Si cortas una euforbia, sale un látex blanco y espeso, y eso es lo que hay que saber antes que ninguna otra cosa. Ese látex es irritante para la piel, y sobre todo es peligroso para el ojo: una salpicadura en la córnea puede provocar una queratoconjuntivitis intensa, con dolor, fotofobia y visión borrosa que tarda días en resolverse. Es el accidente de jardinería con euforbias que manda gente a urgencias, y casi siempre ocurre igual: podando a mano desnuda y llevándose después el dorso de la mano a la cara. Si el látex entra en un ojo, a urgencias oftalmológicas. Ante una ingestión, propia, de un niño o de un animal, al médico o al veterinario, o al Instituto Nacional de Toxicología.

La segunda cosa que hay que saber es cuántas euforbias tienes cerca sin saberlo. El género Euphorbia es enorme, con más de dos mil especies, y en España está por todas partes: las lechetreznas de las cunetas y del huerto, la Euphorbia characias de los jardines secos, los cardones y tabaibas de Canarias, la corona de Cristo del alféizar y la flor de Pascua de diciembre. Todas tienen látex, y todas se comportan igual con la piel. Este artículo va de eso. Los otros mecanismos por los que una planta agrede la piel (el pelo urticante de la ortiga, las quemaduras de sol de la savia de higuera o ruda, los cristales de oxalato de las aráceas y el urushiol americano) están explicados en plantas que pican, y aquí no se repiten.

Urticaria e irritación no son lo mismo

Conviene deshacer la confusión del título original, porque cambia lo que cabe esperar. La urticaria propiamente dicha es una reacción con habones, ronchas rosadas y elevadas que pican, aparecen deprisa y desaparecen sin dejar marca, y responden a la liberación de histamina. Es lo que produce el pelo urticante de una ortiga.

Lo que produce el látex de una euforbia es otra cosa: una dermatitis irritativa de contacto. No hace falta estar sensibilizado ni haber tocado la planta antes, le pasa a cualquiera, y el cuadro es de escozor, enrojecimiento, y en contactos intensos ampollas, con evolución de días y no de minutos. Los responsables son unos compuestos llamados ésteres de diterpeno que la planta lleva disueltos en el látex, y su concentración varía mucho de una especie a otra.

Masa de euforbias en flor con inflorescencias amarillo verdosas Euforbias en plena floración. Ese amarillo verdoso de las inflorescencias es el sello del género, y bajo cualquiera de esos tallos hay látex.

Cómo reconocer una euforbia

Hay dos caracteres que no fallan. El primero es el látex: rompe una hoja o un tallo joven y sale un jugo blanco lechoso, inmediato y abundante. El segundo es la flor, que no es una flor. Lo que parece una florecilla amarillo verdosa es un ciatio, una estructura compuesta por varias flores masculinas reducidas a un estambre y una flor femenina central, todo ello envuelto en unas brácteas con glándulas en el borde. Ese conjunto amarillo verdoso, agrupado en umbelas, es el aire inconfundible del género.

Lo que cambia muchísimo es el porte. Hay euforbias anuales de cuatro dedos de alto, matas leñosas, arbolillos, y suculentas que parecen cactus y que no lo son. El género entero está descrito en Euphorbia.

Las euforbias que tienes cerca en España

En el campo y en el huerto, las llamadas lechetreznas. La Euphorbia helioscopia es la mala hierba de huerto por excelencia, con hojas en roseta y umbela amarilla, y la tienes en Euphorbia helioscopia. La Euphorbia peplus hace lo mismo en jardines y macetas, y está en Euphorbia peplus. La Euphorbia segetalis y la Euphorbia serrata son mediterráneas de baldío y de cuneta, descritas en Euphorbia segetalis y Euphorbia serrata. Son las que más a menudo se arrancan a mano sin pensarlo.

En jardín, la reina es la Euphorbia characias, esa mata redondeada de hojas azuladas y grandes inflorescencias verde lima en primavera, resistentísima a la sequía y muy plantada en toda la península. Precisamente por ser grande y por podarse a fondo cada año, es la que más accidentes con látex provoca en jardinería doméstica. Su ficha está en Euphorbia characias y sus cuidados en cuidados de Euphorbia characias.

El tártago (Euphorbia lathyris) merece mención aparte porque circula la idea de que espanta topos, y porque es de las de látex más agresivo del grupo. Está en Euphorbia lathyris.

