A la hora de identificar nuestras suculentas puede hacerse todo un enredo entender los nombres taxonómicos de nuestras plantas. Todos los nombres botánicos consisten en al menos dos partes, el nombre de...
Los Sedum son de las suculentas más resistentes que se pueden cultivar, y aun así enferman con facilidad si están en el sitio equivocado. Prácticamente todos sus problemas serios tienen el mismo origen: un suelo que retiene agua. Las podredumbres de cuello y de raíz, que son las que matan, no aparecen en un talud pedregoso a pleno sol y aparecen en cuanto la planta va a un parterre bien abonado y con riego automático.
Lo demás, manchas foliares, oídio, roya, es en su mayoría cosmético y se controla con higiene y ventilación. Merece la pena saber distinguir lo que solo afea de lo que hay que arrancar y tirar, porque el manejo no se parece en nada.
Antes de las enfermedades: dónde debe estar un sedum
Es un género de suelos pobres, pedregosos y con drenaje rápido. En España hay especies nativas viviendo sobre roca desnuda, en muros y tejados: Sedum sediforme, Sedum album, Sedum acre y Sedum dasyphyllum son comunes en gran parte de la península. Eso indica bastante bien lo que la planta pide.
En jardín funcionan en rocallas, taludes, bordes de camino, coronaciones de muro, macetas de terraza y cubiertas vegetales. En un parterre de tierra pesada, sombreado y regado con frecuencia, están condenados. Conviene recordar además que buena parte de lo que el comercio sigue llamando sedum se ha separado en otros géneros, como Hylotelephium (los sedum grandes de otoño), Phedimus o Petrosedum. La resistencia a enfermedades varía entre ellos, y los de hoja grande y blanda son claramente los más delicados.
Podredumbre del cuello y tizón sureño
Es la enfermedad más grave. La causan hongos del suelo, principalmente Rhizoctonia solani y Sclerotium rolfsii, este último responsable del llamado tizón sureño, frecuente en veranos cálidos y húmedos.
El síntoma inicial es un marchitamiento que no se corrige regando, seguido de amarilleo y colapso de la planta. En la base del tallo, a ras de suelo, aparece un micelio blanco algodonoso que se extiende por la superficie del sustrato, y sobre él pequeñas estructuras esféricas del tamaño de un grano de mostaza, primero blancas y luego pardo rojizas. Son los esclerocios, los cuerpos de resistencia del hongo, y sobreviven años en el suelo.
La planta afectada no se recupera. Se arranca entera, con el cepellón y la tierra que la rodea, y se lleva a la basura, no al compost. La zona queda contaminada durante mucho tiempo, así que replantar sedum en el mismo hueco es buscar el mismo final.
La prevención pasa por drenaje, riego por la mañana y nunca sobre la planta, no acumular acolchado orgánico contra el cuello del tallo y no plantar demasiado juntos.
Podredumbre de raíz
La producen Pythium, Phytophthora y especies de Fusarium. Los síntomas son inespecíficos: pérdida de vigor, hojas apagadas, marchitez con el suelo húmedo. Al sacar la planta, las raíces aparecen pardas, blandas y con la corteza que se desprende al pasar los dedos, en lugar de blancas y firmes.
Moho gris
Botrytis cinerea ataca a los Sedum a través de flores marchitas y hojas viejas, sobre todo en las especies de hoja carnosa y en las inflorescencias grandes de los Hylotelephium. Forma un fieltro gris polvoriento y desde ahí invade tejido sano.
La medida decisiva es retirar las flores pasadas y las hojas muertas antes de que el hongo se instale, además de mejorar la ventilación. Está tratado a fondo en el artículo sobre el moho gris o botritis en suculentas y cactus.
Manchas foliares
Varias especies de hongos producen lesiones circulares o irregulares, pardas o negruzcas, a veces con halo. Aparecen con humedad prolongada sobre la hoja y son frecuentes en primaveras lluviosas y en plantaciones densas.
Rara vez comprometen la planta. La respuesta es de manejo: regar al suelo y no por aspersión, aclarar la mata, retirar las hojas muy afectadas y limpiar los restos vegetales del suelo, donde el hongo pasa el invierno. En un jardín doméstico no hay motivo para tratar químicamente unas manchas foliares.
Oídio
El polvo blanco grisáceo sobre hojas y tallos es oídio, no mildiu, aunque muchos textos traducidos confundan los dos nombres. Es un hongo que no necesita agua libre para infectar; le basta con humedad ambiental alta y contraste de temperaturas entre el día y la noche, condiciones muy propias de la primavera y del otoño peninsular.
Lo que más ayuda es el manejo: espaciar las plantas, no abonar en exceso con nitrógeno, que produce brotes tiernos muy susceptibles, y evitar el riego por aspersión al atardecer.
Roya
Se maneja retirando y destruyendo las hojas afectadas en cuanto se detectan, aclarando la mata y evitando mojar el follaje. En plantaciones ornamentales domésticas rara vez justifica un tratamiento.
