Hay dos calas y se cuidan casi al revés la una de la otra. La blanca, Zantedeschia aethiopica, es rizomatosa, mantiene la hoja casi todo el año, quiere el pie húmedo de forma permanente y aguanta heladas suaves. Las de color (amarillas, rosas, naranjas, granates, casi negras) salen de un tubérculo, pierden toda la parte aérea en otoño y necesitan pasar el invierno secas o se pudren. Regar unas y otras igual es el motivo de nueve de cada diez fracasos con esta planta.

Ambas pertenecen al género Zantedeschia, de la familia de las aráceas, y las ocho especies del género son originarias del sur y el este de África, no de América, pese a que el nombre de alcatraz sea mexicano. En España se conocen como calas o lirios de agua; en Sudamérica, como cartuchos. No son lirios ni tienen relación con las liliáceas.

Flor de alcatraz blanca con su espata enrollada y el espadice amarillo en el centro

Cómo saber cuál de las dos tienes

Cala blanca (Z. aethiopica)Calas de color (híbridas)
Órgano subterráneoRizoma grueso y carnosoTubérculo aplanado con yemas
HojaGrande, sagitada, verde uniforme y brillanteMás estrecha, con puntos blancos translúcidos
CicloPerenne o semiperenne, reposo en veranoCaduca, reposo total en invierno
AguaSuelo húmedo constante, tolera 15 cm de agua encimaRiego moderado en crecimiento, seco en reposo
FríoResiste hasta unos 8 o 10 grados bajo cero acolchadaSe pierde por debajo de 5 grados
Floración en EspañaDe febrero a junioDe junio a septiembre
Altura80 a 120 cm35 a 70 cm

El atajo para identificarla sin desenterrar nada está en la hoja. Si tiene manchitas blancas repartidas por el limbo, como salpicaduras de lejía que dejan pasar la luz, es del grupo de color y tiene tubérculo. Si el verde es liso y uniforme, es la blanca.

Lo que parece la flor no es la flor

Ese embudo blanco enrollado no es un pétalo ni una corola. Es una espata, es decir, una hoja modificada que envuelve y protege la inflorescencia. Las flores verdaderas son las que forman el cilindro amarillo del centro, el espádice, y son diminutas, sin pétalos, apretadas por decenas.

El conjunto espata más espádice es la marca de fábrica de las aráceas y se repite en toda la familia con variaciones de tamaño y color. El anturio lo tiene en rojo charol con el espádice torcido. El lirio de paz lo tiene en blanco mate y más pequeño; puedes comparar con nuestra ficha de cuidados del lirio de paz. El potos y el filodendro lo tienen también, aunque en interior rara vez florecen. Y el aro, Arum italicum, lo saca en cualquier cuneta española en primavera.

En Zantedeschia el espádice lleva las flores femeninas en la base y las masculinas por encima, separadas en el tiempo: primero son receptivas las de abajo y después sueltan polen las de arriba, un desfase que evita la autofecundación. Muchas aráceas tropicales añaden a esto un mecanismo espectacular, la termogénesis, calentando el espádice varios grados por encima del ambiente para volatilizar olores y atraer insectos; el género africano no llega a tanto, pero la arquitectura floral es la misma.

La otra herencia familiar es menos vistosa y más importante para quien tiene niños o animales: todas las aráceas cargan sus tejidos de rafidios, agujas microscópicas de oxalato cálcico. Volveremos a ello.

Cala blanca: la que quiere los pies mojados

Zantedeschia aethiopica crece en su tierra de origen en vaguadas, bordes de arroyo y prados inundados que se secan en verano. Ese ciclo explica su comportamiento: crece con las lluvias, florece a la salida del invierno y se retira cuando llega el calor seco.

En la España atlántica, de Galicia a Cantabria, está tan cómoda que se ha naturalizado en cunetas y regatos, y ahí no necesita cuidado ninguno. En el resto del país pide un rincón que no se seque: borde de estanque, zona de goteo, un macetón sin agujero de drenaje o un tiesto normal con plato siempre lleno, que es una de las poquísimas plantas de jardín a las que eso le sienta bien. Tolera incluso vivir sumergida hasta 15 centímetros por encima del rizoma, plantada como marginal en un estanque.

