La feijoa es Acca sellowiana, conocida durante mucho tiempo como Feijoa sellowiana y por eso presente en viveros y catálogos con ese nombre. Es un arbusto grande o arbolito perennifolio de la familia del mirto y del eucalipto, originario del sur de Brasil, Uruguay y las regiones vecinas de Argentina y Paraguay, y se cultiva por dos motivos que rara vez coinciden en la misma planta: es un frutal y es un ornamental de primer orden.
El follaje ya justifica plantarla. Las hojas son coriáceas, verde oscuro y lustrosas por el haz, y de un blanco plateado aterciopelado por el envés, de manera que con cualquier brisa el arbusto cambia de color. Y la flor, en mayo y junio, es de las más llamativas que da un frutal: pétalos carnosos, blancos por fuera y de un rosa púrpura por dentro, rodeando un penacho de estambres largos de color carmín con las anteras amarillas.
Cómo reconocerla
Forma una mata densa y redondeada, muy ramificada desde la base, que puede conducirse como arbusto multitronco o como arbolito de un solo pie. La corteza es pardo clara y se desprende en placas finas. El crecimiento es lento o moderado.
Las hojas son opuestas, elípticas u ovadas, de bordes enteros y algo revueltos, gruesas al tacto. El contraste entre el haz brillante y el envés plateado y tomentoso es el mejor carácter de identificación cuando la planta no tiene flor ni fruto.
El fruto es una baya ovoide de piel verde, a veces con reflejos glaucos, que conserva en el extremo los restos del cáliz, bien visibles. Por dentro la pulpa es blanquecina o crema, gelatinosa en el centro, muy aromática, con numerosas semillas pequeñas. En el hemisferio norte madura al final del otoño, entre noviembre y diciembre según los datos de esta ficha.
Dónde plantarla en España
Los datos de cultivo la sitúan en las zonas 8 a 10, con resistencia hasta doce grados bajo cero. Eso significa que en España se puede plantar en la mayor parte del territorio, incluida buena parte del interior, aunque en las zonas de inviernos más severos sufrirá daños en la brotación.
Donde mejor se comporta es en la cornisa cantábrica y en Galicia, con veranos suaves, humedad ambiental alta y suelos ácidos, y en el litoral mediterráneo y atlántico con riego. También en Canarias. En el interior seco y caluroso se cultiva, pero necesita riego constante y protección del sol más duro para que el fruto cuaje y madure bien.
El fruto es lo más exigente. Para que madure y desarrolle aroma hace falta un otoño largo y templado; en climas donde el frío llega pronto la cosecha se queda verde y sin sabor. Como planta ornamental, en cambio, se comporta bien en muchos más sitios de los que da fruta aprovechable.
Quiere pleno sol, que es donde florece y fructifica. Tolera la sombra ligera a costa de la cosecha. Y aguanta notablemente bien el viento y el ambiente salino de la costa, lo que la hace muy útil en jardines de primera línea de mar.
Suelo y riego
Pide un suelo de riqueza media, fresco y bien drenado. Prefiere pH ácido o neutro; en suelos con caliza activa alta se cloroza, con amarilleo entre los nervios de las hojas jóvenes, y hay que corregirlo con materia orgánica, acolchado y, si es necesario, aportes de hierro.
El riego es regular y moderado. La feijoa tolera cierta sequía, pero el estrés hídrico en el momento del cuajado y del engorde del fruto provoca caída de flor y frutos pequeños. En verano, riegos profundos y constantes; el acolchado ayuda mucho y además mantiene el suelo fresco, que es lo que agradece.
Un aporte de compost al final del invierno, extendido bajo la copa, cubre sus necesidades de nutrición. No conviene abusar del nitrógeno, que produce mucha rama y poca flor.
Polinización: hay que plantar dos
Es el punto que más cosechas frustra. Muchas variedades de feijoa son autoincompatibles o solo parcialmente autofértiles, de modo que una planta sola florece de maravilla y no cuaja fruto. La solución es plantar al menos dos ejemplares de variedades distintas y compatibles, o elegir expresamente una variedad autofértil.
En su lugar de origen la polinizan aves que comen los pétalos carnosos y dulces y transportan el polen de paso. En cultivo fuera de esa área ese papel lo asumen los insectos, y la polinización manual con un pincel es una ayuda eficaz en jardines pequeños o en cultivo en maceta.
