Las flores rojas son las que más se buscan y las que peor se eligen, porque en el mismo grupo caben cosas que no tienen nada que ver: una amapola de cuneta que vive seis semanas, un hibisco que se hiela en el interior, un gladiolo que necesita tutor y un rosal que va a estar ahí veinte años. Aquí tienes las principales con nombre científico, cuándo florecen y en qué parte de España funcionan.

Y hay un dato que explica media lista y que no aparece en ninguna galería de fotos: las abejas no ven el rojo como tú. Su visión llega al ultravioleta pero se queda corta en el otro extremo, así que una flor de rojo puro les resulta oscura y poco llamativa. Eso significa que casi ninguna flor roja intensa está hecha para abejas: la mayoría vienen de América y su visitante original era un colibrí.

Flores rojas

Por qué el rojo es un color de pájaro

El rojo de un pétalo suele venir de antocianinas, los mismos pigmentos que en otras plantas dan el morado y el azul. Lo que decide hacia dónde tira el color es el pH del interior de la célula: en medio ácido las antocianinas se muestran rojas, y si ese medio es menos ácido el mismo pigmento se va al violeta. Por eso el rojo y el morado son químicamente vecinos, y por eso hay tantas variedades que cambian de matiz con la edad de la flor.

Lo llamativo es a quién va dirigido. Las aves sí distinguen el rojo perfectamente, y en América hay un grupo enorme de flores rojas, tubulares, sin apenas olor y con mucho néctar: el perfil exacto de una flor de colibrí. Salvias, mandevillas, fucsias y muchos hibiscos entran en ese patrón. Al no haber colibríes en Europa, en nuestra flora silvestre el rojo es bastante más raro y suele funcionar de otra manera.

La amapola es el ejemplo perfecto de esa otra manera. Nos parece de un rojo escandaloso, pero refleja también en el ultravioleta, y lo que un insecto ve no es lo que ves tú. Además no ofrece néctar, solo polen, así que sus visitantes van a por eso. El rojo de la amapola no está puesto para llamar a un pájaro, está puesto para destacar sobre un trigal.

La amapola, y por qué ya no hay tantas

La amapola (Papaver rhoeas) es una anual arvense de campos de cereal, ribazos y cunetas, con cuatro pétalos de tacto de papel arrugado y una mancha oscura en la base. Nace en otoño o al final del invierno, florece de abril a junio según la altitud y muere con el calor, dejando una cápsula llena de semilla diminuta que aguanta años en el suelo.

Esa reserva de semilla en el suelo explica que aparezca de golpe en un terreno removido y que desaparezca cuando el campo se trabaja de otro modo: su retroceso en las comarcas cerealistas va con el cambio de manejo de los cultivos.

Dos precisiones que conviene hacer. No es la adormidera: la adormidera es Papaver somniferum, otra especie, de flor más grande y cápsula gorda, y su cultivo está sometido a control administrativo. Y la amapola común contiene alcaloides propios, así que no es una planta para preparar nada por tu cuenta, por mucho que aparezca en recetarios antiguos.

Amapolas

Rosas rojas: lo que se ganó y lo que se perdió

El rosal rojo es la flor cortada más vendida del mundo, y su color va del rojo cereza al granate casi negro de los pétalos aterciopelados. Conviene saber una cosa antes de comprar por catálogo: buena parte de las variedades de rojo intenso seleccionadas para flor cortada se eligieron por aguante en transporte, tallo largo y duración en jarrón, y en ese proceso se dejó atrás el aroma. Si quieres un rosal rojo que huela, hay que buscarlo expresamente, y suelen ser variedades de jardín, no de floristería.

En cultivo pide sol directo varias horas, riego al pie y nunca sobre la hoja, y aire entre plantas. Su problema en primaveras húmedas es el moteado negro, que se previene con esa ventilación y retirando la hoja caída antes que con cualquier tratamiento. La poda va en invierno, con la planta parada: enero o febrero en el sur y el litoral, algo más tarde en el interior frío.

Rosas rojas

Dalias, y el detalle que las hace útiles o inútiles para los polinizadores

La dalia (Dahlia) es mexicana, crece de tubérculo y florece del verano a las primeras heladas. Quiere sol, suelo rico y drenado, y tutor en las variedades altas porque el tallo es hueco y se tumba. En el litoral y en el sur los tubérculos se dejan en tierra; en el interior frío se sacan cuando la helada seca la parte aérea y se guardan en seco.

Hay un detalle que casi nadie cuenta. Las dalias de flor muy doble, esas bolas perfectas de pétalos apretados, tienen el centro cubierto y son inútiles para los insectos, que no pueden llegar al polen. Las de flor sencilla, con el disco central a la vista, se llenan de abejas y de sírfidos. Si te importa que el jardín esté vivo, esa es la elección que hay que hacer, y el color rojo lo tienes en los dos tipos.

