¿Rizoma o tubérculo? De responder a esa pregunta depende todo lo demás, mucho antes que el riego o el abono. Bajo el nombre de "cala" se venden dos plantas con exigencias opuestas, y aplicar a una los cuidados de la otra acaba en un rizoma podrido o en una mata que no florece nunca. Ahí está la explicación de que una planta que todo el mundo cree conocer se pierda con una frecuencia sorprendente.

Calas blancas en flor

Las dos calas que se venden como una sola

Todas pertenecen al género Zantedeschia, de la familia de las aráceas, originario del sur y el este de África. Pero se dividen en dos grupos muy distintos.

La cala blanca o lirio de agua (Zantedeschia aethiopica) es la clásica de espata blanca grande y hoja sagitada de un verde brillante. Tiene rizoma, es perenne, mantiene la hoja todo el año en clima suave y procede de zonas encharcadas de Sudáfrica: crece en cunetas, bordes de arroyo y suelos que se inundan en la estación húmeda. Es rústica, tolera bastante frío y quiere agua en abundancia.

Las calas de color (híbridos derivados sobre todo de Zantedeschia rehmannii, Zantedeschia elliottiana y Zantedeschia albomaculata) son las amarillas, rosas, naranjas, granates o casi negras, de mata más baja, hoja más estrecha y a menudo moteada de blanco. Tienen tubérculo, no rizoma, proceden de zonas de verano lluvioso e invierno seco, y son estacionales: brotan, florecen y desaparecen bajo tierra. Son sensibles al frío y, sobre todo, al exceso de agua.

La confusión entre ambas explica el error más habitual del cultivo de calas: regar un tubérculo de híbrido de color como si fuera un lirio de agua. El resultado es podredumbre en pocas semanas.

Un apunte sobre la flor y el aroma

Lo que llamamos flor no lo es. La parte vistosa es una espata, una bráctea modificada que envuelve al espádice, el cilindro central amarillo donde se agrupan las flores verdaderas, diminutas y sin pétalos. Saberlo tiene una consecuencia práctica: la espata dura semanas y se mantiene decorativa mucho después de que las flores reales estén polinizadas.

Conviene rebajar también una expectativa que se repite mucho. La cala no es una planta de aroma potente. Zantedeschia aethiopica tiene un perfume suave, ligeramente dulce, perceptible de cerca y sobre todo por la mañana. Los híbridos de color son en general inodoros. Si buscas una planta que perfume una terraza, esta no es.

Luz y ubicación

La cala blanca acepta sol directo en el norte de España, donde la insolación es moderada y la humedad alta, siempre que no le falte agua. En el centro y el sur peninsular, en cambio, el sol de la tarde de junio a septiembre le quema los bordes de la hoja y agosta las espatas: allí quiere sol de mañana y sombra a partir del mediodía, o media sombra luminosa todo el día. Un lugar clásico y acertado es la cara norte o este de la casa, o bajo la copa alta de un árbol caduco.

Los híbridos de color piden más luz que la blanca para dar buen color: pleno sol en zonas templadas, y en el interior cálido sol de mañana con protección en las horas centrales. Con poca luz alargan los pecíolos, se desmadejan y florecen mal.

Ambas agradecen resguardo del viento fuerte, porque el pecíolo largo y la hoja ancha se quiebran con facilidad.

Riego: aquí se separan los caminos

Zantedeschia aethiopica quiere el suelo constantemente húmedo durante todo el periodo de crecimiento y floración, de otoño a comienzos del verano. Admite incluso el cultivo semiacuático: plantada en cesta en el borde de un estanque, con 5-15 cm de agua sobre la corona, vive perfectamente y florece mejor que en tierra seca. En maceta se riega a fondo en cuanto los 2-3 cm superficiales pierden humedad, y es de las pocas plantas ornamentales a las que no perjudica dejar algo de agua en el plato mientras está en crecimiento activo.

Los híbridos de color funcionan al revés. Durante el crecimiento quieren humedad regular pero nunca encharcamiento. Un tubérculo en sustrato saturado es candidato directo a la podredumbre bacteriana. Se riega cuando el sustrato se ha secado en su tercio superior, sin plato con agua, y se reduce progresivamente cuando la mata empieza a amarillear a final de verano hasta suprimir el riego por completo en el reposo.

Con el agua conviene además tener en cuenta que a la cala le sienta mal el agua muy calcárea, habitual en buena parte de España: con el tiempo alcaliniza el sustrato y bloquea el hierro, y se ve en hojas nuevas amarillas con nervios verdes. Regar de vez en cuando con agua de lluvia, o corregir con un quelato de hierro, resuelve el problema.

Suelo y sustrato

Las calas quieren suelo rico en materia orgánica y ligeramente ácido a neutro, con un pH entre 5,5 y 6,5. La blanca es tolerante y prospera incluso en suelos arcillosos pesados que otras plantas no soportan, precisamente por su origen palustre.

