Las rosas de té y las rosas chinas son dos grupos de rosas antiguas emparentados pero distintos, y son las plantas que cambiaron la historia del rosal: hasta que llegaron a Europa desde China, las rosas europeas florecían una sola vez al año. Ellas trajeron la floración continua, y de su cruce con las rosas europeas salió todo lo que hoy llamamos rosas modernas.
No hay que confundirlas con los híbridos de té, que son otra cosa. Las rosas de té son rosas antiguas, arbustos con flores colgantes de tallo flexible y perfume propio; los híbridos de té son modernos, descienden de ellas y tienen la flor erguida de alto centro que todo el mundo asocia a una rosa de floristería.
China y té: dos grupos, no uno
Aunque se venden juntas y comparten origen, conviene separarlas.
Las rosas chinas descienden de Rosa chinensis. Son arbustos de porte contenido, con flores generalmente simples o semidobles, de tamaño medio a pequeño, y una capacidad de rebrotar y volver a florecer que no tenía ninguna rosa europea. En clima suave florecen prácticamente todo el año.
Las rosas de té se agrupan bajo el nombre de Rosa × odorata y proceden de la hibridación entre Rosa chinensis y Rosa gigantea, una especie de flores grandes y crecimiento vigoroso. De ahí les viene la flor de mayor tamaño y, en varias variedades, un porte que puede llegar a trepador. La mayoría, sin embargo, son arbustos.
El nombre no tiene nada que ver con la bebida como ingrediente: se les llamó así porque su aroma recordaba al de un cofre de té recién abierto, en una época en la que el té llegaba a Europa en cajas de madera y ese olor era familiar para cualquiera.
Cómo llegaron a Europa
La entrada se produjo a caballo entre los siglos XVIII y XIX, con un puñado de plantas concretas traídas de los viveros de Cantón, entre ellas la china carmesí, la china rosa conocida como 'Old Blush', y dos rosas de té con aroma característico, una blanco rosado y otra amarilla. Ese pequeño grupo de plantas está en el origen de prácticamente todas las rosas reflorecientes que existen.
Los envíos hacían escala en la India, y de ahí viene la confusión que las bautizó durante décadas como "rosas de Bengala". El viaje era además brutal: los arbustos cruzaban en barcos de vela, en cubierta y sin protección de ningún tipo, y muchos morían por la salpicadura de agua salada antes de llegar.
Una vez en Europa, el éxito fue inmediato y se empezó a producir localmente. Durante el siglo XIX se introdujeron cientos de variedades de té, sobre todo en Francia e Italia, de las que hoy sobrevive una fracción pequeña.
Por qué cambiaron la historia de la rosa
Las rosas europeas (gálicas, damascenas, albas, centifolias) tenían perfume y forma, pero florecían una vez al año y su paleta iba del blanco al rosa y al carmesí. Las chinas y las de té aportaron tres cosas que no existían aquí:
- Refloración, la capacidad de volver a florecer varias veces en la misma temporada.
- Colores nuevos, en particular el amarillo, el crema y el albaricoque, ausentes en las rosas europeas.
- Botón de alto centro, la forma cónica y elegante del capullo, que se convirtió en el estándar estético de la rosa moderna.
Del cruce de las rosas de té con los híbridos perpetuos europeos salieron los híbridos de té, y de las chinas con la rosa almizcleña salieron las Noisette. Es decir: casi todo el catálogo moderno pasa por estas plantas.
Su declive en el norte de Europa se debió al frío. Las rosas de té son sensibles a las heladas fuertes, y los inviernos duros del siglo XIX se llevaron por delante plantaciones enteras en Inglaterra, lo que empujó a los cultivadores hacia los híbridos perpetuos, mucho más rústicos. Ese defecto, sin embargo, importa poco en el sur de Europa.
Cómo son las rosas de té
- Reflorecientes, con floración escalonada de primavera a otoño y, en clima suave, casi todo el año.
- Flores semidobles o dobles, con botón de alto centro, sobre tallos flexibles: la flor tiende a inclinarse, y esa caída característica es parte de su aspecto, no un defecto.
- Colores en blanco, crema, rosa suave, amarillo mantecoso, albaricoque y cobre.
- Perfume ligero y seco, distinto del perfume denso de la rosa de damasco.
- Follaje verde claro y brillante, con brotes nuevos a menudo teñidos de rojizo. En clima suave apenas pierden hoja en invierno.
