Una bugambilia florece cuando pasa un poco de sed. Es la clave de esta planta y va en contra de todo lo que uno hace instintivamente con un ejemplar que quiere ver bonito: regarla con generosidad y abonarla a menudo produce una mata verde, vigorosa y sin una sola bráctea de color. El estrés hídrico moderado, en cambio, dispara la floración. Si la tuya no florece, la primera medida no es añadir nada, es quitar agua.

La planta es Bougainvillea, un género sudamericano de unas dieciocho especies de la familia Nyctaginaceae, procedente sobre todo de Brasil, Perú y el norte de Argentina. En España vive al aire libre en todo el litoral mediterráneo, en Andalucía, en Baleares y en Canarias, y en el resto del país solo en maceta con protección invernal. En Hispanoamérica se llama bugambilia o buganvilia; en España, más a menudo, buganvilla.

Bugambilia cubierta de bracteas moradas sobre un muro blanco

El color son brácteas, y siempre van de tres en tres

Esas piezas de color fucsia, naranja, blanco o rojo con textura de papel de seda no son pétalos. Son brácteas, hojas modificadas que han cambiado la clorofila por pigmentos y que rodean a las flores de verdad.

Acércate a un ramillete y cuenta. Verás tres brácteas dispuestas en triángulo, y en el centro de cada conjunto, tres flores diminutas: tubos estrechos de un par de centímetros, de color crema o blanco verdoso, que terminan en cinco lobulitos abiertos y de los que asoman los estambres. La proporción es siempre esa, tres y tres, y cada bráctea lleva una flor soldada a su nervio central. Cuando la gente dice que su buganvilla ha florecido de golpe, lo que ha ocurrido es que las brácteas han tomado color; las flores llevan ahí desde antes y duran pocos días.

El truco de trasladar el trabajo de atracción a una pieza que no es la flor lo usan bastantes plantas, cada una a su manera. La flor de alcatraz lo resuelve con una espata única y envolvente; la hortensia, con sépalos agrandados de flores estériles. La bugambilia lo hace con brácteas de tres en tres, y la ventaja es la misma en todos los casos: una hoja modificada aguanta semanas o meses, y una corola, días.

La familia de las flores de noche

Las Nyctaginaceae toman su nombre del griego nyx, noche, por el miembro más conocido de la familia en los jardines españoles: el dondiego de noche, Mirabilis jalapa, esa planta de flores tubulares que abren al atardecer, perfuman hasta el amanecer y se cierran con el sol.

El rasgo central de la familia sorprende: no tienen pétalos. Ninguno. Lo que en un dondiego de noche parece una corola de embudo es en realidad el cáliz, un solo verticilo de sépalos soldados que ha adoptado color y forma de corola. Lo mismo ocurre en la bugambilia: ese tubito crema de cinco lóbulos es cáliz, no corola.

El segundo rasgo es el fruto, llamado antocarpo. En lugar de desprenderse limpiamente, el fruto queda envuelto por la base endurecida del propio perianto, que lo acompaña y a menudo actúa como órgano de dispersión. En la bugambilia el antocarpo va además pegado a la bráctea seca, que hace de ala y se lleva la semilla con el viento.

La familia incluye también a las Boerhavia, hierbas de zonas áridas, y a los Pisonia, árboles tropicales cuyos frutos son tan pegajosos que llegan a atrapar aves pequeñas.

Por qué no florece, por orden de probabilidad

1. Riego excesivo. Ya lo hemos dicho y es la causa dominante. Una bugambilia con el sustrato permanentemente húmedo produce brotes largos y hojas grandes y no colorea.

2. Abono con demasiado nitrógeno. El segundo motor del follaje a costa de la flor. Necesita un abono con fósforo y potasio altos y nitrógeno bajo, aplicado cada tres semanas de marzo a septiembre.

