A la hora de identificar nuestras suculentas puede hacerse todo un enredo entender los nombres taxonómicos de nuestras plantas. Todos los nombres botánicos consisten en al menos dos partes, el nombre de...
Las suculentas halófitas son plantas tolerantes a la sal que viven en marismas, dunas y roquedos costeros, allí donde el agua del mar llega al suelo o la salpicadura salina baña las hojas. Son las que se ven en la orilla del Delta del Ebro, en las marismas del Guadalquivir, en el Mar Menor o en los acantilados atlánticos, y su suculencia no es casual: hinchar el tejido de agua es una de las formas de diluir la sal que entra en la planta.
La inmensa mayoría de las plantas, incluidas casi todas las de jardín, son glucófitas y mueren con una fracción de esa salinidad. Las halófitas resuelven el problema con una combinación de mecanismos que operan desde la raíz hasta la hoja, y en España tenemos un buen catálogo de ellas repartido por todo el litoral.
Qué es una halófita
Es una planta capaz de completar su ciclo vital en suelos o aguas con concentraciones de sal que resultan letales para el resto. Se distinguen dos situaciones:
- Halófitas obligadas, que necesitan sal para desarrollarse plenamente y crecen mejor con una salinidad moderada que en agua dulce.
- Halófitas facultativas, que toleran la sal pero también viven perfectamente en suelos no salinos, donde a menudo pierden frente a otras plantas por competencia, no por fisiología.
Y por su ambiente se separan en higrohalófitas, las de suelos encharcados o inundados periódicamente, como las marismas, y xerohalófitas, las que combinan salinidad con sequía, típicas de saladares interiores y de dunas.
Ese matiz tiene consecuencias prácticas. Un saladar del interior peninsular, como los de La Mancha o los del valle del Ebro, alberga halófitas sin que haya mar de por medio: basta con que el suelo acumule sales por evaporación.
Cómo sobreviven a la sal
La sal plantea dos problemas simultáneos. Uno es tóxico, por acumulación de sodio y cloruro en las células. El otro es hídrico: un suelo salino retiene el agua con tanta fuerza que la planta no puede absorberla, de modo que se deshidrata rodeada de agua. Las estrategias combinan varias soluciones:
- Exclusión en la raíz. Filtrar buena parte de las sales antes de que entren.
- Compartimentación. Encerrar el sodio en la vacuola de la célula, donde no interfiere con el metabolismo.
- Solutos compatibles. Fabricar sustancias como la prolina o la glicina betaína, que permiten mantener el equilibrio osmótico sin dañar las enzimas y hacen posible extraer agua de un suelo salino.
- Suculencia. Aumentar el volumen de agua del tejido diluye la concentración interna de sal. Es la razón de que tantas plantas de marisma tengan aspecto carnoso.
- Glándulas y vejigas salinas. Estructuras epidérmicas que expulsan el exceso de sal al exterior de la hoja.
- Sacrificio de tejido. Concentrar la sal en hojas viejas y desprenderlas.
Un caso muy estudiado es Mesembryanthemum crystallinum, la escarchada, de la familia Aizoaceae. Su superficie está cubierta de células vesiculosas brillantes que le dan aspecto de estar escarchada y que acumulan sal. Además, bajo estrés salino cambia su metabolismo fotosintético al tipo CAM, abriendo los estomas de noche para perder menos agua.
Las suculentas halófitas del litoral español
Se reparten por ambientes bien definidos.
Marismas y saladares. Es el dominio de la familia Amaranthaceae, que concentra el mayor número de halófitas suculentas del mundo. Aquí están los géneros Salicornia y Sarcocornia, de tallos articulados, carnosos y casi sin hojas, que en otoño viran a rojo intenso y tiñen marismas enteras. Los acompañan Suaeda vera, la sosa, arbustiva y de hojas cilíndricas grisáceas, y Atriplex portulacoides, de hoja gris plateada. Las marismas del Guadalquivir, la bahía de Cádiz, el Delta del Ebro, las salinas de Santa Pola y el entorno del Mar Menor son los lugares donde mejor se ven.
Dunas. Aquí la salinidad se combina con arena móvil y sequía. En la costa cantábrica y atlántica aparece Honckenya peploides, de hojas gruesas, ovaladas y de un verde claro brillante, formando manchas rastreras sobre la arena. Cakile maritima, el rabaniza marina, es otra pionera de la primera línea de duna, semisuculenta y muy resistente al enterramiento.
Roquedos y acantilados. El hinojo marino, Crithmum maritimum, es la especie característica: una de las poquísimas de la familia Apiaceae con verdadera suculencia, de hojas carnosas divididas y umbelas amarillo verdosas, que crece en grietas de roca batidas por el mar en todo el litoral peninsular y en las islas.
