Los sédums son de las pocas plantas ornamentales que dan más problema cuando se las atiende que cuando se las deja en paz. Son crasas de la familia de las crasuláceas, con hojas carnosas que almacenan agua, adaptadas a vivir en roquedos, muros viejos y suelos pedregosos donde poca cosa prospera. En un jardín español, con veranos secos, suelos calizos y restricciones de riego cada vez más habituales, son un recurso de primer orden.

Tienen además una virtud que se aprecia tarde: aportan interés cuando el resto del jardín está de retirada. Las especies de mata erecta florecen a final de verano y en otoño, cuando ya casi no queda néctar disponible, y sus inflorescencias secas aguantan de pie todo el invierno con tonos entre burdeos, ladrillo y almagre. Nada de esto exige mantenimiento.

Inflorescencia de un sédum de mata erecta, de tallos rojizos, en el tipo de emplazamiento seco y pedregoso que prefiere.

Un género que se ha partido en varios

Conviene aclarar esto porque afecta a las etiquetas que encontrarás en los viveros. El antiguo género Sedum, que llegó a reunir más de seiscientas especies, se ha ido desmembrando a la luz de los estudios moleculares, y varias de las plantas más cultivadas ya no figuran en él.

  • Los sédums grandes de mata erecta y flor otoñal, como Sedum telephium y Sedum spectabile, se sitúan hoy en el género Hylotelephium.
  • Los tapizantes del Cáucaso y Asia oriental, como Sedum spurium y Sedum kamtschaticum, se clasifican como Phedimus.

Los cuidados no cambian en absoluto, y en el comercio y en el lenguaje de jardín se sigue hablando de sédums para todo el conjunto. Aquí se usa así.

Cómo funcionan: la clave para no matarlos

Los sédums realizan metabolismo ácido de las crasuláceas: cierran los estomas durante el día para no perder agua y los abren de noche, cuando el aire es más fresco y húmedo, para capturar dióxido de carbono. Es la misma estrategia de los cactus, y explica por qué toleran semanas de sequía y por qué el riego frecuente les resulta contraproducente.

Sus raíces son finas y superficiales, adaptadas a aprovechar la humedad puntual de una lluvia en un sustrato que se seca rápido. En un suelo que retiene agua se asfixian y se pudren por el cuello. Todo el manejo se resume ahí: sol, drenaje y contención con la regadera.

Sol y suelo

Son plantas de pleno sol. En sombra o media sombra los tallos se estiran, las matas se abren por el centro y se tumban, y los cultivares de hoja púrpura o plateada pierden el color y se vuelven verdes. La única excepción razonable en España es dar sombra en las horas centrales a algunas especies de montaña en las zonas más calurosas del sur.

El suelo debe drenar bien y puede ser francamente pobre. Aceptan sin problemas los terrenos calizos y alcalinos que dominan buena parte de la Península, y crecen incluso en las juntas de un muro de piedra seca. En terrenos arcillosos y pesados, que es donde fallan, hay que plantarlos en zona elevada, en rocalla, en talud, o corregir el hoyo con arena gruesa y grava. En maceta, sustrato para cactus y crasas o un universal muy aligerado con arena y perlita.

Riego

En jardín, un sédum establecido no necesita riego en la mayor parte de España salvo en veranos muy secos, y entonces basta un aporte copioso y ocasional. El primer año, mientras arraiga, conviene un riego cada diez o quince días.

En maceta el planteamiento cambia, porque el volumen de sustrato es pequeño y se seca del todo: se riega cuando la tierra está completamente seca, a fondo, y se deja escurrir. En invierno se suspende prácticamente el riego, sobre todo si la maceta está a la intemperie y recibe lluvia. La combinación de frío y sustrato empapado es lo que mata a los sédums, no el frío.

Abonado y mantenimiento

Apenas necesitan abono, y el exceso les perjudica: con demasiado nitrógeno producen tallos largos y blandos que se tumban en cuanto florecen. Un aporte ligero de compost en primavera es más que suficiente en jardín. En maceta, un fertilizante para cactus a media dosis dos o tres veces durante la temporada de crecimiento.

