Bajo el nombre de brezo se venden en realidad plantas de tres géneros distintos de la familia de las ericáceas, y confundirlos explica buena parte de los fracasos. Calluna vulgaris es el brezo común o brezo de verano, con una única especie y centenares de cultivares. Erica es un género amplio, con especies que florecen en invierno y otras en primavera. Y Daboecia es un tercer grupo, más pequeño, con flores mayores y floración estival.
Lo que todos comparten es una exigencia estricta: suelo ácido y sin cal. Son plantas de brezal atlántico y de montaña, acostumbradas a terrenos pobres, arenosos o turbosos, con un pH que se mueve entre 4,5 y 5,5 y con poco nitrógeno. En un suelo calizo amarillean y mueren, y el agua dura de riego produce el mismo efecto a medio plazo. Hay una excepción importante, que veremos, y que resuelve el problema para media España.
Las matas de brezo de invierno, o Erica carnea (arriba), se cubren de minúsculas flores de color magenta. Abajo, ericas en flor y bayas de Pernettya mucronata.
Erica carnea, el brezo que sí tolera la cal
Erica carnea es originaria de las montañas de Europa central y meridional, con presencia en los Pirineos y la Cordillera Cantábrica. Es una mata rastrera que no supera los treinta centímetros y florece de diciembre a abril, cubriéndose de espigas de florecillas tubulares en rosa, magenta, rojo o blanco.
Su gran particularidad es que, a diferencia del resto de brezos, tolera suelos neutros e incluso ligeramente calizos. Eso la convierte en la única opción realista para quien vive sobre los suelos calcáreos del este, el centro o el sur peninsular y quiere brezos en el jardín, y no solo en maceta con sustrato traído. Lo mismo vale para Erica x darleyensis, híbrido entre E. carnea y E. erigena, algo más alto, de floración también invernal y muy larga, con cultivares como 'Kramer's Rote', de un magenta oscuro, o 'Silberschmelze', blanco.
Ambas quieren sol o semisombra luminosa, suelo que drene y humedad regular. Son las que mejor cubren el hueco de color entre diciembre y marzo, cuando el jardín no tiene otra cosa.
Las ericas mediterráneas y atlánticas
La Península tiene una notable riqueza de brezos silvestres, sobre todo en el cuadrante noroeste y en las sierras silíceas del oeste. Varias de esas especies tienen interés de jardín.
Erica arborea, el brezo blanco o brezo arbóreo. Es la mayor del género en España: forma matorrales altos y en la laurisilva canaria alcanza porte plenamente arbóreo. Florece en primavera con nubes de flores blancas y perfumadas, muy visitadas por las abejas. Su cepa leñosa es la que tradicionalmente se ha aprovechado como madera de brezo para pipas.
Erica lusitanica, el brezo portugués. Muy parecida a la anterior pero más grácil, con flores blancas rosadas de finales de invierno. Propia del oeste peninsular.
Erica australis, el brezo rojo, de flores rosa purpúreo en primavera, y Erica cinerea, de flor púrpura intensa en verano, ambas de suelos ácidos del oeste y el norte.
Erica tetralix, brezo de turbera, con flores en umbela rosa pálido, propia de suelos encharcados del norte. Es la única del grupo que tolera el suelo húmedo de forma permanente.
Y Daboecia cantabrica, el brezo de San Dabeoc, autóctono de Galicia, la cornisa cantábrica y el País Vasco. Tiene la flor más grande de todos, en campanillas colgantes púrpuras o blancas, y florece durante gran parte del verano y el otoño. Es una planta de jardín magnífica y muy poco usada.
Calluna vulgaris, el brezo de verano
Una sola especie y una cantidad enorme de cultivares seleccionados por color de flor, color de follaje y porte. Se distingue de las ericas porque el cáliz es tan largo como la corola y del mismo color, lo que da a la flor un aspecto más apretado.
Florece de julio a octubre, y ese es su papel: color en el jardín a finales de verano y en otoño. Muchos cultivares aportan además follaje coloreado que se mantiene todo el año, en tonos dorados, plateados, grises o que viran a rojo cobrizo con el frío, como 'Silver Queen', 'Gold Haze' o 'Boskoop'. Con esos se consigue interés doce meses al año, no solo en la floración.
Un grupo comercial que conviene conocer es el de las callunas de flor en capullo, seleccionadas para que la flor no llegue a abrirse nunca. Al no abrirse no se marchita ni se poliniza, y el color se mantiene mucho más tiempo, a veces desde septiembre hasta bien entrado el invierno. Son las que se ven en las composiciones de otoño en jardineras. Su punto flojo es que, precisamente por no abrir, no aportan nada a los polinizadores.
