La dieffenbachia es una de las plantas de interior más vendidas en España y también una de las más tóxicas que se tienen dentro de casa. Su savia contiene cristales de oxalato cálcico en forma de aguja, llamados rafidios, y basta morder un trozo de hoja o de tallo para que esos cristales se claven en la mucosa de la boca y provoquen un dolor quemante inmediato, con hinchazón de labios, lengua y garganta. El nombre popular con el que se conoce en América, caña muda, viene precisamente de ahí: la inflamación impide hablar durante horas.

La parte tóxica es toda la planta, porque el problema está en la savia y la savia circula por hojas, peciolos y tallo. Las vías de exposición que importan son tres: la ingestión o el simple mordisco, el contacto de la savia con los ojos y el contacto repetido con la piel al podar o esquejar. No es una planta que haya que tirar, pero sí una que conviene colocar con cabeza si hay niños pequeños, perros o gatos, y que nunca se manipula con las manos desnudas y luego se lleva uno a la cara.

Qué hay en la savia y por qué quema tanto

El género Dieffenbachia pertenece a las aráceas, la misma familia del filodendro, el potos, el anturio y el aro. Casi todas las aráceas comparten el mismo mecanismo defensivo. En unas células especializadas, los idioblastos, se acumulan haces de cristales de oxalato cálcico afilados por los dos extremos. Cuando el tejido se rompe, esos cristales salen disparados y se clavan en cualquier superficie blanda que tengan delante.

La dieffenbachia lleva ese sistema más lejos que sus parientes. A los cristales se suman enzimas proteolíticas presentes en la savia, que agravan la reacción inflamatoria en el punto donde los rafidios han perforado la mucosa. Por eso el cuadro que produce es bastante más intenso que el de un potos, aunque el compuesto de base sea el mismo. No hace falta tragar nada: el daño se produce en el instante del contacto, de forma mecánica y química a la vez.

Conviene desmontar un par de exageraciones que circulan sobre esta planta. No es una planta letal en condiciones normales de uso doméstico, ni deja ciego a nadie por el mero hecho de tenerla en el salón, ni provoca problemas cardiacos. Lo que sí describe la literatura toxicológica es un cuadro doloroso, aparatoso y de instauración inmediata, que en casos con mucha inflamación puede comprometer el paso del aire, y eso ya es motivo suficiente para tomársela en serio.

Qué describe la literatura ante una exposición

Por vía oral lo característico es dolor urente inmediato en labios, lengua y paladar, salivación abundante, edema de la mucosa, dificultad para tragar y para articular palabras. La propia intensidad del dolor hace que sea raro llegar a ingerir cantidades grandes: quien se lo lleva a la boca lo escupe enseguida. La molestia puede durar horas o algunos días.

En los ojos, la savia produce dolor intenso, lagrimeo, fotofobia y una conjuntivitis que puede acompañarse de lesiones superficiales en la córnea. Es la exposición más delicada de las tres y suele ocurrir al frotarse los ojos después de haber podado. En la piel, el contacto repetido causa irritación, picor y en personas sensibilizadas dermatitis de contacto.

Qué hacer si hay contacto o ingestión

La indicación es una sola y no admite matices: acudir al médico o al servicio de urgencias, y consultar al Instituto Nacional de Toxicología, que atiende consultas de intoxicaciones las veinticuatro horas. Si el afectado es un animal, el veterinario. En una situación con dificultad respiratoria, el 112.

Lo que no debe hacerse: no se provoca el vómito, no se dan remedios caseros, no se aplica ningún producto sobre el ojo afectado y no se frota. Cualquier maniobra improvisada empeora una lesión que ya está hecha. Si es posible, llevar una foto o un trozo de la planta ayuda a identificarla, porque muchas aráceas se parecen entre sí y no todas se manejan igual.

Con niños y animales en casa

Los gatos son los que más problemas dan, porque muerden hojas anchas y carnosas por costumbre. La dieffenbachia, con hojas grandes a la altura del suelo si está en maceta baja, es una tentación evidente. La solución sensata no es deshacerse de la planta, sino subirla a una repisa alta o a un macetero elevado, fuera del alcance, y recoger de inmediato cualquier hoja o resto de poda que caiga al suelo.

Con niños pequeños vale el mismo criterio, con un añadido: los trozos de tallo que se cortan para hacer esquejes son especialmente peligrosos, porque son suculentos, sueltan mucha savia y parecen inofensivos encima de la mesa. Se cortan, se plantan y se limpia la superficie de trabajo en el momento, sin dejarlos por ahí.

