El acodo aéreo resuelve un problema muy concreto: obtener de golpe una planta ya crecida, con tronco y porte, en lugar de una estaquilla que tardará ocho años en parecerse a algo. Se hace enraizar una rama sin bajarla al suelo, envolviendo la herida en una pelota de sustrato húmedo colgada del propio árbol. Cuando el bolo se llena de raíces, se corta por debajo y esa rama pasa a ser una planta independiente el mismo día.
Comparte fundamento con el acodo a ras de tierra, y la explicación de cómo se forman las raíces adventicias y qué hace la auxina en ese proceso está en el artículo sobre esquejes de madera dura.
Para qué sirve de verdad
Tres situaciones lo justifican, y fuera de ellas suele haber métodos más cómodos.
Recuperar una planta de interior desgarbada. El caso típico es el Ficus elastica o el Ficus benjamina que ha ido perdiendo hojas por abajo y ha quedado con metro y medio de tallo desnudo y un penacho arriba. Acodando justo por debajo del penacho se obtiene una planta compacta y bien vestida, y el tocón que queda rebrota a los pocos meses por debajo del corte. De una planta fea salen dos aprovechables. Lo mismo vale para Dracaena, Schefflera, Monstera y Dieffenbachia.
Sacar copia de un ejemplar grande. Un magnolio, una camelia o un olivo de cuarenta años tienen un porte y una identidad que no se compran. El acodo aéreo permite duplicar exactamente ese individuo —el mismo clon, la misma flor, el mismo fruto— sin tocar el árbol más que en una rama.
Especies que no enraízan de esqueje. Magnolios, camelias, hamamelis, muchos cítricos y algunas variedades de olivo dan callo en la bandeja de esquejes y ahí se quedan. Con la rama todavía unida al árbol, alimentada por él durante meses, esas mismas especies enraízan.
Elegir la rama
Se busca una rama de uno o dos años, sana, vigorosa, con grosor de lápiz a dedo pulgar —de 1 a 3 cm— y bien iluminada. Las ramas de interior, viejas y grises, enraízan mal; las chuponas verticales y muy tiernas se pudren. En una planta de interior se acoda directamente el tallo principal, a la altura a la que se quiera la nueva planta, dejando tres o cuatro hojas por encima como mínimo.
Conviene además pensar en cómo quedará el árbol madre después del corte. La rama acodada desaparece: no se elige la que sostiene la silueta.
Anillado completo o incisión
La herida cumple una función precisa: cortar el floema para que los azúcares y la auxina que bajan de las hojas se detengan justo encima del corte, mientras el xilema sigue intacto subiendo agua desde la raíz. Hay dos maneras de conseguirlo y no son intercambiables.
El anillado completo retira una banda entera de corteza cuya anchura es aproximadamente el diámetro de la rama, y en la práctica de 1,5 a 3 cm. Se hacen dos cortes circulares con navaja afilada, se levanta la corteza entre ambos y —esto es lo que se olvida— se raspa la superficie desnuda con el filo hasta eliminar el cámbium. Si queda cámbium, la rama regenera el puente de corteza en tres semanas, la herida se cierra y el acodo no enraíza nunca. Es el método fiable para leñosos: magnolio, camelia, olivo, cítricos, ficus.
La incisión es un corte oblicuo hecho hacia arriba que penetra entre un tercio y la mitad del grosor del tallo, mantenido abierto con un palillo, una cerilla o un poco de musgo. Es la opción para tallos blandos y suculentos que un anillado partiría —Dieffenbachia, Monstera, dracenas— y para ramas finas. A cambio arriesga que el tallo se doble por ahí y se parta con el peso del bolo, así que la rama debe quedar entablillada o atada.
Sobre la herida seca se aplica hormona de enraizamiento con ácido indolbutírico, en polvo o en gel, en la parte superior del anillo, que es de donde saldrán las raíces. En especies difíciles marca diferencia; en ficus es prescindible.
Un apunte sobre los ficus y las euforbiáceas: al herirlos sueltan látex blanco, irritante para la piel y sobre todo para los ojos. Guantes, no llevarse las manos a la cara y dejar que la herida escurra y seque unos minutos antes de envolverla, porque el látex fresco atrapado en el musgo forma una película que impide el enraizamiento.
El sustrato de la bolsa
El material clásico y el mejor es el musgo esfagno (Sphagnum), porque retiene mucha agua manteniendo aire entre las fibras y tiene un pH ácido que frena las podredumbres. Se hidrata media hora y se escurre con la mano hasta que apretándolo no gotee. Un puñado empapado que chorrea pudre la herida en dos semanas.
Como alternativas sirven la fibra de coco, o una mezcla al 50 % de turba rubia y perlita. Lo que no vale es tierra de jardín ni sustrato universal a secas: se compacta dentro del plástico, se queda sin aire y se convierte en barro anaerobio.
El volumen adecuado es una pelota de 8 a 12 cm de diámetro según el grosor de la rama, que envuelva el anillado y sobresalga unos 4 cm por arriba y por abajo.
Cómo se envuelve
Se moldea el musgo alrededor de la herida y se cierra con plástico transparente —una bolsa cortada, film grueso—, atándolo primero por debajo y luego por arriba con rafia, brida o cinta aislante. Los dos cierres tienen que estar apretados contra la corteza: por ahí se pierde el agua y por ahí entra la lluvia.
