Las flores moradas son fáciles de conseguir en España, porque casi todas las plantas que dan este color aguantan bien el sol y el verano seco. Aquí tienes las principales con nombre científico, floración y cuidados: azafrán, digital, petunia, dimorfoteca, buganvilla, lirio, liatris, rosal y nomeolvides.

Y antes de nada, el aviso que cualquier lista de fotos se salta: una de las flores moradas más bonitas de este grupo, la digital (Digitalis purpurea), es gravemente tóxica en toda la planta, hoja seca incluida. No es una planta para un jardín donde un niño pequeño se lleve cosas a la boca, y no se confunde con nada comestible sin consecuencias. Lo tienes detallado más abajo.

Flores moradas

El morado no es un pigmento propio

No existe un pigmento morado de flor. Lo que hay son antocianinas, las mismas moléculas que dan el rojo y el rosa, y su color final depende del pH que tenga la vacuola de la célula del pétalo: cuanto menos ácida, más se desplaza del rojo al morado y al azul. Añade complejos con iones metálicos y con otros flavonoides y tienes el rango completo del violeta.

El ejemplo más limpio de todo esto lo tienes en el nomeolvides (Myosotis sylvatica), esa planta de florecillas diminutas con el centro amarillo. Sus capullos abren rosados y viran a azul violáceo en cuestión de días, sin que cambie el pigmento: lo que cambia es el pH dentro de la flor. Es la misma razón por la que una hortensia da flor azul en suelo ácido y rosada en suelo calizo, aunque ahí intervenga además el aluminio disponible.

Nomeolvides, Myosotis sylvatica

Hay una excepción interesante, y es la buganvilla. Su color no viene de antocianinas sino de betalaínas, un grupo de pigmentos completamente distinto que solo aparece en un puñado de familias emparentadas, la misma química que da color a la remolacha. De ahí ese morado tan saturado y algo fucsia que no se parece al de ninguna otra trepadora.

Por qué no existe una rosa morada de verdad

Entre los rosales hay morados aparentes, del malva grisáceo al lila oscuro, y son de los más buscados. Pero no llegan al violeta ni al azul, y la razón es genética: los rosales no producen delfinidina, la antocianina que da el azul en otras plantas, porque les falta la enzima que la fabrica. Todo su rango de color se construye sobre otras antocianinas, y de ahí no se sale.

Por eso cualquier rosal anunciado como azul es en realidad un malva, y las rosas de azul eléctrico de floristería están teñidas por el tallo. Conviene saberlo antes de comprar por foto.

Rosa de tono morado

El azafrán, la flor morada más rentable del mundo

El azafrán (Crocus sativus) da una flor violácea de seis tépalos con tres estigmas rojos colgando, y esos tres estigmas son la especia. Florece en otoño, unas pocas semanas, y cada flor se recoge a mano y de madrugada, lo que explica el precio.

Tiene dos particularidades botánicas. Una, que es una planta estéril: no da semilla viable, se multiplica solo por bulbos, y todas las matas del mundo son clones de la misma planta. Otra, que su ciclo está invertido respecto a lo que uno espera: los bulbos se plantan en verano, la flor sale en otoño antes de que la hoja se desarrolle del todo, y la planta pasa el invierno en hoja y el verano dormida bajo tierra. En España es un cultivo tradicional del interior, sobre todo en La Mancha, con clima continental de veranos secos y sin encharcamiento, que es lo que el bulbo no perdona.

Azafran con flores violetas

La digital: bonita, alta y peligrosa

La digital o dedalera (Digitalis purpurea) levanta una espiga de flores tubulares colgantes, moradas por fuera y con el interior manchado de púrpura sobre fondo claro. Es bienal: el primer año hace una roseta de hojas grandes y peludas, y el segundo saca la vara y florece. Crece silvestre en claros de bosque, taludes y cortas forestales de la mitad norte y del oeste peninsular, sobre suelos ácidos, y se planta también en jardín de clima fresco.

Toda la planta contiene glucósidos cardiotónicos y es gravemente tóxica: hoja, flor, semilla y raíz, en fresco y en seco. La intoxicación afecta al ritmo del corazón y no es un malestar pasajero. Los casos documentados suelen venir de confundir su roseta de hojas con la de especies que sí se recolectan, y de ahí la regla de no recoger hoja suelta del campo sin la flor delante. De esta planta se aisló un principio activo que hoy es un medicamento con receta, lo que no la convierte en un remedio: el margen entre la dosis útil y la peligrosa es demasiado estrecho. También es tóxica para perros y gatos. Ante cualquier ingestión, al médico o al Instituto Nacional de Toxicología, y nada de remedios.

Digital, Digitalis purpurea

Petunia: la flor morada de temporada por excelencia

La petunia (Petunia × hybrida) es una solanácea sudamericana y la planta de balcón más vendida en toda la cuenca mediterránea. Da flor en embudo, del blanco al violeta casi negro, desde la primavera hasta que llegan los primeros fríos, y en el sur y el litoral puede aguantar más. Quiere sol directo, sustrato que drene y riego frecuente en verano, porque en maceta pequeña se seca en un día.

