Un césped tomado por dientes de león suele contener menos plantas distintas de las que parece: buena parte de esos ejemplares son copias genéticas exactas unos de otros. Taraxacum officinale fabrica semilla viable sin que haya fecundación, mediante un mecanismo llamado apomixis, y esa peculiaridad explica casi todo lo demás: por qué produce tanto, por qué los botánicos han descrito miles de formas distintas y por qué resulta tan difícil de erradicar.

Flor amarilla de diente de león, Taraxacum officinale

Semilla sin sexo: qué es la apomixis

La reproducción sexual de una planta implica meiosis —la división que reduce a la mitad el número de cromosomas y baraja el material genético— y después fecundación del óvulo por un núcleo espermático del polen. El resultado es un embrión distinto de la madre.

El diente de león se salta las dos cosas. En la mayor parte de sus poblaciones se da una apomixis gametofítica de tipo diplospórico: la célula madre del saco embrionario no completa la meiosis, de manera que el saco embrionario conserva el juego cromosómico íntegro de la planta madre, y el embrión arranca a desarrollarse por su cuenta sin ser fecundado. La semilla que sale del capítulo es, genéticamente, la madre repetida.

Hay dos detalles que suelen omitirse. El primero es que la planta sigue produciendo polen y sigue necesitando algo del proceso: el endospermo, el tejido nutricio de la semilla, se forma en muchos casos por pseudogamia, es decir, requiere que haya polinización aunque el embrión no se fecunde. Por eso los insectos siguen visitando la flor y por eso ésta conserva un aspecto llamativo.

El segundo es que no todos los dientes de león son apomícticos. Las estirpes apomícticas son en general triploides (2n = 3x = 24) y su esterilidad meiótica es precisamente la que las empuja a este atajo. Junto a ellas persisten poblaciones diploides sexuales (2n = 2x = 16), que se reproducen de forma normal y que en Europa se concentran en el sur y en zonas de montaña; en la Península Ibérica las hay. Cuando el polen de un triploide alcanza a una planta diploide sexual, puede transmitirle el carácter apomíctico y originar un linaje clonal nuevo. El sistema no está cerrado: fabrica clones nuevos de vez en cuando.

Por eso hay miles de "microespecies"

Si cada planta apomíctica produce descendencia idéntica a sí misma, cada linaje se convierte en una unidad estable e independiente, con sus propias diferencias mínimas y constantes en el recorte de las hojas, el color del polen, la forma de las brácteas involucrales exteriores o el tono del aquenio maduro. Esas diferencias no se diluyen por cruzamiento, porque no hay cruzamiento.

Los taxónomos especializados en el género han descrito así más de dos mil microespecies solo en Europa, cada una con su nombre binomial, agrupadas en secciones. Lo que llamamos Taraxacum officinale en el lenguaje corriente no es en rigor una especie, sino un agregadoTaraxacum officinale agg., o sección Taraxacum— que reúne centenares de esos linajes clonales imposibles de distinguir sin especialización.

Es una situación paralela a la de otros géneros apomícticos como Rubus, Hieracium o Alchemilla, y da idea de hasta qué punto el concepto habitual de especie, basado en el aislamiento reproductivo, deja de servir cuando no hay reproducción sexual que aislar.

Consecuencia práctica para el jardinero: da igual. Todas se comportan igual y se controlan igual.

La raíz que rebrota de un trozo

Bajo la roseta hay una raíz pivotante gruesa, carnosa, que en suelo profundo alcanza 25 o 40 cm y ocasionalmente más, cargada de reservas y recorrida por conductos de látex blanco. Esa raíz tiene la capacidad de emitir yemas adventicias a lo largo de casi toda su longitud.

De ahí viene su fama. Arrancar la roseta tirando de las hojas deja intacta la raíz entera, que rebrota en dos semanas. Cavar la zona parte la raíz en fragmentos, y cada trozo de más de un centímetro con tejido vivo puede generar una planta nueva: la escarda mal hecha multiplica el problema en lugar de resolverlo. Un motocultor pasado sobre una parcela infestada es, en la práctica, una máquina de plantar dientes de león.

Lo que sí funciona es extraer la raíz completa con una azadilla estrecha o un extractor de raíces pivotantes, aprovechando el suelo húmedo después de una lluvia, antes de que la planta florezca. En césped, una siega frecuente no la elimina —se adapta achatando la roseta y floreciendo a ras—, pero un césped denso y bien nutrido le deja menos huecos donde germinar. Y donde se tolere, no hacer nada es una opción defendible: no es una planta agresiva contra el arbolado ni contra los cultivos, solo persistente.

El vilano: mucho mejor que un paracaídas

El fruto es un aquenio de 3 o 4 mm, rugoso, prolongado en un pico fino de varios milímetros que sostiene arriba el vilano, la corona de unos cien pelos finísimos dispuestos en radios. El conjunto de todos los frutos forma esa esfera blanca perfecta que se deshace de un soplido.

Lo interesante es cómo vuela. Un vilano es sobre todo hueco: el aire pasa entre sus filamentos, de modo que intuitivamente debería frenar poco. Trabajos de mecánica de fluidos publicados en 2018 mostraron que ocurre lo contrario, y por un mecanismo desconocido hasta entonces: al atravesar el vilano, el flujo genera un anillo de vórtice desprendido que se mantiene estable en el aire justo por encima de la estructura, sin tocarla. Ese anillo actúa como una burbuja de baja presión que multiplica la resistencia al avance. La eficiencia resultante es cuatro veces superior a la de un paracaídas macizo de la misma superficie, con una fracción de su masa.

