Casi todos los dientes de león que salen en un césped español son clones. No es una figura retórica: la mayoría de las poblaciones europeas de Taraxacum officinale son triploides y producen sus semillas sin fecundación ni meiosis, de modo que cada aquenio que sale volando es genéticamente idéntico a la planta que lo fabricó. Eso explica de golpe dos cosas que desconciertan a quien intenta echarlos del jardín: que colonicen a tal velocidad, porque no dependen de encontrar pareja, y que existan miles de estirpes ligeramente distintas descritas en Europa, cada una fiel a sí misma generación tras generación.
Taraxacum officinale no es en realidad una especie única sino un agregado, un conjunto de microespecies apomícticas que se parecen mucho entre sí. Es una compuesta perenne de roseta basal y raíz pivotante, presente en toda España desde el nivel del mar hasta los pastos de alta montaña, con floración principal de marzo a mayo y rebrotes en otoño. Se conoce también como amargón, achicoria amarga, meacamas y meón, y estos dos últimos nombres, poco elegantes, resumen bien la razón de su fama.
Cómo distinguir un diente de león verdadero de sus imitadores
En los prados españoles hay al menos cuatro plantas amarillas de roseta que se confunden con él, y la distinción importa si piensas recolectarlo.
El diente de león verdadero tiene un escapo, es decir, un tallo floral hueco, liso, sin ramificar y completamente desprovisto de hojas, que sostiene un único capítulo. Al partirlo mana látex blanco de inmediato. Las hojas son todas basales, en roseta pegada al suelo, y sus dientes apuntan hacia atrás, hacia la base de la hoja, que es lo que dio origen al nombre.
La hierba del halcón (Hypochaeris radicata) tiene hojas ásperas y peludas al tacto y un tallo sólido que se ramifica y lleva más de un capítulo. Es la impostora más frecuente en céspedes.
La cerraja (Sonchus) crece erguida con tallos foliosos y hojas abrazadoras de bordes espinosos; tiene su propia ficha en cerraja. Y la falsa achicoria (Crepis vesicaria) es muy común en cunetas y se distingue por el tallo ramificado y las brácteas externas aplicadas. Puedes compararla en falsa achicoria.
La regla rápida: si el tallo está ramificado o lleva hojas, no es diente de león.
Un capítulo hecho solo de lígulas
Esa bola amarilla es un capítulo, igual que la cabeza de un girasol, pero construido de otra manera. Aquí no hay flores tubulares en el centro: las doscientas o doscientas cincuenta flores que forman el capítulo son todas liguladas, todas fértiles y todas iguales. Un capítulo así se llama liguliflorio y homógamo, y define a un grupo entero dentro de la familia de las compuestas al que pertenecen también la achicoria, la escarola y la lechuga.
Hay una comprobación que se hace en diez segundos y que enseña más que un párrafo de teoría. Arranca una de esas lengüetas amarillas y mírale la punta: tiene cinco dientecitos diminutos. Son los cinco pétalos originales de una flor completa, fusionados y aplanados en una sola pieza. Cada lengüeta es una flor entera, con su ovario abajo, su estilo, sus anteras soldadas en tubo y su propia semilla en camino. Si quieres ver el mecanismo del tubo de anteras y el resto de la arquitectura desmontada pieza a pieza, está explicado en la ficha del girasol, donde el tamaño lo hace visible a simple vista.
Otra particularidad: el capítulo se cierra por la noche y también los días de lluvia, y vuelve a abrirse cuando sale el sol. No es delicadeza, es economía. Con el capítulo cerrado el polen no se moja ni se pierde, y las flores no gastan néctar cuando no hay insectos volando.
Semillas sin sexo: qué es la apomixis
En una planta normal, la formación de una semilla exige dos pasos: la meiosis, que reduce a la mitad los cromosomas y baraja el material genético de la madre, y la fecundación por un grano de polen. La apomixis se salta los dos. El óvulo se forma por una división mitótica corriente, conserva la dotación cromosómica completa de la madre y desarrolla el embrión sin que ningún polen intervenga. La semilla resultante es un esqueje envuelto en fruto.
En el diente de león esto está asociado a la triploidía: tres juegos de cromosomas en lugar de dos. Un número impar de juegos hace imposible una meiosis ordenada, y la apomixis es la salida evolutiva a ese callejón. Existen también poblaciones diploides sexuales, sobre todo en el sur y el centro de Europa, y en la Península Ibérica hay bastante diversidad de ese tipo; ahí la reproducción es normal y sí hay recombinación.