- Sanidad notablemente buena, con resistencia a los hongos por encima de la media de las rosas antiguas.
- Sensibilidad al frío: es su único punto débil serio.
Variedades
Entre las chinas, Rosa chinensis 'Mutabilis' es la más espectacular y la más fácil de encontrar: flores simples que abren en amarillo cobrizo, pasan a rosa y terminan en carmesí, de modo que el arbusto lleva los tres colores a la vez. Florece sin parar y forma un arbusto grande con los años. 'Old Blush', la china rosa original, sigue siendo un arbusto excelente y florece en clima suave incluso en invierno. 'Cramoisi Supérieur' aporta el rojo carmesí en formato compacto.
Entre las rosas de té, 'Lady Hillingdon' da flores de albaricoque dorado sobre brotes rojizos, con perfume marcado, y su forma trepadora es una de las mejores para muro cálido. 'Duchesse de Brabant' es rosa, de flor acopada y colgante, y una de las más floríferas. 'Sombreuil' es blanca, de flor plana y cuarteada, y se conduce como trepadora. 'Gloire de Dijon', de mediados del siglo XIX, es una trepadora de flor grande en crema albaricoque, muy perfumada, y una de las pocas de este grupo que llegó a soportar climas más fríos.
Cultivo en España
Aquí está la buena noticia: el defecto que arruinó a las rosas de té en Inglaterra no cuenta en buena parte de España. En el litoral mediterráneo, en Andalucía, en Canarias y en general en zonas sin heladas fuertes, estas rosas están en su clima. Toleran el calor y la sequedad estival mejor que casi cualquier otra rosa antigua y florecen durante muchísimos meses.
En la meseta y en el interior norte, con heladas de cierta entidad, hay que plantarlas en un sitio abrigado, preferiblemente junto a un muro orientado al sur que acumule calor, y acolchar bien la base en invierno. En zonas de invierno muy frío no son la elección adecuada.
Piden sol (al menos cinco horas), suelo con buen drenaje y materia orgánica incorporada en la plantación. Riego al pie, abundante y espaciado en verano, nunca por aspersión sobre el follaje. En los suelos calizos del este y el sur, con agua de riego dura, vigila la clorosis férrica (hoja amarilla con los nervios verdes) y corrige con hierro asimilable a pH alto.
El abonado principal va a la salida del invierno, con un segundo aporte al empezar el verano. No se abona después de agosto: al ser plantas que apenas paran de vegetar en clima suave, es fácil provocar brotación tardía y tierna justo antes de los primeros fríos.
Poda: mano ligera
Este es el error más frecuente con las rosas de té y las chinas. No se podan como un híbrido de té. Son arbustos que construyen estructura con los años y florecen sobre ramas laterales cortas; una poda severa les quita la floración y les cuesta temporadas recuperarse.
- Poda ligera a final de invierno, cuando ha pasado el frío intenso: enero en la costa mediterránea, febrero en el interior.
- Se retira madera seca, dañada, débil o que cruce por el centro del arbusto, y poco más.
- Se recortan las puntas para mantener la forma, sin bajar la altura general del arbusto.
- Cada varios años se puede cortar desde la base una rama vieja para forzar renovación, y solo una.
- Retirar la flor pasada durante la temporada mantiene las oleadas.
Dónde conseguirlas
No se encuentran en un centro de jardinería corriente. Se venden en viveros especializados en rosas antiguas, casi siempre a raíz desnuda y por encargo, con plantación entre noviembre y febrero. Merece la pena confirmar el nombre concreto de la variedad al comprar, porque en este grupo las confusiones de nomenclatura son frecuentes y muchas plantas circulan bajo nombres de estudio, sin identificación definitiva.
También enraízan bien de esqueje semileñoso a final de verano, que es como se han conservado en jardines particulares muchas variedades que dejaron de comercializarse.
En resumen
Las rosas chinas descienden de Rosa chinensis y las de té de Rosa × odorata, cruce de aquella con Rosa gigantea. Llegaron a Europa a caballo entre los siglos XVIII y XIX, trajeron la floración repetida, el amarillo y el botón de alto centro, y de su cruce con las rosas europeas salieron los híbridos de té y las Noisette.
Son sanas, muy floríferas y tolerantes con el calor, y su única debilidad real es la helada fuerte, lo que las convierte en una de las mejores opciones para el litoral mediterráneo y el sur peninsular. La regla que hay que respetar es la poda: mano ligera, nunca corta, o se pierde la floración.