Si sales al campo en España entre febrero y junio y cuentas colores, gana el amarillo. Gana en las cunetas, en los ribazos, en los eriales, en los bordes de los olivares y en las laderas de monte bajo. No es casualidad ni una impresión: el amarillo es el color más barato de fabricar para una planta y el más eficaz para llamar a los insectos que polinizan aquí, y además muchas de las especies amarillas más llamativas del paisaje actual no son nuestras, sino exóticas que se han escapado de los jardines.

Esta página va de eso: qué pigmento produce el amarillo, por qué una abeja ve una flor amarilla de forma muy distinta a como la ves tú, y qué especies concretas son las que amarillean el campo español, separando las silvestres de las escapadas. Si lo que buscas son flores amarillas para plantar en el jardín o en la terraza, hay otra página del sitio dedicada a eso, plantas con flores amarillas para jardín y terraza; aquí el asunto es el color y las plantas que lo llevan.

Flores amarillas

Mata de compuestas de flor amarilla. En las margaritas, cada "flor" es en realidad un conjunto de decenas de flores diminutas.

Qué pigmento hace el amarillo

En la inmensa mayoría de las flores amarillas el responsable son los carotenoides, la misma familia de pigmentos que colorea la zanahoria, el tomate maduro y la yema del huevo. Son moléculas liposolubles que se acumulan en unos orgánulos del pétalo y que van del amarillo pálido al naranja intenso según cuál sea y cuánto haya. La planta ya los fabrica para otra cosa, porque los carotenoides participan en la fotosíntesis protegiendo el aparato fotosintético del exceso de luz, así que colorear un pétalo de amarillo no le exige una ruta química nueva.

Esa es la razón de fondo de que el amarillo abunde tanto, mientras que el azul verdadero es rarísimo. Hay una segunda vía, mucho menos frecuente: en las cariofilales, el orden de la remolacha y las buganvillas, el amarillo y el naranja los producen betalaínas en lugar de carotenoides. Y en algunos casos el amarillo pálido viene de flavonoides.

Lo que no hay en las flores es un solo amarillo. Dos margaritas que a ti te parecen del mismo color pueden tener composiciones distintas de pigmento, y pueden diferir muchísimo en la parte del espectro que ni siquiera ves.

Compuestas amarillas

Compuesta de jardín de flor amarilla. La foto venía etiquetada como aladierno, que es otra planta: Rhamnus alaternus tiene flores verdosas diminutas y casi inapreciables.

Lo que ve la abeja y no ves tú

Aquí está el dato que cambia la forma de mirar una flor amarilla. Las abejas y muchos otros insectos ven el ultravioleta y no ven el rojo como lo vemos nosotros, porque sus receptores están desplazados hacia el otro extremo del espectro.

Consecuencia práctica: muchísimas flores que a nosotros nos parecen de un amarillo uniforme tienen, en el ultravioleta, un dibujo de anillos y radios que converge en el centro. Son las llamadas guías de néctar, y funcionan como las señales pintadas en una pista de aterrizaje: le dicen al insecto por dónde entrar. Fotografiadas con filtros ultravioleta, las flores de muchas compuestas y crucíferas aparecen con el centro oscuro y el borde claro, un patrón que nosotros no percibimos.

Esto explica también por qué el amarillo domina en primavera en el Mediterráneo y por qué el rojo puro es raro en nuestra flora silvestre: el rojo es un color de flor polinizada por pájaros, algo habitual en América tropical y casi inexistente en Europa. Y el blanco muy pálido con perfume nocturno es flor de polilla. El color de una flor no está ahí para el que la mira, sino para quien la tiene que encontrar.

Amarillos silvestres de nuestra flora

Antes de las exóticas, las de casa. Estas son las que amarillean de verdad el paisaje español y ninguna de ellas se planta en un jardín normal.

  • Retamas, aulagas y gayombas. Las leguminosas de flor amarilla en forma de mariposa son el grueso del amarillo del monte bajo: los géneros Genista y Ulex, y la muy olorosa gayomba, Spartium junceum, de ramas verdes casi sin hoja.
  • Jaramagos y mostazas. Las crucíferas de los eriales y los barbechos, sobre todo los géneros Diplotaxis y Sinapis, que pintan de amarillo campos enteros al final del invierno y en primavera.
  • Olivarda, Dittrichia viscosa. La compuesta pegajosa y de olor fuerte que florece en el peor momento del año, a final de verano y en otoño, cuando ya no queda nada más en flor en las cunetas mediterráneas.
  • Margarita de los sembrados, Glebionis segetum, que los libros antiguos llaman Chrysanthemum segetum. Arvense de los cereales, hoy mucho más escasa por los herbicidas que en los campos de hace un siglo.
  • Agracejo, Berberis vulgaris. Arbusto espinoso de la mitad norte y de las montañas, con flores amarillas en racimos colgantes y frutos rojos alargados. Durante décadas se arrancó en varios países de Europa por ser huésped alternativo de la roya del trigo.

Flores de agracejo

Racimos colgantes de Berberis, con seis piezas por flor y hojas pequeñas acompañadas de espinas.

