Decimos "esta planta pica" para cosas que no tienen nada que ver entre sí, y esa confusión es la que hace que la gente se lleve el susto. En España hay cuatro mecanismos distintos por los que una planta agrede la piel, con síntomas distintos, plazos distintos y medidas distintas. El primero, el de la ortiga, lo conoce todo el mundo. El segundo, el que de verdad manda gente a urgencias en verano, casi nadie lo conoce: no es un pinchazo, es una quemadura que aparece al día siguiente y que necesita sol para producirse.

Ese segundo mecanismo se llama fitofotodermatitis y lo provocan plantas tan corrientes como la higuera, la ruda del balcón y las umbelíferas grandes de cuneta. No pican al tocarlas, no avisan, y el sarpullido llega tantas horas después que nadie lo relaciona con la planta que manipuló el día anterior. Empezamos por ahí, porque es lo útil.

Mecanismo uno: los pelos urticantes

Es el de la ortiga (Urtica dioica y sus parientes), y funciona como una jeringuilla. Cada pelo urticante es una célula alargada con la punta endurecida y una zona de rotura preparada: al rozarla se parte, deja un borde biselado que atraviesa la epidermis y el propio contacto inyecta el contenido de la célula bajo la piel. Por eso el dolor es inmediato y aparece un habón enseguida.

Lo característico es justamente eso: efecto instantáneo, picor y ronchas que duran de minutos a unas horas, y ninguna secuela. Ante un contacto, no frotar (el roce rompe más pelos y clava los fragmentos), lavar con agua abundante y jabón y aplicar frío. Si la superficie afectada es muy extensa o hay antecedentes de reacciones alérgicas graves, se consulta. Toda la planta, con sus especies españolas y su papel en el huerto, está en la ortiga, Urtica dioica.

Ortiga con hojas dentadas e inflorescencias colgantes Ortiga en flor: hojas opuestas, muy dentadas, y racimos colgantes de flores verdosas.

Conviene saber además que hay plantas que parecen ortigas y no lo son. Las llamadas ortigas mansas, labiadas de los géneros Lamium, Galeopsis o Stachys, tienen hojas muy parecidas pero flor labiada y de color, y no tienen pelos urticantes. Es una confusión inofensiva, pero explica por qué mucha gente jura haber tocado una ortiga sin consecuencias.

Labiada de flores rosadas con hojas parecidas a las de la ortiga Esto no es una ortiga: es una labiada de las llamadas ortigas mansas. Hoja parecida, flor labiada rosada y ningún pelo urticante.

Mecanismo dos: la fitofotodermatitis, la que de verdad quema

Aquí no hay pelos ni pinchazos. Hay unas moléculas llamadas furanocumarinas que están en la savia de varias plantas y que, por sí solas, no hacen casi nada sobre la piel. Lo que hacen es absorber radiación ultravioleta: activadas por el sol, dañan las células de la epidermis y producen una quemadura química de verdad.

El cuadro tiene tres rasgos que conviene memorizar. Aparece con retraso, entre varias horas y un día o más después de la exposición al sol. Dibuja el contacto, con chorretones, huellas de dedos o el trazo de la hoja que rozó. Y deja una mancha oscura, la hiperpigmentación posterior, que puede durar meses después de que la piel ya esté curada.

No es una alergia. No hace falta estar sensibilizado: le ocurre a cualquiera que junte savia y sol en cantidad suficiente. Y por eso el riesgo se dispara justo cuando más se trabaja en el campo y en el jardín, en verano, con manga corta y sol alto.

Las cuatro que hay que conocer en España

La higuera. Es la que más casos produce y casi nadie la incluye en estas listas. El látex blanco de las hojas, los brotes y el pedúnculo del higo lleva furanocumarinas, y la recolección se hace en agosto, a pleno sol, rozando las hojas con los antebrazos. La combinación es perfecta: al día siguiente aparecen las líneas rojas en brazos y cuello. Se evita recolectando y podando con manga larga y a primera o última hora, y lavando enseguida cualquier salpicadura de látex. Si te interesa el árbol, tienes su poda en cómo podar una higuera.

La ruda. La misma historia, y con potencia considerable. Es una planta muy presente en balcones y patios del sur peninsular, con una tradición cultural larga detrás, y su savia es fototóxica. Podarla en verano sin guantes es la manera habitual de descubrirlo. Está desarrollado en ruda macho, la planta que quema al sol y su cultivo en cultivar ruda.

Las umbelíferas grandes de cuneta. El género Heracleum es el caso de libro. La ursina (Heracleum sphondylium), común en prados y cunetas frescas de la mitad norte, ya da problemas; su pariente la hierba gigante del Cáucaso (Heracleum mantegazzianum) produce quemaduras de otra categoría, con casos documentados de lesión ocular por salpicadura, y figura entre las especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión reguladas por el Reglamento (UE) 1143/2014. Todo el detalle está en ursina.