Dalias

Rosa de China y el otro hibisco, que no son lo mismo

La rosa de China (Hibiscus rosa-sinensis) es un arbusto de hoja perenne y flores grandes en embudo, con la columna de estambres saliendo hacia fuera, que en rojo es espectacular. Cada flor dura uno o dos días y la planta va sacando flor nueva continuamente mientras haga calor. Es sensible al frío: su sitio en España es el litoral mediterráneo, el sur y las islas, y en el interior va en maceta que se protege en invierno.

El que sí aguanta el invierno continental es el hibisco de Siria (Hibiscus syriacus), un arbusto caduco de flor algo menor, que en el interior se planta en tierra sin problema y florece en verano. Se venden los dos como hibisco, así que si vives en Madrid, en Castilla o en Aragón, mira el nombre científico de la etiqueta antes de pagar.

Rosas chinas

Jazmín de Chile: un nombre que tapa dos plantas distintas

Aquí hay un lío de nombres que conviene deshacer. El jazmín de Chile es una Mandevilla, trepadora sudamericana de la familia de las apocináceas, y no tiene parentesco con los jazmines verdaderos. El problema es que ese nombre se usa para dos cosas: Mandevilla laxa, la de flor blanca o cremosa y muy perfumada, y las variedades de Mandevilla sanderi y afines, que son las de flor rosa o roja intensa que se venden en maceta con una guía de plástico, y que apenas huelen.

Las dos son trepadoras de sol, de clima suave, que florecen en verano y se hielan con facilidad. Y las dos comparten una característica de su familia: tienen látex y son tóxicas si se ingieren, tanto para personas como para perros y gatos. Al podarlas conviene usar guantes, porque ese látex irrita la piel y los ojos.

Jazmin de Chile

Gerberas y gladiolos, las dos de flor cortada

La gerbera (Gerbera jamesonii) es sudafricana, y lo que parece una flor grande es un capítulo, decenas de flores pequeñas juntas, como en la margarita. En maceta tiene un punto crítico: la corona de la que salen las hojas debe quedar por encima del sustrato, porque enterrada o mojada se pudre. Riego por el borde, nunca en el centro.

Gerberas

El gladiolo (Gladiolus) sale de un bulbo que se planta en primavera y da una espiga alta de flores que abren de abajo hacia arriba unos tres meses después. Se plantan en tandas separadas unas semanas para tener flor durante más tiempo, y necesitan tutor o un sitio abrigado, porque la espiga cargada se dobla con el viento. Su plaga clásica son los trips, que dejan la flor con manchas plateadas; si un lote viene afectado, lo sensato es descartar esos bulbos, y cualquier tratamiento se hace solo con producto autorizado para jardinería doméstica y en la dosis de su etiqueta.

Gladiolos

Salvias rojas, la opción para un jardín seco

Si buscas flor roja permanente y de poco riego, las salvias arbustivas americanas son la respuesta menos conocida. Especies como Salvia microphylla o Salvia greggii hacen una mata leñosa que florece desde la primavera hasta el otoño, aguantan sol pleno y sequía, no necesitan suelo bueno y se recortan a final de invierno para que no se apolillen por abajo.

Su flor tubular roja es exactamente el modelo de flor de colibrí del que hablábamos al principio, y aquí acaban visitándolas abejorros y mariposas. Para un arriate de secano en el interior o en el litoral, rinden mucho más que cualquier planta de temporada.

El rojo en el lenguaje de las flores

Al rojo se le asocia el amor y la pasión, y la rosa roja es el caso más redondo de convención cultural convertida en costumbre universal. Eso tiene un origen concreto: el lenguaje de las flores, un género de manuales europeos del siglo XIX que asignaban significados a cada especie, y después más de un siglo de floristería que lo consolidó. Es historia cultural, no una propiedad de la planta.

Significado de las flores rojas

En resumen

El rojo sale de las antocianinas en medio ácido, las mismas moléculas que en otra célula darían morado, y es un color dirigido sobre todo a las aves. De ahí que tantas flores rojas de jardín sean americanas y de clima cálido, y de ahí que la flor roja silvestre europea, con la amapola a la cabeza, funcione con otras reglas y con otros visitantes.

Para elegir, quédate con esto: rosal y dalia para casi cualquier zona, con la dalia de flor sencilla si quieres polinizadores; rosa de China solo en litoral y sur, e hibisco de Siria si tu invierno es de verdad; gerbera y gladiolo para cortar; salvias arbustivas si el riego es escaso; y amapola si lo que quieres es una franja de campo y no un arriate, sembrando a voleo en otoño. Y con la mandevilla, guantes al podar y fuera del alcance de los animales.


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