La rosa Chinensis (Rosa chinensis), o rosa de China, es la planta que partió en dos la historia del cultivo de las rosas. Hasta que llegó a Europa, a finales del siglo XVIII, todos los rosales de jardín occidentales florecían una vez al año y se acababa la temporada. La rosa china florecía desde la primavera hasta las primeras heladas, sin parar, y ese carácter se transmitió a la descendencia. Todo rosal moderno que reflorece se lo debe a ella.
Como planta de jardín tiene además una virtud que aquí importa mucho: es una rosa de clima cálido. No necesita frío invernal, aguanta el calor seco mejor que casi cualquier rosal moderno y sigue floreciendo en agosto en zonas donde los híbridos de té se paran. En el sur y en el Levante peninsular es de las mejores elecciones posibles.
Qué aportó a la rosa moderna
Lo que llegó a Europa no era la especie silvestre de los bosques del centro y sur de China, sino formas de jardín cultivadas y seleccionadas allí durante siglos, ya muy alejadas de la planta original. Entraron por los puertos comerciales del sur de China a través de las compañías de las Indias, y la bibliografía rosalista suele reducirlas a cuatro plantas fundacionales: 'Slater's Crimson China', 'Parsons' Pink China' (la que todavía se cultiva como 'Old Blush'), 'Hume's Blush Tea-scented China' y 'Parks' Yellow Tea-scented China'.
De esos cuatro rosales, cruzados con las antiguas europeas, salió casi todo lo demás. Las dos últimas, perfumadas a té, dieron origen a las rosas de té; el cruce con una damascena refloreciente en la isla de Reunión produjo las rosas Bourbon; de estas salieron los híbridos perpetuos, y de estos, cruzados otra vez con rosas de té, el híbrido de té. Junto a la Chinensis llegaron también Rosa gigantea y Rosa banksiae, que ampliaron todavía más la baraja.
Además del rebrote continuo, las chinas aportaron el rojo carmesí puro, que no existía en las rosas europeas, y un porte de ramas finas y flexibles con pocos aguijones.
Cómo es la planta
- Porte: arbusto de uno a dos metros, de ramificación abierta y ramas delgadas y flexibles. Algunas formas antiguas alcanzan bastante más si se dejan crecer contra un muro.
- Aguijones: escasos, y en varias variedades casi inexistentes.
- Hoja: pequeña, lisa, brillante, verde medio, con los brotes nuevos teñidos de rojizo.
- Flor: de simple a doble, según la variedad, en tonos que van del rosa pálido al carmesí. Suelen aparecer en ramilletes sueltos.
- Aroma: ligero en general, en algunas formas con una nota de té.
- Floración: continua desde la primavera hasta que el frío la para.
Un rasgo llamativo de este grupo es que el color de muchas variedades se oscurece con el sol y con la edad de la flor, al revés de lo que ocurre en la mayoría de rosales, donde el pétalo se descolora. En 'Mutabilis', la más conocida en ese aspecto, la flor abre amarillo albaricoque, pasa a rosa cobrizo y termina en carmín, de modo que un mismo arbusto muestra tres colores a la vez.
Variedades que se encuentran
- 'Old Blush'. Rosa medio, semidoble, flor pequeña en ramillete y refloración constante. Es la rosa china por excelencia, la que aparece en la ascendencia de medio catálogo mundial, y sigue siendo una planta de jardín excelente.
- 'Mutabilis'. Flor simple de cinco pétalos que cambia de color, sobre un arbusto grande, aireado y notablemente resistente al calor y a la sequía. En clima mediterráneo es de las rosas que menos problemas dan.
- 'Sanguinea', también citada como 'Bengal Crimson'. Flor simple carmesí, con floración prácticamente ininterrumpida en climas suaves.
- 'Viridiflora'. La rosa verde, una mutación de 'Old Blush' cuyos pétalos están sustituidos por sépalos transformados. Curiosidad botánica más que rosa de jardín.
- Rosa chinensis var. minima. La forma enana que está en el origen de los rosales miniatura que hoy se venden en maceta.
