Las rosas musgosas se reconocen sin necesidad de ver la flor: los sépalos, el pedúnculo y a veces los tallos jóvenes están cubiertos de una masa de filamentos glandulares verdes o pardos, blanda al tacto, que recuerda a musgo. No es musgo, ni un hongo, ni una plaga. Son glándulas de la propia planta, y cuando se rozan sueltan una resina aromática con olor a pino y madera, distinto del perfume de la flor.

Son rosas antiguas, casi todas de floración única en primavera, que tuvieron un éxito enorme en la Europa del siglo XIX y hoy solo se encuentran en viveros especializados. Merecen sitio en un jardín por dos motivos concretos: el aroma resinoso del capullo, que ninguna rosa moderna tiene, y el aspecto del botón floral antes de abrir, que es donde el musgo se ve mejor.

Qué es exactamente ese musgo

Se trata de una proliferación de glándulas pediceladas, es decir, tricomas glandulares muy ramificados que sustituyen a las espinas y a los aguijones normales del receptáculo floral. Producen y almacenan aceites esenciales, y por eso al pasar la mano por el capullo la resina queda en los dedos y el olor permanece un buen rato.

El musgo es más denso y más verde en unas variedades que en otras. En las que descienden de la centifolia suele ser blando, abundante y verde claro; en las de origen damasceno es más rígido, más corto y con tono pardo o rojizo. Con la flor abierta el musgo pierde protagonismo, así que el momento en que estas rosas se ven mejor es el capullo hinchado, justo antes de abrir.

Conviene distinguirlas de las llamadas rosas crestadas, como Rosa × centifolia 'Cristata', conocida como 'Chapeau de Napoléon'. Ahí lo que está transformado son los bordes de los sépalos, que se recortan en flecos como un penacho, pero no hay glándulas resinosas: no es una rosa musgosa aunque se venda a veces junto a ellas.

Dos linajes distintos bajo el mismo nombre

Casi todas las musgosas proceden de mutaciones de la rosa centifolia, la rosa de cien hojas. Son las clásicas: arbusto de ramas arqueadas, flor muy doble y globosa, perfume intenso de rosa antigua y una sola floración a finales de primavera y principios de verano.

Un segundo grupo, mucho menor, procede de la rosa damascena, y en particular de la damascena de otoño, que es la rosa antigua europea capaz de dar una segunda floración. De ahí salen las pocas musgosas reflorecientes que existen. Tienen el musgo más áspero y la flor algo menos globosa, pero vuelven a florecer al final del verano, cosa que las de origen centifolia no hacen.

Saber de cuál de los dos linajes es tu rosal no es un detalle académico: determina cuándo se poda.

Origen e historia

El origen concreto de la primera rosa musgosa no está documentado con seguridad, y las dos versiones que circulan (una holandesa y otra francesa) se contradicen. Lo que sí está claro es que estas rosas se conocían en Europa a comienzos del siglo XVIII y que aparecieron como mutación espontánea de la centifolia, no como fruto de un cruce deliberado.

Su gran momento llegó entre 1850 y 1870, cuando los obtentores franceses seleccionaron decenas de variedades a partir de esas mutaciones y las rosas musgosas se convirtieron en la moda de los jardines europeos. Cayeron en desuso a finales de siglo, cuando los híbridos de té impusieron la floración continua y la flor de alto centro, y las musgosas, que florecen una vez y tienen forma antigua, dejaron de venderse. Su recuperación actual viene del interés por los jardines de rosas antiguas.

Variedades a las que merece la pena seguir el rastro

'William Lobb', también llamada 'Old Velvet Moss', es la más conocida. Arbusto alto y de ramas largas y laxas, que se puede atar a un soporte y conducir casi como una trepadora. La flor abre en carmesí púrpura y se descolora hacia el lila grisáceo, con lo que el arbusto lleva varios tonos a la vez. Perfume fuerte.

'Common Moss' (también 'Communis' u 'Old Pink Moss') es la musgosa original de flor rosa, muy doble y globosa, con el musgo verde más abundante de todas. Es la referencia para saber cómo tiene que ser una musgosa.

'Nuits de Young' da flores pequeñas de un granate muy oscuro, casi negro, con estambres dorados que contrastan, sobre un musgo también oscuro. Es un arbusto más pequeño y erguido, útil en jardines reducidos.

'Henri Martin', de flor carmesí y musgo relativamente ligero, tiene fama de ser de las más sanas y fáciles del grupo.

'Blanche Moreau' aporta el blanco, con musgo oscuro que contrasta mucho con el pétalo.

Entre las reflorecientes, 'Salet' es la que se cita siempre: flor rosa, tamaño contenido y una segunda floración al final del verano. Y 'Quatre Saisons Blanc Mousseux' es la versión musgosa de la damascena de otoño, blanca y también refloreciente.

