El riñón no se limpia. No es un filtro de café que se atasque y haya que enjuagar de vez en cuando: es un órgano que filtra la sangre de forma continua, las veinticuatro horas, y que si funciona no necesita ayuda y si no funciona no la va a recibir de una infusión. La palabra "depurar" aplicada al riñón es lenguaje comercial, no lenguaje médico. No existen declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea, no un artículo de internet.
Esto importa más que en otros temas. Quien busca "plantas para limpiar los riñones" muchas veces tiene ya un diagnóstico, un análisis con la creatinina alta o un cólico reciente, y justamente en esa situación una planta con efecto diurético puede ser un problema en vez de una ayuda. Lo que sigue va de las tres plantas que encabezan siempre estas listas, la cola de caballo, el diente de león y la vara de oro, contadas por lo que son: plantas que puedes cultivar, reconocer y confundir con otras.
Lo que sí se sabe: hay plantas que dañan el riñón
Antes de hablar de cultivo hay que decir esto, porque es el dato que estos artículos nunca dan. El caso documentado más grave de daño renal por plantas es el de los ácidos aristolóquicos, presentes en el género Aristolochia. A finales de los años noventa, un lote de preparados adelgazantes que contenía por error una aristoloquia provocó en Bélgica decenas de casos de insuficiencia renal terminal, muchos con trasplante o diálisis, y un exceso de tumores en la vía urinaria. De ahí salió el nombre de nefropatía por ácidos aristolóquicos.
En España, las plantas cuya venta al público está prohibida o restringida por su toxicidad figuran en la Orden SCO/190/2004, de 28 de enero, y las aristoloquias están entre ellas. No es la única vía de daño: una planta con efecto diurético en alguien con insuficiencia renal o cardiaca, o combinada con un diurético recetado, puede desequilibrar el potasio; y una hierba que interfiera con la ciclosporina o con el litio tiene consecuencias inmediatas en quien los toma. Que una planta sea natural no la hace inocua. Si estás en tratamiento, cualquier preparado vegetal se consulta antes con tu médico, y ante una intoxicación se llama al Instituto Nacional de Toxicología.
Por qué "depurar" no significa nada aquí
El riñón trabaja filtrando plasma y devolviendo al cuerpo lo que sirve, mientras elimina por la orina lo que no. Beber más líquido aumenta el volumen de orina, y eso es todo lo que hace una infusión: aportar agua. Es lo mismo que hace el agua del grifo, que además no interacciona con nada.
Una planta llamada diurética no elimina toxinas: aumenta la cantidad de orina. No hay "toxinas acumuladas" que salgan con ella. Y un cálculo renal no se disuelve con hierbas, un asunto que ya tratamos en el artículo sobre las rompepiedras, donde se ve que ese nombre popular designa a plantas de cinco familias distintas que no tienen nada en común salvo la promesa.
Cola de caballo (Equisetum arvense)
Es un superviviente. Los equisetos son el último resto de un grupo de plantas que dominó los bosques del Carbonífero, y se reproducen por esporas, como los helechos, no por semillas. La cola de caballo de campo emite en primavera unos tallos pálidos sin clorofila, rematados por un cono productor de esporas, y después los tallos verdes, huecos y articulados, con verticilos de ramitas finas, que son los que todo el mundo reconoce.
En el jardín hay que saber dos cosas. La primera es que se planta fácil y se quita imposible: el rizoma baja mucho y rebrota de cualquier fragmento, así que si la quieres en casa, va en maceta o en un bancal confinado, nunca suelta en un arriate. La segunda es de identificación. Equisetum arvense se confunde con Equisetum palustre, que crece en terrenos encharcados y contiene palustrina, un alcaloide tóxico responsable de intoxicaciones en el ganado. La recolección silvestre de cola de caballo por alguien que no sabe separarlos es una mala idea. Está todo explicado en la ficha de la cola de caballo, incluidas sus contraindicaciones reales.
Diente de león (Taraxacum officinale)
El diente de león en su sitio natural: una roseta de hojas dentadas pegada al suelo y capítulos amarillos sobre escapos huecos que sueltan látex al partirlos.
Es probablemente la planta silvestre más fácil de tener a mano, porque ya está en el césped. Forma una roseta de hojas profundamente dentadas (de ahí el nombre), un escapo hueco que suelta látex blanco al romperse y un capítulo amarillo que se convierte en ese vilano esférico que los niños soplan.
