El ciclamen florece de noviembre a marzo o abril y puede mantener flor cinco meses seguidos, pero solo si se le da lo único que de verdad exige: frío. No frío de helada, frío de portal. Entre 12 y 16 grados un ciclamen está perfecto; por encima de 20 empieza a amarillear, deja de abrir botones y se apaga en tres semanas. La mayoría de los que se compran en diciembre mueren en enero por estar en un salón con calefacción, y no por falta de cuidados.
El segundo error, casi tan común, es regar por encima. El tubérculo está en la superficie, con las hojas y las flores saliendo directamente de su corona, y mojar ese punto es la vía directa a la podredumbre. Se riega siempre desde abajo. Con esas dos cosas resueltas, el ciclamen deja de tener fama de difícil y pasa a ser una de las plantas de flor más agradecidas del invierno.
El ciclamen es una de las plantas de flor más bellas del invierno, y su tamaño reducido admite usos decorativos muy variados.
Qué planta es y de dónde viene
El ciclamen de floristería es Cyclamen persicum, una herbácea con un tubérculo aplanado del que salen hojas acorazonadas, a menudo jaspeadas de plateado, y flores solitarias con los pétalos vueltos hacia atrás, como si estuvieran del revés. Pertenece a las primuláceas, la familia de las prímulas.
Ni es persa ni es alpina, pese a los dos nombres que arrastra. El epíteto persicum es un error histórico: la especie es propia del Mediterráneo oriental, de Turquía, Siria, Líbano, Chipre y las islas griegas. Y lo de violeta de los Alpes corresponde en rigor a otra especie del género, la Cyclamen purpurascens, esa sí centroeuropea.
Ese origen explica su comportamiento: crece y florece en la estación fresca y desaparece bajo tierra durante el verano seco. No es una planta tropical de interior, es prácticamente lo contrario.
Temperatura: aquí se decide todo
El rango ideal está entre 12 y 16 grados durante el día, con noches algo más frescas. Hasta 18 grados aguanta. A partir de 20, y aún más con el aire seco de la calefacción, la planta interpreta que ha llegado el verano y empieza a entrar en reposo: las hojas amarillean desde el exterior, los botones se quedan a medio camino y las flores duran cada vez menos.
Los sitios buenos de una casa española para un ciclamen no son el salón. Son una galería sin calefacción, un porche cubierto, un rellano, el alféizar de una habitación fría, un patio interior protegido. En la mayor parte del país puede vivir directamente en el exterior durante el invierno, en un sitio resguardado de la lluvia directa y del sol de mediodía, y ahí es donde da su mejor versión.
Un matiz sobre el frío, porque circula la idea contraria: Cyclamen persicum no es resistente a las heladas. Sufre por debajo de unos 5 grados y una helada echa a perder flores y hojas. Aguanta el fresco, no el hielo. Si se tiene fuera y se anuncia helada, hay que entrarlo o cubrirlo.
Si no queda más remedio que tenerlo en una habitación caldeada, el viejo truco de sacarlo por la noche a la terraza o a una ventana fría y devolverlo por la mañana alarga la floración de forma muy apreciable. Es engorroso, pero funciona.
Luz
Mucha claridad y nada de sol directo intenso. En invierno el sol de la mañana a través de un cristal no le hace daño y hasta le viene bien; lo que quema es el sol del mediodía tras un cristal, que en pleno febrero ya calienta. Con poca luz, los pecíolos se alargan, la mata se abre y la floración se reduce.
Riego: siempre por abajo
El ciclamen necesita menos agua de la que la gente le da. El sustrato debe estar fresco, nunca empapado ni completamente seco. Lo correcto es regar cuando la superficie se note seca al tacto, y hacerlo por inmersión: se mete la maceta en un recipiente con dos o tres dedos de agua durante diez o quince minutos, hasta que la superficie del sustrato se oscurezca de humedad, se saca, se deja escurrir y se devuelve a su sitio. Nunca se deja el plato con agua.
Si se riega por arriba, hay que hacerlo por el borde de la maceta, apartando las hojas, sin mojar el centro de la planta ni las flores. El agua que queda en la corona del tubérculo o entre los pecíolos amontonados es el origen de la podredumbre blanda que se lleva la planta en pocos días.
El tubérculo va medio fuera
Este es un detalle que se pasa por alto y que arruina muchas plantas al trasplantarlas. El tubérculo de Cyclamen persicum debe quedar con su parte superior por encima del nivel del sustrato, aproximadamente un tercio fuera. Si al cambiarlo de maceta se entierra por completo, como se haría con un bulbo de tulipán, se pudre. Los ciclámenes de vivero vienen así plantados por algo.