Gorgojo negro de la vid
Otiorhynchus sulcatus es la plaga que más daño hace a los sedum, y casi siempre se descubre tarde. El adulto es un escarabajo negro mate, de unos ocho a diez milímetros, que no vuela y es activo de noche. Su daño es cosmético: muescas semicirculares en el borde de las hojas, muy características.
El problema real son las larvas, blancas, curvadas y sin patas, que viven en el suelo y devoran las raíces. La planta amarillea, se marchita sin causa aparente y acaba desprendiéndose del suelo al tirar de ella, porque ya no tiene raíz. En maceta es especialmente destructivo.
El control que funciona y que está al alcance de cualquiera es biológico: nematodos entomopatógenos de los géneros Heterorhabditis y Steinernema, que se venden para jardinería, se aplican con el riego y parasitan a las larvas en el suelo. Tienen dos condiciones de uso importantes: el sustrato debe estar húmedo en el momento de la aplicación y durante los días siguientes, y la temperatura del suelo tiene que ser suficiente, por lo que se aplican en primavera y a finales de verano o principios de otoño, no en pleno invierno. Las indicaciones concretas vienen en el envase, y el producto es perecedero, así que hay que respetar su conservación en frío.
Los adultos también se pueden recoger a mano de noche con una linterna, que es más eficaz de lo que parece porque no vuelan. Y conviene revisar el cepellón de toda planta nueva que entre en el jardín: es la vía habitual de introducción.
Babosas y caracoles
Los brotes tiernos de primavera de los sedum de hoja grande son un objetivo claro. El daño es fácil de identificar por los agujeros irregulares y el rastro de baba.
Funcionan bien la recogida manual al anochecer o después de la lluvia, retirar refugios como tablas, macetas volcadas y restos vegetales cerca de la planta, y regar por la mañana en lugar de al atardecer para que el suelo esté seco durante la noche.
Lo que no se recomienda es la sal. Mata al molusco pero saliniza el suelo, daña las raíces de las plantas de alrededor y el efecto se acumula riego tras riego. Es un remedio casero muy repetido y claramente contraproducente en un jardín.
Sobre los tratamientos químicos
El marco en España es el Real Decreto 1311/2012, que establece el uso sostenible de los productos fitosanitarios y sitúa la gestión integrada de plagas como principio: prevención y medidas de cultivo primero, medios físicos y biológicos después, y tratamiento químico solo cuando lo anterior no basta.
En jardinería doméstica solo pueden usarse productos autorizados para ese uso; el uso profesional exige carné de aplicador. La lista vigente se consulta en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, y es el único dato fiable, porque cambia con el tiempo. Muchas de las materias activas que recomendaban los manuales de jardinería de hace diez o quince años, y que aún circulan copiadas en internet, ya no figuran entre las autorizadas en la Unión Europea. Repetir esas recomendaciones hoy es, además de inútil, ilegal.
Dos reglas más, independientes del producto: la dosis y las condiciones de aplicación son las de la etiqueta del envase, que es la referencia con validez legal; y no se trata con la planta en floración ni en horas de vuelo de los polinizadores. Los sedum de otoño son de las plantas más visitadas por abejas y mariposas de todo el jardín, así que este punto es especialmente relevante aquí.
Prevención: cómo se cultiva un sedum sano
- Suelo drenante y pobre. Si el terreno es arcilloso, plantar en caballón, en talud o en rocalla elevada. Nada de enmiendas orgánicas abundantes.
- Sol directo. En sombra la mata se abre, los tallos se estiran y todo enferma más.
- Riego escaso. Una vez establecidos, en la mayor parte de España solo necesitan agua en episodios largos de sequía y calor. En maceta, empapar y dejar secar por completo; en invierno, casi nada.
- Riego al suelo y por la mañana, nunca por aspersión sobre la mata.
- Espacio entre plantas para que corra el aire.
- Limpieza. Retirar flores marchitas y restos vegetales, que son el refugio invernal de la mayoría de estos hongos.
- Planta sana de partida. En el vivero, descartar ejemplares con manchas, tallos blandos o muescas en las hojas, y revisar el cepellón antes de plantar.
En resumen
En los Sedum hay que separar dos categorías. Las podredumbres de cuello y de raíz son mortales, no tienen tratamiento y se previenen únicamente con drenaje, sol y riego escaso; cuando aparecen, la planta y su tierra se retiran. El moho gris, las manchas foliares, el oídio y la roya son problemas de ambiente húmedo y mata cerrada, se controlan con limpieza, espaciado y riego al suelo, y rara vez justifican un producto.
Entre las plagas, el gorgojo negro de la vid es la que más plantas mata y la que peor se ve venir; los nematodos entomopatógenos aplicados con el riego son el control más razonable y encajan con el principio de gestión integrada del Real Decreto 1311/2012. Si se llega al tratamiento químico, la referencia es el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio y la etiqueta del envase, y en unas plantas tan visitadas por abejas como los sedum de otoño, no se trata en floración. Para el detalle de cada hongo, está el artículo sobre hongos en suculentas y cactus.