El pelo urticante de la ortiga no es un pelo. Es una sola célula alargada, montada sobre un pedestal de varias células, con la pared impregnada de sílice en la punta y de carbonato cálcico en la base. En términos mecánicos se trata de una aguja de vidrio, y funciona exactamente como tal.

Una aguja que se rompe por donde debe

El extremo del tricoma termina en una cabecita esférica unida al resto por una zona de fractura predeterminada. Al menor roce lateral esa cabeza se desprende y deja un borde biselado, afilado y rígido, que penetra la epidermis con la misma geometría que la punta de una jeringuilla.

El pinchazo, por sí solo, no dolería. Lo que sigue sí: la presión del propio contacto expulsa el contenido líquido de la célula a través del canal que acaba de abrirse, y ese líquido queda depositado bajo la piel. Es una inyección en el sentido literal del término, no una irritación por contacto.

La composición del fluido incluye histamina, que produce el habón y el enrojecimiento, acetilcolina y serotonina, responsables del dolor inmediato, y ácidos orgánicos entre los que figura el fórmico. El escozor que persiste durante horas se atribuye además a componentes peptídicos estudiados en años recientes, porque las aminas por sí solas se degradan demasiado rápido para explicar esa duración.

Ante un contacto: no frotar, porque el roce parte más tricomas y clava los fragmentos; lavar con agua abundante y jabón para arrastrar lo que quede en superficie, y aplicar frío. La reacción es molesta pero pasajera y no reviste gravedad salvo en superficies muy extensas o en personas con hipersensibilidad conocida, casos en los que corresponde consultar.

Hojas de ortiga con sus pelos urticantes

La planta y sus parientes

Urtica dioica L., de la familia Urticaceae, es una herbácea perenne de rizoma amarillento y trazador, con tallos de sección cuadrada de medio metro a metro y medio, hojas opuestas, ovado-lanceoladas, de base acorazonada y borde groseramente aserrado. El epíteto dioica describe su carácter: hay pies masculinos y pies femeninos separados, con inflorescencias colgantes en las axilas y polinización por viento; los estambres masculinos se disparan al madurar y sueltan una nubecilla de polen visible a simple vista.

En España conviven varias especies. Urtica urens, la ortiga menor, es anual, monoica, más pequeña y de hojas elípticas, y su picadura resulta si acaso más punzante; es la que suele aparecer en huertos y alcorques. Urtica membranacea es de ambiente mediterráneo, de hoja más ancha y membranosa. Fuera de aquí, la neozelandesa Urtica ferox alcanza porte arbustivo y provoca lesiones de otro orden de magnitud.

Nitrófila, y por tanto indicadora

La ortiga no crece en cualquier parte. Necesita suelos con abundante nitrógeno y fósforo asimilables, frescos, profundos y removidos, y por eso aparece siempre en los mismos sitios: linderos de establos, alrededor de estercoleros, junto a corrales, en escombreras, en ruinas de aldeas abandonadas, en orillas de río con aporte de materia orgánica y en cunetas donde se acumulan restos.

Esa fidelidad ecológica la convierte en planta indicadora. Un ortigal denso señala un suelo enriquecido, y en muchos casos enriquecido por actividad humana o ganadera prolongada. La arqueología del paisaje se apoya en ese rasgo para localizar antiguos asentamientos y zonas de estabulación, porque el exceso de nitrógeno y de fosfatos permanece en el suelo mucho después de que desaparezcan las construcciones.

Para el jardinero la lectura es directa: donde brota ortiga sola, el suelo tiene fertilidad de sobra y ahí no hace falta abonar.

Alimento de orugas

Este es el argumento de peso para tolerarla en una esquina del jardín. Varias mariposas diurnas ponen sus huevos exclusiva o preferentemente sobre Urtica dioica, y sus orugas no se alimentan de ninguna otra cosa:

  • Aglais urticae, la ortiguera, cuyo nombre científico ya declara la dependencia.
  • Aglais io, el pavo real, de orugas negras y espinosas que viven en grupo bajo una tela.
  • Vanessa atalanta, la numerada o almirante rojo, que dobla la hoja sobre sí misma para construirse un refugio.
  • Polygonia c-album, la c-blanca.

Sin ortigas no hay estas mariposas, por muchas flores nectaríferas que se planten: el néctar alimenta al adulto, pero la reproducción depende de la planta nutricia. Para que sirva de algo, la mancha debe tener cierta entidad —unos pocos metros cuadrados—, estar a pleno sol, que es donde ponen las hembras, y no segarse entera de una vez. Cortar por mitades en momentos distintos del verano deja siempre rebrote tierno, que es el que buscan las orugas jóvenes.

El purín de ortiga es un abono

Conviene decirlo sin rodeos porque circula lo contrario: el extracto fermentado de ortiga no es un insecticida. Es un fertilizante líquido de acción rápida.

