Una guayaba madura contiene entre 200 y 250 miligramos de vitamina C por cada cien gramos de pulpa, cuatro o cinco veces lo que una naranja del mismo peso. Es el dato que casi siempre se busca sobre esta fruta y conviene añadirle el matiz que rara vez la acompaña: buena parte de esa vitamina está concentrada justo bajo la piel, así que pelarla a fondo elimina una fracción importante.
La planta es Psidium guajava L., un árbol pequeño de la familia de las mirtáceas, originario de la América tropical, probablemente de Mesoamérica, y hoy cultivado y asilvestrado en todas las zonas cálidas del mundo. En España se puede tener, con una condición: hay que elegir bien la especie, porque la guayaba clásica solo prospera al aire libre en Canarias y en el litoral más cálido, mientras que una prima suya aguanta bastante más frío.
Qué guayabo plantar según dónde vivas
| Especie | Nombre | Frío que soporta | Fruto | Dónde va bien |
|---|---|---|---|---|
| Psidium guajava | Guayabo común | -2 grados, breves, ya adulto | 4-12 cm, pulpa blanca o rosa, muy aromático | Canarias, costa de Málaga, Granada, Almería, Murcia |
| Psidium cattleianum | Guayaba fresa, guayabo del Perú | -6 grados | 2-4 cm, granate o amarillo, sabor a fresa | Todo el litoral mediterráneo y Andalucía |
| Acca sellowiana | Feijoa, guayabo del Brasil | -10 grados | 5-7 cm, verde, pulpa gelatinosa aromática | Cornisa cantábrica, Galicia, interior templado |
Esa tabla resuelve la mayoría de las decisiones. En el interior peninsular y en el norte, la única de las tres que va a fructificar plantada en tierra es la feijoa, que además es un arbusto ornamental notable con hojas plateadas por el envés y flores de pétalos carnosos comestibles; tiene ficha propia en feijoa. La guayaba fresa es un magnífico intermedio, muy productiva y de porte contenido. Y la guayaba grande de mercado exige clima subtropical de verdad o maceta con invernadero.
Un fruto que madura después de cogerlo
La guayaba es un fruto climatérico: al llegar a un punto de desarrollo dispara una producción propia de etileno que desencadena por sí sola la maduración, y esa maduración continúa igual de bien fuera del árbol.
Eso tiene dos consecuencias prácticas. La primera, que se recolecta firme, cuando el verde empieza a virar a amarillo pálido, y se termina en casa a temperatura ambiente en tres a seis días. Cogida ya blanda, se estropea antes de llegar a la mesa. La segunda, que el indicador fiable de madurez no es el color sino el olor: una guayaba lista perfuma una habitación entera, con ese aroma denso y algo almizclado que la delata a metros.
Para acelerarla basta guardarla en una bolsa de papel con un plátano, que aporta más etileno. Para frenarla, frigorífico, aunque la nevera le apaga el aroma. Una vez madura aguanta apenas dos o tres días.
Botánicamente el fruto es una baya, con las semillas duras embebidas en la pulpa, y conserva en el ápice los restos secos del cáliz formando una coronita. Esa corona persistente es la firma de la familia y también la razón por la que la guayaba y el níspero se parecen de lejos sin tener parentesco. Del resto de rasgos de las mirtáceas, incluidas las glándulas de aceite que se ven al mirar una hoja a contraluz, hablamos en detalle en la ficha de los eucaliptos.
Suelo, riego y abono
El guayabo es sorprendentemente poco exigente con el suelo. Tolera desde pH 4,5 hasta más de 8, es decir, desde terrenos ácidos hasta francamente calizos, y aguanta cierta salinidad, algo poco común en un frutal tropical. Lo que no soporta es el encharcamiento prolongado, que le pudre las raíces en pocas semanas.
El riego marca la diferencia en la cosecha. Es un árbol que resiste sequías considerables sin morir, pero que responde a la falta de agua tirando los frutos pequeños. Los periodos críticos son la floración y las seis u ocho semanas siguientes, mientras el fruto engorda: ahí necesita riego regular y constante, sin altibajos. Los cambios bruscos de sequía a riego abundante provocan además que la piel se agriete.
De abono agradece aportes repartidos y frecuentes en lugar de uno grande: un fertilizante equilibrado cada seis semanas de marzo a septiembre, con potasio alto desde el cuajado. En maceta, que es como se cultiva en la mayor parte de España, hace falta un contenedor de 40 litros como mínimo para un ejemplar productivo, con sustrato aireado y riego prácticamente diario en verano. Tienes el detalle en la guayaba como árbol tropical para maceta.
Poda: florece sobre la madera del año
Este punto ordena todo el manejo. El guayabo produce las flores en los brotes nuevos de la temporada, en las axilas de las hojas jóvenes. Por tanto, todo lo que estimule brotación nueva aumenta la floración.
La poda se hace a finales de invierno, antes de la brotación, y consiste en despuntar los brotes del año anterior a unos 20 o 30 centímetros, aclarar el interior para que entre luz y eliminar chupones y ramas cruzadas. Un guayabo podado así responde con una explosión de brotes cortos, cada uno con su par de flores.
Tolera perfectamente podas severas y rebrota desde madera vieja, lo que permite mantener en dos metros y medio un árbol que en libertad llegaría a seis. En maceta, esa poda anual es obligatoria, junto con un repaso de raíces cada dos o tres años al trasplantar.