El mantenimiento de los sédums de mata erecta consiste en cortar los tallos secos al final del invierno, ni antes ni después. Dejarlos en pie durante el invierno tiene dos ventajas: la estampa de las inflorescencias secas escarchadas, y el alimento que sus semillas suponen para los pájaros pequeños. Los sédums rastreros no requieren ni eso.

El truco contra las matas que se abren

Los sédums altos de floración otoñal tienen un defecto conocido: al llegar septiembre, el peso de las inflorescencias abre la mata por el centro y los tallos se tumban en corona, sobre todo en suelos ricos o con algo de sombra.

La solución no es entutorar, sino podar antes. A finales de mayo o principios de junio se corta toda la mata a la mitad de su altura. La planta rebrota más ramificada, con tallos más cortos y gruesos, y florece un poco más tarde pero sin desmoronarse. Es una operación que asusta la primera vez y que cambia por completo el resultado. En suelos pobres y a pleno sol muchas veces no hace falta.

Multiplicación

Son de las plantas más agradecidas del jardín en este aspecto.

  • Esqueje de tallo. Se corta un trozo de tallo de diez centímetros, se quitan las hojas de la parte baja, se deja secar el corte uno o dos días para que cicatrice y se clava en sustrato arenoso apenas húmedo. Enraíza en un par de semanas en primavera o verano.
  • Esqueje de hoja. En muchas especies basta con apoyar una hoja desprendida sobre el sustrato para que emita raíces y una plantita en la base. Los tapizantes se propagan solos así, con las hojas que caen al pisarlos o rozarlos.
  • División de mata. En primavera, cada tres o cuatro años en los sédums erectos, que con el tiempo se apelmazan y pierden vigor en el centro.

Problemas

Los sédums enferman poco y casi siempre por la misma causa.

  • Podredumbre de raíz y cuello. Exceso de agua o suelo que no drena. Es prácticamente la única forma de perder un sédum.
  • Caracoles y babosas. Devoran los brotes tiernos de las especies erectas en primavera y pueden arruinar una mata joven.
  • Pulgón. Se instala en las inflorescencias en formación.
  • Tallos tumbados y matas abiertas. Suelo demasiado rico, exceso de riego o falta de sol.

Con qué combinarlos

Piden compañía de bajo consumo de agua y texturas contrastadas. Funcionan muy bien con gramíneas ornamentales de porte suelto como Stipa tenuissima o Festuca glauca, con aromáticas mediterráneas como romero, tomillo, lavanda y santolina, con follajes plateados como el de Cerastium tomentosum o Teucrium fruticans, y con vivaces de floración tardía como Verbena bonariensis y los ásteres. En rocalla se asocian con crasas y con plantas de cojín.

Un criterio práctico: agrúpalos con plantas que quieran exactamente lo mismo. El error habitual es meter un sédum en un macizo con riego regular, donde acabará pudriéndose por mucho que la combinación quede bonita sobre el papel.

Especies autóctonas que conviene conocer

Varios sédums son plantas propias de la flora española y crecen de forma espontánea en roquedos y muros de buena parte del país. Sedum sediforme, el crespinillo o uña de gato, es abundante en el Mediterráneo peninsular y es probablemente el sédum mejor adaptado a un jardín seco del este o del sur. Sedum album y Sedum acre también son autóctonos y llevan siglos colonizando tejados y tapias. Recurrir a especies del propio territorio es la vía más segura para acertar con el clima.

Un aviso sobre Sedum acre: su nombre viene precisamente de su sabor acre, y contiene compuestos irritantes. No es una planta para llevarse a la boca ni para manipular sin más si tienes la piel sensible.

En resumen

Los sédums necesitan pleno sol, un suelo que drene con rapidez y muy poca agua. Aceptan la cal y la pobreza del terreno, se multiplican con un trozo de tallo y solo piden un corte de los tallos secos al final del invierno. Es difícil encontrar mejor relación entre resultado y esfuerzo.

Si cultivas los de mata erecta, dos gestos marcan la diferencia: podarlos a la mitad a comienzos de junio para que no se tumben en otoño, y dejar las inflorescencias secas en pie durante el invierno. En la segunda parte se repasan los sédums rastreros, los de las rocallas, los taludes y las cubiertas verdes.


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