Se obtiene macerando planta fresca en agua durante una o dos semanas, hasta que cesa la efervescencia y el olor se vuelve francamente desagradable. Lo que queda es una solución rica en nitrógeno, potasio, hierro y micronutrientes, procedentes de una planta que precisamente destaca por acumularlos. Se emplea diluido en agua, del orden de una parte por diez para riego al pie y más diluido todavía si se pulveriza sobre la hoja, en primavera y comienzo de verano, cuando el cultivo está en crecimiento activo. Aplicado en exceso o a destiempo provoca lo mismo que cualquier abono nitrogenado: crecimiento blando, hoja tierna y más pulgón, no menos.

Sí existe un uso distinto, la maceración corta de doce a veinticuatro horas sin fermentar, a la que se atribuye cierto efecto repelente y de estímulo de las defensas de la planta. En la Unión Europea los extractos de Urtica figuran como sustancia básica autorizada, con eficacia modesta y muy dependiente de las condiciones. Nada de eso lo convierte en un tratamiento contra una plaga establecida; ante un ataque real hacen falta otras herramientas.

En la cocina, siempre cocida

La ortiga se ha comido en toda Europa, sobre todo en primavera y en épocas de escasez, y su hoja aporta hierro, calcio, proteína y vitaminas A y C en cantidades notables para una verdura de hoja.

La condición es invariable: se consume cocinada. El calor y el agua colapsan los tricomas y desactivan por completo el poder urticante, de modo que después de un hervor la planta se manipula sin ninguna precaución. Cruda, no.

Se recolectan brotes tiernos y hojas jóvenes antes de la floración, con guantes. Pasada esa fase, las hojas acumulan cistolitos, concreciones de carbonato cálcico que se depositan en las células y que la tradición asocia con molestias urinarias; la recomendación clásica de no recoger ortigas una vez espigadas tiene ese fundamento.

Fama medicinal y lo que dice la evidencia

La ortiga arrastra una reputación terapéutica muy antigua, y conviene separar los planos.

La raíz (Urticae radix) se emplea tradicionalmente para las molestias urinarias asociadas a la hiperplasia benigna de próstata. La Agencia Europea del Medicamento la recoge como preparado de uso tradicional, categoría que se basa en la trayectoria de empleo y no en ensayos clínicos concluyentes. Existen estudios con resultados favorables sobre síntomas, pero de calidad desigual y sin que se demuestre efecto sobre la evolución del proceso. Y hay una consideración que pesa más que cualquier otra: los síntomas urinarios del varón adulto requieren diagnóstico médico, porque pueden corresponder a un cáncer de próstata, y automedicarse retrasa ese diagnóstico.

La hoja (Urticae folium) figura también como uso tradicional, como coadyuvante en molestias articulares menores y para aumentar la diuresis. La evidencia clínica es escasa y de baja calidad.

Sobre precauciones reales, y sin entrar en dosis:

  • La hoja es muy rica en vitamina K, lo que puede interferir con anticoagulantes orales del tipo del acenocumarol o la warfarina y alterar el control del INR.
  • Su efecto diurético puede sumarse al de diuréticos y antihipertensivos.
  • Se han descrito efectos sobre la glucemia que aconsejan vigilancia en personas tratadas con antidiabéticos.
  • No se recomienda su uso durante el embarazo ni la lactancia por falta de datos de seguridad.
  • Está desaconsejada en situaciones que exigen restricción de líquidos, como la insuficiencia cardiaca o renal.

Cualquier uso con intención terapéutica debe consultarse con el médico o el farmacéutico, especialmente si hay medicación crónica de por medio.

Mata de Urtica dioica creciendo en su hábitat

Si se quiere cultivar

Se planta en un rincón fresco, a pleno sol si el objetivo son las mariposas, o a media sombra si lo que interesa es la hoja tierna. Suelo profundo, húmedo y rico; con estiércol maduro incorporado responde de forma espectacular.

Se multiplica por división de rizoma en otoño o en primavera, o por semilla sembrada en superficie, que necesita luz para germinar. Y conviene delimitar la mancha, porque el rizoma traza igual que el de una menta: una barrera enterrada, un bordillo profundo o directamente una zona acotada por caminos y siega periódica.

En resumen

Urtica dioica pica porque cada tricoma es una célula con la punta silicificada que se fractura al rozarla y se comporta como una aguja hipodérmica, inyectando histamina, acetilcolina, serotonina y ácidos orgánicos; ante el contacto no se frota, se lava con agua y jabón y se aplica frío. Es una especie nitrófila estricta, lo que la convierte en indicadora de suelos ricos en nitrógeno y fósforo y en pista arqueológica de asentamientos antiguos. Sostiene en exclusiva a las orugas de Aglais urticae, Aglais io, Vanessa atalanta y Polygonia c-album, que necesitan una mancha soleada y segada por partes. Su purín fermentado es un abono nitrogenado, no un insecticida, y se aplica diluido en la fase de crecimiento. En la cocina se emplea siempre cocida, con brotes recogidos antes de la floración. Su fama medicinal, tanto de raíz como de hoja, se sustenta en uso tradicional y no en evidencia sólida, y presenta interacciones reales con anticoagulantes, diuréticos y antidiabéticos, por lo que cualquier empleo terapéutico pasa por el médico o el farmacéutico.


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