El plástico transparente permite ver las raíces sin abrir. Pero en exterior, a pleno sol de junio, el interior de una bolsa transparente alcanza temperaturas que cuecen la herida, y además la luz directa inhibe la formación de raíces. La solución es dejar el transparente y cubrirlo por fuera con papel de aluminio o una segunda bolsa opaca, que se retira un momento cuando se quiere mirar. En interior no hace falta.
Si la rama es larga y el bolo pesa, se ata la rama a una caña o a otra rama para que el viento no la vuelque por el punto anillado, que ahora es el más débil.
Época
El acodo aéreo necesita la planta en crecimiento activo, con savia en movimiento y hojas trabajando. En árboles y arbustos de exterior en España eso significa de abril a junio, una vez pasada la brotación y con la madera del año ya empezando a endurecer. En el sur y en el litoral mediterráneo puede adelantarse a finales de marzo; en el interior norte, esperar a mayo.
Un acodo hecho en julio con 38 ºC y aire seco suele fracasar por deshidratación, y uno hecho en septiembre no da tiempo a enraizar antes de la parada invernal, aunque no se pierde: pasa el invierno tal cual y arranca en marzo.
En plantas de interior no hay estación, sino temperatura: con el sustrato de la bolsa por encima de 20 ºC, cualquier momento entre primavera y principios de otoño funciona.
Cuánto tarda según la especie
Los plazos varían mucho más de lo que sugieren las guías generales:
Ficus (elastica, benjamina, lyrata, microcarpa): de 4 a 8 semanas. Es la especie que engaña, porque va tan rápido que da la impresión de que todas irán igual.
Cítricos (Citrus limon, Citrus sinensis): de 8 a 12 semanas. Responden bien y es una vía razonable para clonar un limonero concreto.
Olivo (Olea europaea): de 3 a 4 meses, con resultados irregulares entre variedades. Las de estaca fácil acodan fácil; 'Picual' o 'Cornicabra' cuestan más que 'Arbequina'.
Camelia (Camellia japonica): de 3 a 5 meses. Muy agradecida al acodo, precisamente porque de esqueje es lenta.
Magnolios (Magnolia × soulangeana, Magnolia grandiflora): de 4 a 6 meses, y con frecuencia hay que dejarlo pasar el invierno y separarlo en la primavera siguiente. Un acodo de magnolio abierto en septiembre porque «lleva ya cuatro meses» y todavía sin raíces suficientes es un acodo perdido.
Durante toda la espera, revisión cada dos o tres semanas: si el musgo se ve claro y suelto está seco, y se rehidrata inyectando agua con una jeringuilla a través del plástico, sin abrir el paquete. El agujerito se tapa con cinta.
Cortar y plantar sin perderlo
La fase en la que se echan a perder más acodos aéreos no es el enraizamiento, sino la semana siguiente al corte. La rama tiene una copa dimensionada para las raíces del árbol entero y ahora depende de un puñado de raicillas de tres semanas.
Cuándo cortar. No al ver la primera raíz. Se espera a que el bolo esté recorrido de raíces por toda la periferia y a que las primeras empiecen a engrosar y a tomar tono crema o pardo claro. Raíces blancas, finas y escasas significan otro mes.
El corte se hace limpio, con sierra de podar o tijera de dos filos, justo por debajo del anillado, sin dejar tocón. En ramas gruesas, una alternativa prudente es cortar a medias, esperar dos semanas y terminar después.
No se quita el musgo. Se retira solo el plástico y las ataduras, y el bolo entero va a la maceta. Deshacerlo rompe las raíces nuevas, que son quebradizas como un hilo mojado.
La maceta debe ser ajustada, apenas 3 o 4 cm más ancha que el bolo, con sustrato ligero y drenante —turba y perlita, o sustrato de calidad con un tercio de arena—. Un contenedor enorme retiene agua que esas pocas raíces no consumen, y se pudren. Como el tronco es alto y el anclaje mínimo, hace falta tutor desde el primer día.
Se reduce la parte aérea entre un tercio y la mitad: se acortan ramas y se eliminan hojas, empezando por las más grandes. Suprimir hoja parece contradictorio, pero la transpiración es lo que mata al acodo recién cortado.
Después, dos o tres semanas en sombra y ambiente húmedo, a resguardo del viento, con el sustrato apenas húmedo y pulverizaciones sobre las hojas. Nada de abono durante el primer mes: las raíces jóvenes se queman con facilidad y no hay masa radicular para absorberlo. A partir de ahí, luz creciente y trasplante al sitio definitivo en el otoño siguiente, no antes.
En resumen
El acodo aéreo se elige cuando interesa una planta ya hecha: rejuvenecer un ficus con el tronco pelado, duplicar un ejemplar grande y con carácter, o multiplicar especies que de esqueje no salen. El anillado completo de 1,5 a 3 cm con el cámbium raspado es la herida fiable en leñosos; la incisión sostenida abierta queda para tallos blandos. Musgo esfagno bien escurrido, bolo de 8 a 12 cm, plástico transparente atado por los dos extremos y opaco por fuera si da el sol. Época de abril a junio en exterior, con temperatura por encima de 20 ºC en interior. Cuatro semanas en un ficus, cuatro a seis meses en un magnolio. Y al cortar: bolo entero a una maceta ajustada, tutor, parte aérea reducida a la mitad, sombra húmeda y sin abono el primer mes.