Cultivo en el jardín español

Son rosales rústicos y resistentes al frío, mucho más de lo que suele decirse: descienden de rosas europeas de clima continental y no necesitan protección invernal en ninguna zona de la península. El problema en España es el contrario. En el litoral mediterráneo y en el sur, con inviernos suaves y veranos largos y secos, las rosas antiguas de floración única tienden a florecer peor, porque no acumulan el frío invernal al que están adaptadas. Rinden claramente mejor en el norte, en la meseta y en el interior de montaña.

Piden sol, aunque toleran algo de sombra durante parte del día mejor que un híbrido de té. En el sur, una situación con sol de mañana y sombra en las horas centrales alarga la vida de la flor, que con calor fuerte se abre y se deshace en un par de días.

El suelo debe drenar bien y agradecen materia orgánica abundante en la plantación. En los suelos calizos del este y el sur, con agua de riego dura, vigila la clorosis férrica (hoja amarilla con los nervios verdes) y corrige con hierro asimilable a pH alto. El riego, al pie y nunca sobre el follaje, abundante y espaciado en verano.

El formato habitual de venta es a raíz desnuda, y se plantan en reposo, entre noviembre y febrero. Enraízan además con facilidad de esqueje semileñoso a final de verano, que es como se han conservado muchas variedades antiguas en jardines particulares.

Poda

La regla es sencilla y depende del linaje:

  • Musgosas de floración única (la mayoría, las de origen centifolia): se podan justo después de florecer, en verano. La flor del año siguiente sale sobre la madera que la planta está formando ahora, así que una poda de invierno se lleva por delante la floración.
  • Musgosas reflorecientes ('Salet', 'Quatre Saisons Blanc Mousseux'): poda ligera a final de invierno, cuando ha pasado el frío intenso y antes de brotar.
  • En ambos casos, poda suave: se retira madera seca, dañada o agotada y se aclara el centro del arbusto. Una poda corta de tipo híbrido de té les quita la forma arqueada, que es parte de su gracia.
  • Cada tres o cuatro años, corta desde la base una de las ramas más viejas para forzar renovación.

Oídio y otros problemas

Las centifolias tienen fama merecida de coger oídio, y sus descendientes musgosas la heredan. Aparece como polvillo blanco en brotes tiernos y capullos, sobre todo en primaveras de días cálidos y noches frescas, y en plantas mal ventiladas. En un capullo musgoso resulta especialmente antiestético porque se instala entre las glándulas.

Lo que funciona es la prevención, que además es el criterio que fija el Real Decreto 1311/2012, marco del uso sostenible de los fitosanitarios en España, con la gestión integrada de plagas como principio: medidas culturales y medios físicos y biológicos antes que el tratamiento químico. En la práctica: marco de plantación holgado para que circule el aire, aclarado del centro del arbusto al podar, riego al pie y retirada de la hojarasca caída bajo la planta.

Si en algún caso hay que llegar al producto, solo puede usarse el que esté autorizado para jardinería exterior doméstica en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, con la dosis y el plazo que marque la etiqueta del envase. Y nunca en floración ni en horas de vuelo de las abejas.

Dónde colocarlas para que se aprecien

El aroma resinoso solo se percibe al tocar el capullo, así que una musgosa plantada al fondo de un macizo desperdicia la mitad de lo que ofrece. El sitio lógico es el borde de un paso, junto a un banco o en una bordura por la que se roce al pasar.

Como florecen una vez, conviene acompañarlas de plantas que sostengan el interés el resto del verano. Funcionan bien con vivaces de floración larga y con arbustos de follaje gris, que además contrastan con el verde oscuro y mate de la hoja de la musgosa. Y si en el mismo jardín quieres flor continua, la solución habitual es combinarlas con rosales perfumados reflorecientes que tomen el relevo en julio y agosto.

En resumen

Las rosas musgosas son rosas antiguas surgidas por mutación espontánea de la centifolia, y en menor medida de la damascena, con glándulas resinosas cubriendo cáliz y pedúnculo. Ese musgo huele a resina al rozarlo, se ve mejor en el capullo cerrado y es lo que las distingue de cualquier otra rosa. 'William Lobb', 'Common Moss', 'Nuits de Young' y 'Henri Martin' son las variedades más accesibles; 'Salet' y 'Quatre Saisons Blanc Mousseux', las pocas que repiten floración.

Son rústicas y resistentes al frío, y el condicionante real en España no es el invierno sino el verano: rinden mejor en el norte y el interior que en el litoral mediterráneo. Podar después de florecer las de floración única, aclarar el arbusto para prevenir el oídio y plantarlas donde se puedan rozar al pasar es prácticamente todo lo que piden.


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