El color de una flor sale casi siempre de tres familias de pigmentos y de una cosa que no es un pigmento. Las antocianinas cubren el rojo, el rosa, el morado y el azul. Los carotenoides ponen el amarillo, el naranja y buena parte de los rojos anaranjados. Las betalaínas hacen lo mismo que las antocianinas, pero solo en un grupo concreto de plantas y nunca a la vez que ellas. Y el blanco no es ningún pigmento: es aire.
Saber cuál es cuál explica cosas que de otro modo parecen caprichos. Por qué no existe una rosa azul de verdad. Por qué la hortensia cambia de color según el suelo y el clavel no. Por qué una flor comprada por la foto del catálogo sale de otro tono en tu terraza. Y por qué un girasol, que a ti te parece amarillo liso, para una abeja tiene una diana en el centro. Debajo de cada apartado tienes ejemplos, y al final los listados por color del sitio para buscar especies concretas.
Antocianinas: del rojo al azul con la misma molécula
Las antocianinas son flavonoides disueltos en la vacuola de las células del pétalo. Es decir, no están dentro de un orgánulo especializado sino en el jugo celular, y eso es justo lo que las hace tan variables: el color final depende del ambiente químico de esa vacuola tanto como de la molécula. Tres factores mandan.
El primero es qué antocianidina tiene la planta: la pelargonidina tira a naranja y rojo ladrillo, la cianidina a rojo y magenta, la delfinidina a morado y azul. El segundo es el pH de la vacuola: la misma antocianina vira hacia el rojo en medio más ácido y hacia el azul en medio menos ácido. El tercero es la compañía, lo que se llama copigmentación, la asociación de la antocianina con otros flavonoides incoloros y, en algunos casos, con iones metálicos, que estabiliza y desplaza el color hacia el azul.

Por qué el azul es tan raro
Para que una flor sea azul de verdad hacen falta varias condiciones a la vez: que la planta sepa fabricar delfinidina, que la vacuola no sea demasiado ácida y que haya copigmentos o metales que estabilicen el complejo. Muchas especies no tienen la enzima que lleva a la delfinidina, y ahí se acaba la historia. La rosa es el ejemplo famoso: carece de esa vía, y por eso las llamadas rosas azules del comercio son lilas, o son flores blancas teñidas con colorante a través del tallo.


La hortensia, el caso que todo el mundo cita mal
La hortensia común (Hydrangea macrophylla) es azul cuando dispone de aluminio en la solución del suelo, y rosa cuando no. El aluminio se vuelve asimilable en suelo ácido y queda bloqueado en suelo calizo, así que el pH del suelo influye, pero de forma indirecta: lo que entra en la flor y forma el complejo azul con la antocianina es el aluminio, no el ácido. En el este y el sur de España, con suelos calizos y agua dura, las hortensias azules se vuelven rosas al segundo año por mucho que se insista.

Carotenoides: el amarillo y el naranja de plastidio
Los carotenoides son otra cosa por completo. No están disueltos en el jugo celular sino acumulados en unos plastidios llamados cromoplastos, son insolubles en agua y no dependen del pH. Por eso los amarillos y naranjas son mucho más estables y mucho menos sensibles al suelo y al clima que los morados. Un girasol es amarillo en cualquier terreno.

Rojos y naranjas intensos suelen ser mezcla: carotenoide de fondo y antocianina encima. Superponiendo los dos sistemas salen desde el escarlata hasta el marrón cobrizo de algunos cultivares.

Betalaínas: la excepción de las cariofilales
Hay un tercer grupo de pigmentos, las betalaínas, responsables del rojo de la remolacha, del fucsia de las buganvillas y del amarillo intenso de las portulacas. Son moléculas con nitrógeno y no tienen nada que ver químicamente con las antocianinas, aunque den colores muy parecidos. Aparecen solo en el orden de las cariofilales, y con una regla que no se rompe: una planta tiene antocianinas o betalaínas, nunca las dos.
Dentro de ese mismo orden hay familias que se quedaron con las antocianinas, y la más conocida en jardinería es la de los claveles. Por eso el rosa de un Dianthus es química de antocianina y el fucsia de una buganvilla, que está en el mismo orden, no lo es.

El blanco no es un pigmento
Una flor blanca no tiene pigmento blanco. Tiene ausencia de pigmento y, además, una estructura interna con espacios de aire entre las células. Esos huecos dispersan la luz en todas las longitudes de onda y devuelven el conjunto, que es lo que percibimos como blanco. Si aplastas un pétalo blanco y expulsas el aire, se vuelve translúcido y casi desaparece el color.

Este mecanismo convive con los otros. En muchas flores blancas hay pigmento en una zona muy concreta, y el contraste es deliberado.

Dos flores distintas en la misma cabezuela
En las compuestas, lo que parece una flor es una inflorescencia con dos tipos de flores, y cada uno puede llevar su pigmento. Las flores liguladas del borde suelen aportar el color llamativo y las del disco central, otro distinto.

Lo que tú no ves
Las abejas ven en el ultravioleta y no ven el rojo como nosotros. Muchas flores que a nuestros ojos son de un amarillo uniforme tienen en ultravioleta una diana oscura en el centro, marcada por flavonoides que absorben esa banda, y esas guías de néctar dirigen al insecto al punto exacto. El color de una flor no es para ti: es publicidad dirigida a un polinizador concreto, y el canal cambia según quién sea. Tubos rojos y sin aroma, a aves. Blancos muy perfumados que abren al anochecer, a mariposas nocturnas. Amarillos y azules con diana, a abejas.
Por qué la misma variedad te cambia de color
La síntesis de antocianinas responde a la temperatura y a la luz. Con noches frescas y mucha luz, la planta produce más y el color se satura; con calor nocturno alto, menos, y la flor sale lavada. Por eso un cultivar bicolor comprado por foto sale distinto en un verano manchego y en una terraza atlántica, y por eso la misma dalia cambia de tono entre julio y octubre. El suelo influye poco, salvo en la hortensia.
La edad cuenta también: muchas flores cambian de color tras ser polinizadas, y ese viraje avisa al insecto de que se vaya a las que aún tienen néctar.


Los listados por color
Si lo que buscas son especies concretas para una combinación, los tienes separados por color:
- Flores rojas
- Flores azules
- Flores amarillas
- Flores blancas
- Flores moradas
- Flores lila
- Flores naranjas
- Flores rosas
Una nota sobre el significado de los colores
Lo que se lee sobre el significado de cada color procede del lenguaje de las flores, una convención que se puso de moda en la Europa del siglo XIX y se difundió con diccionarios florales impresos, muy populares en la época victoriana. Es historia cultural, y cambia de un manual a otro. No es una propiedad de la planta: el color es química y estrategia de polinización, y el simbolismo se lo pusimos nosotros encima bastante después.
En resumen
Hay tres rutas de pigmento y una estructura. Antocianinas en la vacuola para rojos, rosas, morados y azules, con el pH y los copigmentos moviendo el tono. Carotenoides en cromoplastos para amarillos y naranjas, estables y ajenos al suelo. Betalaínas solo en las cariofilales y nunca junto a las antocianinas. Y el blanco, que es aire entre células dispersando la luz.
Con eso en la cabeza, las rarezas dejan de serlo: la hortensia vira porque el aluminio entra o no entra, la rosa azul no existe porque falta una enzima, y la flor de tu terraza no sale como en la foto porque el color depende de la temperatura de la noche. Para elegir especies, tira de los listados por color; para entender lo que ves, basta con distinguir estas cuatro cosas.