3. Falta de sol. Seis horas de sol directo es el mínimo, y ocho es mejor. En semisombra vegeta.

4. Maceta demasiado grande. Es de las pocas plantas que florecen mejor con las raíces apretadas. Un cambio a un tiesto muy amplio provoca dos temporadas de crecimiento vegetativo sin color.

5. Poda a destiempo. Florece en los brotes nuevos, así que una poda severa en plena temporada retrasa la floración varias semanas.

6. Fotoperiodo. Muchos cultivares responden al acortamiento de los días, y por eso las dos grandes explosiones de color caen en primavera y en otoño, con una pausa relativa en pleno verano. Si la tuya se toma un descanso en julio y agosto, no le pasa nada.

Cómo regarla exactamente

El método que funciona consiste en esperar a que las hojas empiecen a perder turgencia, no a que la planta se desplome, y entonces regar a fondo hasta que salga agua por el drenaje. Después, nada hasta que se repita la señal. En una maceta de tamaño medio a pleno sol en agosto eso puede ser cada tres o cuatro días; en primavera, cada ocho o diez; en invierno, casi nunca.

Plantada en suelo y ya establecida, en el litoral mediterráneo, se puede dejar prácticamente sin riego: un ejemplar adulto en un patio andaluz encuentra agua por su cuenta y florece más que uno regado.

Lo que sí conviene es no cambiar de régimen de golpe. Un ciclo de sequía severa seguido de un riego abundante hace que la planta tire las hojas y las brácteas de una vez. Y en el suelo, drenaje: prefiere terrenos pobres, pedregosos y hasta calizos antes que uno rico y húmedo.

La raíz frágil: por qué se muere después de trasplantarla

La bugambilia tiene un sistema radicular escaso, poco ramificado y extremadamente quebradizo, con raíces que se parten al menor tirón y que además cicatrizan mal. Es la razón por la que tantos ejemplares recién comprados se secan a las tres semanas de llegar a casa.

El trasplante se hace con una regla absoluta: no se toca el cepellón. Nada de deshacerlo, ni de aflojar las raíces del exterior, ni de recortar nada, gestos que con casi cualquier otra planta serían correctos. Si el tiesto original es de plástico, lo más seguro es cortarlo con unas tijeras en lugar de tirar de la planta. Se coloca el cepellón entero en el hoyo nuevo, se rellena alrededor y se riega una vez.

El momento bueno es la primavera, con la planta en crecimiento activo. Y después del trasplante hay que contar con dos o tres semanas de parón e incluso con alguna caída de hojas, que no significa que se esté muriendo.

No es una trepadora: hay que atarla

Conviene aclararlo porque se vende y se planta como si lo fuera. La bugambilia no tiene zarcillos, ni raíces adventicias, ni tallos volubles que giren alrededor de un soporte. Lo que tiene son espinas axilares curvas, y su estrategia natural es apoyarse y engancharse en la vegetación circundante mientras crece hacia arriba, empujando.

La consecuencia práctica es que no va a subir sola por una pared ni por una pérgola. Necesita una estructura (alambres, celosía, tensores) y ataduras periódicas de los brotes principales durante los primeros años. Una vez formada la estructura leñosa, se sostiene sola. Puedes ver cómo funcionan los distintos mecanismos en cómo se agarran las trepadoras.

Poda: después de cada tanda de color

El calendario es sencillo si se entiende que la flor sale en los brotes nuevos. Después de cada floración, cuando las brácteas se han secado, se recortan los brotes que han florecido a un tercio de su longitud. Eso provoca brotación nueva y, con ella, la tanda siguiente.

Aparte de eso, una poda de estructura a finales de invierno, en febrero, para definir las ramas principales, eliminar madera muerta y aclarar el interior. Tolera podas muy severas y rebrota de madera vieja, así que un ejemplar descontrolado se puede recuperar.

Guantes gruesos y gafas, siempre. Y ten en cuenta que las brácteas secas caen en cantidad y se pegan a todo: no es la planta ideal justo encima de una piscina. Hay más criterio general en poda de plantas trepadoras.