Dos cosas la estropean. La lluvia intensa le deshace la flor abierta, así que después de una tormenta hay que limpiarla; y si no le quitas las flores pasadas se pone a hacer semilla y deja de florecer. Curiosamente, la petunia es la planta con la que se estudiaron buena parte de los genes de las antocianinas, precisamente por la facilidad con la que cambia de color entre variedades.

Petunia

Dimorfoteca, y el lío con el osteospermum

En los viveros españoles se vende como dimorfoteca una margarita sudafricana de flor malva o rosa con el centro azulado y brillante. La confusión de nombres es real: hay dos géneros implicados, Dimorphotheca y Osteospermum, y la mayoría de las etiquetadas con el primero pertenecen al segundo. Se cuidan igual, pero si buscas información prueba los dos nombres.

Lo que las define es que cierran la flor de noche y con el cielo cubierto, y solo se abren al sol, algo que sorprende a quien la compra florida y se la lleva a un balcón en sombra. Son de sol pleno, resistentes a la sequía y poco exigentes con el suelo mientras drene.

Dimorfoteca

Buganvilla: lo morado no es la flor

En la buganvilla (Bougainvillea) lo que ves no son pétalos, son brácteas, hojas modificadas de papel finísimo. Las flores verdaderas son los tubitos blanquecinos que aparecen en el centro de cada trío de brácteas, y son insignificantes. Esa es la razón de que la floración dure tanto: una bráctea se mantiene semanas, mientras que un pétalo se cae en días.

Es una trepadora leñosa de clima cálido, con espinas, que necesita sol directo, calor y muy poca agua para dar color. De hecho el exceso de riego y de abono nitrogenado la deja en hoja y sin brácteas. Se hiela con facilidad, así que su territorio en España es el litoral mediterráneo, el sur y las islas; en el interior frío solo funciona en maceta con protección en invierno. La flor sale en el brote del año, y por eso se poda al final del invierno.

Buganvilla

Lirios morados, y cuidado con la palabra lirio

El lirio morado de jardín es un Iris, casi siempre del grupo de Iris germanica, con rizoma gordo en superficie y flor de seis piezas: tres levantadas y tres colgantes. Es una planta durísima, de sol, que aguanta la sequía del interior y prefiere suelo pobre y drenado; el rizoma se plantea casi descubierto, y enterrarlo es el error que la deja sin florecer. Se divide en verano, después de la floración.

Aquí hay un problema de nombres que conviene tener claro. En español se llama lirio tanto al Iris como a las especies del género Lilium, que son plantas distintas y de otra familia. Importa por seguridad: los Lilium provocan fallo renal agudo en gatos, con el polen incluido, mientras que del Iris el problema es el rizoma, irritante y que causa vómitos si un perro lo mordisquea. Si compras por el nombre común y tienes gato, mira la etiqueta con el nombre científico.

Lirio morado

Liatris, la espiga que florece del revés

La liatris (Liatris spicata) es una compuesta norteamericana de espiga vertical densa, de un morado intenso y aspecto plumoso. Tiene un detalle que la distingue de casi cualquier otra espiga del jardín: abre de arriba hacia abajo, empezando por la punta, al contrario de lo habitual.

Se planta de bulbo en otoño o al final del invierno, quiere sol y suelo que no se encharque, y rebrota cada año. La visitan mucho abejas y mariposas, y aguanta bien como flor cortada.

Liatris spicata

El morado en el lenguaje de las flores

Al morado se le han atribuido dignidad, luto y penitencia, y eso tiene una explicación histórica muy concreta que no es botánica: durante siglos el tinte púrpura fue caro y quedó asociado a la autoridad y a la liturgia. El lenguaje de las flores que recogía esos significados es un género de manuales europeos del siglo XIX, contradictorios entre sí, y se cuenta como lo que es: una convención cultural con fecha, no una propiedad de la planta.

Usos de las flores moradas

En resumen

El morado de una flor sale de las antocianinas con el pH de la célula alto, y no de un pigmento propio, con la excepción llamativa de la buganvilla, que usa betalaínas. Ese origen compartido con el rojo explica tanto el nomeolvides que cambia de color mientras abre como el techo que tienen los rosales: sin delfinidina no hay azul, y por eso la rosa morada de catálogo siempre acaba siendo malva.

Para elegir, lo práctico es el clima. Buganvilla, petunia y dimorfoteca para litoral y sur, con sol directo y poco riego. Azafrán, lirio y liatris para el interior, que agradecen el invierno frío y el verano seco. Y la digital, solo si eres consciente de con qué convives: es una de las plantas más tóxicas del jardín europeo y merece estar lejos del alcance de niños y animales.


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