Si estás embarazada y buscas una lista de flores o plantas que no puedas tocar, comer o tomar en infusión, aquí no la vas a encontrar, y es a propósito. Cualquier duda sobre qué puedes ingerir durante el embarazo se resuelve con tu médico o con tu matrona, que conocen tu caso. Un sitio de jardinería no está en condiciones de dar ese consejo y no lo va a dar.
Lo que sí podemos contarte, porque es jardinería y está bien documentado, es otra cosa: qué plantas del jardín son tóxicas si alguien se las come, cuáles irritan o queman la piel al manipularlas, y cuál es el riesgo sanitario de verdad de trabajar en la tierra, que no tiene nada que ver con las flores y se llama toxoplasmosis. Esa es la parte útil, y es útil para cualquiera que cuide un jardín.
El riesgo real de la tierra: la toxoplasmosis
La toxoplasmosis la causa un parásito, Toxoplasma gondii. El gato es su hospedador definitivo: los gatos infectados eliminan ooquistes con las heces, y esos ooquistes acaban en la tierra del jardín, de los arriates y del huerto, donde resisten mucho tiempo en condiciones húmedas y templadas. No hace falta que tengas gato. Basta con que los gatos del barrio usen tu parterre o tu arenero como letrina, que es exactamente lo que hacen.
De ahí que las recomendaciones de salud pública para el embarazo mencionen la jardinería. No por las plantas, sino por el contacto de las manos con el suelo y con las verduras u hortalizas recién cortadas, todavía con tierra. El mismo motivo por el que se insiste en lavar bien lo que se cosecha crudo y en no probar la lechuga del huerto sin pasarla por agua.
Las medidas, que son sencillas
No hay que dejar de cuidar el jardín. Hay que cambiar tres costumbres:
- Guantes siempre que se mueva tierra, sustrato, compost o macetas. Guantes de verdad, no los de tela finita que se calan.
- Lavarse las manos con agua y jabón al terminar, y antes de comer o de tocarte la cara. También si has estado con guantes.
- Lavar a conciencia todo lo que se coseche y se vaya a comer crudo. Y si hay arenero, taparlo cuando no se use.
Esto vale para el embarazo y vale para cualquier persona con las defensas bajas. No es alarmismo: es lo mismo que hacer en el jardín lo que ya haces en la cocina.
Plantas de jardín tóxicas por ingestión
Son plantas corrientes en jardines españoles, y el problema no es tenerlas, es no saber qué son. El riesgo se concentra en quien se lleva cosas a la boca: niños pequeños, perros y gatos.
- Adelfa (Nerium oleander). El arbusto de flor de las medianas y las rotondas de media España. Toda la planta contiene glucósidos cardiotónicos, hojas incluidas, y también es peligroso quemar los restos de poda e inhalar el humo. Tiene su propia ficha en el sitio.
- Ricino (Ricinus communis). La parte grave es la semilla, esa que parece una garrapata moteada y que los niños cogen porque es bonita. Además se asilvestra con facilidad en zonas cálidas del sur, del este y de Canarias, y desplaza vegetación nativa: se comporta como invasora.
- Tejo (Taxus baccata). Casi todo el árbol es tóxico, semilla incluida. La excepción es el arilo rojo y carnoso que la rodea, y distinguir una cosa de la otra dentro de la boca de un niño es imposible. Aquí tienes la ficha del tejo.
- Dedalera (Digitalis purpurea). Precisamente la planta de la que se extrajeron los digitálicos, y por el mismo motivo es tóxica entera. Preciosa en jardines de umbría del norte y muy conocida: ficha aquí.
- Aro (Arum italicum). La planta de la espata verde-blanca y luego del rabillo de bayas rojas en otoño, muy común en setos y taludes húmedos. Lleva cristales de oxalato de calcio que hacen daño en la boca y la garganta.
- Euforbias. Un género enorme, desde las de arriate hasta las suculentas y la flor de Pascua. Lo que comparten es el látex blanco, irritante y a veces cáustico.
