El ciclamen es la planta de flor que salva el invierno, y también la que más gente da por muerta antes de tiempo. Florece de octubre a marzo, cuando el jardín no ofrece nada, con esos pétalos vueltos hacia atrás que le dan un aire de mariposa posada, y a la vez es la planta que más se compra en flor y se tira en enero.

Casi siempre por el mismo motivo. El ciclamen de floristería no es una planta de interior, es una planta de exterior fresco a la que metemos en un salón a 22 grados. En cuanto la temperatura sube, deja de florecer, amarillea y se viene abajo, y quien lo ve piensa que le falta agua. Le sobra: lo que le falta es frío.

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Qué es un ciclamen

Cyclamen es un género de la familia de las primuláceas con unas veintitantas especies repartidas por la cuenca mediterránea, Europa central y Oriente Próximo. Crece de un tubérculo aplanado, no de un bulbo, y ese tubérculo puede vivir décadas: los ejemplares viejos alcanzan el tamaño de un plato.

Las hojas son acorazonadas o redondeadas, carnosas, y casi siempre llevan un jaspeado plateado que las hace decorativas por sí solas. La flor sale solitaria sobre un pedúnculo, con los pétalos doblados hacia arriba y hacia atrás.

Hay dos especies que nos tocan de cerca: Cyclamen balearicum, que crece de forma silvestre en Baleares y en algunos puntos del este peninsular, y Cyclamen repandum, presente en el noreste. Conviene decir aquí algo importante: todo el género Cyclamen figura en el Apéndice II de CITES, por la presión histórica de recolección de tubérculos silvestres, con una exención para los ejemplares cultivados de Cyclamen persicum. Es decir, se compran propagados y con documentación; no se arrancan del campo.

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Las especies que interesan en el jardín

  • Cyclamen persicum. El ciclamen de floristería, y el único del que derivan las variedades de flor grande que se venden en maceta. Procede del Mediterráneo oriental y es sensible al frío: aguanta mal por debajo de cinco grados. Florece de otoño a primavera.
  • Cyclamen hederifolium. El más agradecido para plantar en el jardín. Florece a finales de verano y en otoño, antes de sacar las hojas, que llegan después y cubren el suelo todo el invierno. Resiste el frío sin problema y se naturaliza formando colonias densas.
  • Cyclamen coum. Florece en pleno invierno, de enero a marzo, con hojas redondeadas y flores más pequeñas y de color intenso. También rústico.
  • Cyclamen balearicum y Cyclamen repandum. Los de floración primaveral, delicados y de interés más para coleccionista que para plantación masiva.

La confusión entre el persicum de maceta y las especies rústicas de jardín es la raíz de casi todos los consejos contradictorios que circulan. El primero es planta de temporada bajo techo fresco; los otros van directos al suelo y vuelven cada año.

Cuidados del ciclamen de maceta

Este es el que la mayoría tiene en casa, así que va con detalle:

  • Temperatura. Es el factor decisivo. Va bien entre 10 y 16 grados y empieza a sufrir por encima de 18. El sitio correcto no es el salón, sino un porche cubierto, una galería sin calefacción, un alféizar en habitación fresca o una terraza resguardada. En casi toda España vive perfectamente al exterior en invierno mientras no hiele fuerte.
  • Luz. Mucha claridad, ningún rayo directo. Al sol de una ventana orientada al sur se marchita en pocos días.
  • Riego. Aquí está el otro error clásico. Se riega por abajo, poniendo la maceta en un plato o barreño con agua durante unos veinte minutos y retirando después el sobrante. El agua nunca debe caer sobre el tubérculo ni acumularse en el centro de la roseta, porque ahí es donde empieza la podredumbre. Se riega cuando el sustrato empieza a secarse, no antes.
  • Abonado. Un abono líquido para plantas de flor, con más potasio que nitrógeno, cada dos o tres semanas mientras florece.
  • Flores y hojas marchitas. No se cortan con tijera: se retiran tirando del pedúnculo con un giro suave hasta que se desprende de la base. Un tocón cortado se pudre y contagia al tubérculo.

Cuando en primavera empieza a amarillear en masa, no está muriendo: está entrando en reposo, que es su ciclo normal. Se van suspendiendo los riegos, se deja secar del todo y se guarda la maceta en un sitio fresco, seco y a la sombra durante el verano. A finales de agosto se vuelve a regar poco a poco y rebrota.

