Si has llegado buscando qué plantar para tener flores rosas, la respuesta corta es esta: peonía en el interior y el norte, camelia solo donde el agua de riego no lleve cal, almendro si quieres un árbol que florezca en pleno invierno, cosmos para sembrar a puñados en primavera y tulipán como bulbo de otoño. Y en el campo, sin plantar nada, el rosa es de los colores más repetidos de la flora española.

Si lo que buscas es el porqué del color, la respuesta también es corta: el rosa casi nunca es un pigmento propio. Lo hacen las mismas antocianinas que dan el rojo, en menor concentración o a otro pH dentro de la célula. Un rosa pálido es, casi siempre, un rojo diluido, y por eso en cuanto una especie ornamental tiene variedades rojas aparecen tarde o temprano variedades rosas.

Flores rosas

De dónde sale el rosa de un pétalo

Las antocianinas son pigmentos solubles, disueltos en la vacuola de las células del pétalo. Eso tiene dos consecuencias. La primera es que la cantidad manda: mucha antocianina se ve roja o casi negra, poca se ve rosa. La segunda es que el color depende del pH de esa vacuola, porque la misma molécula vira hacia el azul en medio menos ácido. El rosa queda justo en medio de las dos escalas, y de ahí que sea tan fácil de conseguir por cruce o por mutación.

La vía que fabrica esos pigmentos tiene varios pasos, y basta que uno funcione a medias para que la flor salga rosa en lugar de roja. De ahí que muchas variedades rosas sean sports: ramas mutadas de una variedad roja o blanca que alguien vio distintas y multiplicó por esqueje.

Hay excepciones que conviene conocer. En unas pocas familias, entre ellas las cactáceas y las nictagináceas, el pigmento no es una antocianina sino una betalaína. El rosa fucsia de una buganvilla o de una flor de cactus es químicamente otra cosa, aunque a la vista se parezca: ninguna planta fabrica los dos tipos de pigmento a la vez.

Peonía: la que pide frío de verdad

Peonías rosas

La peonía herbácea de jardín (Paeonia lactiflora y sus híbridos) necesita un invierno frío para formar flor. En la meseta, en el norte y en zonas de montaña va bien; en el litoral cálido y en el sur brota pero apenas florece. Se planta en otoño, no le gusta que la muevan y tarda un par de temporadas en arrancar.

El error clásico es plantarla hondo: las yemas de la corona tienen que quedar justo bajo la superficie, porque enterradas a palmo la planta vive años sin dar una flor. Las hormigas de los capullos van al néctar del botón y no hacen daño.

En España hay peonías silvestres propias, como Paeonia broteri, en encinares y pinares de media montaña, y varias comunidades las incluyen en sus catálogos de flora protegida. No sobreviven a un trasplante, así que se miran y se fotografían.

Almendro: el rosa de finales de invierno

Flores de almendro

El almendro (Prunus dulcis) florece antes de echar la hoja, cuando todavía es invierno, y según la variedad la flor va del blanco al rosa claro con el centro más encendido. Es el árbol de flor rosa más extendido en España, y esa floración temprana es su punto débil: una helada tardía se lleva la cosecha. A cambio, es una de las pocas fuentes de néctar de febrero para las abejas. Tienes la ficha del árbol en almendro.

Camelia: rosa de invierno, y solo sin cal

Camelia rosa

La camelia (Camellia japonica) da el rosa más perfecto del invierno, con esas flores dobles de pétalos superpuestos. Es acidófila estricta: en Galicia, Asturias, Cantabria y el norte de Portugal vive en el suelo del jardín, mientras que en el este y el sur, con agua de grifo dura, amarillea y se arruina. Allí, maceta con sustrato ácido y agua de lluvia. Dos reglas que se olvidan: el sol de la mañana sobre la flor helada la quema, y las flores pasadas se retiran porque se pudren en la planta. Más detalle en camelias.

Orquídeas: el rosa que más se vende y el que no se toca

Orquidea rosa

Las orquídeas rosas de supermercado son híbridos de Phalaenopsis, epífitas que en la naturaleza viven agarradas a ramas. No llevan tierra sino corteza, y el fallo habitual es dejar agua en el cogollo central, que es por donde se pudre.

En el campo español hay orquídeas silvestres rosas y púrpuras de los géneros Orchis, Anacamptis y Ophrys, muchas en prados calizos. No se pueden trasplantar: dependen de hongos del suelo para vivir, y arrancadas mueren. Además están protegidas.

Tulipanes rosas

Tulipanes rosas

El tulipán se planta en otoño y florece en primavera. Para repetir necesita frío de verdad en invierno y secarse en verano: en el interior peninsular vuelve año tras año y en el sur cálido degenera y se comporta como anual. Tienes la ficha en tulipanes.