El fruto y las flores
El fruto es comestible y muy aromático, con un sabor que suele describirse como una mezcla de guayaba, piña y menta. Se consume crudo, abriéndolo por la mitad y sacando la pulpa con una cuchara, y también en mermeladas, compotas y postres.
La recolección tiene una regla propia: la feijoa no se coge del árbol, se recoge del suelo. El fruto cae cuando está en su punto, y los cogidos antes de tiempo no terminan de desarrollar el aroma. Conviene pasar cada pocos días bajo la planta durante la temporada de caída y recoger lo que haya, que aguanta unos días más madurando en casa.
Los pétalos también son comestibles y tienen un sabor dulce, por lo que se emplean en ensaladas y como adorno. Cogerlos con moderación no impide el cuajado, porque lo que interesa a la polinización son los estambres, que quedan intactos.
Poda
Necesita poca. Florece en los brotes del año, de modo que la poda se hace al final del invierno, antes de la brotación, o justo después de la cosecha. El objetivo es aclarar el interior de la mata para que entre la luz, retirar madera seca y ramas cruzadas y renovar poco a poco la vegetación vieja.
Si se conduce como seto se puede recortar, teniendo en cuenta que cada recorte elimina brotes con flor y por tanto fruto. Un seto de feijoa recortado con frecuencia es un buen seto perenne y un mal frutal, y hay que decidir para qué se planta.
También responde bien a la conducción como arbolito: se elige un tronco, se van eliminando los rebrotes de la base y se levanta la copa hasta la altura deseada.
Multiplicación
La semilla germina con facilidad, extraída de la pulpa, lavada y sembrada en primavera con calor, pero la descendencia no reproduce las características de la planta madre y tarda años en dar fruto. Sirve para obtener patrones y para hacer setos, no para asegurar una variedad.
Para conservar un cultivar hay que recurrir a la vía vegetativa. Las estaquillas semileñosas de verano enraízan, aunque con lentitud y porcentajes moderados, y necesitan hormona de enraizamiento y nebulización. El acodo aéreo funciona bien y es el método más accesible para el aficionado. En vivero se practica también el injerto sobre patrón de semilla.
Plagas y problemas
Es una planta rústica y con pocos problemas sanitarios. Puede recibir cochinillas en ramillas y hojas, sobre todo en ejemplares con la mata muy cerrada, y algún pulgón en la brotación.
El enemigo real de la cosecha es la mosca de la fruta, que pica los frutos en maduración y los echa a perder. En zonas donde esté presente conviene recoger y destruir la fruta caída y picada y recurrir a trampas de captura.
Los otros problemas son de manejo: clorosis en suelo calizo, caída de flor por sequía en el cuajado y falta de fruto por ausencia de un segundo ejemplar polinizador.
Usos en el jardín
Su doble condición de ornamental y frutal la hace muy versátil. Como seto perenne es excelente: denso, de hoja bonita, tolerante al viento y a la sal, y con floración vistosa si no se recorta demasiado. Como ejemplar aislado luce la mata plateada y la flor. Y conducida a un tronco sirve de arbolito de patio.
Funciona muy bien en jardines costeros y en huertos ornamentales, donde comparte espacio con otros frutales. Y aguanta el cultivo en contenedor grande durante años, lo que permite tenerla en terraza, con la ventaja de poder mover la maceta y con la necesidad de disponer de dos plantas si se quiere fruta.
En resumen
La feijoa es un arbusto perennifolio de hoja verde oscuro por el haz y plateada por el envés, con flores de pétalos carnosos y estambres carmín en mayo y junio, y frutos verdes aromáticos que maduran al final del otoño. Es a la vez planta ornamental, seto y frutal, resiste el viento y la sal y aguanta heladas notables.
Quiere pleno sol, suelo fresco, de fertilidad media y bien drenado, preferiblemente sin exceso de cal, y riego regular sobre todo durante el cuajado y el engorde del fruto. Para cosechar hay que plantar dos variedades compatibles, porque muchas son autoincompatibles, y recoger la fruta del suelo cuando cae, no del arbusto. Se poda poco, al final del invierno o tras la cosecha, y se propaga por acodo aéreo o estaquilla si se quiere conservar la variedad.