Conviene decirlo antes que nada: la Euphorbia characias no es una planta de interior y dentro de casa no dura. Es un arbusto mediterráneo perennifolio, de sol pleno, suelo seco y aire libre, que además necesita pasar frío en invierno para florecer. En un salón se estira, pierde el color glauco, se llena de pulgón y no saca una sola inflorescencia.

Su sitio es el jardín seco, la rocalla, el talud, el borde de un camino, la maceta grande en una terraza soleada. Y su gran particularidad, la que explica casi toda la información que se busca sobre ella, es que sus tallos viven dos años: crecen el primero, florecen el segundo y después mueren. Podarla bien consiste sencillamente en entender eso.

Euphorbia characias en flor con inflorescencias verde amarillentas

Qué es y dónde crece de forma natural

Euphorbia characias L. es una especie de la cuenca mediterránea, presente de forma silvestre en buena parte de la Península Ibérica, sobre todo en el este, el sur y el centro, en matorrales, encinares aclarados, cunetas y suelos pedregosos. En castellano se la llama lechetrezna, lechera o tártago, nombres que comparte con otras euforbias del mismo hábitat.

Forma una mata redondeada y densa de 60 a 120 cm de alto, con tallos gruesos, erectos y sin ramificar, cubiertos de hojas estrechas, lineales, de un verde azulado o grisáceo, dispuestas en espiral apretada. Es perennifolia: en invierno sigue vestida, y ese es uno de sus grandes valores en jardinería.

Las dos subespecies y los ojos oscuros

La especie se divide en dos subespecies que se venden con frecuencia sin distinguir, y se separan por un detalle muy visible:

  • E. characias subsp. characias, la del Mediterráneo occidental y la que crece silvestre en España. Sus glándulas nectaríferas son de color pardo oscuro, casi negro o púrpura, y destacan como pequeños ojos sobre el fondo verde amarillento de las brácteas. La inflorescencia es más estrecha y cilíndrica.
  • E. characias subsp. wulfenii (citada también como subsp. veneta), del Mediterráneo oriental y los Balcanes. Sus glándulas son amarillo verdosas, así que la inflorescencia se ve toda del mismo tono lima, sin ojos. Es una planta algo mayor, hasta 150 cm, con una cabezuela floral más grande y abombada.

Para un jardín en España, la subespecie tipo tiene la ventaja de estar en su ambiente, y la wulfenii la de un efecto más espectacular. Ambas aguantan lo mismo.

Lo que parecen flores no lo son: cada unidad amarilla es un ciatio, una estructura exclusiva del género que reúne una flor femenina reducida a un pistilo y varias flores masculinas reducidas a un estambre, todo rodeado por un involucro con esas glándulas de néctar. La masa vistosa que se ve de lejos son las brácteas.

El ciclo de dos años que hay que conocer para podarla

Los tallos de esta euforbia son bienales. El recorrido es este:

  1. Primavera y verano del primer año. De la base brota un tallo nuevo que crece y se cubre de hojas. No florece.
  2. Invierno. Ese tallo se mantiene verde, con las hojas superiores curvadas hacia dentro protegiendo la yema.
  3. De febrero a mayo del segundo año. El tallo florece en su extremo, forma la gran inflorescencia verde amarillenta y madura la semilla.
  4. Verano del segundo año. El tallo amarillea, se seca y muere. Es un proceso normal, no una enfermedad.

De modo que en una mata adulta conviven siempre dos generaciones: los tallos que van a florecer el año que viene y los que están floreciendo ahora. Quien poda la planta entera «para darle forma» en otoño se queda sin flor.

Cómo y cuándo se poda

La operación es sencilla y se hace una vez al año, entre finales de mayo y julio, en cuanto la floración ha terminado y antes de que la semilla se disperse si no quieres que se resiembre:

  • Se localizan los tallos que han florecido, reconocibles por la cabezuela seca en el extremo y por el amarilleo de las hojas bajas.
  • Se cortan a ras de suelo, con tijera de podar limpia.
  • Los tallos nuevos del año, que están saliendo desde la base, se dejan intactos.

El resultado inmediato es una mata más baja y algo desgarbada durante unas semanas, que se rellena en verano. Ese corte anual es lo que mantiene la planta compacta y evita que se ahueque por el centro con los años.

El látex: la poda es el momento de riesgo

Aquí conviene ser explícito. Podar una mata de characias significa hacer entre diez y treinta cortes en tallos gruesos y llenos de savia, todos a la vez, con la cara a un palmo del trabajo. Es exactamente la situación en la que ocurren los accidentes descritos en la literatura oftalmológica: el látex sale a presión y salpica.

La savia contiene ésteres de diterpenos que producen en la piel enrojecimiento, escozor y a veces ampollas que aparecen horas más tarde, y que en algunas personas se agravan con la exposición solar posterior. En el ojo provoca dolor intenso, lagrimeo y visión borrosa, y ha requerido tratamiento hospitalario en casos documentados.

Lo que hay que hacer:

  • Guantes y gafas de protección, camisa de manga larga.
  • Podar a primera hora o al atardecer, y no al sol de mediodía.
  • Si cae en la piel: retirar con papel seco y después lavar con agua abundante y jabón. No frotar antes de retirar el grueso.
  • Si entra en un ojo: lavar con agua o suero durante 15-20 minutos y acudir el mismo día a urgencias oftalmológicas.
  • Los restos de poda, a la basura o al compost cerrado, nunca a una hoguera donde se pueda respirar el humo.

Dónde plantarla en España

Exposición. Sol directo, cuantas más horas mejor. A media sombra crece pero se abre y florece menos.

