Las plantas de temporada de primavera y verano son las que dan color inmediato: se plantan en abril o mayo y florecen sin parar hasta los primeros fríos. Casi todas se compran ya en flor, se plantan en una tarde y el error habitual no está en elegir mal la especie, sino en ponerla en la exposición equivocada y regarla como si fuera un helecho.

La decisión que ordena todo lo demás es la exposición. Un grupo quiere sol directo y sequedad (petunia, calibrachoa, lantana, vinca, coreopsis, salvia); otro quiere sombra o media sombra y suelo fresco (impatiens, begonia de flor, fucsia). Mezclarlas en la misma jardinera condena a la mitad. A partir de ahí, todo se reduce a drenaje, riego regular y quitar la flor marchita.

Petunia hybrida, Coreopsis grandiflora y dalia (fila de arriba). Vinca rosea, Lantana camara y Salvia nemorosa (fila inferior). Abajo, alegría guineana (Impatiens hawkeri).

Para pleno sol

La petunia (Petunia x hybrida) es la anual de temporada por excelencia. Cubre desde el blanco al violeta casi negro pasando por toda la gama del rojo, y florece de abril a los primeros fríos si recibe sol directo, riego moderado y abono para plantas de flor cada una o dos semanas. Su punto débil es el viento y la lluvia fuerte, que estropean las flores grandes de una sola pasada; en balcones expuestos van mejor las variedades de flor pequeña.

La calibrachoa (Calibrachoa, la llamada petunia colgante o millón de campanas) es una vivaz que se cultiva como anual, de flor mucho más pequeña y mucho más numerosa. Es la mejor opción para colgar en cestas y jardineras de barandilla. Necesita un mínimo de seis horas de sol para florecer bien, pero en pleno verano del interior y el sur agradece que el sol le dé por la mañana y no al mediodía, porque el sustrato de una cesta colgante se seca en horas. Riego regular dejando secar ligeramente entre riegos, y un pinzado a finales de primavera para que ramifique. Es una planta acidófila, así que en agua de riego dura y sustrato calizo amarillea; los quelatos de hierro cada dos o tres semanas resuelven esa clorosis.

La vinca de Madagascar (Catharanthus roseus, que se sigue vendiendo como Vinca rosea) es probablemente la más resistente al calor seco de todo el grupo. Florece de mayo a octubre con riego escaso y sol pleno, y su follaje verde oscuro y brillante hace de fondo para las flores rosas, blancas o carmesí. Lo único que no perdona es el suelo encharcado ni el frío. Es tóxica por ingestión en todas sus partes por los alcaloides que contiene, algo a tener en cuenta si hay niños o animales.

La coreopsis (Coreopsis grandiflora y afines) es vivaz, resistente al frío y de floración larguísima, de finales de primavera a bien entrado el otoño. Se conforma con un suelo normal y bien drenado, pide sol directo y casi ningún cuidado más allá de una siega baja después de la floración principal, que le provoca un segundo empujón. Las series modernas de flor roja, rosada y bicolor son bonitas pero suelen ser menos longevas que la especie amarilla clásica: conviene tratarlas como plantas de dos o tres temporadas.

La salvia de bosque (Salvia nemorosa) es herbácea perenne, muy resistente al frío, de espigas azul violeta desde finales de primavera. Aguanta el verano si tiene el suelo drenado, y cortando las espigas pasadas rebrota y vuelve a florecer en agosto o septiembre. Es de las mejores plantas para atraer abejas y mariposas al jardín.

La banderita española (Lantana camara) es un arbusto perennifolio adaptado como pocos al litoral mediterráneo: soporta el sol duro, la sequía y la brisa marina, y florece de primavera al otoño en ramilletes que cambian de color al madurar. Pide drenaje y riegos espaciados pero profundos. Lantana montevidensis, de flor lila, es rastrera y más rústica. Dos cautelas: los frutos verdes son tóxicos por ingestión y el follaje puede provocar dermatitis en personas sensibles, y en zonas de clima cálido, sobre todo en las islas y el litoral sur, la lantana se naturaliza con facilidad, forma matorrales densos que desplazan a la vegetación local y resulta muy difícil de erradicar. Fuera de un jardín controlado no es una planta que convenga soltar. Hay más detalles en lantanas: mucho sol, poca agua.

La dalia (Dahlia) se planta como tubérculo en primavera, una vez pasada la helada, y florece de julio a las primeras heladas de otoño. Quiere suelo profundo, permeable y rico, y un mínimo de seis horas de sol. Las variedades altas necesitan tutor desde el principio, porque una mata cargada de flor se tumba con la primera tormenta de agosto. En el interior peninsular los tubérculos se pueden arrancar y guardar en seco durante el invierno; en el litoral mediterráneo aguantan en tierra sin problema. Hay más sobre esto en bulbos de verano.

