuanto salen del frío. Dos precauciones importantes:

  • Nunca junto a la fruta. La fruta madurando desprende etileno, y el etileno destruye el primordio floral dentro del bulbo. Un cajón de bulbos al lado de las manzanas es un cajón de bulbos que no florecerán.
  • Bolsa de papel o malla, nunca plástico cerrado, para que no condense y aparezca moho.

Como alternativa, se puede simplemente elegir bulbos con poca necesidad de frío: narcisos de racimo, muscari, Iris × hollandica, ranúnculos y anémonas van bien en el sur sin trucos.

Cuándo plantar y a qué profundidad

La ventana de plantación va de septiembre a diciembre. Como referencia por zonas: en el norte y en zonas frías, de septiembre a octubre; en el centro, octubre y noviembre; en el sur y en el litoral, noviembre y diciembre, cuando el suelo ya se ha enfriado. Plantar demasiado pronto en tierra caliente favorece las podredumbres.

La regla de profundidad y distancia es la misma y depende del tamaño del bulbo:

  • Profundidad: entre dos y tres veces el diámetro del bulbo. Un bulbo de 4 centímetros va a entre 8 y 12 de profundidad, medidos desde la base del bulbo hasta la superficie.
  • Distancia entre bulbos: la misma proporción, dos o tres veces su diámetro. En plantaciones para efecto masivo se puede apretar más, asumiendo que habrá que dividirlas antes.
  • En suelo arenoso conviene ir a la parte alta del rango, y en arcilloso a la baja.
  • El bulbo se coloca con la punta hacia arriba y la placa radical, el disco plano de la base, hacia abajo. Si no distingues la orientación, plántalo de lado: el brote se orienta solo.
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El suelo y la elección del sitio

Lo único innegociable es el drenaje. Un bulbo es una reserva de agua y nutrientes bajo tierra durante meses, y en suelo encharcado se pudre sin remedio. Si el terreno es arcilloso y retiene, hay tres salidas: abrir el hoyo más ancho y mezclar arena gruesa y compost, plantar en caballón o parterre elevado, o plantar en maceta.

De nutrientes no son exigentes: el bulbo trae dentro casi todo lo que necesita para florecer el primer año, y el compost se aporta pensando en el segundo y el tercero. Lo que hay que evitar es el estiércol fresco en contacto con el bulbo. La exposición debe ser soleada y protegida del viento, porque los tallos de tulipanes y jacintos son largos y quebradizos.

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Comprar y elegir el bulbo

Se compra en seco, entre finales de verano y otoño. Lo que hay que mirar:

  • Firmeza. Debe estar duro al apretarlo. Un bulbo blando ya ha empezado a pudrirse y no se recupera.
  • Peso. A igual tamaño, el que más pesa es el que más reservas tiene.
  • Aspecto. Sin manchas oscuras, sin moho en la base y sin heridas profundas. Que la túnica exterior esté desprendida no importa.
  • Calibre. Viene indicado en centímetros de circunferencia y determina directamente si florecerá el primer año. En tulipanes y jacintos, los calibres pequeños dan hoja y poco más.
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Composición: cómo se plantan para que luzcan

Un bulbo aislado no se ve; veinte juntos, sí. Se planta en grupos y en número impar, porque así el conjunto se lee como natural. Para naturalizar en césped o bajo árboles, el truco de siempre es lanzar los bulbos al aire y plantarlos donde caigan.

La otra herramienta de diseño es el escalonado: galantos y crocus para el arranque, narcisos y muscari en febrero y marzo, tulipanes en abril y allium para cerrar en mayo. También funciona plantar en capas dentro de una maceta grande, los bulbos mayores abajo y los pequeños arriba, cada uno a su profundidad.

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Riego y qué hacer después de la floración

Tras plantar se da un riego de asiento y a partir de ahí, en la mayor parte de la Península, las lluvias de otoño e invierno bastan. Solo hay que regar si el otoño viene muy seco, y con prudencia. Durante la floración, si la primavera es seca, un riego moderado alarga las flores.

Lo que se hace después decide la floración del año siguiente. La flor marchita se corta, para que el bulbo no gaste en producir semilla, pero las hojas no se tocan hasta que amarillean y se secan del todo. Ni se cortan, ni se atan en un manojo, que es una costumbre extendida y contraproducente: durante esas semanas feas es cuando el bulbo rehace sus reservas. Cuando el follaje ha desaparecido, se suspende el riego por completo.

Narcisos, muscari, crocus y galantos se quedan en el suelo y se naturalizan. Los tulipanes y jacintos de gran flor degeneran, sobre todo en climas cálidos, y muchos jardineros los tratan como planta de un año; si se quieren conservar, se levantan al secarse la hoja, se limpian y se guardan en seco y en oscuro hasta el otoño.

Una precaución con los bulbos

Varios de estos bulbos son tóxicos por ingestión. Los de narciso contienen alcaloides como la licorina, y los de jacinto y tulipán provocan además irritación por contacto, por los cristales de oxalato: manipular muchos jacintos sin guantes puede dejar la piel irritada. No se guardan nunca en la cocina ni cerca de cebollas, con las que se confunden, y se plantan donde no lleguen niños ni animales que escarben. Ante una ingestión, se acude al médico o al veterinario.

En resumen

Los bulbos de otoño se plantan entre septiembre y diciembre, a una profundidad de dos o tres veces su diámetro, en grupos impares y en suelo que drene, y florecen desde finales del invierno hasta mayo según la especie. Necesitan pasar frío bajo tierra, y esa es la clave que decide el éxito: en el sur y en el litoral, tulipanes y jacintos piden entre seis y ocho semanas de nevera antes de plantarlos, siempre lejos de la fruta.

Después de la flor, la única regla importante es no tocar las hojas hasta que se sequen solas. Los narcisos, muscari, crocus y galantos se naturalizan y vuelven cada año sin ayuda; los tulipanes de gran flor degeneran y en climas cálidos conviene asumir que durarán una o dos temporadas. Puedes ver también los bulbos de primavera y los bulbos de verano.


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