Para maceta, una mezcla que funciona bien es turba o fibra de coco, compost maduro y perlita a partes aproximadamente iguales. Para los híbridos de color sube la proporción de material drenante hasta un 30-40 % del volumen, con perlita o arena gruesa lavada. En el jardín, incorpora al hoyo de plantación una buena dosis de compost o estiércol bien hecho.

Plantación y trasplante

Cala blanca: se plantan los rizomas en otoño, de octubre a noviembre en zonas de invierno suave, o a finales de invierno en zonas frías. Profundidad de 8-10 cm y separación de 30-40 cm entre plantas, porque acaba formando matas anchas. En maceta, un ejemplar adulto necesita al menos 25-30 cm de diámetro.

Híbridos de color: los tubérculos se plantan en primavera, una vez pasado el riesgo de heladas, de marzo a abril según zona, con el brote hacia arriba, a 5-8 cm de profundidad y separados unos 20-25 cm. Desde la plantación hasta la floración pasan de 8 a 12 semanas, así que un escalonamiento de plantaciones cada quince días alarga la floración durante todo el verano.

Un detalle útil: la cala florece mejor ligeramente estrecha en la maceta. Un trasplante a un recipiente muy grande da dos años de hojas espléndidas y ninguna flor. Cambia de maceta cada dos o tres años, subiendo un solo tamaño.

Abonado: menos nitrógeno del que crees

Este es el segundo gran error de los aficionados. La cala responde al nitrógeno con un follaje enorme y espectacular, y con muy pocas flores. Para que florezca hay que bajar el nitrógeno y subir el potasio.

En la práctica, durante el periodo de crecimiento y prefloración se aplica cada 15 días un fertilizante líquido rico en potasio (los que se venden para tomate o para geranios sirven perfectamente), a la dosis indicada en el envase o algo por debajo. Como alternativa, un abono de liberación lenta al inicio de la temporada. Se suspende el abonado en cuanto la planta entra en reposo, y no se abona nunca un tubérculo recién plantado que aún no ha emitido raíces.

El estiércol muy fresco es mala idea en calas: aporta demasiado nitrógeno y aumenta el riesgo de podredumbre en el rizoma.

El reposo: en verano una, en invierno las otras

Este punto genera más llamadas de socorro que ningún otro, porque una planta que amarillea parece una planta enferma y muchas veces solo está haciendo lo que le toca.

La cala blanca, en el interior cálido de España, tiende a un reposo estival: tras florecer en primavera, con el calor seco de julio y agosto amarillea y puede perder toda la hoja. No está muriéndose. Se reduce el riego, se deja tranquila y en cuanto llegan las lluvias de septiembre-octubre rebrota con fuerza. En Galicia, la cornisa cantábrica o el litoral mediterráneo húmedo suele mantener la hoja todo el año.

Los híbridos de color tienen reposo invernal obligatorio. A partir de septiembre amarillean; entonces se corta el riego, se deja secar el follaje y se retira. En zonas sin heladas pueden quedarse en el suelo cubiertos con un buen acolchado y en seco. Donde hiela hay que desenterrar los tubérculos, dejarlos orear unos días a la sombra, limpiarles la tierra y guardarlos en una caja con turba seca o serrín, en un lugar oscuro y ventilado entre 10 y 15 °C, hasta la primavera siguiente. Sin ese periodo seco y frío, la floración del año siguiente es pobre.

Frío: cuánto aguanta cada una

Zantedeschia aethiopica resiste heladas ligeras, del orden de -5 °C, sobre todo si el rizoma está bien enterrado y cubierto con 10 cm de acolchado de hojas o corteza. Puede perder toda la parte aérea y rebrotar desde el rizoma en primavera. En la mitad norte peninsular se cultiva sin problema al aire libre con esa protección.

Los híbridos de color son bastante más delicados: por debajo de 5 °C sufren y una helada arruina el tubérculo. Fuera del litoral mediterráneo y del sur, se cultivan como bulbo de verano y se recogen.

Multiplicación

Lo práctico es la división. En la cala blanca se hace al final del reposo estival, en septiembre, separando con las manos o con un cuchillo limpio los rizomas laterales, cada uno con al menos una yema visible. En los híbridos de color, en primavera al sacarlos del almacenamiento, cortando el tubérculo en trozos con dos o tres yemas cada uno. En este segundo caso, deja secar los cortes 24-48 horas al aire antes de plantar, o espolvoréalos con azufre; plantar un corte fresco en sustrato húmedo es la vía directa a la podredumbre.

La multiplicación por semilla es posible pero lenta: hasta tres años hasta la primera floración, y en los híbridos la descendencia no reproduce el color de la madre.