Amarillos que se han escapado del jardín

Buena parte del amarillo más vistoso del litoral y de las vegas es de origen exótico, y en varios casos con consecuencias.

Mimosa, Acacia dealbata. La que florece en enero y febrero en el noroeste y tiñe de amarillo laderas enteras en Galicia y en el norte de Portugal. Es un árbol australiano y figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, igual que otras acacias australianas: rebrota con fuerza después del fuego, produce semilla en cantidad y desplaza a la vegetación autóctona. Bonita en flor, y un problema serio.

Flores de acacia en pompón

Flores de acacia australiana, agrupadas en pompones de estambres. Las hojas reducidas de esta foto indican una especie de filodios y no la mimosa de hoja plumosa.

Aleluya amarilla o vinagrillo, Oxalis pes-caprae. Es la alfombra amarilla que cubre naranjales, olivares y cunetas del litoral mediterráneo y del sur entre enero y abril. Sudafricana, está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013 y no debe plantarse. Se propaga por bulbillos subterráneos, de modo que cavar o pasar el motocultor la reparte en lugar de eliminarla. Y aunque hay quien recuerda haber chupado el tallo ácido de niño, contiene oxalatos y no es una planta para comer.

Flor amarilla de oxalis

Oxalis de flor amarilla y hoja trifoliada. Por la flor solitaria y pequeña y las hojas teñidas de púrpura, la foto corresponde más a Oxalis corniculata, la aleluya de las macetas, que a la invasora Oxalis pes-caprae.

Aguaturma o topinambur, Helianthus tuberosus. Un pariente americano del girasol, alto y de flor pequeña, que se cultivó por sus tubérculos comestibles y se ha asilvestrado en riberas y terrenos húmedos de media España. Forma masas densas a partir de los tubérculos, tapa el suelo y no deja crecer nada debajo, así que conviene tratarla con la misma prudencia que a cualquier planta que se extiende por órganos subterráneos.

Flores de aguaturma

Capítulos de Helianthus tuberosus, como girasoles pequeños, en una mata alta y ramificada.

Amapola de California, Eschscholzia californica. Cuatro pétalos de un naranja amarillento, hoja muy dividida de aspecto azulado y la costumbre de cerrarse en cuanto falta el sol. Se vende en sobres de semilla para praderas de flor y se asilvestra sin dificultad en taludes y bordes de camino. Es papaverácea, como la amapola común, pero no es la misma planta ni tiene su aspecto.

Amapola de California

La amapola de California, Eschscholzia californica: cuatro pétalos anchos, centro naranja y follaje muy dividido.

Una advertencia sobre las euforbias

Hay un grupo de plantas de aspecto amarillento que aparece en cualquier ribazo y que conviene no tocar: las euforbias, del género Euphorbia. Lo que parecen pétalos amarillos o amarillo verdosos son en realidad brácteas y estructuras florales reducidas. Todas ellas sueltan un látex blanco irritante al romperlas, que causa quemazón en la piel y es especialmente peligroso si llega a los ojos, y son tóxicas por ingestión, también para perros y gatos. Ni se cortan para un ramo ni se manipulan sin guantes.

La misma prudencia vale con algún arbusto ornamental de flor amarilla llamativa. Si no sabes qué planta es y tiene látex, no la toques.

El "significado" de las flores amarillas

Circula mucho que el amarillo significa amistad, alegría o, en la versión contraria, celos y despedida. Conviene saber de dónde viene eso: de los diccionarios del lenguaje de las flores, una moda editorial de la Europa del siglo XIX que asignaba un mensaje a cada especie en libritos de regalo, y que en el caso español se mezcló con la costumbre teatral y con supersticiones locales.

Es una convención cultural con fecha y lugar, igual que el lenguaje de los abanicos. No es una propiedad de la flor, no tiene ningún efecto y cambia según el país y la época, lo que ya dice bastante. Regalar flores amarillas no comunica nada por sí mismo, más allá de lo que las dos personas entiendan.

Flor amarilla de compuesta

El centro oscuro de esta compuesta es un disco de flores diminutas; los "pétalos" del borde son flores liguladas, cada una completa.

En resumen

El amarillo domina el campo español porque es fácil de fabricar, ya que se apoya en los carotenoides que la planta usa en la fotosíntesis, y porque es muy visible para los insectos que polinizan aquí. Buena parte de esas flores lleva además un dibujo ultravioleta que nosotros no vemos y que guía al insecto al néctar. En nuestra flora silvestre el amarillo lo ponen sobre todo las retamas y aulagas, los jaramagos, la olivarda y el agracejo.

Y una parte importante del amarillo que hoy se ve en el paisaje es exótica. La mimosa Acacia dealbata y la aleluya amarilla Oxalis pes-caprae figuran en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013 y no deben plantarse; la aguaturma se asilvestra y forma masas densas; la amapola de California se escapa de los sobres de semilla. Y con las euforbias, guantes: el látex irrita la piel y los ojos y la planta es tóxica por ingestión.


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