En el litoral mediterráneo aparece la Euphorbia dendroides, un arbusto que forma bolas perfectas en acantilados y que pierde la hoja en verano en vez de en invierno, descrito en Euphorbia dendroides. Y en Canarias están las más espectaculares: el cardón, Euphorbia canariensis, símbolo de Gran Canaria, y la tabaiba dulce, Euphorbia balsamifera, en Euphorbia canariensis y Euphorbia balsamifera.

Las euforbias de maceta, que son las que más se manipulan

La corona de Cristo (Euphorbia milii) junta las dos cosas: espinas largas y duras en el tallo y látex abundante. Se pincha uno y a continuación se mancha con el jugo de la propia herida. Sus cuidados están en cuidados de Euphorbia milii.

Tallos espinosos de corona de Cristo con pequeñas brácteas rojas y hojas verdes Corona de Cristo (Euphorbia milii): espinas largas en el tallo y brácteas rojas. Pincharse y mancharse con el látex suele ser el mismo movimiento.

La flor de Pascua (Euphorbia pulcherrima) es la euforbia más vendida del año y casi nadie sabe que lo es. Lo que la gente toma por pétalos rojos son brácteas, hojas modificadas alrededor de los ciatios amarillos del centro. Su fama de planta mortal para gatos está exagerada, pero su látex sí irrita la boca y la piel, y con niños y mascotas en casa conviene ponerla donde no se pueda mordisquear. Está en cuidados de la poinsettia.

Y luego está el grupo de las suculentas que parecen cactus, que es donde más gente se confía. Una Euphorbia resinifera forma cojines de tallos cuadrangulares con pares de espinas; una Euphorbia obesa es una bola rayada sin espinas ninguna. Ni una ni otra son cactáceas, y ambas sueltan látex al menor corte. La regla rápida de campo: si al pinchar sale jugo blanco, no es un cactus, es una euforbia.

Cojín de tallos cuadrangulares verde azulado con pares de espinas Euforbia suculenta de tallos cuadrangulares y espinas pareadas. Parece un cactus, pero al cortarla sale látex blanco y eso lo resuelve. Euphorbia obesa, bola verde grisácea con costillas marcadas, en maceta de barro Euphorbia obesa: una esfera con costillas y sin una sola espina. Tampoco es un cactus, y también tiene látex.

Un apunte legal que afecta a este grupo: las euforbias suculentas están incluidas en los apéndices del CITES, aplicado en la Unión Europea por el Reglamento (CE) 338/97. Lo que se compra en vivero está en regla; lo que importa es no recolectar ejemplares en su país de origen ni traérselos de viaje.

Cómo podarlas sin llevarse un disgusto

Las medidas que funcionan son poco sofisticadas. Guantes que cubran la muñeca y gafas de protección, siempre, y con más razón al podar una mata grande de characias, porque los tallos cortados gotean hacia arriba cuando los sujetas. Manga larga. No tocarse la cara ni los ojos mientras dure la faena. Y lavarse con agua y jabón al terminar, ropa incluida.

Dos avisos que se olvidan. El primero: no quemes los restos de poda, porque el humo de las euforbias es irritante para las vías respiratorias y para los ojos. El segundo: los esquejes de suculentas también gotean, y lo hacen justo cuando los tienes entre los dedos para plantarlos.

Y con mascotas, la prevención es la misma de siempre: las euforbias son irritantes para perros y gatos si las mordisquean, y las de interior están justo a su altura. Ante un mordisco con síntomas, al veterinario, sin remedios caseros por el camino.

En resumen

Las euforbias no producen urticaria en sentido estricto: producen una dermatitis irritativa de contacto por los ésteres de diterpeno de su látex, que afecta a cualquiera y que no necesita sensibilización previa. El riesgo serio de verdad es el ocular, y ahí la respuesta es urgencias oftalmológicas y nada más. Ante una ingestión, el médico, el veterinario o el Instituto Nacional de Toxicología.

Reconocerlas es fácil una vez sabes qué mirar: látex blanco al cortar y esos ciatios amarillo verdosos en umbela. Están en la cuneta como lechetreznas, en el jardín seco como characias, en los acantilados mediterráneos, en Canarias como cardones y tabaibas, en el alféizar como corona de Cristo y en el salón de diciembre como flor de Pascua. Y si una suculenta con pinta de cactus suelta jugo blanco al pincharla, no es un cactus: es una euforbia y se maneja con guantes.


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