Una glicinia a la que nadie toca las tijeras acaba dando una masa de hoja preciosa y cuatro racimos escondidos arriba del todo. No es que le falte abono ni sol: es que toda la energía se ha ido a fabricar metros de sarmiento nuevo, y la flor de las trepadoras casi siempre sale de brotes cortos, no de latigazos de tres metros. Podar una trepadora no consiste en recortarla porque se ha salido de la pérgola. Consiste en decidir qué madera queda y de qué edad es esa madera.

Primero hay que saber cómo trepa

El sistema de agarre condiciona dónde se puede plantar, cómo se conduce y qué pasa cuando hay que quitarla de la pared.

Volubles. El tallo se enrosca sobre el soporte: glicinia (Wisteria sinensis, W. floribunda), madreselva (Lonicera), jazmín común (Jasminum officinale), Ipomoea, Akebia. Necesitan algo delgado alrededor de lo que girar: alambre, cuerda, varilla. Sobre un muro liso no suben. Y estrangulan lo que abrazan: una glicinia enroscada en un canalón de aluminio lo abolla en pocos años, y sobre el tronco de un árbol joven lo estrangula sin remedio.

De zarcillos. Vid ornamental (Vitis), pasionaria (Passiflora caerulea), clemátides (que enroscan el pecíolo de la hoja), guisante de olor. Requieren malla o alambrada de paso pequeño; un tubo grueso no lo agarran.

Adherentes. Hiedra (Hedera helix) y trepadora de higuera (Ficus pumila) con raíces adventicias; parra virgen y viña japonesa (Parthenocissus quinquefolia, P. tricuspidata) con discos adhesivos en los zarcillos. Suben solas por cualquier superficie rugosa. La creencia de que la hiedra come el ladrillo merece un matiz: sobre un revoco sano y bien ejecutado se sostiene sin romperlo, pero se cuela en cualquier fisura que ya exista, la ensancha, levanta tejas por el alero y ciega canalones. Sobre monocapa viejo o juntas de mortero degradadas es mala idea.

Sarmentosas o apoyantes. Los rosales trepadores y sarmentosos, la buganvilla (Bougainvillea), el jazmín de invierno (Jasminum nudiflorum). No se agarran a nada: se apoyan y hay que atarlas. Toda la conducción es trabajo de quien poda.

Madera del año o madera vieja

Antes de cortar, una sola pregunta: ¿esta planta florece sobre madera del año o sobre madera del año pasado?

Si florece sobre brotes del año en curso —buganvilla, pasionaria, Campsis radicans, Plumbago auriculata, Solanum laxum, clemátides de floración tardía, rosales trepadores reflorecientes— se poda a finales de invierno, antes de que arranque. Cuanto más se estimule el brote nuevo, más flor.

Si florece sobre madera formada el verano anteriorClematis montana, C. armandii, Jasminum nudiflorum, Lonicera periclymenum, rosales sarmentosos de una sola floración— se poda justo después de florecer. Una tijera en febrero sobre una Clematis montana se lleva por delante toda la floración de abril, y encima el jardinero concluye que la planta está enferma.

La glicinia va aparte y se explica más abajo, porque tiene su propio calendario.

Trepadora conducida sobre soporte, con los sarmientos atados en horizontal

Poda de formación: los tres primeros años deciden el resto

Una trepadora recién plantada tiende a lanzar dos o tres guías hacia arriba y dejar la base pelada. Diez años después esa base pelada ya no se arregla, porque en la madera vieja de muchas trepadoras quedan pocas yemas latentes.

El primer invierno conviene ser bastante drástico: recortar los brotes principales a 30-45 cm para obligar a que salgan varios tallos desde abajo. Duele hacerlo, pero es la única ocasión de repartir la planta por todo el soporte.

Después, la conducción. Un sarmiento tumbado en horizontal florece mucho más que el mismo sarmiento en vertical: la dominancia apical se rompe y las yemas laterales, en vez de quedarse dormidas, brotan y dan ramillos florales. Es el motivo de que un rosal trepador atado en abanico o en horizontal sobre una valla se llene de flor desde abajo, y el mismo rosal amarrado recto a un poste florezca solo en la punta. Se ata con material blando (rafia, tubo de goma, cinta de árboles) y en forma de ocho, dejando holgura: el alambre desnudo acaba clavado en la corteza.

