La etiqueta de una suculenta puede decir Crassula ovata, Crassula ovata 'Gollum', Cotyledon orbiculata var. oblonga o ×Graptoveria 'Debbie'. Cada una de esas formas significa algo distinto y no son intercambiables. Entender la diferencia sirve para algo muy práctico: saber si una planta se puede reproducir por semilla conservando sus características, si necesita cuidados distintos a los de su especie tipo y si lo que compras es lo que dice ser.
La estructura básica siempre es la misma: género más especie, los dos en latín y en cursiva. A partir de ahí se añaden niveles según el origen de la variación, y ahí es donde entran subespecies, variedades, cultivares e híbridos.
Género y especie
El género es un sustantivo latino o latinizado, siempre con inicial mayúscula, que agrupa especies emparentadas y con estructura similar. Su origen puede ser descriptivo, como Loxanthocereus, el cactus columnar de flor oblicua; conmemorativo, como Corryocactus, dedicado al ingeniero T. A. Corry; o un juego de palabras, como Lobivia, anagrama de Bolivia.
La especie es un adjetivo o un nombre latinizado que se escribe siempre en minúscula, incluso cuando deriva de un nombre propio. Suele describir un rasgo de la planta o rendir homenaje a alguien. El género gramatical del epíteto debe concordar con el del género botánico: masculino en -us, femenino en -a, neutro en -um. Por eso se escribe Cereus vargasianus y no Cereus vargasiana.
Un ejemplo cercano: Echeveria elegans. El género honra a Atanasio Echeverría y Godoy, ilustrador botánico que participó en la Real Expedición Botánica a Nueva España a finales del siglo XVIII, y el epíteto elegans significa elegante. El binomio se escribe en cursiva, con el género en mayúscula y la especie en minúscula, y esa es toda la norma de escritura que hace falta recordar para el 90 por ciento de los casos.
Subespecie
Una subespecie es una población de la misma especie que está aislada geográficamente del resto y por eso ha acumulado diferencias visibles, aunque siga siendo genéticamente compatible con las demás. El rango se sitúa por debajo de la especie y por encima de la variedad.


El ejemplo de las imágenes es Crassula elegans y su subespecie namibiana, Crassula elegans subsp. namibensis. Se trata de la misma especie, muy variable, con una población separada que ha desarrollado un aspecto propio.
La abreviatura correcta es subsp. o ssp., siempre en minúscula y siempre sin cursiva, colocada entre el nombre de la especie y el de la subespecie. El epíteto subespecífico sí va en cursiva.
Variedad
Una variedad es una variación natural dentro de una especie que no llega a estar geográficamente aislada. Aparece en la naturaleza, no en el vivero, y suele afectar a rasgos concretos como la forma de la hoja o el color.



Cotyledon orbiculata es un buen ejemplo porque es una especie muy variable con varias variedades reconocidas: la típica, Cotyledon orbiculata var. orbiculata, de hojas redondeadas, y Cotyledon orbiculata var. oblonga, de hojas alargadas. Un aviso importante sobre este género: las Cotyledon son tóxicas por ingestión, y su consumo por parte de ganado es un problema conocido en Sudáfrica. Conviene tenerlo presente si hay animales en casa.
La abreviatura var. se escribe en minúscula y sin cursiva, entre la especie y el nombre de la variedad, que sí va en cursiva. Los caracteres de una variedad suelen transmitirse por semilla: las plántulas se parecen a la planta madre.
En el lenguaje de vivero, variedad y subespecie se usan indistintamente y también se llama variedad a cualquier cultivar. Es incorrecto desde el punto de vista taxonómico, pero está tan extendido que conviene mirar cómo está escrito el nombre completo, no la palabra que use el vendedor.
Cultivar
Un cultivar es una variedad seleccionada y mantenida por intervención humana. La palabra viene del inglés, contracción de variedad cultivada, y no tiene nada que ver con el verbo cultivar en español, aunque se escriba igual.
La diferencia con una variedad está en el origen, no en el aspecto: la variedad surge en la naturaleza, el cultivar surge del trabajo de selección de alguien. Existe alguna excepción, como las plantas fasciadas o crestadas, cuya mutación puede darse tanto en cultivo como en el medio natural.

