Con el nombre de amarilis se venden dos plantas distintas, y esa confusión es la causa de la mitad de los fracasos de cultivo. La amarilis verdadera es Amaryllis belladonna, una bulbosa sudafricana que florece a finales de verano sobre un tallo desnudo, al aire libre y a pleno sol. La otra es el Hippeastrum, americano, el bulbo grande que se vende en caja por Navidad para forzarlo dentro de casa. Comparten familia, las amarilidáceas, y poco más.
Si tienes un bulbo entre las manos y no sabes cuál es, mira dos cosas: el Hippeastrum tiene el tallo floral hueco y suele dar dos o cuatro flores enormes, de hasta 20 centímetros; Amaryllis belladonna lo tiene macizo y lleva una umbela de seis a doce flores más pequeñas y perfumadas. Y sobre todo, mira el calendario: si florece en diciembre dentro de casa, es Hippeastrum. Este artículo va de la amarilis de jardín; para la de interior tienes la ficha del hippeastrum.
Cómo es la amarilis
Amaryllis belladonna es la única especie de su género y procede de la región del Cabo, en el suroeste de Sudáfrica, una zona de inviernos lluviosos y veranos secos. Ese origen explica todo su comportamiento.
El bulbo es grande, de piel parda, y pasa el verano dormido y sin hoja alguna. A finales del verano, sin que haya llovido todavía, emite un escapo floral macizo de 40 a 70 centímetros completamente desnudo, rematado por una umbela de flores en forma de embudo, rosadas, a veces casi blancas, y con perfume. De ahí uno de sus nombres populares en inglés, "dama desnuda". Las hojas, acintadas y de un verde intenso, aparecen después de la floración, se mantienen todo el otoño y el invierno y se secan a finales de primavera.
En España se la conoce como azucena de San Miguel, precisamente porque florece por esas fechas, y también como flor de San Francisco o azucena rosada. En jardines antiguos del sur y del litoral mediterráneo lleva décadas asilvestrada al pie de tapias y ribazos, donde nadie la riega y florece igual.
El ciclo invertido, y por qué importa
Casi todos los consejos de cultivo que circulan sobre la amarilis están copiados de los del Hippeastrum, y por eso fallan. La amarilis de jardín tiene el ciclo invertido respecto a las bulbosas de primavera: crece en otoño e invierno, florece al final del verano y descansa durante el verano seco.
La consecuencia práctica es directa: en verano no se riega. Un riego de verano sobre un bulbo dormido, en un sustrato que retiene agua, es la forma más rápida de pudrirlo. Y otra consecuencia menos evidente: las hojas que salen en otoño no son un descuido que haya que recortar, son el motor de la floración del año siguiente. Cortarlas mientras estén verdes deja al bulbo sin reservas.
Plantación y ubicación
El momento de plantar es el verano, con el bulbo dormido, entre finales de junio y agosto, antes de que emita el escapo. Se encuentran a la venta en esas fechas precisamente por eso.
- Sol pleno. Este es el punto donde más se equivocan las fichas de venta. La amarilis quiere sol directo; a la sombra crece hoja y no sale flor. Solo en el interior más caluroso conviene una posición donde reciba algo de alivio a mediodía en pleno agosto.
- El cuello del bulbo, fuera. Se planta con el tercio superior asomando por encima del sustrato, o al menos con el cuello a ras. Enterrado del todo, tarda años en florecer o no florece.
- Suelo con drenaje. Tolera bien los suelos calizos y pobres, que abundan en el este y el sur peninsular. En terreno arcilloso hay que enmendar con arena gruesa y compost, o plantarla en un talud.
- Distancia: unos 25 o 30 centímetros entre bulbos. Forman matas con el tiempo y agradecen el sitio.
- Al abrigo del viento. El escapo es largo y va cargado de flores; una racha lo tumba.
La amarilis detesta que la muevan. Es normal que el primer año después de plantarla o trasplantarla no florezca, y a veces tampoco el segundo. No es que esté enferma: está echando raíces. La peor cosa que se le puede hacer es desenterrarla cada temporada para ver qué tal va.
