El agapanto es una de las pocas plantas que florece de junio a septiembre en una terraza al sol sin pedir apenas nada. Forma una mata densa de hojas acintadas de la que salen escapos de hasta un metro rematados por grandes umbelas de flores en trompeta, azules en todos sus matices o blancas. Una vez establecido, tolera bien la sequía y el aire marino.

La pregunta que hay que hacerse antes de comprar no es de qué color lo quieres, sino si es de hoja persistente o caduca. De eso depende el frío que va a aguantar, y es lo que decide si pasará el invierno fuera o hay que meterlo bajo techo.

Los azules y blancos de los agapantos protagonizan la decoración viva de esta terraza. Sobre la mesa, variedades compactas, ideales para tiestos pequeños.

Persistentes y caducos: la distinción que importa

Los agapantos proceden de Sudáfrica y en el comercio se mezclan dos grupos con comportamientos muy distintos.

  • De hoja persistente. Conservan el follaje todo el año. Son los más vendidos y también los más frioleros: aguantan heladas ligeras, del orden de unos pocos grados bajo cero, y sufren por debajo de eso. Buena parte de lo que se etiqueta como Agapanthus africanus pertenece en realidad al Agapanthus praecox o a híbridos suyos.
  • De hoja caduca. Pierden las hojas en otoño y rebrotan en primavera desde el rizoma. Derivados en su mayoría de Agapanthus campanulatus y especies afines, resisten bastante más frío y son los indicados para el interior peninsular y las zonas de heladas.

En el litoral mediterráneo, en Canarias, en Andalucía y en la costa atlántica sur, los persistentes viven fuera todo el año. En Madrid, Castilla, Aragón o el Pirineo, lo sensato es escoger variedades caducas o tener los tiestos en un sitio desde el que se puedan mover.

La maceta: honda, y no demasiado ancha

El agapanto tiene un rizoma grueso del que salen raíces carnosas que necesitan profundidad. Un recipiente hondo, de treinta centímetros o más, le va mucho mejor que uno ancho y bajo.

Y aquí va el detalle que más floración regala: el agapanto florece mejor cuando está algo apretado en el tiesto. Un ejemplar recién trasplantado a un recipiente enorme dedica un par de años a hacer raíces y hojas antes de dar flor. Conviene trasplantar solo cuando la mata levanta el sustrato o rompe la maceta, y subir de tamaño poco a poco.

El sustrato debe ser fértil pero suelto, con arena gruesa o perlita para que drene con facilidad, y el drenaje del recipiente ha de estar libre. El agua estancada en la base pudre el rizoma, que es la principal causa de muerte de esta planta.

Sol, riego y abonado

Pleno sol es la posición para tener flor. En zonas muy calurosas del sur y del interior, unas horas de sombra por la tarde alargan la duración de cada umbela sin reducir el número de escapos. En sombra plena hace hojas magníficas y no florece.

El riego es moderado y estacional: regular desde que arranca el crecimiento en primavera hasta el final de la floración, manteniendo el sustrato ligeramente húmedo pero nunca empapado, y muy reducido a partir del otoño. En invierno, prácticamente seco. Las hojas que amarillean en plena temporada suelen indicar exceso de agua, no falta.

Del abonado depende buena parte del resultado. Un fertilizante rico en potasio, de los que se venden para plantas de flor, cada dos o tres semanas de abril a agosto, favorece los escapos florales. Los abonos muy nitrogenados hacen justo lo contrario: matas enormes, verdes y sin una flor.

El invierno

En zonas de heladas suaves basta con acolchar la superficie del sustrato con corteza, paja u hojas secas para proteger el rizoma, y arrimar las macetas a una pared orientada al sur, que actúa como acumulador de calor. En zonas frías, los ejemplares persistentes se llevan a un porche, un garaje luminoso o un invernadero frío, sin calefacción y con riego mínimo.

Si un agapanto de hoja caduca pierde toda la parte aérea tras una helada, no hay que darlo por muerto: el rizoma suele estar intacto y rebrota en primavera. Las hojas secas se cortan a ras al final del invierno para que la brotación salga limpia.

Poda, división y semillas

Durante la temporada, cortar las varas florales marchitas por la base mantiene la mata presentable y evita que la planta gaste energía en formar semilla. Si se dejan, las cápsulas maduran y siembran alrededor: en zonas húmedas del norte peninsular el agapanto se naturaliza con mucha facilidad, así que conviene retirar las inflorescencias antes de que abran las cápsulas y no arrojar restos con semilla al monte ni al contenedor de jardín.

Cada cinco o seis años la mata se apiña tanto que la floración baja. Entonces toca dividir: se saca el cepellón, se separa el rizoma con un cuchillo dejando varios brotes y raíces en cada porción, y se replanta. El momento es el final del verano, tras la floración, o el comienzo de la primavera. Hay que contar con que las divisiones tarden un año en volver a florecer bien.

Si no florece

Es la consulta más repetida sobre esta planta y casi siempre responde a una de estas causas:

  • Maceta demasiado grande o trasplante reciente.
  • Poca luz directa.
  • Abono con exceso de nitrógeno.
  • Exceso de riego, sobre todo en invierno.
  • Mata demasiado vieja y apiñada, que pide división.
  • Planta joven: de semilla puede tardar varios años en dar la primera flor.

Toxicidad y plagas

El agapanto es tóxico por ingestión, en especial el rizoma, y su savia puede irritar la piel y las mucosas en personas sensibles. Conviene usar guantes al dividir las matas y lavarse las manos después, y tenerlo en cuenta si hay niños pequeños o animales que mordisqueen plantas. Ante una ingestión, la consulta es médica o veterinaria.

De plagas tiene pocas. Las babosas y los caracoles roen las hojas jóvenes y los escapos tiernos en primavera, sobre todo tras las lluvias, y son el único enemigo que da guerra de forma habitual.

Con qué combinarlo

Las macetas no deben ir muy juntas: las hojas arqueadas necesitan sitio para dibujar la mata y los escapos deben verse aislados contra el fondo. Colocarlas a distintas alturas, sobre bancos o pedestales, multiplica el efecto.

Como acompañantes funcionan las plantas de exigencias parecidas: lavandas, salvias arbustivas, Gaura, romero rastrero, gramíneas de hoja fina y olivos o mirtos en maceta. Sus flores son nectaríferas y atraen abejas y mariposas, así que el conjunto también da servicio a los polinizadores.

En resumen

El agapanto florece todo el verano en un tiesto hondo, a pleno sol, con riego moderado en temporada y abono rico en potasio cada dos o tres semanas. Le va bien estar algo apretado en la maceta, así que conviene no trasplantarlo con demasiada frecuencia ni pasarlo a un recipiente muy grande.

Al comprar, hay que mirar si es de hoja persistente, más friolero y adecuado al litoral y al sur, o de hoja caduca, resistente al frío y apto para el interior. Se divide cada cinco o seis años para mantener la floración, se retiran las varas marchitas para evitar que semille, y se maneja con guantes porque es tóxico por ingestión y su savia irrita.


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