Detalle de la espata y el espádice de una cala

Plagas y enfermedades

Podredumbre blanda (Pectobacterium carotovorum, antes Erwinia carotovora). Es la enfermedad más grave y la principal causa de muerte de los híbridos de color. El rizoma se vuelve blando, acuoso y con un olor desagradable inconfundible. No tiene cura: se elimina el material afectado y no se replanta en el mismo sitio. Se previene evitando encharcamientos, no hiriendo el tubérculo al manipularlo, curando los cortes y no abonando en exceso con nitrógeno.

Podredumbre de raíz por Pythium y Phytophthora. Misma causa de fondo: sustrato saturado y mal drenaje.

Botritis (Botrytis cinerea). Moho gris sobre espatas y hojas en primaveras húmedas y frías. Retira las espatas marchitas antes de que se pudran sobre la planta y mejora la ventilación entre matas.

Pulgón. Se instala en el cogollo y en los pecíolos tiernos. Más allá del daño directo, importa porque transmite virus, en particular el del mosaico del dasheen, que deja rayas y manchas cloróticas en las hojas y no tiene tratamiento: la planta afectada se descarta. Vigila y trata pronto con jabón potásico.

Araña roja y trips. Aparecen en ambiente seco y caluroso, sobre todo en plantas en maceta contra una pared soleada. Aumentar la humedad ambiental y refrescar el follaje los frena.

Caracoles y babosas. Devoran hojas tiernas y espatas recién abiertas, y en un jardín húmedo son el enemigo más constante de la cala blanca.

Por qué no florece

Las causas, por orden de frecuencia:

Exceso de nitrógeno. Mucha hoja, ninguna espata. Cambia a un abono rico en potasio.

Poca luz. Sobre todo en los híbridos de color, que necesitan más sol del que la gente les da.

Falta de reposo. Un híbrido de color que se riega todo el invierno y nunca se seca acaba agotándose y dejando de florecer.

Tubérculo o rizoma demasiado joven o demasiado pequeño. Necesitan tamaño para florecer; una división muy troceada tarda un año o dos en recuperarse.

Sequía en plena formación de la flor. En la cala blanca, un periodo seco en primavera aborta las espatas antes de que se vean.

Mata demasiado apelotonada. Cuando una mata lleva cinco o seis años sin dividirse, compite consigo misma. Dividirla la relanza.

Cala como flor cortada

Es una de las mejores flores de corte que existen, con una duración en jarrón de una a dos semanas. En Zantedeschia aethiopica el gesto correcto no es cortar el tallo, sino tirar de él con un giro seco desde la base: sale limpio y la planta cicatriza mejor que con un corte que deja un tocón propenso a pudrirse. Cámbiale el agua cada dos días y recorta un centímetro de la base cada vez.

Toxicidad: una advertencia necesaria

Toda la planta contiene cristales de oxalato de calcio, como el resto de las aráceas. La savia irrita la piel sensible, y la ingestión de cualquier parte produce ardor intenso en boca y garganta, inflamación, salivación y vómitos. Es tóxica para perros, gatos y niños pequeños. No es una planta letal, pero sí genuinamente molesta y peligrosa para mascotas que mordisquean hojas. Colócala fuera de su alcance y usa guantes al dividir rizomas si tienes la piel reactiva.

Una responsabilidad más

Merece la pena saber que Zantedeschia aethiopica se ha naturalizado y se comporta como invasora en zonas húmedas del norte peninsular y de Portugal, colonizando riberas y desplazando vegetación autóctona. Si vives en Galicia, Asturias o Cantabria, no tires nunca restos de división ni rizomas en un descampado, un arroyo o el monte. Al contenedor o al compost cerrado.

En resumen

Lo primero es identificar qué cala tienes. Si es la blanca, Zantedeschia aethiopica, trátala como lo que es: una planta de zona húmeda. Media sombra en el sur, sol en el norte, suelo rico, riego generoso de otoño a primavera, tolerancia a -5 °C con acolchado y un reposo estival en verano seco que no debe asustarte. Los rizomas se plantan en otoño y se dividen en septiembre.

Si son híbridos de color, cámbialo casi todo: más luz, sustrato muy drenante, riego moderado sin plato con agua, plantación de los tubérculos en primavera tras las heladas, y un reposo invernal en seco entre 10 y 15 °C que es obligatorio si quieres flores al año siguiente.

Para ambas, la regla que más flores da es abonar con poco nitrógeno y bastante potasio y no cambiarlas a macetas desproporcionadas. Vigila el pulgón por los virus que transmite, evita a toda costa el encharcamiento por la podredumbre blanda, y recuerda que es una planta tóxica por ingestión. Con eso, la cala es una de las plantas más agradecidas y duraderas que puedes tener en un jardín español.


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