Para sombra y media sombra

La alegría del hogar (Impatiens walleriana) florece en sombra o media sombra desde finales de primavera, con macizos compactos de flor coral, rosa, salmón o blanca. Necesita riego abundante y suelo fresco con materia orgánica. Hay un dato que conviene conocer antes de plantarla en masa: desde principios de la década de 2010 esta especie sufre en Europa un mildiu específico (Plasmopara obducens) que la defolia y la mata en pocas semanas, y el hongo persiste en el suelo. Donde ya haya aparecido, lo sensato es cambiar de especie durante varios años. La alternativa práctica es la alegría guineana (Impatiens hawkeri, la llamada Nueva Guinea), que no se ve afectada por ese mildiu, tiene hoja más grande y tolera bastante más sol.

La begonia de flor (Begonia semperflorens) es la planta de temporada más agradecida para media sombra, y también tolera sol suave en el norte. De hoja carnosa verde o bronce y flores pequeñas rosas, rojas o blancas, florece sin parar de finales de primavera hasta el frío, que no soporta. Riego frecuente pero moderado: el encharcamiento la pudre por el cuello con mucha facilidad.

Los pendientes de la reina (Fuchsia x hybrida) son arbustos pequeños de flores colgantes en rosa, fucsia, blanco y púrpura. Quieren luz abundante pero sin sol directo del mediodía, humedad ambiental y sustrato que no llegue a secarse. Son plantas del norte húmedo y de zonas de montaña: en Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco viven al aire libre todo el año y llegan a hacerse arbustos grandes, mientras que en el interior y el sur pasan mal el verano y hay que darles el rincón más fresco y sombreado que haya. Más detalle en fucsias, mucho más que color.

Dos que hacen de estructura

El agapanto (Agapanthus) no es planta de temporada sino vivaz de larga vida, y esa es su gracia: se planta una vez y florece cada julio durante años. Da inflorescencias esféricas azules o blancas sobre tallos altos y tolera muy bien la sequía estival una vez establecido. Sol en climas suaves, media sombra en los más cálidos, suelo drenado y un abonado en primavera. Las especies caducifolias resisten el frío bastante bien; las perennifolias necesitan protección donde hiele fuerte. La savia del rizoma puede irritar la piel al dividir la mata, así que conviene usar guantes. Ver agapantos para la terraza.

La mandevilla o dipladenia (Mandevilla) es una trepadora de flores en trompeta rosas, rojas o blancas que florece de primavera a otoño. En la franja mediterránea vive al aire libre; en el interior frío se cultiva en maceta para meterla a resguardo en invierno. Quiere sustrato rico, ácido y drenante, sol o sombra ligera y riego regular dejando secar un poco entre riegos. Su savia es lechosa e irritante, y la planta es tóxica por ingestión.

Los cuidados que comparten todas

Tres cosas deciden si estas plantas llegan a octubre en forma. La primera es quitar la flor marchita: en cuanto empiezan a cuajar semilla, la planta deja de producir flor nueva. Petunias, dalias, coreopsis y salvias lo agradecen de forma inmediata; calibrachoas y vincas se limpian solas.

La segunda es el abonado. Florecer cinco meses seguidos en el volumen limitado de una jardinera es un esfuerzo que el sustrato no sostiene solo: abono líquido para plantas de flor cada semana o cada dos con el riego, desde el trasplante hasta septiembre.

La tercera es el riego bien puesto. En maceta, riego diario en pleno verano, a primera hora de la mañana o al atardecer, mojando el sustrato y no la flor. Nada de platos con agua estancada. En suelo, riego espaciado y profundo más un acolchado de cinco centímetros, que en un verano mediterráneo hace más por la planta que cualquier otra cosa.

En resumen

La planta de temporada de primavera y verano no falla si se respeta la exposición: sol duro para petunia, calibrachoa, vinca, lantana, coreopsis, salvia y dalia; sombra o media sombra para impatiens, begonia de flor y fucsia. El calendario en España va de marzo en el litoral sur a mayo en la meseta y el norte, siempre después de la última helada.

De las especies citadas conviene recordar tres avisos: la vinca de Madagascar y la mandevilla son tóxicas por ingestión, la lantana lo es en sus frutos verdes y además se naturaliza con facilidad en clima cálido, y la alegría del hogar clásica arrastra un mildiu específico que hace preferible la Nueva Guinea donde ya haya dado problemas.


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