Con la camelia hay un dato que decide antes que ningún otro: es una planta acidófila estricta. Necesita un suelo ácido y agua blanda, y si le das agua del grifo calcárea durante unos meses, empieza a amarillear y ya no hay abonado que lo arregle. No es una planta delicada por capricho ni por el frío. Aguanta bien el invierno del norte de España. Lo que no aguanta es la cal.
Por eso el mapa de la camelia en España es tan claro: se cría de maravilla en Galicia y en toda la cornisa cantábrica, donde el suelo es ácido, llueve y el verano no aprieta, y se muere despacio en el este y el sur, donde el suelo es calizo y el agua sale dura del grifo. En el Mediterráneo se puede tener una camelia, pero en maceta, con sustrato ácido y con agua de lluvia. En el suelo del jardín, salvo excepciones, no.
Qué planta es la camelia
Las camelias de jardín son arbustos o arbolillos de hoja perenne, de la familia de las teáceas. La especie más plantada es Camellia japonica, de hoja gruesa y brillante y floración de invierno y primavera. Le siguen Camellia sasanqua, que florece antes, en otoño e inicio del invierno, con la hoja más pequeña, y Camellia reticulata, de flores enormes y planta menos rústica. Casi todo lo que se vende en vivero son cultivares, muchos de ellos híbridos.
Del mismo género sale el té: Camellia sinensis. Es la misma familia botánica y el mismo gusto por el suelo ácido y el clima húmedo, y explica por qué las plantaciones de té están donde están.
Por qué amarillea: la clorosis férrica
El síntoma es inconfundible cuando lo has visto una vez. La hoja se vuelve amarilla clara pero los nervios se quedan verdes, dibujados como una red sobre fondo pálido. Empieza por las hojas nuevas, que son las que más hierro piden, y en los casos avanzados la hoja se queda casi blanca y con el borde quemado.
No es falta de hierro en el suelo, que suele haber de sobra. Es que el hierro, con un pH alto, se vuelve insoluble y la raíz no puede tomarlo. Los bicarbonatos del agua dura suben el pH del sustrato riego tras riego, y en una maceta el efecto es acumulativo: cada verano de riego frecuente con agua del grifo deja la cal dentro. De ahí que la camelia de balcón en Valencia o en Murcia aguante bien el primer año y se hunda al segundo o al tercero.
Cómo saber si tu agua sirve
No hace falta un análisis de laboratorio para hacerse una idea. Si tu hervidor cría costra blanca, si la mampara de la ducha se queda con manchas de cal y si en la superficie de las macetas aparece una capa blanquecina, tu agua es dura y a la camelia le va a costar. El agua de pozo en terreno calizo es todavía más dura que la de red.
La solución práctica es el agua de lluvia. Un bidón bajo una bajante recoge más de lo que parece, incluso en clima seco, y es agua blanda y gratis. Si no tienes dónde recogerla, mezclar agua de lluvia con la del grifo retrasa el problema, pero no lo elimina. El agua descalcificada por intercambio de sodio no vale: quita calcio y mete sodio, que tampoco le gusta.
Galicia y el norte, que es donde de verdad prospera
El noroeste peninsular reúne las tres condiciones a la vez: suelos ácidos derivados de granito y pizarra, lluvia repartida y veranos suaves y con humedad ambiente. La camelia llegó a los pazos gallegos en el siglo XIX y allí se quedó, hasta el punto de que hay ejemplares centenarios convertidos en árboles y una ruta de jardines históricos en las Rías Baixas que se visita en febrero y marzo, que es cuando están en flor.
En la cornisa cantábrica pasa lo mismo, y en el norte de Portugal también. Fuera de esa franja, y de zonas de montaña con suelo ácido y humedad, la camelia pasa a ser planta de maceta y de cuidado consciente. En el litoral mediterráneo hay otro factor añadido: el aire seco de verano y el sol de tarde le queman la hoja aunque el agua sea buena.
La flor cae entera, y eso tiene explicación
Una rosa se deshoja pétalo a pétalo y se queda marchita en la planta. La camelia japónica no: la flor se desprende entera, de golpe, y cae al suelo todavía turgente. Por eso bajo una camelia adulta se forma esa alfombra de flores que ves en la foto, que es media floración en el suelo.
Esa caída limpia es la razón de que la camelia no necesite apenas limpieza de flores marchitas en la planta, pero sí conviene recoger lo que cae, por un motivo sanitario que viene ahora. Y es también una manera fácil de distinguir especies en el jardín: la sasanqua se deshace pétalo a pétalo y deja el suelo lleno de pétalos sueltos, mientras la japonica deja flores enteras.
La mancha parda de los pétalos
Si las flores se ponen marrones desde el centro hacia fuera en pocos días, con la mancha extendiéndose por el pétalo y el nervio marcado más oscuro, y acaban cayendo hechas una pasta parda, no es frío ni lluvia: es el hongo Ciborinia camelliae, la podredumbre de la flor de la camelia.
Se diferencia del daño por helada en que la helada quema sobre todo el borde exterior del pétalo y afecta a las flores abiertas de una noche concreta, mientras el hongo va pasando de flor en flor durante semanas. El hongo pasa el verano en el suelo, en unos cuerpos duros que se forman en las flores caídas, y vuelve a infectar en la floración siguiente.
Contra eso, lo que funciona es la higiene: recoger y retirar las flores caídas en lugar de dejarlas bajo la planta, no usar ese material como acolchado, y regar al pie y no por encima de la flor. Cualquier producto para jardinería doméstica tiene que estar autorizado para ese uso, y eso se consulta en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, con la dosis que diga la etiqueta y no otra. En jardín particular, la limpieza da mejor resultado que cualquier otra cosa.
Botones que se caen sin abrir
Es la otra queja frecuente y casi siempre es agua. La camelia forma los botones florales en verano, en cuanto acaba el crecimiento de la brotación nueva, y los lleva hechos desde entonces. Si en julio y agosto pasa sed, en enero los botones se caen sin llegar a abrir, y el dueño busca la causa en enero cuando la causa fue en agosto.
El otro motivo típico es el cambio brusco: una planta comprada en flor que pasa de un invernadero húmedo al salón con calefacción tira los botones en una semana. La camelia no es planta de interior, es planta de exterior en sombra fresca.
Lo que se le atribuye a la flor
El simbolismo de la camelia no viene de la planta sino de una moda: el lenguaje de las flores del siglo XIX europeo, que asignó significados a cada especie en libros de salón, y la novela de Dumas La dama de las camelias, de 1848, que la fijó como flor elegante y algo trágica. En Japón, donde la especie es propia, tiene lecturas distintas y más antiguas. Conviene contarlo como lo que es, una convención cultural con fecha y lugar, y no como una propiedad de la flor.
En resumen
La camelia se decide en el agua y en el suelo. Ácido y blando, y tendrás una planta longeva que florece en pleno invierno y que llega a hacerse árbol. Calizo y duro, y tendrás una planta amarilla que no se recupera. Si vives en Galicia o en la cornisa cantábrica, plántala en el suelo sin más. Si vives en el este o en el sur, tenla en maceta con sustrato de plantas acidófilas y riégala con agua de lluvia.
El resto es sentido común: sombra fresca o sol de mañana, riego sostenido en verano porque ahí se juega la floración del invierno siguiente, y recoger las flores caídas para que la podredumbre de la flor no se instale. Si quieres afinar el cultivo en tiesto, tienes el detalle en camelia en maceta, y si lo que buscas es elegir variedad, en tipos de camelia.