El ciclamen en el jardín

Las especies rústicas son de sotobosque: crecen bajo árboles y arbustos de hoja caduca, con sombra en verano y luz en invierno, en suelo suelto, rico en materia orgánica y con buen drenaje. Es la situación exacta que se da bajo un castaño, un fresno o un almendro viejo.

  • Profundidad: muy poca. El tubérculo va a ras de suelo o apenas cubierto con dos o tres centímetros de mantillo. Enterrado hondo, no florece.
  • Orientación: la cara con las yemas hacia arriba. En Cyclamen hederifolium el tubérculo emite las raíces por la cara superior y por los lados, así que un par de centímetros de mantillo por encima le vienen bien.
  • Distancia: de 10 a 15 centímetros, en grupos y en número impar.
  • Riego: mientras tenga hojas, si no llueve. En cuanto entra en reposo estival, nada. El verano seco es parte de su ciclo.

Un apunte sobre el suelo: circula el consejo de acidificar la tierra con posos de café, y no funciona. Los posos usados tienen un pH prácticamente neutro y no modifican de forma apreciable el del suelo. Aportan algo de materia orgánica y nada más, así que si el ciclamen necesita un sustrato más ácido, lo que sirve es un compost o un mantillo formulado para plantas acidófilas.

Multiplicación

La forma natural es la semilla, y en el jardín se encarga la planta sola. El pedúnculo de la flor fecundada se enrolla en espiral acercando la cápsula al suelo, y cuando esta se abre, las hormigas transportan las semillas, que llevan un apéndice azucarado que les interesa. Ese es el mecanismo por el que una plantación de tres ciclámenes acaba siendo una alfombra en unos años.

Si quieres dirigirlo, se recogen las semillas cuando la cápsula empieza a abrirse, se siembran frescas en bandeja con sustrato ligero, apenas cubiertas, y se mantienen a la sombra y frescas. Tardan bastante, y la primera floración llega al segundo o tercer año.

Lo que no conviene es dividir el tubérculo. A diferencia de una patata, el tubérculo del ciclamen no regenera bien la superficie cortada y lo normal es que las dos mitades se pudran. Es un consejo que se repite mucho y que estropea plantas viejas y valiosas.

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Plagas, enfermedades y toxicidad

El problema más grave y el que menos se ve venir es el gorgojo de la vid (Otiorhynchus sulcatus). El adulto hace muescas semicirculares en el borde de las hojas, que es la señal de alarma, pero el daño real lo hacen las larvas, blancas y curvadas, que se comen el tubérculo por dentro. Cuando la planta se marchita de golpe con el sustrato húmedo, hay que volcar la maceta y mirar.

La botritis, moho gris sobre flores y peciolos, aparece con ambiente cerrado y agua sobre la roseta. Se previene ventilando, regando por abajo y retirando de inmediato lo marchito. El ácaro del ciclamen deforma y arruga las hojas nuevas y es difícil de ver a simple vista.

En jardinería doméstica el orden correcto lo marca el Real Decreto 1311/2012 sobre uso sostenible de fitosanitarios, con la gestión integrada de plagas como principio: prevención, revisión periódica y medios físicos antes que el tratamiento químico. Si se llega a tratar, solo con productos autorizados para jardinería exterior doméstica, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y a la dosis de la etiqueta del envase.

Por último, la advertencia que no traen las etiquetas: el tubérculo del ciclamen es tóxico por ingestión, por las saponinas que contiene, y lo es tanto para las personas como para perros y gatos. Es la parte más concentrada de la planta, así que conviene plantarlo donde no escarben los animales y, ante una ingestión, acudir al médico o al veterinario.

En resumen

El ciclamen es una tuberosa de las primuláceas que florece cuando ya no queda nada más, y su cultivo se resume en dos exigencias: fresco y riego por abajo. El de maceta que se compra en flor no es planta de salón caliente, sino de porche, galería o terraza resguardada, y en primavera no se muere, entra en reposo.

Para el jardín, las especies rústicas como Cyclamen hederifolium o Cyclamen coum se plantan casi a ras de suelo bajo árboles de hoja caduca, se naturalizan solas gracias a las hormigas y no hay que tocarlas más. Dos cosas que conviene retener: el tubérculo no se divide, y es tóxico por ingestión.


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