No todas las rosas huelen, y la decepción de acercarse a una rosa preciosa y no oler nada es tan frecuente que conviene saber de dónde viene. El perfume de una rosa es un carácter genético como el color o el número de pétalos: unas variedades lo tienen y otras no, y en el catálogo casi nunca aparece con la precisión que haría falta.
Si vas a comprar un rosal por su aroma, hay dos reglas prácticas que ahorran disgustos. La primera: las rosas antiguas y las inglesas son, como grupo, mucho más perfumadas que los híbridos de té y las floribundas modernas. La segunda: el perfume no se percibe igual siempre, y la misma variedad puede parecer inodora a mediodía en agosto y muy intensa a las nueve de la mañana en mayo.
Qué produce el aroma
El perfume de la rosa no es una sustancia, es una mezcla de compuestos volátiles que se sintetizan y se emiten sobre todo en la epidermis del pétalo. Los que más se repiten en el género son el geraniol, el citronelol y el nerol, que aportan el fondo típico de rosa; el 2-feniletanol, responsable de la nota dulce y densa que asociamos a la rosa de damasco; el linalol, más floral y ligero; y el eugenol y sus derivados, que dan la nota especiada a clavo.
Lo que distingue a una variedad de otra es la proporción entre esos compuestos, no la presencia de uno concreto. Cambiando las proporciones se pasa de un aroma clásico de rosa antigua a uno afrutado, cítrico o especiado sin que intervenga ninguna molécula exótica.
La emisión, además, no es constante. Sigue un ritmo diario y depende de la temperatura y de la humedad. La mayoría de las rosas emiten más a primera hora de la mañana y al final de la tarde, y mucho menos en las horas centrales del día.
Por qué muchas rosas modernas no huelen
No fue una casualidad ni una conspiración: fue una consecuencia. Durante buena parte del siglo XX la mejora de rosales se orientó a la flor de corte y al jardín ornamental, y se seleccionó por color nuevo, forma de alto centro, floración continua, resistencia a enfermedades y duración de la flor cortada. El perfume no entraba en esa lista, y los caracteres que sí entraban tiran en contra: un pétalo grueso y ceroso, que aguanta más días en el jarrón y resiste mejor la lluvia, emite menos volátiles que un pétalo fino.
El giro llegó con las rosas inglesas de David Austin, que cruzaron rosas antiguas perfumadas con modernas reflorecientes para recuperar la forma y el aroma de la rosa antigua sin renunciar a florecer toda la temporada. Su éxito comercial hizo que otras casas retomaran el perfume como objetivo de selección, y hoy es también uno de los criterios que se puntúan en los concursos internacionales de rosas nuevas, como el que se celebra en la rosaleda del Parque del Oeste de Madrid.
Los tipos de perfume que se distinguen
- Rosa antigua o damascena. El aroma que todo el mundo identifica como "a rosa": dulce, denso, con fondo de miel. Es el de las damascenas, las gálicas y muchas inglesas.
- Té. Más seco y ligero, con un punto que recordaba a los antiguos cofres de té chino, de donde tomó el nombre el grupo de las rosas de té.
- Afrutado. Manzana, frambuesa, albaricoque o cítrico. Muy presente en las rosas inglesas y en algunas modernas.
- Especiado. Clavo y pimienta, por el eugenol. Característico de varias rosas antiguas.
- Almizclado. Dulce y penetrante, se percibe a distancia y no hace falta acercar la nariz. Es el de Rosa moschata y sus descendientes, las Noisette y las almizcleñas.
- Mirra. Un aroma anisado y algo balsámico, poco común, que aparece en una parte de las rosas inglesas.
- Resinoso. No sale de la flor sino de las glándulas del cáliz de las rosas musgosas, y solo se percibe al rozar el capullo.
Variedades con perfume fuerte
'Madame Isaac Pereire', bourbon del siglo XIX, tiene fama de ser la rosa más perfumada que existe: aroma de rosa antigua con fondo de frambuesa, muy intenso. Arbusto grande y algo desgarbado, que se puede conducir como trepadora pequeña.
'Gertrude Jekyll', rosa inglesa de David Austin, es rosa intenso y da uno de los perfumes de rosa antigua más puros entre las modernas. Refloreciente y vigorosa.
