Las Haworthia son suculentas pequeñas, de crecimiento lento y de las poquísimas que se mantienen compactas con la luz que hay dentro de una casa. Esa combinación explica por qué son la mejor opción para un alféizar, una estantería o una mesa de trabajo: no desbordan la maceta, no se estiran hacia la ventana como una Echeveria y no exigen sol directo.
Vienen de Sudáfrica, donde muchas especies crecen semienterradas entre piedras o a la sombra de arbustos, con solo la punta de las hojas asomando. Ese origen es la clave de su cultivo: no son plantas de desierto abierto, son plantas de refugio, y por eso la sombra luminosa les sienta bien y el sol de mediodía las estropea.
Qué son y cómo se llaman ahora

Espacio creado por Simbiosi
Pertenecen a la familia Asphodelaceae, la misma de los Aloe y las Gasteria, con las que están estrechamente emparentadas. Forman rosetas de hojas carnosas, sin tallo aparente, que rara vez pasan de diez o quince centímetros de diámetro.
La revisión taxonómica de los últimos años dividió el género antiguo en tres: Haworthia en sentido estricto, Haworthiopsis y Tulista. La distinción es útil porque separa dos grupos de aspecto y cultivo distintos.
Las Haworthia propiamente dichas incluyen las especies de hojas blandas y traslúcidas, con ventanas transparentes en el ápice por las que entra la luz cuando la planta crece enterrada. Haworthia cooperi y Haworthia cymbiformis son los ejemplos más vistos, con ese aspecto de gotas de gelatina verde.
Las Haworthiopsis son las de hojas duras, oscuras y ásperas, con tubérculos blancos. Aquí entran las más comunes en el comercio: Haworthiopsis fasciata, con las bandas blancas solo en el envés, y Haworthiopsis attenuata, con tubérculos también en la cara superior. En vivero se venden casi siempre etiquetadas como Haworthia fasciata y se confunden entre sí continuamente. Otra muy reconocible es Haworthiopsis limifolia, con las hojas surcadas por crestas concéntricas.
Hay del orden de un centenar de especies descritas, con enorme variación de forma, marcas, translucidez y textura. Es un género de coleccionista precisamente por eso.
Luz
Es lo que mejor se les da y lo que las hace únicas en interior. Aguantan sombra luminosa y luz filtrada sin estirarse, cosa que casi ninguna otra suculenta hace. Una ventana orientada al este, con sol de mañana suave, o un punto cercano a una ventana sur con visillo, son ubicaciones ideales.
El sol directo de mediodía las quema, sobre todo a las de hoja blanda. El síntoma es una decoloración rojiza o parda y, en casos fuertes, manchas secas permanentes. En terraza necesitan malla de sombreo o la sombra de otra planta, especialmente de junio a septiembre en el interior y el sur peninsular.
Un tono rojizo o bronceado moderado no es necesariamente malo: muchas especies lo adquieren con más luz y frío nocturno y recuperan el verde al bajar la exposición. Lo que sí es señal de alarma es el blanqueamiento con zonas secas.
En el extremo contrario, con luz insuficiente las hojas se alargan, se separan y la roseta pierde el aspecto compacto. Se estiran mucho menos que otras suculentas, pero se estiran.
Riego y sustrato

Riego a fondo hasta que salga agua por el drenaje y esperar a que el sustrato esté seco por completo antes de repetir. La particularidad de las Haworthia es que su temporada de crecimiento principal es el otoño, el invierno y la primavera, no el verano. En julio y agosto muchas se aletargan por calor y hay que espaciar bastante los riegos.
Ese calendario invertido encaja bien con el clima español y a la vez es la causa de un error frecuente: regarlas mucho en pleno verano, cuando están paradas, y poco en invierno, cuando están creciendo. La corrección práctica es fijarse en si emiten hojas nuevas y no en el termómetro.
El agua no debe quedarse en el centro de la roseta. En las especies de roseta cerrada, el agua embalsada es el punto por donde empieza la pudrición. Se riega en el borde de la maceta o por inmersión breve.
El sustrato tiene que drenar rápido. Una mezcla con al menos la mitad de material mineral (puzolana, pómice, arena de sílice gruesa o akadama) y el resto de sustrato para cactáceas funciona bien. Las raíces son gruesas, carnosas y bastante frágiles, y una parte de ellas muere de forma natural cada temporada, lo que es normal y no debe alarmar al trasplantar.
Prefieren macetas más anchas que profundas y no les molesta cierta estrechez. Con el crecimiento lento que tienen, un trasplante cada dos o tres años es suficiente, y el mejor momento es el principio del otoño.
Temperatura y ubicación
Son plantas de interior en casi toda España, aunque en la costa mediterránea y en el sur pueden vivir en terraza cubierta todo el año si están protegidas del sol fuerte y de la lluvia continuada de invierno. No toleran heladas: por debajo de cero los tejidos se dañan y la planta se pierde.
Agradecen la ventilación. En espacios cerrados, con humedad alta y aire quieto, aumentan mucho las manchas foliares por hongos, un problema conocido en este grupo y en las Gasteria. Una habitación que se airea a diario basta.
Multiplicación
El método natural es por hijuelos. La mayoría de las especies producen rosetas laterales en la base que se separan con un poco de raíz al trasplantar, se dejan secar un par de días y se plantan aparte. Es rápido y seguro.
La propagación por hoja funciona peor que en Echeveria o Sedum: hay que arrancar la hoja con parte de la base, dejarla cicatrizar y tener paciencia, porque muchas no arraigan y las que lo hacen tardan meses. La semilla es viable pero muy lenta.
Las flores son pequeñas, blanquecinas y tubulares, en una espiga larga y fina que sobresale bastante de la planta. No tienen valor ornamental y muchos cultivadores cortan el escapo para que la planta no gaste energía. A diferencia de los Aeonium o los Agave, las Haworthia no mueren después de florecer.
Comprar y conservar
Se encuentran a precio bajo en cualquier centro de jardinería, y ahí es donde conviene empezar. Las especies raras y los clones seleccionados alcanzan precios muy altos entre coleccionistas, sobre todo en el mercado japonés y coreano, y ese es exactamente el segmento donde hay que tener cuidado con la procedencia.
Varias suculentas sudafricanas, incluidas especies de este grupo, están sometidas a control por el Convenio CITES por la presión de la recolección ilegal en sus poblaciones naturales. Las plantas se compran en viveros con la documentación correspondiente y nunca se recolectan del medio, que además es la única forma de que las poblaciones silvestres sigan existiendo.
En resumen
Las Haworthia y Haworthiopsis son la elección más razonable para tener suculentas dentro de casa: pequeñas, lentas, tolerantes a la luz filtrada y con una variedad de texturas que da para coleccionar durante años. Necesitan sombra luminosa, sustrato muy drenante, riego a fondo pero espaciado y protección del sol de mediodía.
Lo que más se falla con ellas es el calendario. Crecen en la estación fresca y se aletargan en pleno verano, justo al revés que la mayoría de las suculentas de jardinería, así que el riego generoso va de octubre a mayo y en julio y agosto se reduce al mínimo.