El resultado son descensos lentísimos y desplazamientos que normalmente son de unos pocos metros, pero que con viento y aire ascendente alcanzan cientos de metros o kilómetros. Una planta produce varios capítulos por temporada, con 150 a 200 frutos cada uno, y las semillas germinan sin latencia apreciable en cuanto encuentran suelo desnudo y humedad. Ahí está el otro motivo de que aparezca en todas partes.

Dientes de león en un campo con las esferas de vilanos

Un recurso temprano para los insectos

El capítulo está formado únicamente por flores liguladas, todas fértiles, amarillas, y se abre con la luz y se cierra al atardecer y en días cubiertos. La floración principal va de febrero-marzo a junio en la mayor parte de España, con un repunte otoñal, y en zonas templadas hay flores casi todo el año.

Ese calendario es lo que le da valor. Cuando florece el diente de león, en las primeras semanas templadas, apenas hay otra cosa abierta, y las colonias de abeja melífera están saliendo del invierno con las reservas gastadas y con cría que alimentar. El diente de león aporta entonces néctar y, sobre todo, polen abundante y accesible, en un momento crítico. También lo aprovechan abejorros recién salidos de la hibernación, abejas solitarias, sírfidos y mariposas.

Un matiz honesto: su polen no es nutricionalmente completo para las abejas —es pobre en algunos aminoácidos esenciales—, de modo que sirve como sostén de emergencia, no como dieta única. Pero en un prado de marzo, tener dientes de león es mejor que tenerlo todo segado a ras.

Comestible, con matices

Las hojas tiernas de la roseta se consumen desde antiguo como verdura de primavera en toda Europa, y en Francia el pissenlit tiene incluso cultivares hortícolas seleccionados por su hoja ancha y menos amarga. La raíz también se ha empleado como sucedáneo tostado de café, y los capítulos, para elaborar preparados domésticos. El amargor característico se debe a lactonas sesquiterpénicas, más concentradas a medida que avanza la temporada.

Dos advertencias sensatas antes que cualquier entusiasmo. La primera es de identificación: en el campo hay otras compuestas de roseta y flor amarilla parecidas, y aunque el género no es peligroso, conviene saber qué se recoge. La segunda es de procedencia: al ser una planta de cunetas, márgenes de camino, zonas de paso de animales y bordes de cultivo, acumula lo que haya en el suelo y lo que se haya pulverizado cerca, así que las zonas tratadas con herbicidas, los arcenes de carretera y los lugares frecuentados por perros quedan descartados.

Fama medicinal: qué hay y qué no

El diente de león arrastra una reputación larga como diurético —el nombre francés y el inglés piss-a-bed lo dicen sin rodeos— y como remedio digestivo y "depurativo hepático". Conviene separar los planos.

Lo que hay es tradición. La Agencia Europea del Medicamento ha evaluado la raíz y la hoja de Taraxacum officinale y las reconoce únicamente como medicamento tradicional a base de plantas, es decir, con un uso admitido por su empleo prolongado y no por ensayos clínicos que demuestren eficacia. Las indicaciones tradicionales que se contemplan son el alivio de trastornos digestivos leves con sensación de plenitud y flatulencia, y el aumento de la cantidad de orina como coadyuvante en procesos urinarios menores.

Lo que falta es evidencia clínica. Los estudios en humanos son escasos, pequeños y de calidad limitada; hay trabajos de laboratorio y en animales sobre efectos coleréticos, antiinflamatorios o metabólicos, pero no permiten extrapolar nada a una recomendación terapéutica. Los términos "depurativo" y "detox" no tienen contenido fisiológico definido.

Y hay precauciones reales. Está desaconsejado en obstrucción de las vías biliares, cálculos biliares, inflamación de la vesícula y obstrucción intestinal. Puede provocar reacciones alérgicas en personas sensibilizadas a las asteráceas —artemisa, manzanilla, ambrosía— y dermatitis de contacto por el látex. Su efecto diurético puede sumarse al de medicamentos diuréticos y alterar el balance de potasio, y se han descrito interacciones potenciales con litio, con anticoagulantes y con fármacos metabolizados por el hígado.

Por todo ello, este artículo no incluye dosis, preparaciones ni pautas de uso. Si le interesa emplearlo con fines de salud, y muy especialmente si toma medicación, está embarazada o en periodo de lactancia, consúltelo antes con su médico o con su farmacéutico.

En resumen

Taraxacum officinale produce semilla sin fecundación por apomixis diplospórica: cada planta triploide engendra clones de sí misma, aunque siga necesitando polen para formar el endospermo y aunque persistan poblaciones diploides sexuales. De ahí que se hayan descrito más de dos mil microespecies europeas y que lo que llamamos diente de león sea en realidad un agregado. Su raíz pivotante rebrota de fragmentos, así que cavar lo multiplica y solo sirve extraerla entera. El vilano vuela gracias a un anillo de vórtice desprendido cuatro veces más eficaz que un paracaídas. Florece muy temprano y sostiene a las abejas al salir del invierno, y su hoja es comestible con las cautelas propias de una planta de cuneta. Como planta medicinal cuenta con uso tradicional reconocido, evidencia clínica limitada e interacciones que aconsejan consultar al médico o al farmacéutico.


Contenidos relacionados