Limpiar flores y hojas marchitas
Es un mantenimiento de dos minutos por semana que marca la diferencia. Las flores pasadas y las hojas amarillas no se cortan con tijera, porque el trocito de pecíolo que queda se pudre y contagia al tubérculo. Se retiran tirando con una ligera torsión, sujetando el pedúnculo lo más cerca posible de la base, hasta que se desprende entero con un chasquido limpio.
Retirarlas cumple dos funciones: evita focos de hongos y hace que la planta siga abriendo botones en vez de dedicar recursos a formar semilla. Bajo la mata de hojas suele haber decenas de botones esperando; conviene mirar ahí antes de dar una planta por acabada.
Abonado
Abono líquido para plantas de flor diluido en el agua de inmersión, cada dos o tres semanas mientras está en flor y creciendo. A la mitad de la dosis recomendada es más seguro que a la dosis completa. En cuanto empieza el amarilleo generalizado de final de temporada, se suspende.
Conservarlo de un año para otro
Un ciclamen no es una planta de usar y tirar. El tubérculo es perenne y puede vivir muchos años, engordando y dando cada vez más flores, siempre que se respete su reposo estival. El proceso es este.
Hacia abril o mayo, las hojas empiezan a amarillear en masa y la floración se acaba. No hay que combatirlo: es el ciclo normal. Se va reduciendo el riego progresivamente hasta suspenderlo del todo, y se retiran las hojas secas por torsión, como siempre. Cuando la planta se ha quedado sin parte aérea, la maceta se pone en un sitio fresco, aireado y a la sombra, y se deja completamente en seco durante el verano. Nada de riegos de mantenimiento: el tubérculo aguanta el verano seco, que es exactamente lo que hace en su hábitat.
A partir de septiembre se saca la maceta a un sitio luminoso y fresco y se empieza a regar poco a poco. Es buen momento para renovar el sustrato, dejando de nuevo el tubérculo con la corona asomando. Las hojas tardan varias semanas en aparecer y crecen despacio durante el otoño; cuando el crecimiento es evidente, se puede empezar a abonar. La floración llegará hacia el final del invierno.
Los ciclámenes de jardín
Además del de maceta hay especies rústicas que viven en el suelo del jardín y que en España funcionan muy bien en zonas de media montaña y en el norte. Cyclamen hederifolium florece a final de verano y en otoño, antes de sacar las hojas, y es de los más resistentes y fáciles de naturalizar bajo árboles caducifolios. Cyclamen coum florece en pleno invierno, con hojas redondeadas. Ambos aguantan heladas notables y prefieren una sombra ligera con suelo suelto y rico en materia orgánica que no se encharque en verano.
El género también tiene representación silvestre en España: Cyclamen balearicum vive en las Baleares y en zonas del este peninsular, y florece en primavera. Las poblaciones silvestres de ciclamen están protegidas y no se recolectan; los tubérculos de jardín se compran de cultivo.
Problemas frecuentes
Hojas y flores que se marchitan de golpe con el sustrato húmedo: podredumbre del tubérculo por exceso de agua o por mojar la corona. Es la causa de muerte más común y no tiene remedio una vez avanzada.
Manchas pardas con moho grisáceo en pétalos y hojas: Botrytis, favorecida por el ambiente cargado y sin ventilación. Se retiran las partes afectadas y se mejora la aireación.
Hojas nuevas deformadas, encogidas y con los bordes enrollados, y botones que no llegan a abrir: suele ser ácaro del ciclamen, un arácnido diminuto que no se ve a simple vista y que ataca los tejidos en formación en el centro de la mata.
Amarilleo general con la planta por lo demás firme: casi siempre exceso de calor. Si ocurre en diciembre en un salón, la solución es cambiarla de sitio.
Es una planta tóxica
Todo el ciclamen contiene saponinas, y el tubérculo es la parte más tóxica. La ingestión resulta peligrosa para personas y para animales domésticos, y el contacto repetido con la savia puede provocar irritación de la piel en personas sensibles. Conviene colocarlo fuera del alcance de niños pequeños y de mascotas, y lavarse las manos después de manipular el tubérculo al trasplantar. Ante una ingestión, la consulta es al médico o al veterinario.
En resumen
El ciclamen quiere frío, entre 12 y 16 grados, luz abundante sin sol directo fuerte, y riego por inmersión sin mojar nunca la corona del tubérculo, que además debe quedar asomando un tercio por encima del sustrato. Con eso florece de noviembre a marzo. En un salón con calefacción no dura, por muy bien que se riegue, y no aguanta las heladas pese a su fama de planta de frío.
Después de la floración no se tira: se reduce el riego hasta suspenderlo, se deja el tubérculo seco y fresco todo el verano y se reanuda el riego en septiembre con sustrato nuevo. Así vive muchos años y florece cada vez mejor. Y conviene recordar que es una planta tóxica por ingestión, sobre todo el tubérculo, de modo que su sitio no está al alcance de niños pequeños ni de mascotas.