Especie por especie

Glicinia. Dos podas al año, y no es capricho. En julio o agosto se acortan a cinco o seis hojas los sarmientos largos que la planta ha lanzado; en enero o febrero se vuelven a acortar esos mismos muñones a dos o tres yemas. Ese doble corte concentra las reservas en los brotes cortos, que son los que llevan los racimos. Una glicinia de semilla puede tardar diez o quince años en florecer, así que si nunca ha dado flor y nadie la ha podado mal, mira primero el origen de la planta: las de vivero suelen ser injertadas y florecen a los tres o cuatro años.

Clemátides. Van por grupos y conviene saber cuál se ha comprado. Grupo 1 (C. montana, C. armandii, C. alpina): apenas se podan, y si acaso justo tras la floración. Grupo 2, los híbridos de flor grande que abren en mayo sobre madera vieja: en febrero solo se limpia lo seco y se recorta cada tallo hasta un par de yemas gordas y sanas. Grupo 3 (C. viticella, C. tangutica, C. texensis, 'Jackmanii'): se cortan enteras a 20-30 cm del suelo a finales de invierno. Con este último grupo la mano floja es contraproducente. Aparte de esto, planta la clemátide con el cuello 5-8 cm enterrado y la base sombreada: si aparece la marchitez (Calophoma clematidina), rebrotará desde esas yemas subterráneas.

Rosales trepadores frente a sarmentosos. Los trepadores reflorecientes ('New Dawn', 'Pierre de Ronsard', 'Iceberg' trepador) tienen varas gruesas y permanentes: en febrero se dejan cuatro o cinco varas madre atadas lo más horizontales posible y se acortan a dos o tres yemas todos los ramilletes laterales que salieron de ellas. Los sarmentosos de una sola floración ('Kiftsgate', R. banksiae, 'Albertine') florecen en la madera del año anterior: se podan en julio, tras la flor, retirando desde la base un tercio de las varas más viejas. La rosa banksia, además, agradece que la dejen crecer y castiga cualquier poda invernal con un año sin flor.

Buganvilla. Florece en madera nueva. En la costa mediterránea y en el sur se poda a finales de invierno, y se puede acortar bastante. Tierra adentro, donde hiela, espera a que pase el riesgo de helada (marzo-abril) y no cortes en otoño: los brotes tiernos que provoques se queman a la primera noche fría. Es planta que agradece la sequía relativa para florecer; el exceso de riego y de nitrógeno da hoja y nada de brácteas.

Hiedra y parra virgen. Poda de contención, en primavera, sin más ceremonia: se recorta lo que invade ventanas, aleros y canalones. La hiedra, al envejecer, pasa a fase adulta (hojas sin lóbulos, flores en umbela y frutos negros); si quieres flor para las abejas de octubre, deja esa parte alta sin tocar. Dos avisos: los frutos de Hedera helix son tóxicos por ingestión, y la savia produce dermatitis de contacto en personas sensibles, así que guantes y manga larga al podar mucha cantidad. Para retirar hiedra o Ficus pumila de una fachada, corta primero los tallos por la base, espera dos o tres semanas a que se sequen y luego tira: en verde arrancas el revoco con ella.

Vid ornamental. Poda en pleno invierno, diciembre o principios de enero. Si esperas a finales de febrero, la planta ya ha movido savia y las heridas «lloran» durante semanas, algo que la debilita y afea.

Jazmines. Jasminum officinale y J. polyanthum florecen en madera nueva o del año anterior según el ciclo; en la práctica se aclaran tras la floración, retirando tallos viejos desde la base. J. nudiflorum, que abre en pleno invierno sobre las varas del verano anterior, se poda en marzo, en cuanto termina de dar flor. El falso jazmín (Trachelospermum jasminoides) casi no necesita poda: solo contención después de florecer.