Dónde plantarla en España
Es el grupo de rosales que mejor encaja en el clima mediterráneo cálido. Pide sol directo, cuantas más horas mejor, y responde al calor con más flor, no con menos. En Andalucía, Murcia, el Levante, las islas y el valle del Ebro se comporta como pocas rosas.
Su límite está en el frío. En zonas de heladas fuertes y prolongadas, como el interior de Castilla, Aragón o los altos de la meseta norte, conviene plantarla al abrigo de un muro orientado al sur y acollar la base con mantillo o tierra en noviembre para proteger el cuello y las raíces. En maceta, mejor arrimarla a una pared protegida durante el invierno.
El suelo tiene poca importancia mientras drene. Tolera pH ácido, neutro y alcalino, así que los suelos calizos del este y del sur no son un obstáculo. En terreno arcilloso pesado, mejorar el hoyo con compost y plantar algo elevado.
Riego, abonado y poda
Riego espaciado y abundante, al pie y no sobre la hoja. Establecida, aguanta la sequía mucho mejor que un híbrido de té, pero el riego regular en verano es lo que mantiene la floración continua: si se seca, se para y tarda en arrancar de nuevo. En un verano de Levante, dos riegos generosos por semana suelen bastar; en primavera y otoño, uno; en invierno, ninguno salvo sequía larga.
El abonado, en dos tiempos: materia orgánica bien descompuesta a finales de invierno y un fertilizante para rosales durante la temporada de floración, con la dosis del envase. Como florece sin parar, agradece aportes ligeros y repetidos más que uno solo muy fuerte.
La poda es ligera y ahí está la diferencia con los rosales modernos. Una china no se poda en vaso ni se acorta a tres yemas: eso la desfigura y retrasa la floración varios meses. Lo que necesita es una limpieza a finales de invierno, quitando madera muerta, dañada o agotada, aclarando el centro para que corra el aire y recortando lo justo para mantener la forma. Cada pocos años se elimina desde la base alguna rama vieja para forzar la renovación. Durante la temporada, retirar flores pasadas mantiene el ritmo.
Plagas y enfermedades
Son rosales notablemente sanos, uno de sus mayores atractivos. Aun así pueden coger oídio en primavera y otoño, cuando alternan días cálidos con noches frescas, y algo de mancha negra en zonas húmedas. El pulgón aparece en el brote tierno de abril y la araña roja en verano seco, sobre todo contra muros que acumulan calor.
La prevención pesa más que el tratamiento: separación entre plantas, poda de aclareo que deje pasar el aire, riego al pie y recogida de las hojas caídas en otoño, que es donde inverna el hongo de la mancha negra. Contra pulgón, agua a presión o agua jabonosa funcionan bien y no perjudican a las mariquitas y los sírfidos que acaban con la colonia. Ese orden, prevención y medios físicos y biológicos antes del químico, es el principio de gestión integrada de plagas del Real Decreto 1311/2012 de uso sostenible de fitosanitarios.
Cuando haya que tratar, en jardinería doméstica solo se pueden usar productos autorizados para uso exterior doméstico, que figuran en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y con la dosis y el intervalo de la etiqueta. Nunca durante la floración ni en horas de vuelo de las abejas, y en un rosal que florece nueve meses seguidos eso significa, en la práctica, resolverlo casi siempre por otra vía.
En resumen
La rosa Chinensis es el origen de la refloración en las rosas de jardín. Llegó a Europa a finales del siglo XVIII en forma de unas pocas plantas cultivadas en China, y de sus cruces con las antiguas europeas salieron las rosas de té, las Bourbon, los híbridos perpetuos y, al final de la cadena, el híbrido de té.
Como planta es un arbusto abierto, de hoja pequeña y brillante, pocos aguijones, flores en ramillete y floración prácticamente ininterrumpida, muy resistente al calor y bastante sano. En España su sitio natural es el sur, el Levante y las islas, con sol directo y suelo drenado; donde hiela fuerte pide un muro que la abrigue. Y se poda ligero, solo de limpieza y aclareo, nunca corta como un rosal moderno.