Riego, abonado y frío
Durante el otoño y el invierno, con las hojas activas, se riega de forma moderada cuando no llueve, dejando secar la capa superficial entre riegos. Al llegar la primavera y empezar a amarillear las hojas se van espaciando los riegos, y desde que la parte aérea desaparece hasta que asoma el escapo, nada de agua.
De abonado no es exigente. Un aporte de compost maduro en superficie al empezar el otoño, cuando salen las hojas, cubre sus necesidades. Si se usa un fertilizante mineral, uno con poco nitrógeno y buena proporción de potasio favorece la floración más que uno de crecimiento; el nitrógeno en exceso da hojas grandes y ninguna flor.
Sobre el frío: aguanta heladas ligeras y cortas, pero es una planta de clima suave. En la mitad norte y en el interior con inviernos duros lo razonable es cultivarla en maceta, honda y más bien estrecha, y resguardarla en un porche o invernadero frío durante los meses críticos. En el litoral mediterráneo, en Andalucía y en Canarias vive en el jardín sin ninguna protección.
Multiplicación
La forma sensata de multiplicarla es por separación de bulbillos. La mata produce hijuelos alrededor del bulbo principal, y cada cuatro o cinco años, en verano y con la planta dormida, se puede levantar el conjunto, separar los bulbillos con la mano y replantarlos de inmediato, sin dejarlos secar. Los pequeños tardarán dos o tres años en florecer.
También se reproduce por semilla. Las semillas de las amarilidáceas son carnosas, no se conservan y hay que sembrarlas nada más recogerlas, apenas cubiertas. El camino hasta la primera flor es largo, de varios años, así que solo compensa si te interesa el proceso en sí.
Problemas habituales
El fallo que mata bulbos es siempre el mismo: agua en el momento equivocado. La podredumbre del bulbo empieza con el sustrato húmedo en verano y no tiene arreglo una vez avanzada. Un bulbo blando o con la base oscura se descarta.
Entre las plagas, las babosas y caracoles atacan las hojas tiernas en las noches húmedas de otoño y se controlan retirándolos a mano y quitando refugios cerca de la planta. Conviene descartar el truco de la sal: mata al molusco pero saliniza el suelo y perjudica a la planta. Los pulgones aparecen en el escapo tierno y un chorro de agua o agua con jabón potásico suele bastar.
Hay un aviso que casi nunca aparece en las etiquetas: todas las partes de la planta son tóxicas por ingestión, y el bulbo es la más concentrada. Las amarilidáceas contienen alcaloides como la licorina. El bulbo se parece bastante a una cebolla, así que conviene no dejarlo a mano en casa y plantarlo donde no lleguen niños ni animales. Ante una ingestión, se acude al médico o al veterinario.
Comprar bulbos
Un bulbo bueno pesa, está firme al apretarlo y no tiene manchas blandas ni moho en la base. El calibre importa: los pequeños no florecen el primer año.
Fuera de la temporada de venta en vivero, se puede recurrir a la compra en línea. Hay lotes de bulbos de amarilis disponibles casi todo el año, aunque en estos casos conviene revisar la descripción con atención: bajo el mismo nombre comercial se listan tanto Amaryllis belladonna como híbridos de Hippeastrum, y no piden ni el mismo sitio ni el mismo calendario.
En resumen
La amarilis de jardín, Amaryllis belladonna, es una bulbosa sudafricana hecha a medida del clima mediterráneo: florece a finales de verano sobre un tallo desnudo, saca las hojas después, vegeta durante el invierno y duerme el verano en seco. Se planta en verano, a pleno sol, con el cuello del bulbo asomando y en suelo que drene, y a partir de ahí lo mejor que se puede hacer es no tocarla.
El error que más ejemplares cuesta es tratarla como si fuera un Hippeastrum: sombra, riego de verano y bulbo enterrado del todo. Y una precaución que conviene tener presente si hay niños o mascotas en casa: el bulbo es tóxico por ingestión.