Tiene una particularidad botánica que explica por qué es tan difícil de clasificar: la mayoría de las poblaciones europeas son apomícticas, es decir, producen semilla sin fecundación y las plantas hijas son clones de la madre. El resultado es que se han descrito cientos de microespecies, y por eso lo correcto suele ser hablar del agregado Taraxacum officinale. Lo tienes desarrollado en la ficha del Taraxacum, y la versión práctica de cómo reconocerlo y quitarlo, en esta otra.
Si lo quieres para la ensalada, lo que se come son las hojas jóvenes, antes de que la planta florezca, porque después amargan mucho. En el huerto se siembra como una lechuga y se blanquea tapando la mata unos días con una teja o un tiesto vuelto del revés, que es como se hace con la endibia. Recogerlo del césped público o de una cuneta tiene el inconveniente evidente de los tratamientos herbicidas y de los excrementos de perro.
Vara de oro (Solidago virgaurea)
La vara de oro europea es una compuesta perenne de floración amarilla en espiga, propia de claros de bosque, brezales y taludes de media España. Es una planta de jardín perfectamente utilizable en un arriate naturalista, y florece a finales de verano, cuando ya queda poco en flor.
Ojo con lo que compras, porque bajo el mismo nombre se venden las varas de oro americanas, Solidago canadensis y Solidago gigantea, mucho más altas y vigorosas, que se han naturalizado en Europa y se comportan de forma agresiva en terrenos húmedos y removidos, formando manchas densas por rizoma. No me consta que figuren en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, así que lo digo describiendo su comportamiento y no citando la norma: si plantas una vara de oro americana en un terreno fresco, cuenta con que se expanda. De paso, en la ficha del Solidago está desmontado el bulo de que esta planta cause la alergia de otoño, que es de la ambrosía.
Las otras cuatro de la lista original
Rizomas de jengibre. Un rizoma comprado en la frutería, con las yemas hinchadas, es la forma más sencilla de empezar una planta en maceta.
La página que había aquí citaba además el ajo, la cúrcuma, el jengibre y el arándano, y les atribuía curar infecciones renales. Eso desaparece. Como cultivos, en cambio, tienen interés:
- Ajo (Allium sativum). Se planta diente a diente en otoño o a finales de invierno, con la punta hacia arriba, y se recoge en verano cuando la mata amarillea. No da semilla viable en la práctica, se multiplica por bulbillos.
- Cúrcuma (Curcuma longa). Tropical. Fuera de Canarias, en España es planta de maceta e invernadero: quiere calor, humedad y un periodo de reposo seco en invierno, y se planta por trozos de rizoma con yema.
- Jengibre (Zingiber officinale). Lo mismo: rizoma en maceta grande, sustrato suelto, media sombra, calor, y a resguardo en cuanto bajan las temperaturas. En el interior peninsular no prospera al aire libre.
- Arándano rojo (Vaccinium macrocarpon). Es la planta de las famosas cápsulas para la vía urinaria. Conviene saber que la Unión Europea no ha autorizado ninguna declaración de propiedades saludables para el arándano rojo y la infección urinaria. Agronómicamente es un cultivo de turbera ácida y encharcable que en España no tiene recorrido fuera de una maceta con sustrato ácido.
Cuándo esto no es asunto de plantas
Hay señales que no admiten espera y que no se manejan en el huerto: dolor lumbar intenso que va y viene en oleadas, sangre en la orina, fiebre con dolor en un costado, orinar mucho menos de lo habitual, hinchazón de piernas o de párpados al levantarse. Cualquiera de ellas es motivo de consulta, y varias son motivo de urgencias. La enfermedad renal crónica, además, suele ser silenciosa durante años y se detecta en un análisis rutinario, no por la sensación de estar "intoxicado".
En resumen
La cola de caballo, el diente de león y la vara de oro son tres plantas interesantes, cultivables y fáciles de reconocer, con un largo uso tradicional detrás. Tradición significa que la gente lo hacía, no que funcione, y no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica. En el caso de la cola de caballo, la evidencia disponible sobre su efecto es escasa y de mala calidad, y sus contraindicaciones en insuficiencia renal o cardiaca son reales.
Del "limpiar los riñones" no queda nada, porque no hay nada que limpiar: el riñón filtra solo, y lo único que aporta una infusión es el agua que lleva. Lo que sí está documentado es el daño renal causado por productos vegetales mal identificados, con los ácidos aristolóquicos como caso de manual y la Orden SCO/190/2004 como referencia en España. Ante un síntoma, al médico; ante una intoxicación, al Instituto Nacional de Toxicología. Y el diente de león, al huerto, que ahí sí tiene sitio.