Madreselvas. Se apelmazan por arriba y se pelan por abajo. Cada dos o tres años, tras la floración, saca un tercio de los tallos más viejos a ras de suelo. Es el modo de que la mata se renueve sin quedar en un amasijo de leña.

Cómo se corta, y con qué

Tijera de yunque para leña seca; para todo lo demás, tijera de bypass, que corta como unas tijeras y no aplasta el tejido vivo. Afilada: un corte machacado tarda el doble en cerrar y es puerta de entrada de hongos.

El corte se hace por encima de una yema orientada hacia fuera, a unos cinco milímetros, ligeramente inclinado. Dejar diez centímetros de tocón por encima de la yema garantiza un trozo de madera muerta que se seca hacia abajo.

Desinfecta la hoja al pasar de una planta a otra (alcohol de 70º o lejía diluida) y siempre después de cortar madera con síntomas. Si aparece un rebrote con las hojas y flores ennegrecidas de golpe, en aspecto de quemadas, en un rosal, un peral ornamental o un membrillero de flor, para de podar: el fuego bacteriano (Erwinia amylovora) es organismo de cuarentena en España y hay que avisar a la administración agraria autonómica, no seguir cortando y propagándolo con la tijera.

Sobre sellar las heridas con mástic o pintura: no hace falta. La planta compartimenta la lesión por sí sola y los selladores mantienen humedad bajo la capa, con lo que a menudo empeoran el pronóstico. Corte limpio, en el sitio correcto, y a otra cosa.

Cuándo NO se poda

De marzo a julio, una trepadora densa contra una fachada es un bloque de pisos para gorriones, verdecillos, currucas y mirlos. Los nidos ocupados están protegidos por la Ley 42/2007 de Patrimonio Natural y Biodiversidad, y aparte de la norma, destrozar una nidada por recortar una hiedra que puede esperar a agosto no tiene defensa. Antes de meter la tijera en una masa cerrada, mira dentro.

Tampoco se poda en plena helada ni en las horas de calor extremo de julio en el interior peninsular: en el primer caso los tejidos recién cortados se rajan, en el segundo se deshidratan y la planta se estresa doblemente.

Y en altura, nada de tijera de pértiga ni de motosierra subido a una escalera apoyada contra la propia planta. La trepadora cede, la escalera resbala y el accidente es del todo evitable.

Rejuvenecer una trepadora abandonada

Ante una mata vieja convertida en un nudo de leña con hoja solo en la coronilla, hay dos caminos.

Si la especie rebrota bien de madera vieja —madreselva, hiedra, Campsis, buganvilla, jazmín, parra virgen, Wisteria con paciencia— se puede recepar a 30-50 cm del suelo a finales de invierno. Rebrotará con fuerza y habrá que reeducar los brotes nuevos desde cero. Se pierden una o dos temporadas de flor.

Si no se quiere ese parón, se hace por tercios: cada invierno se elimina desde la base un tercio de las varas más viejas y se conservan las jóvenes. En tres años la planta está renovada entera sin haber estado nunca desnuda.

Con los rosales conviene la vía gradual, y con las clemátides del grupo 2 también. La Clematis armandii y la C. montana, en cambio, rebrotan mal de madera vieja y desnuda: si una de ellas está agotada, muchas veces sale mejor arrancar y replantar que intentar un recepado que quizá no responda.

En resumen

Identifica cómo trepa la planta para darle el soporte adecuado y averigua si florece sobre madera del año o del año anterior: eso fija la fecha de poda y evita el disgusto de una temporada sin flor. Forma la planta los primeros años acortando para que ramifique desde abajo, y ata los sarmientos en horizontal, que es lo que multiplica la floración. Glicinia con doble poda, en verano y en invierno; clemátides según su grupo; rosales trepadores en febrero y sarmentosos en julio; buganvilla cuando ya no hay riesgo de helada; vid en pleno invierno para que no llore. Tijera de bypass afilada y desinfectada, corte sobre yema exterior y sin sellar la herida. Antes de podar en primavera, comprueba que no hay nidos. Y una mata vieja se recupera casi siempre, sacando desde la base un tercio de las varas cada invierno hasta renovarla entera.


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