La adelfa (Nerium oleander) es probablemente el arbusto ornamental más plantado de España y, a la vez, uno de los más tóxicos que se pueden tener cerca. Toda la planta es venenosa: hojas, tallos, flores, semillas, savia y raíces contienen glucósidos cardiotónicos, principalmente oleandrina, que actúan sobre el músculo cardiaco. La toxicidad no desaparece al secarse la planta, de modo que las hojas secas caídas o mezcladas en un forraje siguen siendo peligrosas.

Hay tres vías de exposición que casi nadie conoce y que conviene tener presentes desde el principio. El humo de la quema de restos de poda es tóxico, así que nunca se queman las ramas cortadas. El agua del jarrón donde han estado unas flores cortadas también lo es. Y las ramas de adelfa no se usan jamás como brochetas ni para remover alimentos, un accidente documentado en barbacoas. Ante cualquier ingestión, acuda al médico o llame al 112, y al veterinario si es un animal. No provoque el vómito ni dé leche.

Cómo reconocerla

Es un arbusto perennifolio de crecimiento rápido y ramificación densa que alcanza de dos a cuatro metros, y hasta seis en condiciones favorables. Sus rasgos distintivos:

  • Hojas lanceoladas, estrechas y muy alargadas, de hasta doce centímetros, coriáceas, de verde grisáceo mate y con el nervio central muy marcado. Se disponen en verticilos de tres, un detalle que la identifica de inmediato.
  • Flores agrupadas en el extremo de las ramas, de cinco pétalos, en rosa, blanco, rojo, salmón o amarillo pálido, simples o dobles según el cultivar. Florece desde finales de primavera hasta bien entrado el otoño.
  • Frutos en forma de vainas alargadas y estrechas, de seis a doce centímetros, que al abrirse liberan semillas con un penacho de pelos sedosos.
  • Savia lechosa y pegajosa que aparece al cortar cualquier parte verde.
adelfa planta venenosa

Dónde crece en España

Conviene deshacer un malentendido que se repite mucho: la adelfa no es una planta invasora en España, es autóctona. Forma parte de la flora natural de la cuenca mediterránea y crece de forma espontánea en ramblas, barrancos y cauces temporales del sur y el este peninsular, en Andalucía, Murcia, la Comunidad Valenciana, Cataluña y las Baleares, donde forma las llamadas adelfares, una comunidad vegetal típica de los cursos de agua estacionales.

Su presencia masiva en medianas de autovía, rotondas, patios de colegio y zonas verdes no tiene nada de casual: resiste la sequía extrema, el calor, la salinidad, la contaminación y los suelos pobres, florece medio año y no pide prácticamente mantenimiento. Es una elección técnicamente excelente para el clima español, y ese es exactamente el motivo por el que hay que conocer su toxicidad: está en todas partes.

Los colores más habituales

La forma silvestre es de flor rosa. La selección hortícola ha producido decenas de cultivares, de los que en España se ven sobre todo el blanco, el rosa y el rojo, además de formas de flor doble.

Adelfa blanca

adelfa blanca

Adelfa rosa

adelfa rosa

Ningún cultivar es menos tóxico que otro. El color de la flor no guarda ninguna relación con el contenido en glucósidos.

Qué describe la literatura sobre la intoxicación

Los cuadros descritos comienzan por vía digestiva, con náuseas, vómitos y dolor abdominal, y pueden seguir con alteraciones del ritmo cardiaco, ya que los glucósidos de la adelfa actúan sobre el corazón de forma comparable a otros cardiotónicos vegetales. También se describen síntomas neurológicos como somnolencia y confusión.

Por contacto, la savia produce dermatitis en pieles sensibles y una irritación importante si alcanza los ojos, algo relativamente frecuente al podar setos de adelfa a la altura de la cara.

No damos cantidades ni dosis, y hay una razón: ese dato no ayuda a nadie a estar más seguro. Lo útil es saber que ninguna parte de la planta se prueba, ni en pequeña cantidad, y que ante una ingestión se acude a urgencias sin esperar a los síntomas.

Riesgo para animales

Es especialmente grave en caballos, ganado vacuno y ovino, y también en perros. Los animales no suelen comerla voluntariamente porque es muy amarga, pero sí ingieren hojas secas que caen al pasto o que van mezcladas en el heno, y ahí es donde se producen los casos serios. Si tiene adelfas junto a un cercado o un prado, retire los restos de poda de forma que no queden al alcance.

Si sospecha que un animal ha comido adelfa, acuda al veterinario de inmediato, sin esperar a que aparezcan signos.

Nada de usos medicinales

Circulan por internet referencias a supuestas propiedades cardiotónicas, diuréticas o antiparasitarias de la adelfa. No las repita ni las ensaye. El margen entre una cantidad sin efecto y una cantidad peligrosa es estrecho y no controlable en casa, y no existe ningún preparado doméstico de adelfa que sea seguro. Este sitio no da consejo médico, y en este caso concreto la recomendación es tajante: la adelfa no tiene ningún uso doméstico interno ni externo.

Cómo convivir con ella en el jardín

No hace falta arrancar una adelfa por el hecho de serlo. Es un arbusto magnífico para el clima mediterráneo y basta con manejarlo con criterio.

  • Pode con guantes y gafas de protección. La savia salpica y la irritación ocular es el accidente más común.
  • No queme nunca los restos. Llévelos al punto limpio o al contenedor de restos vegetales, y no los deje al alcance de animales.
  • Recoja las hojas caídas si hay animales o niños muy pequeños en la zona.
  • No use ramas como brochetas, pinchos ni palos para remover, ni para nada que vaya a tocar comida.
  • Con niños pequeños, explique que no se toca ni se lleva nada a la boca, y valore no plantarla en zonas de juego. En un jardín familiar hay alternativas mediterráneas igual de resistentes y no tóxicas.
  • No ponga flores cortadas de adelfa en un jarrón dentro de casa, y menos donde haya gatos.

En resumen

La adelfa es tóxica en su totalidad, incluidas las hojas secas, el humo de la quema y el agua del jarrón, y esa toxicidad no depende del color de la flor. Se reconoce por sus hojas lanceoladas y coriáceas en verticilos de tres, su savia lechosa y sus vainas alargadas con semillas plumosas.

En España es una planta autóctona de ramblas mediterráneas y el arbusto más usado en obra pública por su resistencia, así que lo sensato no es evitarla sino manejarla bien: guantes y gafas al podar, restos al contenedor y nunca al fuego, y ninguna parte cerca de la comida ni al alcance de animales. Ante una ingestión, médico o 112, y veterinario si es un animal.


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