En Canarias y en el sureste árido peninsular se suman especies de Aizoaceae de porte rastrero adaptadas a suelos salinos y muy secos.
Carpobrotus: la halófita que no hay que plantar
La llamada uña de gato o higo marino, Carpobrotus edulis, se plantó durante décadas en taludes, paseos marítimos y jardines costeros de toda España por su resistencia a la sal, su rapidez de cobertura y su capacidad para sujetar arena. El resultado fue una de las invasiones biológicas más visibles del litoral: forma tapices continuos que asfixian la vegetación autóctona de duna y acantilado, modifica la química del suelo y desplaza a especies que solo viven ahí.
Carpobrotus edulis figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013. La inclusión en ese catálogo implica la prohibición genérica de su posesión, transporte, tráfico y comercio, así como de su introducción en el medio natural. En términos prácticos: no se planta, no se vende, no se regala un esqueje y, sobre todo, no se tiran restos de poda en el campo o en la playa, porque cada fragmento de tallo enraíza.
Si hay que retirar una mata, los restos se llevan a un punto limpio o a la fracción de residuos, nunca al compost ni al monte. Para cubrir un talud costero hay alternativas autóctonas que hacen el mismo trabajo sin este coste.
¿Se pueden cultivar en un jardín?
Sí, y tienen mucho sentido en jardines de primera línea de costa, donde la brisa marina cargada de sal quema el follaje de las plantas ornamentales convencionales. Un jardín de litoral plantado con especies del propio ambiente resiste sin cuidados especiales lo que otro no aguanta.
Las condiciones básicas son sencillas y en general coinciden con las de cualquier suculenta:
- Sustrato arenoso y muy drenante, pobre en materia orgánica. Nada de tierras pesadas ni de abonados generosos.
- Sol directo, sin excepción.
- Riego escaso una vez establecidas, y prácticamente nulo en invierno.
- Nada de sal añadida. Este punto se malinterpreta a menudo. Una halófita no necesita que se le eche sal; la tolera. Salar el sustrato de una maceta solo estropea el sustrato y daña las raíces.
La planta se consigue en viveros especializados en flora autóctona y en vivero de restauración, que es la vía correcta. Muchas de estas especies producen semilla abundante y se multiplican bien a partir de material cultivado.
Salicornia: de la marisma al plato
Los brotes tiernos de Salicornia, conocidos en España como salicornia o espárrago de mar, se consumen desde antiguo y hoy se cultivan de forma comercial en zonas de marisma de Cádiz y Huelva, entre otras. Es un cultivo interesante precisamente porque aprovecha suelos y aguas salinas inservibles para la agricultura convencional.
El punto importante es la procedencia. El producto de consumo procede de cultivo o de recolección regulada, no de arrancar plantas en cualquier marisma. Hay más sobre esta especie en el artículo sobre el espárrago de mar.
El hinojo marino tiene también una tradición culinaria mediterránea antigua, encurtido en vinagre, y de ahí viene su presencia en recetarios de todo el sur de Europa.
Por qué no se recolectan en la playa
Marismas, saladares y sistemas dunares están entre los hábitats más frágiles y más regulados del litoral español, y muchos forman parte de espacios protegidos o de la Red Natura 2000. El marco general de protección es la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, y buena parte de esos enclaves tiene además normativa autonómica propia que regula o prohíbe la recolección.
Al margen de lo legal, hay un motivo práctico. Estas comunidades vegetales crecen despacio, con poblaciones reducidas y muy sensibles al pisoteo. Arrancar una mata de la duna para plantarla en casa suele terminar con la planta muerta y el hueco ocupado por otra cosa. Todo lo que interesa al aficionado se propaga en vivero.
En resumen
Las suculentas halófitas viven donde la sal impide crecer a casi todo lo demás, y lo consiguen combinando exclusión de sales en la raíz, almacenamiento en la vacuola, solutos compatibles, glándulas excretoras y la propia suculencia, que diluye lo que entra. En España se reparten entre marismas, dominadas por Amaranthaceae como Salicornia, Sarcocornia y Suaeda, dunas con Honckenya y Cakile, y roquedos con hinojo marino.
Para el jardín costero son plantas excelentes, con sustrato arenoso, sol y riego escaso, y sin necesidad de añadir sal ninguna. La excepción clara es Carpobrotus edulis, incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, que no debe plantarse ni propagarse y cuyos restos no pueden acabar en el medio natural. Y la planta se compra en vivero, nunca se arranca de la playa.