De noviembre a marzo, una terraza o un balcón se resuelven con un puñado de plantas de temporada que florecen justo cuando todo lo demás está parado. Ciclámenes, pensamientos y violas, prímulas y brezos son las cuatro habituales, y a ellas se suman otras que aportan color sin flor, como las heucheras y las coles ornamentales.
El error más común con estas plantas es tratarlas como si fueran de interior. Casi todas necesitan frío: en un salón caldeado se estiran, pierden color, se llenan de pulgón y duran tres semanas. Su sitio es la ventana, el balcón, la terraza o el porche, y cuanto más fresco, más duran las flores.
Los ciclámenes llenan de color los días de invierno. A su derecha, hojas de heuchera. Abajo, Sedum pulchellum con flores en forma de estrellas de mar.
Ciclamen
El que se vende en otoño en maceta es el Cyclamen persicum, originario del Mediterráneo oriental. Aquí hay que corregir un malentendido frecuente: no es un ciclamen rústico. Aguanta el fresco perfectamente y agradece el frío, pero una helada fuerte le arruina hojas y flores. Los ciclámenes realmente resistentes al hielo son otros, el Cyclamen hederifolium y el Cyclamen coum, que son plantas de jardín y no de maceta de temporada.
El C. persicum quiere un sitio muy luminoso y fresco, entre 10 y 15 grados, sin sol directo fuerte y desde luego lejos de un radiador. Por encima de 18 grados deja de florecer y las hojas amarillean. En un balcón resguardado del norte peninsular o en cualquier terraza del litoral mediterráneo, florece de octubre a abril sin dificultad.
Se riega por el plato o por el borde de la maceta, nunca sobre el tubérculo, que se pudre con facilidad. Se deja escurrir a los quince minutos. Las flores y hojas marchitas no se cortan: se arrancan con un tirón seco desde la base del pecíolo, girando ligeramente, porque un resto de tallo cortado es la puerta de entrada de la podredumbre gris. Puedes ampliar en ciclámenes, cinco meses de flores.
Pensamientos y violas
Son la base del jardín de invierno en maceta y el mejor rendimiento por euro que hay. Los pensamientos (Viola × wittrockiana) tienen flores grandes, de hasta 8 o 10 centímetros, con las manchas oscuras características. Las violas (Viola cornuta) tienen flores mucho más pequeñas pero en cantidad muy superior, y aguantan mejor el viento y la lluvia, así que en balcón expuesto suelen dar mejor resultado.
Quieren sol directo en invierno, cuanto más mejor, y sustrato que no se encharque. Se plantan de octubre a noviembre para tener flor todo el invierno y la primavera. Aguantan heladas sin problema: las flores abiertas se estropean con el hielo, pero la planta rebrota y vuelve a florecer.
El gesto que multiplica su duración es retirar las flores marchitas cada pocos días, con el pedúnculo entero. Una planta a la que se le dejan formar semillas deja de florecer en un par de semanas.
Prímulas
Las prímulas de temporada (Primula acaulis y P. obconica, entre otras) empiezan a florecer en diciembre y siguen hasta abril, con una gama de color que abarca prácticamente todo. Quieren semisombra o sol suave de invierno, sustrato fresco que no llegue a secarse y ambiente no muy caldeado.
Son las que peor llevan el calor de un interior: por encima de 18 grados se agotan enseguida. En balcón orientado al este o al norte, o bajo la protección de un alero, duran meses. Más detalle en prímulas, primavera.
Un apunte práctico: la Primula obconica tiene pelos glandulares en las hojas que provocan dermatitis de contacto en personas sensibles. Si te pica al manipularla, usa guantes o elige otra especie.
Brezos
El Erica carnea y el Erica × darleyensis son subarbustos perennes de 20 a 30 centímetros que se cubren de florecillas magenta, rosa o blancas de diciembre a abril. A diferencia del resto de ericáceas, toleran suelos ligeramente calizos, lo que los hace utilizables en buena parte de España.
Quieren sol o semisombra, sustrato ácido o neutro, drenado, y riego regular sin encharcar. En maceta conviene sustrato para plantas acidófilas y, en zonas de agua muy dura, riego con agua de lluvia o descalcificada, porque la cal les provoca clorosis a medio plazo.