Cómo manipularla

Guantes siempre que se pode, se divida o se hagan esquejes. Tijeras limpias, y lavado de manos y de herramienta al terminar. Nada de tocarse la cara mientras se trabaja. Es la única precaución real que necesita esta planta, y con ella el riesgo doméstico baja prácticamente a cero.

Las hojas viejas de la base se van secando con el tiempo y hay que ir retirándolas. Ese momento, el de limpiar la planta, es cuando más gente se expone sin darse cuenta, porque parece una tarea menor que no requiere prepararse.

Qué especies se venden

Casi todo lo que se encuentra en garden centers españoles procede de Dieffenbachia seguine, especie muy variable de la que derivan la mayoría de los cultivares comerciales, entre ellos los antiguos nombres D. maculata, D. picta y D. amoena, que hoy la taxonomía trata mayoritariamente como formas de D. seguine. Los cultivares más habituales son 'Tropic Snow', de hojas grandes con nervadura crema, 'Camille', más pequeña y de centro casi blanco, y 'Compacta'.

El género es americano, de las selvas húmedas de Centroamérica y Sudamérica, y lo describió el botánico austriaco Heinrich Wilhelm Schott. Esa procedencia explica de una vez todos sus requisitos de cultivo: sotobosque tropical, es decir, luz filtrada, calor constante y humedad ambiental alta.

Cuidados en casa

La luz tiene que ser abundante pero indirecta. El sol directo del mediodía quema las hojas y borra el contraste del veteado; la sombra profunda, en cambio, hace que los entrenudos se alarguen y la planta se descuelgue. Una posición a un par de metros de una ventana orientada al este funciona bien en casi toda España.

La temperatura es el factor limitante en interior. No tolera el frío: por debajo de unos 12 grados sufre y con una helada muere. En invierno hay que alejarla de las ventanas frías por la noche y, sobre todo, de las corrientes de aire y del chorro directo de la calefacción o del aire acondicionado, que le seca los bordes de las hojas.

El riego es lo que más ejemplares mata. Se riega cuando los primeros centímetros de sustrato están secos al tacto, empapando bien y vaciando después el plato. El encharcamiento permanente pudre el tallo desde la base, y ese daño no se recupera. En invierno, con menos luz y menos temperatura, la planta consume mucha menos agua y hay que espaciar bastante los riegos.

El sustrato adecuado es uno de plantas de interior con buena porosidad, con turba o fibra de coco como base y una parte de perlita para que drene. Maceta con agujeros, siempre. El trasplante se hace en primavera, subiendo un solo tamaño de maceta.

La humedad ambiental es su otra necesidad. El aire seco de un piso español en pleno invierno, con calefacción, le produce puntas y bordes marrones. Agrupar plantas, usar una bandeja con arcilla expandida húmeda bajo la maceta o un humidificador resuelve el problema mejor que pulverizar agua sobre las hojas.

Problemas frecuentes

Las hojas amarillas en la base con el sustrato húmedo apuntan a exceso de riego; si el amarilleo es generalizado y la planta está en un rincón oscuro, es falta de luz. Las puntas y bordes secos son casi siempre aire seco o exceso de sales del agua de riego, algo frecuente en zonas con agua muy dura. Las manchas blandas y oscuras en el tallo indican podredumbre y obligan a revisar el riego y el drenaje sin esperar.

Entre las plagas, la araña roja aparece con ambiente seco y calor, y la cochinilla algodonosa se instala en las axilas de las hojas. En una planta de interior lo primero es la limpieza mecánica, retirar las hojas más afectadas y aumentar la humedad ambiental. Si se plantea aplicar algún producto, hay que tener presente que el uso doméstico está limitado a los productos autorizados para jardinería exterior doméstica y que la dosis válida es la de la etiqueta del envase, nunca la que circula en foros. El listado de productos autorizados se consulta en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio.

En resumen

La dieffenbachia es una planta de interior excelente por su follaje y su tolerancia a la luz escasa, y a la vez una de las tóxicas más comunes en las casas españolas. Su savia lleva rafidios de oxalato cálcico y enzimas que provocan dolor quemante e inflamación inmediata en la boca, y lesiones oculares si salpica a los ojos. Toda la planta contiene savia, así que toda la planta es tóxica.

Con guantes al podar, la maceta fuera del alcance de niños y mascotas y los restos de poda recogidos en el momento, convive sin problema en cualquier salón. Y si hay contacto o ingestión, la respuesta no es un remedio casero: es el médico, el Instituto Nacional de Toxicología o el veterinario, según a quién le haya pasado.


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