- Dieffenbachia. Planta de interior de hoja grande jaspeada, con el mismo mecanismo de oxalatos del aro. También tiene ficha.
- Acónito (Aconitum napellus y parientes). De las más peligrosas de la flora europea, y encima el riesgo entra también por la piel. Está documentado aquí.
La regla que resume todo esto: en un jardín no se come nada que no se haya identificado con seguridad, y la duda no se resuelve probando un trocito.
Las que dan problemas al tocarlas
Este grupo es el que más gente sorprende, porque no hace falta comer nada. El látex de las euforbias es el ejemplo claro: irrita la piel y, si salta a un ojo mientras se poda, puede causar una lesión seria. Poda de euforbias con guantes y, si son grandes, con gafas.
Los bulbos son otro caso frecuente. Los de jacinto y los de narciso llevan cristales de oxalato y sensibilizan la piel de quien los manipula a puñados. En otoño, cuando se plantan cien bulbos de golpe, se nota. Guantes otra vez.
Y las plantas urticantes clásicas, la ortiga a la cabeza, que son molestas pero inofensivas a medio plazo.
Fototoxicidad: el sol multiplica el problema
Hay plantas cuyo jugo, por sí solo, apenas hace nada, y que en cambio provocan una quemadura de aspecto llamativo si después te da el sol en esa piel. La causa son las furanocumarinas, y el cuadro se llama fitofotodermatitis. Lo típico es la marca con la forma exacta de la hoja o del chorretón, que aparece horas después y tarda semanas en irse.
Las candidatas habituales en España:
- La ruda (Ruta graveolens, Ruta chalepensis), muy plantada en macetas de patio por tradición. Es la reina de este apartado: aquí, como planta de cultivo.
- La higuera (Ficus carica). El látex de las hojas y de los higos verdes, sobre todo recogiendo a pleno sol de agosto.
- El apio (Apium graveolens) y, en general, las umbelíferas. Las del género Heracleum y Pastinaca son las que dan los casos más aparatosos.
- La pamplina, y aquí hay que deshacer una ambigüedad: ese nombre común se lo reparten Stellaria media, que es una hierba de huerto inofensiva, y los murajes (Lysimachia arvensis, antes Anagallis arvensis), que sí dan dermatitis de contacto. Mismo nombre, dos plantas distintas.
La medida práctica es la misma de siempre: manga larga y guantes para desbrozar en primavera y en verano, y si te has manchado de jugo de planta, lavar la zona con agua y jabón antes de salir al sol.
Si hay niños o animales en casa
Merece la pena hacer una vuelta al jardín identificando lo que hay, sobre todo lo heredado del dueño anterior. No se trata de arrancar la adelfa de la entrada, sino de saber que es una adelfa. Con niños pequeños, los arbustos de baya vistosa conviene tenerlos fuera del alcance o retirar los frutos. Con perros y gatos, el problema añadido es que ellos mordisquean por gusto: la hortensia, el aro, las euforbias, el ricino y los lirios del género Lilium (estos últimos especialmente graves en gatos) están entre los que dan sustos.
Y un detalle de organización que vale más que muchas listas: guarda las semillas y los bulbos en un armario cerrado, no en un cuenco en la estantería. Las semillas de ricino y los bulbos son justo lo que una mano pequeña coge primero.
En resumen
El artículo que buscabas, el de flores prohibidas en el embarazo, no existe aquí porque no nos corresponde escribirlo: eso se habla con el médico o con la matrona, no se lee en internet. Lo que sí corresponde es lo otro, y resulta que es lo verdaderamente útil: en el jardín el riesgo no está en oler una flor, está en la tierra, y se maneja con guantes, lavándose las manos y lavando lo que se cosecha.
El segundo bloque útil es saber qué tienes plantado. Adelfa, ricino, tejo, dedalera, aro, euforbias y dieffenbachia son plantas normales de jardín y de interior en España, y ninguna es un problema mientras nadie se las coma ni se llene las manos de su látex. Identificar, guantes y sentido común. Con eso cubres casi todo, embarazada o no.