Multiplicación: el acodo aéreo es lo que funciona
La semilla germina, pero con dos inconvenientes serios. Tarda entre tres y ocho semanas y de forma irregular, y sobre todo no reproduce la variedad: las plantas de semilla dan frutos distintos de los del árbol madre, a menudo peores, y tardan de tres a cinco años en producir. Si aun así quieres probar, la semilla extraída de un fruto maduro y lavada del mucílago germina mejor tras un remojo de veinticuatro horas en agua templada.
El método que usan los viveros tropicales y que da resultados excelentes en casa es el acodo aéreo. Se elige una rama del grosor de un dedo, se anilla la corteza retirando un cinturón de un par de centímetros, se envuelve con musgo húmedo o fibra de coco y se cubre con plástico atado por los dos extremos. En seis a diez semanas, en época cálida, hay raíces visibles a través del plástico, y entonces se corta por debajo y se planta. La planta obtenida es idéntica a la madre y fructifica en uno o dos años. El procedimiento general está en acodo aéreo.
También funciona el esqueje de raíz: trozos de raíz de un centímetro de grosor y 15 de largo, enterrados horizontalmente en primavera, emiten brotes. De hecho, el guayabo rebrota de raíz espontáneamente y forma matas alrededor del tronco.
Cuándo florece y cuándo se recoge
En su clima natural produce dos cosechas al año. En España, con un solo periodo de calor, el ciclo se simplifica: florece de abril a junio, con flores blancas de cinco pétalos y un penacho de estambres, muy visitadas por abejas, y los frutos maduran entre septiembre y noviembre. En Canarias el calendario se adelanta y se alarga.
Es autofértil, de modo que un solo ejemplar da fruto, pero la polinización cruzada entre dos plantas distintas aumenta el cuajado de forma apreciable. Si tienes sitio para dos, mejor.
Un árbol adulto en buenas condiciones puede dar entre 20 y 40 kilos por temporada. Conviene aclarar frutos cuando cuajan en racimos apretados, dejando uno o dos por ramillete, si se quiere calibre en lugar de cantidad.
La mosca de la fruta y los demás problemas
La amenaza principal en España tiene nombre y apellidos: Ceratitis capitata, la mosca mediterránea de la fruta. La guayaba es uno de sus frutos preferidos y, por su piel fina, resulta especialmente vulnerable. La hembra pone bajo la piel y las larvas destruyen la pulpa desde dentro, dejando el fruto blando y con una picadura visible.
El control doméstico pasa por trampas de atrayente alimentario colgadas desde el cuajado, por embolsar los frutos individualmente con bolsas de papel o de malla cuando alcanzan el tamaño de una nuez, y sobre todo por recoger y destruir toda la fruta caída, que es el foco de la generación siguiente. Nunca al compost.
Los otros problemas habituales son cochinillas y mosca blanca en el envés, que se controlan con jabón potásico y aceite de verano, y la antracnosis (Colletotrichum) en primaveras húmedas, que aparece como manchas negras hundidas en el fruto y se limita aclarando la copa para que ventile.
La hoja de guayabo: tradición y evidencia
Las hojas del guayabo tienen un uso tradicional muy extendido en América Latina y en el sudeste asiático frente a la diarrea aguda, y la explicación química es plausible: contienen taninos, quercetina y otros flavonoides con efecto astringente y antiespasmódico demostrado en modelos experimentales.
Hay algo más que tradición. Se han publicado ensayos clínicos pequeños con extractos estandarizados de hoja de Psidium guajava en diarrea aguda y en dolor abdominal, con resultados favorables en algunos de ellos. Aun así, el conjunto es limitado en tamaño y en calidad metodológica, y no sostiene una recomendación general. Aquí no hay cantidades ni preparaciones, y menos tratándose de un cuadro, la diarrea aguda, en el que lo determinante es la rehidratación y en el que un niño o una persona mayor necesitan valoración médica.
Dos precauciones concretas: se han descrito efectos hipoglucemiantes, lo que aconseja cuidado en personas con antidiabéticos, y el efecto astringente puede interferir con la absorción de otros medicamentos tomados a la vez. La consulta previa es con el médico o el farmacéutico.
El lado invasor de esta planta
Conviene decirlo porque no suele aparecer. Tanto Psidium guajava como sobre todo Psidium cattleianum figuran entre las plantas invasoras más dañinas de las islas tropicales del planeta. En Hawái, Mauricio, La Reunión y Galápagos han transformado ecosistemas enteros: los pájaros y los cerdos asilvestrados dispersan las semillas, la planta rebrota de raíz y forma matorrales cerrados que impiden la regeneración de la flora nativa.
En la España peninsular el frío la contiene, pero en Canarias la cosa cambia y merece prudencia: no plantar cerca de barrancos ni de espacios naturales, y no dejar fruta caída acumulada en el suelo si hay zonas silvestres próximas.
En resumen
La guayaba es la baya de Psidium guajava, una mirtácea tropical americana, y aporta cuatro o cinco veces la vitamina C de una naranja, concentrada sobre todo bajo la piel. En España, la guayaba común solo fructifica al aire libre en Canarias y en el litoral más cálido; para el resto del Mediterráneo la opción es la guayaba fresa, y para el norte y el interior templado, la feijoa. Es un fruto climatérico que se coge firme y madura en casa, con el olor como indicador. Florece sobre madera del año, así que se poda a finales de invierno para forzar brotes nuevos, y se multiplica de forma fiable por acodo aéreo, nunca por semilla si quieres conservar la variedad. Su enemigo en España es la mosca de la fruta, y su hoja tiene un uso tradicional frente a la diarrea con evidencia todavía escasa.