El detalle que hace todo esto interesante es que las plantas apomícticas siguen produciendo polen viable, y ese polen puede fecundar a las diploides sexuales. Del cruce salen nuevos linajes triploides que a partir de ahí se clonan indefinidamente. Así se han acumulado en Europa varios miles de microespecies descritas, con diferencias mínimas en la forma de la hoja, el color de las brácteas o el tono del aquenio, cada una perpetuándose sin cambios. La taxonomía del género es, por este motivo, una de las más enrevesadas de la botánica europea.
El vuelo del vilano: un anillo de aire que nadie había visto
La bola blanca está formada por aquenios, cada uno con un pico fino y rígido que sostiene arriba un penacho de unas cien cerdas radiales, el vilano. Ese penacho no es un paracaídas macizo: es casi todo hueco, con alrededor de un noventa por ciento de espacio vacío entre cerda y cerda. Con esa proporción de agujeros, la intuición dice que el aire debería colarse entre ellas y el conjunto caer.
Lo que ocurre es lo contrario, y se describió con precisión hace pocos años trabajando con túneles de viento y visualización de flujo. Al caer, el vilano genera por encima de sí mismo un anillo de vórtice separado del propio penacho, una burbuja de aire en rotación estable que se mantiene suspendida a cierta distancia y que multiplica por cuatro la resistencia al avance respecto a lo que daría un disco sólido equivalente. Es un mecanismo de vuelo distinto de todos los descritos hasta entonces, y depende críticamente de la porosidad: con más cerdas o con menos, el anillo se desestabiliza.
El resultado es una velocidad de caída de unos 30 centímetros por segundo, tan lenta que basta una brisa moderada para que la semilla recorra decenas o centenares de metros, y en corrientes ascendentes se han registrado desplazamientos de varios kilómetros.
Hay además un mecanismo de seguridad. El vilano es higroscópico: con humedad relativa alta las cerdas se cierran sobre sí mismas y la bola se apelmaza, de manera que las semillas no se sueltan cuando llueve, que es cuando volarían dos metros y caerían al barro. Solo se abre y libera con tiempo seco.
La raíz que rebrota de un trozo, y qué hacer con ella en el césped
La raíz pivotante mide habitualmente entre 15 y 25 centímetros, aunque en suelos profundos y sueltos se han medido ejemplares de más de un metro. Es carnosa, blanca por dentro y llena de látex, y almacena inulina, la misma reserva de fructosa que guardan las raíces de dalia y de achicoria.
Su propiedad decisiva es que tiene yemas adventicias repartidas por toda su longitud. Un fragmento de raíz de un centímetro enterrado en tierra húmeda produce una planta nueva. Por eso escardar con azada, o pasar un motocultor por una zona infestada, no elimina dientes de león: los multiplica troceándolos.
Si el objetivo es quitarlos de un césped, hay tres cosas que funcionan y una que no. Funciona extraerlos con un sacamalas o un destornillador largo, tirando de la raíz entera con el suelo mojado después de una lluvia. Funciona cortar todas las flores antes de que se conviertan en vilano, lo que corta el suministro de semillas nuevas. Y funciona segar alto, a 6 o 7 centímetros, porque el diente de león es una planta de roseta que necesita luz directa en el suelo y una hierba densa y alta le impide instalarse. No funciona arrancar solo la roseta: en dos semanas ha rebrotado. Tienes más recursos en malas hierbas en el césped.
El látex y el caucho que sale de él
Ese líquido blanco y pegajoso que mancha los dedos y se vuelve marrón al oxidarse circula por conductos llamados laticíferos y contiene, entre otras cosas, poliisopreno, es decir, caucho natural, el mismo polímero que produce el árbol del caucho.
La cantidad en el diente de león común es pequeña, pero existe una especie hermana, Taraxacum kok-saghyz, originaria de Kazajistán, cuya raíz llega a contener entre un 10 y un 15 por ciento de su peso seco en caucho. La Unión Soviética la cultivó a escala industrial durante la Segunda Guerra Mundial ante la falta de acceso al caucho tropical, y en las dos últimas décadas se ha retomado el proyecto en Europa y Estados Unidos con un argumento distinto: es un cultivo de clima templado, de ciclo anual, que no requiere trópico ni deforestación. Varios fabricantes de neumáticos han presentado prototipos hechos con este material.
Para quien lo tiene en el jardín, el látex tiene un efecto más prosaico: mancha la ropa de forma bastante persistente y provoca dermatitis de contacto en pieles sensibles.