Suelo. Aquí está su virtud: quiere suelo pobre, pedregoso y bien drenado, y tolera bien la caliza y el pH alcalino. En suelo rico y regado se vuelve blanda, se tumba y vive menos años. No hay que abonarla nunca.

Frío. Resiste hasta unos -12 °C en seco. Eso la hace viable en casi toda la Península: costa mediterránea, Andalucía, Extremadura, ambas mesetas, valle del Ebro. En zonas de montaña con heladas persistentes y en el norte húmedo va peor, no por el frío sino por la combinación de frío y suelo encharcado.

Riego. El primer verano, un riego cada quince días para que enraíce. A partir del segundo año, ninguno: es una planta de secano. En maceta grande, un riego mensual en verano y nada el resto del año.

Distancia. Un metro entre plantas. Una mata adulta ocupa 80-100 cm de diámetro.

Se resiembra sola, y a veces demasiado

El fruto es una cápsula que al secarse estalla y proyecta las semillas a un par de metros. En un jardín seco y soleado eso significa plántulas nuevas cada primavera alrededor de la mata madre, y en pocos años una colonia.

Si te interesa, es la forma más barata de tener un grupo: se dejan las cabezuelas hasta julio y luego se trasplantan las plántulas cuando tienen dos o tres centímetros, con cuidado porque la raíz pivotante se resiente del trasplante. Si no te interesa, se cortan las inflorescencias en cuanto pierden el color, antes de que la cápsula madure.

Multiplicación por esqueje

Necesaria si quieres conservar una variedad concreta, porque la semilla no reproduce fielmente los cultivares. Se hace en junio, con los tallos nuevos del año:

  1. Se corta un extremo de 8-10 cm y se retiran las hojas de la mitad inferior.
  2. Se sumerge la base unos segundos en agua fría para detener el flujo de látex, y se deja secar el corte una o dos horas.
  3. Se planta en una mezcla de arena gruesa y turba, a media sombra, apenas húmeda.
  4. Enraíza en cuatro o seis semanas.

Variedades de jardín que merecen la pena

  • 'Silver Swan'. Hojas variegadas con margen blanco crema. Menos vigorosa y algo más delicada al frío; muy luminosa en un rincón sombreado del jardín seco.
  • 'Humpty Dumpty'. Compacta, de 50-60 cm, para maceta o borde bajo.
  • 'Black Pearl'. Glándulas de un granate casi negro, con el contraste llevado al extremo.
  • 'Lambrook Gold'. Selección de wulfenii, con cabezuelas grandes y de un amarillo más cálido.
  • 'Portuguese Velvet'. Follaje muy azulado y aterciopelado, porte bajo.

Con qué se combina

Florece de febrero a mayo, cuando casi nada más lo hace, y en un jardín mediterráneo es la estructura de invierno: mientras las vivaces están desaparecidas, ella se ve. Funciona bien con lavandas, romero, santolina, salvias arbustivas, cistus, gauras y gramíneas secas, y en rocalla junto a agaves y otras suculentas de exterior. En el mismo género, hay parientes silvestres de interés como la Euphorbia helioscopia, que aparece espontánea en huertos y bordes.

Qué le pasa cuando algo va mal

Tallos que amarillean y se secan en verano. Si son los que florecieron esa primavera, es el ciclo normal. Si son los del año, revisa el drenaje.

Mata abierta por el centro, con un hueco. Falta de poda anual durante varios años. Se corrige cortando a ras todos los tallos viejos y esperando un año.

Polvo blanco sobre las hojas. Oídio, favorecido por primaveras húmedas y por plantas demasiado juntas o en sombra. Aclarar y mejorar la ventilación resuelve más que cualquier tratamiento.

Colonias en los brotes tiernos y en las inflorescencias. Pulgón, muy frecuente en marzo y abril. Rara vez causa daño real en esta planta.

Planta que se pudre por el cuello en invierno. Suelo pesado, riego innecesario o mulch de material orgánico apoyado en la base. Se replanta en alto, sobre un caballón, y se cubre con grava en vez de con corteza.

Animales y niños en el jardín

El látex es irritante para perros, gatos y personas, y toda la planta lo contiene. Un animal que la muerda tendrá dolor bucal, babeo y posiblemente vómito o diarrea; el contacto con los ojos es motivo de consulta veterinaria urgente. En la práctica, su sabor acre hace que pocos animales insistan.

Con niños pequeños, el riesgo real no es que la coman, es que jueguen con los tallos rotos y se lleven las manos a los ojos. Merece la pena no plantarla en el borde de una zona de juego y explicar que esa planta no se toca. En la misma línea está la Euphorbia lathyris, otra euforbia de jardín que tampoco es de interior y que además tiene semillas peligrosas.

En resumen

La Euphorbia characias es un arbusto perennifolio mediterráneo de jardín seco, no una planta de interior: quiere sol pleno, suelo pobre y drenado, ningún abono y prácticamente ningún riego a partir del segundo año, y aguanta hasta unos -12 °C. Sus tallos son bienales, crecen un año y florecen y mueren al siguiente, así que la poda consiste en cortar a ras de suelo, entre mayo y julio, solo los que han florecido. Se resiembra sola con abundancia. La subespecie ibérica se reconoce por las glándulas oscuras que parecen ojos, y la wulfenii por su cabezuela toda amarillo verdosa. Al podarla se libera mucho látex a presión: guantes, gafas y agua abundante durante veinte minutos si alcanza un ojo, seguido de consulta oftalmológica el mismo día.


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