Umbela blanca y ancha de una planta del género Heracleum Umbela compuesta de un Heracleum. Con desbrozadora, la savia sale proyectada y alcanza la cara.

La chirivía silvestre (Pastinaca sativa). Otra apiácea, de umbelas amarillo verdosas, frecuente en cunetas y baldíos. Su savia es fototóxica por el mismo motivo y da el mismo cuadro. Es, además, la antepasada silvestre de la chirivía de huerta.

Umbelas amarillo verdosas de chirivía silvestre contra el cielo Chirivía silvestre (Pastinaca sativa), con las umbelas amarillo verdosas y el tallo acanalado.

Mecanismo tres: los cristales de oxalato

Muchas aráceas de interior y de jardín (potos, dieffenbachia, filodendros, aros silvestres del género Arum) tienen en sus tejidos haces de cristales afilados de oxalato cálcico llamados rafidios. Al morder o machacar la planta, esos cristales se clavan en la mucosa y producen un dolor inmediato, escozor e hinchazón de labios, lengua y garganta.

Es el accidente típico de niños y de mascotas con una planta de salón, y ahí no se experimenta con remedios: ante una ingestión se llama al médico o al veterinario, o al Instituto Nacional de Toxicología. La parra virgen (Parthenocissus quinquefolia), esa trepadora de cinco folíolos que enrojece en otoño en medio país, tiene el mismo tipo de cristales en los frutos y en la savia, y da dermatitis a quien la poda a manos desnudas.

Hojas de parra virgen de cinco folíolos con colores rojos de otoño Parra virgen: cinco folíolos en abanico y color de otoño. No es hiedra venenosa, aunque la confusión es constante.

Mecanismo cuatro: la alergia de contacto, que aquí casi no aplica

Es el de la hiedra venenosa, el roble venenoso y el zumaque venenoso norteamericanos, y funciona de forma completamente distinta: una sustancia llamada urushiol provoca una dermatitis alérgica de contacto, con un retraso de días y una reacción que solo aparece en personas ya sensibilizadas. La primera noticia es que ninguna de las tres forma parte de la flora española. Si crees haber encontrado una en el monte, has encontrado otra cosa, y las confusiones habituales están explicadas en la hiedra venenosa y el urushiol.

Hojas de tres folíolos de hiedra venenosa, Toxicodendron radicans Hojas de tres folíolos de Toxicodendron radicans, la hiedra venenosa norteamericana, que no crece en España.

Qué hacer después del contacto

Con pelos urticantes: no frotar, lavar con agua y jabón, frío local.

Con savia fototóxica: lavar con agua y jabón en cuanto ocurra, y a partir de ahí lo más importante es tapar esa zona y mantenerla fuera del sol durante varios días, porque la reacción necesita ultravioleta para producirse. Si ya ha aparecido la quemadura, o hay ampollas, o la zona es extensa, al médico. Si la savia entra en un ojo, a urgencias.

Ante una ingestión, propia, de un niño o de un animal, al médico o al veterinario, o al Instituto Nacional de Toxicología. Nada de remedios caseros por el camino.

Cómo evitarlo al desbrozar

Casi todos los casos serios salen del mismo escenario: desbrozadora, verano, mediodía, manga corta. La savia sale proyectada y alcanza brazos, cuello y cara. Las medidas que funcionan son poco sofisticadas: manga y pantalón largos, guantes largos, gafas de protección, hacerlo a última hora del día o en día cubierto, y ducha con jabón al terminar, ropa incluida. Si hay que retirar una mata de Heracleum grande, mejor a mano y cubierto que a máquina.

En resumen

De las plantas que "pican" en España, la ortiga es la única que hace lo que todo el mundo cree: inyecta y duele en el acto, y se pasa solo. Las que de verdad causan lesiones que dejan marca son otras, y no pican al tocarlas: la higuera, la ruda, la chirivía silvestre y las umbelíferas grandes del género Heracleum llevan furanocumarinas en la savia y queman la piel cuando después le da el sol, con horas de retraso y meses de mancha.

A esos dos mecanismos se suman los cristales de oxalato de aráceas y parra virgen, que dan dolor inmediato en boca y mucosas, y la dermatitis alérgica por urushiol de la hiedra venenosa norteamericana, que aquí no crece. La regla común es la misma en todos los casos: cubrirse para trabajar, lavar enseguida, no exponer al sol lo que haya tocado savia, y consultar cuando aparecen ampollas o la ingestión es la vía.


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