Cosmos, el rosa de sembrar a puñados

Cosmos rosa

Para una mancha de rosa grande y barata, el cosmos (Cosmos bipinnatus). Se siembra directamente en primavera, agradece el suelo pobre y, si le echas abono nitrogenado, da mata y pocas flores. Se resiembra solo y es excelente para abejas y sírfidos, siempre que elijas flor sencilla: en las dobles los pétalos de más sustituyen a los estambres y el insecto se queda sin nada.

Adormidera: bonita, y con normas

Flor de adormidera

La flor rosa malva de la adormidera (Papaver somniferum) sale mucho en fotos de jardín silvestre, y conviene saber dónde te metes: en España su cultivo no es libre: es una planta sujeta a la legislación de estupefacientes (Ley 17/1967) y sembrarla requiere autorización de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, aunque su semilla se venda como alimento. Para una amapola de jardín, siembra Papaver rhoeas o Papaver nudicaule, que no tienen ese problema.

Las rosas rosas, que son el punto de partida

Rosas rosas

Las rosas silvestres de España (Rosa canina, Rosa pouzinii y otras) tienen cinco pétalos y van del blanco al rosa pálido. Ese es el color de partida del género y el de la mayoría de las rosas antiguas de jardín; los rojos encendidos y los anaranjados llegaron después, con los cruces de los siglos XIX y XX. La rosa rosa no es una versión suave de la roja: es al contrario.

El rosa de la flora silvestre

La armeria (Armeria maritima y parientes) hace cojines de hojas estrechas con pomponcitos rosas sobre un tallo desnudo. Aguanta el viento y la sal del acantilado, y el género tiene en la Península muchas especies, varias endémicas de una sola sierra.

Armeria

La brecina (Calluna vulgaris) es el brezo de flor menuda rosada de los brezales ácidos del norte y del Sistema Central. Florece a final de verano y en otoño, cuando ya no queda casi nada en flor, y de ahí su importancia para las abejas.

Brecina

La betónica (Betonica officinalis, antes Stachys officinalis) levanta espigas magenta en prados frescos y claros de bosque. Es una labiada, de la familia del tomillo, con las hojas basales arrugadas y festoneadas.

Betonica

La adelfilla pelosa (Epilobium hirsutum) crece en acequias y orillas, con cuatro pétalos rosas escotados y un estigma blanco partido en cuatro. Ojo con el nombre: no tiene nada que ver con la adelfa (Nerium oleander), una de las plantas más tóxicas que hay en España.

Adelfilla pelosa

El alfilerillo del pastor (Erodium) es de la familia de los geranios y sale en cualquier cuneta. Flor rosa de cinco pétalos y un fruto en pico que se enrosca al secarse y se entierra girando.

Alfilerillo del pastor

La aleluya da otro lío de nombres. La aleluya propiamente dicha es Oxalis acetosella, de flor blanca con venas rosadas, de hayedos y robledales húmedos del norte. La de flor rosa fuerte de cunetas y macetas del litoral es Oxalis articulata, sudamericana y asilvestrada, que se extiende por tubérculos y cuesta mucho sacar de un jardín. Las dos llevan oxalatos.

Aleluya

El ajo rosado o ajo de culebra (Allium) hace umbelas de campanitas rosa pálido en ribazos y olivares. El género es comestible, pero los nombres de los ajos silvestres cambian de comarca en comarca y se solapan con los de bulbos que no lo son: no se come un bulbo identificado por el nombre del pueblo.

Ajo rosado

Las arvejas y vezas (Vicia) son leguminosas trepadoras de flor rosa a púrpura, con zarcillos, de cuneta y campo de cereal. Fijan nitrógeno y se siembran como forraje y abono verde. La semilla cruda no se come. Tienes la ficha en veza.

Arvejas

El rosa en el lenguaje de las flores

El lenguaje de las flores es una convención cultural con fecha: arranca en manuales franceses de principios del siglo XIX y se difunde en la Europa victoriana como pasatiempo de salón y argumento de venta de floristería. A la rosa rosa se le asignó la gratitud, y al clavel rosa el cariño maternal, que es el origen del clavel del Día de la Madre.

Conviene saber dos cosas: los manuales no coincidían entre sí, lo que ya dice qué clase de código era, y la asociación del rosa con las niñas es del siglo XX y de origen comercial. Es historia de las costumbres, no una propiedad de la flor.

En resumen

El rosa es el color más fácil de encontrar en una flor porque no hace falta un pigmento nuevo: basta menos cantidad del que ya hace el rojo, o un pH algo distinto. Por eso lo tienes a la vez en el vivero, en el acantilado y en el brezal.

Para el jardín, elige por clima antes que por color: peonía y tulipán donde hay invierno de verdad, camelia solo si el agua no lleva cal, almendro si quieres un árbol que abra en febrero, y cosmos si lo que buscas es una mancha grande el primer año. Y de la flora silvestre, lo de siempre: mirar, fotografiar y no arrancar, sobre todo cuando hay bulbo o raíz gruesa de por medio.


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