Luz: sol pleno en el norte, sombra ligera en el sur peninsular, donde el sol de julio le quema los bordes de la hoja. En sombra densa vive pero da la mitad de flores. Frío: acolchada con 10 centímetros de mantillo aguanta heladas de hasta unos 8 o 10 grados bajo cero; pierde la hoja y rebrota. Sin acolchado, en Castilla, hay que levantar el rizoma o cultivarla en maceta y meterla a cubierto.

Después de la floración, hacia junio, la planta entra en un reposo parcial: las hojas se afean y se pueden retirar las que amarilleen. Es el momento de dividir el rizoma, cortando trozos con al menos dos yemas y dejando secar el corte unas horas antes de replantar.

Calas de color: el tubérculo manda

Las variedades amarillas, rosas, naranjas y oscuras descienden de un grupo distinto de especies (Z. elliottiana, Z. rehmannii, Z. albomaculata y sus cruces) que viven en zonas de verano lluvioso e invierno seco. De ahí que su ciclo esté invertido respecto a la blanca y que la humedad invernal les resulte letal.

Se plantan en primavera, a partir de que las heladas hayan pasado, normalmente entre marzo y abril en la mitad sur y en abril o mayo en el interior norte. El tubérculo va a 5 u 8 centímetros de profundidad, con las yemas hacia arriba, en sustrato ligero y bien aireado. Brotan en tres o cuatro semanas y florecen entre ocho y doce semanas después de la plantación.

Durante el crecimiento se riegan cuando la superficie está seca, sin encharcar nunca, y se abona cada quince días con un fertilizante bajo en nitrógeno. En septiembre, cuando las hojas empiezan a amarillear, se corta el riego por completo. En octubre se levantan los tubérculos, se limpian sin agua, se dejan orear una semana en un sitio ventilado y se guardan en un cajón con serrín o turba seca a 12-15 grados hasta la primavera siguiente. En el litoral mediterráneo se pueden dejar en tierra si el arriate no se riega en invierno; en cualquier otro sitio, levantarlos es lo que garantiza que haya cala el año siguiente.

Por qué tu cala no florece

El abono es la causa número uno, y siempre en el mismo sentido: exceso de nitrógeno. La cala responde al nitrógeno con hojas enormes y ninguna espata. Si estás usando un abono universal, cámbialo por uno de floración con el potasio alto.

La segunda causa es el tamaño del órgano subterráneo. Un tubérculo de menos de 4 centímetros de diámetro no tiene reservas para florecer, y un rizoma partido en trozos demasiado pequeños tarda dos años en recuperarse. Al comprar, el calibre importa más que el precio.

La tercera, en las de color, es la falta de reposo. Un tubérculo que ha pasado el invierno tibio y con algo de humedad no acumula la señal de arranque y brota flojo. La quinta parte del éxito con las calas de colores está en el cajón donde pasan el invierno.

La cuarta es la luz. Menos de cuatro horas de luz directa o muy filtrada al día y la planta se limita a mantenerse. Y la quinta, en matas de cala blanca con muchos años, es simple hacinamiento: cuando el rizoma ha llenado todo el hueco disponible, deja de florecer y hay que dividir.

La podredumbre blanda, la enfermedad que arrasa las calas de color

Una cala híbrida que un día está perfecta y a los tres días se desploma con los pecíolos convertidos en pulpa maloliente tiene podredumbre blanda bacteriana, causada por Pectobacterium carotovorum (el viejo Erwinia). No hay tratamiento curativo doméstico y la planta se pierde en cuestión de días.

Todo lo que se puede hacer es prevención, y es bastante eficaz. No plantar el tubérculo en suelo frío y húmedo, esperar a que la tierra pase de 15 grados. No mojar el cuello de la planta al regar. No dañar el tubérculo al manipularlo, porque la bacteria entra por heridas. Retirar y tirar (nunca al compost) cualquier ejemplar afectado junto con la tierra de su cepellón. Y no replantar calas en ese mismo punto del arriate durante un par de temporadas.