'Jude the Obscure', también de Austin, es amarillo albaricoque y su aroma es afrutado, con nota de vino blanco. Es de las que más se notan a distancia.
'Munstead Wood', carmesí muy oscuro, añade al perfume de rosa antigua un fondo afrutado, y es además de las inglesas más sanas.
'Fragrant Cloud' (Tantau, también 'Duftwolke') es un híbrido de té de color coral anaranjado con un perfume potentísimo, de los pocos modernos que compiten con las antiguas.
'Double Delight', híbrido de té crema con los bordes rojos, tiene aroma especiado marcado y una flor muy reconocible.
'Papa Meilland', rojo oscuro aterciopelado, es un clásico por su perfume. A cambio es sensible al oídio y necesita sitio ventilado y sol.
'Blush Noisette' aporta el aroma a clavo sobre una trepadora pequeña de floración continua, y 'Rose de Rescht', compacta y refloreciente, da un perfume denso de rosa antigua en un arbusto que cabe en cualquier jardín.
Por qué el mismo rosal huele distinto según el día
Antes de dar por inodora una variedad, conviene descartar que el problema esté en las condiciones. Los factores que más pesan son estos:
- Temperatura. Con calor fuerte los volátiles se dispersan de inmediato y no llegan a acumularse cerca de la flor. Con frío, la emisión se frena. La franja en la que mejor se aprecia el perfume de una rosa es de temperatura templada, típica de la mañana o del final de la tarde.
- Humedad. El aire húmedo retiene mejor los volátiles. Una mañana de mayo con rocío es el mejor momento del año para oler un rosal; una tarde seca de agosto, el peor.
- Viento. Dispersa el aroma antes de que se acumule. Un rincón resguardado concentra el perfume, y por eso los jardines de rosas se diseñan con setos y muros.
- Estado de la flor. Unas variedades emiten más recién abiertas y otras cuando la flor está completamente abierta y ya empieza a envejecer.
- Olfato del observador. La sensibilidad a algunos volátiles varía mucho de una persona a otra, y hay quien no percibe determinadas notas.
Todo esto tiene una consecuencia concreta para el jardín español: en el interior peninsular y en el sur, el perfume de los rosales se disfruta en las mañanas de primavera y en octubre, y se pierde en buena medida durante julio y agosto. No es que la planta deje de producirlo, es que se evapora demasiado deprisa.
Cómo elegir sin llevarse un chasco
La descripción de un catálogo es orientativa: la misma variedad se etiqueta como "muy perfumada" en un vivero y "ligeramente perfumada" en otro. Tres formas de asegurarse:
- Olerla en floración. Visita una rosaleda pública en mayo, cuando todo está en flor y las variedades están etiquetadas. La del Parque del Oeste en Madrid y la del Parc de Cervantes en Barcelona son las dos más completas de España, y hay rosaledas municipales en muchas ciudades.
- Preguntar a alguien de tu zona que tenga la misma variedad. El comportamiento del perfume en un clima concreto es la información que ningún catálogo da.
- Ir a grupos, no a variedades. Si eliges entre damascenas, gálicas, bourbon, Noisette e inglesas, la probabilidad de acertar es muy alta aunque la variedad concreta te resulte desconocida.
Y una vez elegida, colócala donde vayas a pasar: junto a un banco, en el borde de un camino, cerca de una puerta o bajo una ventana que se abra por las tardes. Una rosa perfumada al fondo del jardín es una rosa perfumada desperdiciada.
En resumen
El perfume de la rosa lo producen mezclas de compuestos volátiles emitidos por el pétalo, y lo que distingue a una variedad de otra es la proporción entre ellos. Muchas rosas modernas huelen poco porque durante décadas se seleccionó por color, forma y duración de la flor cortada, caracteres que van en contra de la emisión de aroma.
Para acertar, apuesta por grupos históricamente perfumados (damascenas, gálicas, bourbon, Noisette e inglesas), por nombres seguros como 'Madame Isaac Pereire', 'Gertrude Jekyll' o 'Fragrant Cloud', y coloca el rosal en un rincón resguardado y de paso. En el clima español, cuenta con disfrutarlo en las mañanas de primavera y otoño más que en pleno verano.