Son plantas perennes, no de temporada: bien tratadas duran años y ganan tamaño. Se recortan ligeramente después de la floración para que no se lignifiquen por la base. Ver brezo, un vivo toque magenta.
Color sin flores: follaje de invierno
Las heucheras aportan lo que las flores no dan: masas de hoja en color vino, cobre, ámbar, caramelo, verde lima o casi negro, durante todo el invierno. Son vivaces rústicas de semisombra, con suelo fresco y drenado, y funcionan muy bien como acompañamiento en una jardinera mixta con violas o ciclámenes. En el interior peninsular y en el sur agradecen protección del sol de mediodía en verano.
Las coles ornamentales (Brassica oleracea var. acephala) forman rosetas de hasta 30 centímetros en blanco, crema, rosa y morado, y ganan intensidad de color precisamente con el frío. Son anuales de temporada, quieren pleno sol y aguantan heladas fuertes.
Los sedums de porte alto (Hylotelephium spectabile y afines) no florecen en invierno, pero sus inflorescencias secas se mantienen en pie de noviembre a febrero con un tono caldero muy atractivo, sobre todo con escarcha. Se cortan al final del invierno, no en otoño. Ver sédums, mucha belleza y pocos cuidados.
Otras plantas de temporada que funcionan
La caléndula (Calendula officinalis) florece durante todo el invierno en el litoral mediterráneo y en el sur, con naranjas y amarillos intensos, y se resiembra sola. El alhelí (Matthiola incana) aporta espigas perfumadas de febrero a abril. La margarita común (Bellis perennis) en sus variedades de pompón da matas compactas ideales para el borde de una jardinera. Y los Erysimum, sobre todo 'Bowles's Mauve', florecen prácticamente todo el año en clima mediterráneo y son plantas perennes, no de temporada.
Cómo montar la jardinera
Maceta o jardinera con agujeros de drenaje, sin excepción: el exceso de agua invernal mata más plantas de temporada que el frío. Una capa de arcilla expandida en el fondo y un sustrato universal de calidad aligerado con perlita.
Se plantan juntas, más apretadas de lo que parece razonable, porque en invierno crecen poco y el efecto se busca desde el primer día. Una combinación que funciona en cualquier balcón español: ciclámenes o violas al frente, heucheras de hoja oscura detrás y un brezo como volumen.
El riego en invierno es mucho menor que en verano, y depende sobre todo de la lluvia y del viento. Se comprueba metiendo el dedo antes de regar. En zonas con heladas conviene regar por la mañana, nunca al atardecer.
Abono líquido para plantas de flor, a media dosis, cada dos o tres semanas mientras estén floreciendo, salvo en las semanas más frías. Las plantas de temporada agotan el sustrato de una maceta pequeña en pocas semanas.
Problemas frecuentes
Ciclamen con hojas amarillas y flácidas: demasiado calor, o agua sobre el tubérculo. Pensamientos que se estiran y florecen poco: falta de sol o exceso de abono nitrogenado. Prímulas que se agotan en semanas: interior caldeado. Brezo que amarillea: agua calcárea o sustrato inadecuado.
En cuanto a plagas, el pulgón aparece en cuanto hay una racha templada, sobre todo en pensamientos y prímulas, y se retira con agua a presión o jabón potásico. Los caracoles y babosas atacan las hojas tiernas en balcones húmedos. Y la podredumbre gris se instala en el follaje muerto que se deja sin retirar, así que limpiar la jardinera cada pocos días es la mejor prevención.
En resumen
Las plantas de flor de invierno quieren frío, luz y drenaje. Los pensamientos y violas piden pleno sol y limpieza constante de flores marchitas; el ciclamen, un sitio muy luminoso a 10 o 15 grados y riego por el plato, nunca sobre el tubérculo; las prímulas, semisombra y ambiente fresco; y los brezos, sustrato ácido y agua sin cal.
Añade follaje para que la jardinera no dependa solo de la flor: heucheras de hoja vinosa, coles ornamentales y las inflorescencias secas de los sedums. Y no metas ninguna de estas plantas en el salón: el calor de una casa es lo que más rápido acaba con ellas.