Cultivar una camelia en maceta no es un apaño para quien no tiene jardín: es la forma correcta de tenerla si vives donde el suelo es calizo y el agua del grifo es dura, que es casi toda España salvo el noroeste. En un tiesto controlas el sustrato, controlas el pH y controlas el riego, tres cosas que en un suelo calizo del este o del sur no puedes controlar de ninguna manera. Ese es el motivo por el que hay camelias magníficas en macetones de patios de Madrid y no las hay plantadas en el jardín de al lado.
A cambio, la maceta impone sus reglas. La camelia tiene raíces finas, superficiales y sin pelos absorbentes potentes, y en un volumen limitado eso significa que no perdona la sequía ni el encharcamiento. Y hay un momento del año que decide la floración siguiente: el verano. Los botones florales del año que viene se forman entre junio y agosto, así que una camelia en maceta que pase sed en julio no dará flor en marzo, por bien que se la cuide en invierno.
Cultivar la camelia en tiesto permite disfrutar de ella también en zonas de suelo calizo, controlando el sustrato y el agua de riego.
El tiesto: tamaño y material
Mejor generoso que justo, pero sin exagerar. Un salto de dos o tres centímetros de diámetro por cada lado respecto al cepellón es suficiente en cada trasplante. Poner una planta pequeña en un macetón enorme es contraproducente: queda mucho sustrato sin raíces que se mantiene húmedo permanentemente y acaba en podredumbre.
Sobre el material, el barro poroso airea bien pero se seca deprisa y en una terraza al sur de Sevilla en agosto eso es un problema serio. El plástico o el barro esmaltado conservan mejor la humedad. La solución intermedia que funciona bien en clima seco es maceta de plástico dentro de un cubremacetas de barro. Lo que no puede faltar en ningún caso son agujeros de drenaje amplios y un tiesto que no quede apoyado en su propio plato con agua.
Conviene además pensar en el peso desde el principio. Una camelia adulta en un macetón de sesenta centímetros con el sustrato húmedo no se mueve de sitio sin ayuda, y a veces hay que moverla para protegerla del sol de agosto. Una plataforma con ruedas ahorra muchos disgustos.
El sustrato
Sustrato para plantas acidófilas, con un pH entre 5 y 6. Se vende hecho, como sustrato para camelias, rododendros, azaleas o hortensias, y es la opción más práctica. Quien lo prepara por su cuenta puede mezclar turba rubia ácida con tierra vegetal y arena silícea, en una proporción aproximada de siete, tres y dos, y conviene que la arena sea silícea y no de origen calizo, porque una arena de machaqueo caliza sube el pH y arruina la mezcla.
Añadir corteza de pino compostada de grano medio mejora mucho la aireación y ayuda a mantener el pH bajo. La camelia detesta el sustrato compactado: sus raíces necesitan aire tanto como agua.
El agua es el punto crítico
Si un solo factor decide el destino de una camelia en maceta fuera del norte, es la calidad del agua. El sustrato ácido no dura eternamente si se riega con agua calcárea: el bicarbonato del agua neutraliza la acidez riego tras riego y en dos o tres temporadas el pH de la maceta ha subido lo suficiente como para que la planta no pueda absorber hierro ni manganeso.
La consecuencia visible es la clorosis férrica: hojas nuevas amarillas con los nervios todavía verdes, mientras las viejas siguen verde oscuro. Si no se corrige, las hojas acaban blanquecinas, se secan por los bordes y la planta se va apagando.
Lo mejor es recoger agua de lluvia, que en la fachada atlántica sobra y en el resto compensa guardar aunque sea en un bidón. Si no hay más remedio que usar agua del grifo, ayuda dejarla reposar, alternarla con agua de lluvia u osmotizada, y acidificarla ligeramente. Y de forma preventiva, un aporte de quelato de hierro en primavera evita llegar al amarilleo. Los quelatos tipo EDDHA son los que siguen siendo eficaces con pH alto.
Riego
Generoso y regular, manteniendo el sustrato húmedo pero nunca encharcado. En una maceta, con calor, eso puede significar riego diario en verano. El síntoma inequívoco de sed es que las hojas pierden brillo y se arquean hacia abajo, como cansadas; si se llega a ese punto de forma repetida, se pierde la floración del año siguiente.
Se riega despacio, con agua abundante hasta que salga por los agujeros, y se vacía el plato. Un riego escaso y frecuente moja solo los primeros centímetros y deja secas las raíces del fondo. Si el cepellón llega a secarse del todo y el agua se escurre por las paredes sin penetrar, hay que sumergir la maceta entera en un barreño durante media hora.
Dónde poner la maceta
En Galicia, Asturias y Cantabria admite sol pleno. En el resto de España, orientación norte o este, con sol de mañana y sombra a partir del mediodía. El sol de la tarde en verano quema las hojas y deja manchas pardas irreversibles en el haz.