Cultivarlo a propósito, que también se hace
Suena a broma pero existen variedades hortícolas seleccionadas por la hoja, más ancha, menos amarga y más productiva, como 'Vert de Montmagny' o los tipos de hoja gruesa italianos. Se siembra a principios de primavera o a finales de verano, apenas cubierta con un par de milímetros de tierra, porque la semilla necesita luz para germinar; enterrarla es el error típico. Germina en siete a catorce días con la tierra entre 15 y 20 grados.
El truco para reducir el amargor es el blanqueo: se tapa la roseta con una maceta invertida, un tiesto opaco o un cubo durante diez a quince días antes de recolectar. Sin luz, la planta no fabrica los compuestos amargos y la hoja sale pálida y mucho más suave. Es el mismo procedimiento que se aplica a la endibia y a la escarola, todas de la misma tribu. Tenemos ficha de siembra en cómo plantar diente de león.
Comerlo: qué parte y de dónde nunca
Las hojas jóvenes de antes de la floración son las que se usan en ensalada; después de que salga el escapo se vuelven demasiado amargas. Los capítulos amarillos se emplean para elaborar jaleas y conservas dulces, y la raíz tostada tiene una tradición larga como sucedáneo de café en épocas de escasez.
Dicho eso, importa más de dónde sale que qué parte se coge. No se recolecta en bordes de carretera, donde la planta acumula metales pesados; ni en céspedes tratados con herbicida o abono de liberación lenta; ni en zonas de paso de perros; ni en linderos de fincas agrícolas que puedan haber recibido tratamientos. Y quien tenga alergia diagnosticada a compuestas (artemisia, ambrosía, manzanilla, crisantemo) debe abstenerse, porque las lactonas sesquiterpénicas del diente de león dan reacción cruzada.
Fama diurética: qué hay de tradición y qué de evidencia
El nombre francés de la planta y los nombres populares españoles de meacamas y meón vienen todos del mismo sitio: en toda Europa se le atribuye desde antiguo un efecto diurético, y también colerético, es decir, estimulante de la secreción de bilis. La tradición está documentada en la herboristería medieval árabe y europea desde el siglo XI.
La evidencia moderna es escasa. Existen estudios en animales que muestran aumento de la diuresis con extractos de hoja, y algún estudio piloto en humanos con muy pocos participantes que apunta en la misma dirección, pero no hay ensayos clínicos de tamaño y calidad suficientes para respaldar un uso terapéutico. Las agencias europeas lo reconocen como preparado tradicional a base de plantas, una categoría que se concede por antigüedad de uso, no por eficacia demostrada.
Las precauciones sí están claras. Un diurético vegetal sumado a un diurético farmacológico puede provocar deshidratación y alteraciones del potasio. En personas que toman litio, la pérdida de sodio modifica los niveles del fármaco. Y en obstrucción de la vía biliar, cálculos biliares o inflamación activa de la vesícula, un estimulante de la secreción biliar está contraindicado. Aquí no vas a encontrar cantidades ni preparaciones, y la conversación previa a tomar cualquier cosa es con tu médico o con tu farmacéutico.
Lo que aporta a las abejas en febrero
Antes de arrasar con todos los dientes de león del jardín conviene un matiz. En febrero y marzo, cuando todavía hay poco en flor, sus capítulos son de las primeras fuentes accesibles de néctar y polen para abejas, abejorros y sírfidos que salen de la invernada. Un solo capítulo ofrece néctar y polen en cantidad y a ras de suelo, donde llegan hasta los insectos aún torpes por el frío.
Su polen no es nutricionalmente completo, así que no basta como dieta única, pero funciona bien como puente hasta que abran los frutales. Dejar una esquina del césped sin segar hasta abril es un gesto barato y con efecto medible. Puedes ver más ideas en plantas para atraer a las abejas.
En resumen
El diente de león es una compuesta perenne de roseta y raíz pivotante que en Europa se reproduce casi siempre por apomixis: sus semillas son clones de la madre, formados sin polen ni meiosis, lo que explica su velocidad de colonización y los miles de microespecies descritas. Su capítulo está hecho solo de flores liguladas, todas fértiles, y cada lengüeta amarilla conserva en la punta los cinco dientecitos de los pétalos que se fusionaron. El vilano vuela gracias a un anillo de vórtice suspendido sobre el penacho, un mecanismo que cuadruplica la resistencia al aire, y se cierra con la humedad para no soltar semillas bajo la lluvia. La raíz rebrota de fragmentos de un centímetro, así que escardar lo multiplica: hay que sacarlo entero, cortar las flores antes del vilano y segar alto. Se puede comer, pero nunca recogido en cunetas ni en céspedes tratados, y su fama diurética es tradicional y no está respaldada por ensayos clínicos sólidos.