La cala blanca es notablemente más resistente a este problema, lo que sumado a su rusticidad explica que sea la que se ve asilvestrada en el norte y la que nunca da guerra.

Toxicidad: los rafidios y por qué queman

Todas las partes de la planta contienen oxalato cálcico en forma de rafidios, cristales aciculares agrupados en haces dentro de células especializadas. Al morder el tejido, esas células se descargan como pequeñas jeringuillas y clavan miles de agujas microscópicas en la mucosa. El efecto es inmediato: ardor intenso en labios y lengua, hinchazón, babeo abundante y dificultad para tragar. En casos graves la inflamación de la garganta puede comprometer la respiración.

En perros y gatos el cuadro es el mismo, y suele bastar con que muerdan una hoja. Como el dolor es inmediato, rara vez ingieren cantidad suficiente para un cuadro sistémico, pero la irritación bucal requiere atención veterinaria. Tenemos un repaso más amplio en plantas tóxicas para perros.

Para quien manipula la planta, la savia produce dermatitis irritativa con enrojecimiento y picor persistente, sobre todo al dividir rizomas. Guantes y no frotarse los ojos después.

La cala cortada: cómo hacer que dure

Una cala bien cortada dura entre siete y catorce días en jarrón, bastante más que la mayoría de las flores de temporada. El corte se hace cuando la espata ya se ha desenrollado pero el espádice todavía no ha soltado polen: en ese punto tiene toda su vida por delante.

El tallo de la cala es hueco y carnoso y se pudre con facilidad, así que el jarrón lleva poca agua, entre 5 y 8 centímetros, y se cambia cada dos días. No conviene aplastar ni rajar la base del tallo, como se hace con los leñosos, porque acelera la descomposición. Un truco de floristería consiste en pinchar el tallo con un alfiler justo por debajo de la flor para dejar salir el aire retenido y evitar que la espata se doble.

De dónde viene el nombre y por qué no es un lirio

El género fue dedicado a Giovanni Zantedeschi, médico y botánico italiano del siglo XIX. El nombre popular de cala procede del griego kallos, belleza, y arrastra una confusión antigua: existe un género Calla, con una sola especie europea, Calla palustris, que es otra planta acuática de la misma familia pero distinta. Llamar cala a la Zantedeschia es un uso consolidado, aunque técnicamente impreciso.

En México se impuso alcatraz, y la explicación más aceptada es la semejanza de la espata con el buche del ave del mismo nombre. En España conviven cala y lirio de agua, este último especialmente desafortunado porque también se aplica a plantas del género Iris que no tienen nada que ver. Puedes ver otras fichas relacionadas en cómo cuidar las calas y en calas para el jardín.

Entre los cultivares que se encuentran con facilidad en España, 'Crowborough' es la selección de cala blanca más resistente al frío, 'Green Goddess' tiene la espata veteada de verde, 'Schwarzwalder' es la granate casi negra más difundida y 'Picasso' combina blanco exterior con la garganta púrpura.

En resumen

Con el nombre de cala o flor de alcatraz se venden dos plantas de manejo opuesto. La blanca, Zantedeschia aethiopica, tiene rizoma, quiere humedad permanente, florece de febrero a junio y aguanta heladas moderadas si se acolcha. Las de color salen de tubérculo, se plantan en primavera a 5-8 centímetros, florecen en verano y exigen un invierno seco fuera de la tierra o se las lleva la podredumbre blanda. Lo que parece la flor es una espata, una hoja modificada que envuelve el espádice amarillo donde están las flores de verdad, y esa arquitectura es la firma de las aráceas. Toda la planta contiene rafidios de oxalato cálcico que queman la boca, así que conviene situarla fuera del alcance de niños y mascotas. Y si no florece, el sospechoso habitual es el abono con demasiado nitrógeno.


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