El ejemplo de la imagen es Echeveria runyonii 'Topsy Turvy', un cultivar de hojas curvadas hacia fuera y punta girada. Las normas de escritura son claras: el nombre del cultivar va entre comillas simples, con inicial mayúscula, nunca en cursiva y, desde 1959, no puede formarse en latín. La alternativa antigua era anteponer la abreviatura cv., hoy en desuso.
La consecuencia práctica más importante es que un cultivar no se reproduce fiel por semilla. Para conservar sus características hay que multiplicarlo vegetativamente, por esqueje, hoja o hijuelo. Si siembras semillas de una Echeveria 'Perle von Nürnberg', lo que obtienes es una mezcla de plantas variadas, ninguna idéntica a la madre.
Híbridos
Un híbrido es el resultado del cruce entre dos plantas genéticamente distintas. Puede producirse en la naturaleza o en cultivo, y el nombre se marca con el símbolo de multiplicación ×.
Si el cruce ocurre entre dos especies del mismo género, se llama híbrido interespecífico y el × se coloca entre el género y el epíteto híbrido. Si ocurre entre géneros distintos, se llama intergenérico y el × precede al nombre del género híbrido, que suele formarse combinando los nombres de los padres.
El mundo de las Crassulaceae está lleno de estos cruces y son la base de buena parte de lo que se vende. ×Graptoveria es el híbrido entre Graptopetalum y Echeveria. ×Pachyveria es el cruce entre Pachyphytum y Echeveria. ×Sedeveria combina Sedum y Echeveria. ×Graptosedum, Graptopetalum y Sedum.
Los híbridos suelen tener cuidados intermedios entre los de sus padres, y a menudo más vigor que cualquiera de los dos, algo que se aprecia sobre todo en la velocidad de crecimiento y en la facilidad de multiplicación. Como los cultivares, se propagan vegetativamente.
El sistema de nombres se rige por dos códigos distintos. Las plantas silvestres, incluidas subespecies y variedades, siguen el Código Internacional de Nomenclatura para algas, hongos y plantas. Los cultivares y los híbridos de jardinería siguen el Código Internacional de Nomenclatura para Plantas Cultivadas. Son dos conjuntos de reglas independientes y esa es la razón de que las normas de escritura cambien de un caso a otro.
Por qué importa en la práctica
Saber leer una etiqueta responde a preguntas concretas. Si el nombre lleva comillas simples, la planta es un cultivar y no se puede reproducir por semilla conservando el aspecto. Si lleva el símbolo ×, es un híbrido y probablemente crecerá más rápido y con más facilidad que sus progenitores. Si lleva var. o subsp., es una planta silvestre con cuidados esencialmente idénticos a los de su especie.
También ayuda con los cambios de nombre, que en suculentas son constantes. Los estudios moleculares han reorganizado muchos géneros en los últimos años: buena parte de las Haworthia pasaron a Haworthiopsis y Tulista, Sansevieria quedó incluida en Dracaena, y varias especies de Senecio suculentas se trasladaron a Curio. El nombre antiguo sigue circulando en viveros y libros durante años, así que conviene reconocer ambos.
Y por último, el nombre científico es el único que identifica una planta sin ambigüedad. El nombre común varía de una región a otra y se repite entre especies distintas. Si buscas información de cultivo o si quieres comprobar si una planta es tóxica, lo que hay que buscar es el binomio latino.
En resumen
Género y especie en cursiva forman la base. La subespecie (subsp.) marca una población aislada geográficamente, la variedad (var.) una variación natural dentro de la especie, el cultivar entrecomillado una selección hecha por personas y el símbolo × un híbrido. Las abreviaturas subsp. y var. nunca van en cursiva; los nombres de cultivar nunca van en cursiva y siempre entre comillas simples.
La diferencia útil en el día a día es que las variedades y subespecies se reproducen fieles por semilla, mientras que cultivares e híbridos solo conservan sus características si se multiplican por esqueje, hoja o hijuelo. Y como los nombres científicos cambian con las revisiones taxonómicas, merece la pena conocer también el nombre anterior de las especies que se cultivan.