Tan importante como el sol es el viento. La camelia sufre mucho con el viento seco y caliente, que deseca los brotes tiernos de después de la floración, que son justamente donde se van a formar los botones del año que viene. Una terraza expuesta al sur en el interior peninsular es un mal sitio; un patio interior, un rincón protegido junto a una pared al norte o la compañía de otras plantas altas mejoran mucho las cosas.
La humedad ambiental es otro factor a favor. Agrupar las macetas, poner el tiesto sobre grava húmeda y, en las semanas más secas, mojar el suelo alrededor al atardecer, ayuda de verdad. Lo que no conviene es pulverizar sobre las flores abiertas, que se manchan.
Acolchado y protección estacional
Una capa de tres o cuatro centímetros de corteza de pino sobre la superficie del sustrato hace tres cosas: reduce la evaporación, mantiene fresca la raíz superficial en verano y la aísla del frío en invierno. En maceta esto último importa más que en el suelo, porque el cepellón se hiela por los cuatro costados. En zonas de invierno duro, envolver el tiesto con un material aislante durante las semanas de heladas fuertes protege las raíces sin necesidad de mover la planta.
En verano, en el centro y el sur, el riesgo es el contrario: un tiesto negro al sol puede alcanzar temperaturas que cuecen las raíces. Ahí lo eficaz es proteger la maceta de la insolación directa, aunque la parte aérea reciba luz.
Abonado
Abono para plantas acidófilas, que además de nutrientes suele aportar hierro en forma asimilable y acidifica ligeramente. De marzo a junio, cuando la planta está emitiendo su brotación, interesa un abono con más nitrógeno. De julio a septiembre, cuando lo que se está formando son los botones florales, uno con menos nitrógeno y más fósforo y potasio. Desde finales de septiembre se suspende: abonar en otoño provoca brotaciones tardías que la primera helada arruina.
Diluido en el agua de riego es más seguro que sólido, porque en maceta las sales se concentran. Mejor poco y a menudo.
Trasplante
Cada dos o tres años, según lo que crezca. El mejor momento es justo después de la floración, cuando todavía no han salido los brotes nuevos, y el otoño es una segunda opción aceptable. Lo que hay que evitar es trasplantar en pleno verano o durante la floración.
Un detalle que mata camelias sin que nadie sepa por qué: no enterrar el cuello. La superficie del cepellón debe quedar al mismo nivel que estaba, o incluso un dedo por encima del borde del sustrato nuevo. Enterrar la base del tronco provoca podredumbre del cuello y la planta se va apagando durante meses. Al trasplantar se afloja un poco el exterior del cepellón si las raíces están enrolladas, sin destrozarlo, porque la camelia no agradece que le manoseen la raíz.
Poda
Poca y a tiempo. Es un arbusto de crecimiento lento que forma copa sola y en general no necesita poda. Cuando hace falta, por tamaño o para compactarla, se poda justo al terminar la floración y antes de que asomen los brotes nuevos. Podar en verano o en otoño equivale a cortar los botones florales ya formados, y esa es la causa más frecuente de que una camelia bien cuidada no florezca.
Plagas y problemas en maceta
La cochinilla, sobre todo la cerosa y la de tipo algodonoso, se instala en el envés y en las axilas, y sobre su melaza crece la fumagina, ese hollín negro que ennegrece las hojas. La fumagina no ataca a la planta, solo tapa la hoja, y desaparece cuando se elimina la cochinilla; una limpieza con agua jabonosa retira el negro. El pulgón ataca los brotes tiernos de primavera. La araña roja aparece con aire seco y calor.
Entre los problemas no parasitarios, los más comunes son los botones que se secan sin abrir, casi siempre por falta de humedad o por sequía estival, y las flores que se vuelven marrones y caen enteras, que si ocurre de forma generalizada y con tiempo húmedo puede deberse a un hongo que ataca específicamente a los pétalos; en ese caso, recoger y retirar todas las flores caídas del suelo reduce mucho el problema al año siguiente.
En resumen
La maceta es la manera de tener camelias donde el suelo es calizo, porque permite darle sustrato de acidófilas con pH entre 5 y 6 y controlar el riego. El agua es lo que decide: regar con agua dura sube el pH del sustrato en dos temporadas y provoca clorosis férrica, así que agua de lluvia siempre que se pueda y quelato de hierro preventivo en primavera.
Los otros tres puntos que importan son la ubicación, con sol de mañana y protección del viento seco fuera del norte; el riego constante en verano, porque los botones del año siguiente se forman en julio y agosto y una sequía en esas semanas cuesta la floración entera; y no podar más que justo después de la floración. Añade un acolchado de corteza de pino y no entierres el cuello al trasplantar, y la planta durará décadas.