Frío: hasta dónde llega en España

Empieza a sufrir por debajo de 5 grados, pierde las hojas alrededor de 0 y una helada de 2 o 3 grados bajo cero le quema toda la parte aérea. Los ejemplares adultos y bien establecidos en suelo rebrotan desde la base tras heladas puntuales de hasta unos 4 bajo cero, siempre que el suelo no se hiele; los jóvenes no.

Eso la sitúa al aire libre en la costa mediterránea desde Girona hacia el sur, en el valle del Guadalquivir, en Murcia, en Baleares y en toda Canarias. En Madrid, Castilla o el norte, maceta con invernada en galería fresca y luminosa, con riego casi nulo entre noviembre y marzo, momento en el que suele quedarse sin hojas: es lo normal y no hay que hacer nada.

Las variedades de hoja variegada, tipo 'Raspberry Ice' o 'Sanderiana Variegata', son bastante más sensibles al frío y menos vigorosas que las de hoja verde.

Esquejes

No es la planta más agradecida en este apartado, pero se consigue. Se toman esquejes semileñosos de 15 a 20 centímetros en junio o julio, de brotes que ya hayan florecido y estén empezando a endurecer, con dos o tres nudos. Se deshojan salvo un par de hojas superiores, se moja la base en hormona de enraizamiento y se plantan en una mezcla de arena y perlita.

Lo que marca la diferencia es el calor de fondo: con el sustrato a 25 grados, mediante un propagador o simplemente colocando la bandeja en el sitio más cálido disponible, enraízan en cuatro a ocho semanas. Sin ese calor, la tasa de éxito baja mucho. También funciona el acodo aéreo sobre ramas de dos años, con menos margen de error.

Las espinas: una advertencia concreta

Las espinas de la bugambilia son duras, curvas y capaces de perforar la piel a bastante profundidad, y merecen algo más de respeto del que suelen recibir. Los pinchazos profundos, sobre todo en manos, dedos y rodillas, pueden dejar dentro fragmentos vegetales y provocar reacciones inflamatorias persistentes, con nódulos y dolor articular que tardan semanas en resolverse y que a veces requieren extracción quirúrgica del resto.

No es habitual, pero está descrito en la literatura médica lo suficiente como para justificar guantes de cuero al podar y limpieza cuidadosa de cualquier pinchazo profundo. La savia, además, produce dermatitis de contacto en personas sensibles.

Quién la llevó a Europa

El género lleva el nombre de Louis Antoine de Bougainville, el militar y navegante que dirigió la primera circunnavegación francesa entre 1766 y 1769. Pero él no recogió la planta.

El naturalista de la expedición era Philibert Commerson, que iba acompañado de su ayudante Jean Baret. La historia, que salió a la luz durante el propio viaje, es que Jean Baret era Jeanne Baret, que se había enrolado vestida de hombre porque las mujeres tenían prohibido embarcar en los buques de la Armada francesa. Terminó dando la vuelta al mundo, en la práctica la primera mujer que lo hizo, y fue con toda probabilidad quien recolectó en Río de Janeiro, en 1767, los ejemplares de la planta que hoy lleva el apellido del capitán.

En resumen

La bugambilia florece con sol abundante, suelo pobre, poco nitrógeno, maceta ajustada y sed moderada: se riega cuando las hojas empiezan a perder turgencia y no antes. Lo que colorea son brácteas, siempre de tres en tres, cada una con una flor tubular crema soldada al nervio, y toda su familia, la de los dondiegos de noche, carece de pétalos verdaderos. Su raíz es tan frágil que el trasplante se hace sin tocar el cepellón, cortando la maceta si hace falta. No trepa sola: hay espinas, no zarcillos, y hay que atarla. Se poda después de cada tanda de color, porque florece en madera nueva. Aguanta al aire libre en el litoral mediterráneo, Andalucía, Baleares y Canarias, y sus espinas merecen guantes de cuero y atención si el pinchazo es profundo.


Contenidos relacionados