La calluna es más exigente que Erica carnea: quiere sol pleno, suelo decididamente ácido y no tolera nada la cal. En clima mediterráneo caluroso sufre en verano y suele comportarse como planta de temporada más que como perenne.
Cultivo: los puntos que deciden
Suelo y sustrato. Ácido, pobre, arenoso o turboso, y sobre todo poroso. En jardín de suelo calizo la corrección no es duradera, así que la vía es maceta o cajón con sustrato para acidófilas. Conviene saber que la tradicional tierra de brezo y la mayoría de sustratos ácidos comerciales se basan en turba, cuya extracción destruye turberas, ecosistemas que tardan milenios en formarse. Las alternativas con fibra de coco y corteza compostada ya existen y funcionan.
Riego. Es el punto crítico en maceta. Las raíces del brezo son muy finas y superficiales, ocupan una capa delgada y el cepellón se seca antes de que la superficie del sustrato lo aparente. Si llega a secarse del todo, el sustrato de turba se vuelve hidrófobo y el agua resbala sin penetrar; a partir de ahí la planta ya no se recupera aunque se riegue. La solución es regar por inmersión: se sumerge el tiesto en un cubo hasta que dejen de salir burbujas, se escurre y se devuelve a su sitio. Agua de lluvia o de baja mineralización siempre que sea posible.
En el suelo del jardín, riego regular sin encharcamiento y acolchado de corteza de pino o pinocha, que conserva humedad y acidifica al descomponerse.
Exposición. Sol pleno para callunas y Daboecia. Sol o semisombra luminosa para Erica carnea y darleyensis. En interior no viven: son plantas de exterior y el brezo que se compra en flor para una mesa dura semanas, no meses.
Abono. Muy poco y específico para acidófilas. Son plantas adaptadas a suelos pobres, y el exceso de nitrógeno las ablanda, alarga los tallos y reduce la floración.
La poda, que no es opcional
Es la operación que separa una mata de brezo compacta y florida de un matorral leñoso, desnudo por dentro y con cuatro flores en las puntas. Y tiene una regla que no admite excepción: no se corta nunca sobre madera vieja sin hojas, porque los brezos no rebrotan de ella. Un corte demasiado bajo deja un muñón que no volverá a brotar.
La forma correcta es recortar con tijera toda la mata justo por debajo de las espigas florales secas, dentro de la zona verde con hoja, cada año.
- Calluna y Daboecia: al final del invierno, antes de la brotación, o justo después de la floración.
- Erica carnea y darleyensis: en cuanto termina la floración, en abril o mayo.
- Erica arborea y las de porte grande: después de florecer, sin entrar en la madera vieja.
Sin ese recorte anual la planta se envejece en tres o cuatro temporadas y ya no hay manera de recuperarla.
Dónde y con qué plantarlos
Los brezos rinden mejor en masa que aislados: grupos de cinco, siete o nueve plantas de la misma variedad forman manchas de color que funcionan a distancia, mientras que un ejemplar suelto pasa desapercibido. Son excelentes cubresuelos para taludes y bordes, y en rocalla combinan bien con el drenaje que necesitan.
Como acompañantes, lo lógico es agrupar acidófilas con las mismas necesidades: coníferas enanas, Gaultheria mucronata por sus frutos de invierno, skimmias, pieris y azaleas de jardín. Con hojas caducas de otoño y con la corteza clara de un abedul detrás, un brezal de jardín tiene interés todo el año.
Un apunte que suele omitirse: los brezos silvestres son una de las bases de la apicultura en Galicia, Asturias y buena parte del norte peninsular, y las especies de floración invernal como Erica carnea aportan néctar en un momento del año en que casi nada florece. En un jardín, elegir brezos de flor abierta en lugar de callunas de flor en capullo tiene ese valor añadido.
En resumen
Los brezos piden suelo ácido, sin cal, pobre y con buen drenaje, más riego regular con agua poco calcárea. Donde el suelo es calizo, la salida es el cultivo en maceta con sustrato para acidófilas, salvo en el caso de Erica carnea y Erica x darleyensis, que toleran cierta cal y sí pueden ir al suelo.
Combinando ericas de invierno con callunas de verano y Daboecia de otoño se cubre casi el año entero de floración en el mismo rincón. Y hay dos cosas que no se pueden descuidar: no dejar que el cepellón en maceta se seque del todo, porque después no se recupera, y recortar la mata cada temporada sin entrar nunca en la madera vieja, que no rebrota.